Quizás el fotoperiodista José Cendón sufra todavía el síndrome de Estocolmo un año después de haber estado secuestrado durante cuarenta días por piratas somalíes.
Porque ahora sugiere, o dice crípticamente cuando lo entrevistan, que por temor a sus asaltos los grandes pesqueros-factoría que arrasaban antes las costas somalíes se han ido mar adentro, lo que ha devuelto la pesca a los pueblos ribereños privados de ella por la depredación de tantos barcos extranjeros.
El santiagués Cendón (35) presenta estos días su libro “Billete de ida”, publicado por Temas de Hoy, en el que narra su experiencia como rehén de piratas similares a los que secuestraron el atunero Alakrana.
Afirma que estos bandidos necesitan mantener con vida a sus rehenes: son su negocio. La prueba es que no los matan porque siempre habrá alguien que pagará los rescates.
Explicación que recuerda el caso de los esclavos en las plantaciones americanas que, al contrario de lo que afirma mucha literatura, no eran maltratados habitualmente: debían ser productivos y para ello había que cuidarlos.
La tesis de que gracias a los piratas ahora tienen más alimentos los pueblos costeros somalíes está enérgicamente defendida por Gustavo Duch Guillot, exdirector de Veterinarios Sin Fronteras, que ha dirigido una carta a los medios informativos denunciando que en aguas somalíes se arrojaban antes vertidos tóxicos y se esquilmaba la pesca, sustento de los nativos.
“Entre los barcos responsables está la flota española, que ha sido además altamente subvencionada por la UE para este, digamos, ecocidio”, afirma.
Y sugiere que, gracias a estos modernos bucaneros, “el último año, los pescadores locales de Kenia, y el sur de Somalia, llegan cada día a puerto con capturas como hacía años no recordaban”.
Mientras comemos un marmitako o unas jugosas piezas de sashimi y de sushi de atún, que saben a jamón ibérico, podríamos imaginar a los piratas como socios de Greenpeace.
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Pues porque lo de Cendón, Hernán Zin y demás reporteros de guerra a la nueva usanza son poses.
Viven de su imágen, la imágen del rebelde inquieto y comprometido que se va a recorrer mundo porque está desencantado con la sociedad occidental. Eso si, siempre vuelve. Dirá que en estos países subdesarrollados ha sido donde se ha sentido plenamente libre y ha vivido la mejor y mas enriquecedora experiencia de su vida pero siempre vuelve a la decadente y consumista sociedad occidental para concienciarnos a base de los panfletos que escriben aprovechando la coyuntura y que por cierto no regalan.
Lo dicho, son poses y nada mas. Me apuesto lo que quieran a que ligan un montón cuando cuentan sus aventuras a jovenes rebeldes y comprometidas.
Lo digo con envidia, que conste
Pues si ya vuelven a tener pescado ¿por qué siguen secuestrando? Y sobre todo ¿por qué siguen secuestrando sobre todo barcos de todo tipo que pasan por allí (desde veleros con dos tripulantes a petroleros) y sólo unos pocos son pesqueros? No parece muy coherente la explicación de Cendón.
Lo único que me consuela es que el tal Cendon en España será un furibundo defensor de los derechos civiles. Incluso se escandalizará -me imagino- del trato a los detenidos, especialmente si son de organizaciones radicales. Porque probablemente se olvidó de decir que en Somalia siempre estuvo bajo una tutela judicial tan garantista como la que exige en España.
Sábado, 18 de febrero
Avelino Vallina
Vicente Torres
Manuel Molares do Val
Raúl González Zorrilla
Vicente A. C. M.
Antonio Javier Vicente Gil
Pedro Fernández Barbadillo
Cesar Sinde
Toni García Arias
Juan Fernandez Krohn
José Pómez
Francisco Rubiales