Avanza implacable, como la SS-Panzer-Division que conquistó Francia, la idea de que debe dignificarse la muerte de un enfermo terminal acelerándola con una droga rápida parecida al gas Cyclon B que se aplicaba masivamente en Auschwitz.
Al homicidio planificado le llaman “muerte digna”, cuando desde hace décadas los enfermos terminales que sufren dolores fallecen más que dignamente, si lo desean, ayudados con analgésicos que incluso los médicos más religiosos administran.
Pero ahora, la Junta de Andalucía prepara un programa de ingeniería social para imponer una Ley de Muerte Digna y rechaza la objeción de conciencia de los médicos que se nieguen a acelerar esas muertes.
Las condenas capitales las dictarán unas “comisiones de ética” dominadas por la ideología gubernamental adolescente e irresponsable al estilo Bibiana Aido.
Igual que la que aceptó que los padres de chicas adolescentes no sepan que abortan, o que obliga a distribuir una bomba hormonal, la píldora del día después, sin reconocimiento médico ni una receta como se exige para la aspirinas.
Estas leyes complementan el dogma de la Divinidad Estatal, según la neorreligión zapaterista: si la del aborto permite al Estado decidir cuándo un feto se hace persona, la de la Muerte Digna determina el instante en que la persona puede considerarse desperdicio.
El motivo que buscan estos homicidios se descubre en las unidades de dolor y cuidados paliativos hospitalarios, el futuro cadalso de los sentenciados: hay una penosa carencia de profesionales, pero gran abundancia de calmantes.
La solución no es umentar el oneroso personal sanitario: como el enfermo va a fallecer de todas maneras, para que salga barato se le aplica una dosis adecuada del Cyclon B contemporáneo y se le manda rápidamente al otro mundo. Y como hacían los nazis, sin objeción de conciencia.
Lunes, 28 de mayo
Vicente Torres
Manuel Molares do Val
Juan Fernandez Krohn
Pedro Fernández Barbadillo
Vicente A. C. M.
Antonio Cabrera
Miguel Torres Galera
Carlos Ruiz Miguel
Josep Carles Laínez
Raúl González Zorrilla
Rufino Soriano Tena
José Pómez