Avanza implacable, como la SS-Panzer-Division que conquistó Francia, la idea de que debe dignificarse la muerte de un enfermo terminal acelerándola con una droga rápida parecida al gas Cyclon B que se aplicaba masivamente en Auschwitz.
Al homicidio planificado le llaman “muerte digna”, cuando desde hace décadas los enfermos terminales que sufren dolores fallecen más que dignamente, si lo desean, ayudados con analgésicos que incluso los médicos más religiosos administran.
Pero ahora, la Junta de Andalucía prepara un programa de ingeniería social para imponer una Ley de Muerte Digna y rechaza la objeción de conciencia de los médicos que se nieguen a acelerar esas muertes.
Las condenas capitales las dictarán unas “comisiones de ética” dominadas por la ideología gubernamental adolescente e irresponsable al estilo Bibiana Aido.
Igual que la que aceptó que los padres de chicas adolescentes no sepan que abortan, o que obliga a distribuir una bomba hormonal, la píldora del día después, sin reconocimiento médico ni una receta como se exige para la aspirinas.
Estas leyes complementan el dogma de la Divinidad Estatal, según la neorreligión zapaterista: si la del aborto permite al Estado decidir cuándo un feto se hace persona, la de la Muerte Digna determina el instante en que la persona puede considerarse desperdicio.
El motivo que buscan estos homicidios se descubre en las unidades de dolor y cuidados paliativos hospitalarios, el futuro cadalso de los sentenciados: hay una penosa carencia de profesionales, pero gran abundancia de calmantes.
La solución no es umentar el oneroso personal sanitario: como el enfermo va a fallecer de todas maneras, para que salga barato se le aplica una dosis adecuada del Cyclon B contemporáneo y se le manda rápidamente al otro mundo. Y como hacían los nazis, sin objeción de conciencia.
Cuando usted supo este viernes que un hombre de 24 años violó y mató al hacerlo a una niña de tres en Tenerife sintió un escalofrío de pavor, mayor aún si tiene hijos víctimas potenciales de monstruos así.
Y se horrorizó al descubrirse pensando que ese ogro, compañero sentimental de la madre de la niña, merecía un castigo mucho mayor que el que pueda producirle la ley española.
Alguien religioso quizás crea que su Dios le castigará en otro mundo, porque ni la más dura cadena perpetua puede hacer pagar en vida algo tan horrible, y menos aún la veintena de años que pasará en prisión, en el mejor de los casos.
Porque, témalo usted, algún siquiatra le diagnosticará una enfermedad mental más o menos transitoria y quedará libre en no muchos años para repetir su experiencia.
Recordemos a “El Rafita” y a su banda de amigos, asesino de la niña Sandra Palo, que tras violarla en grupo, la atropelló repetidamente con un coche, le prendió fuego y siguió de fiesta mientras ella moría lentamente.
Un asesino menor de edad, sí, pero en poco tiempo él y sus compinches volvían a delinquir libremente: hay leyes tan perversas que parecen redactadas por delincuentes potenciales.
Tras hechos como el de Tenerife nos queda el cuerpo infectado de ira, trastorno que se multiplica en la mente, como descubrimos al desear que tipos así tengan peor final que el que produjeron.
Y queremos que la implacable justicia carcelaria ejerza su espantosa represalia, sabiendo que hasta los peores delincuentes odian a estos engendros.
Descubrimos entonces nuestra propia y reprochable maldad al anhelar que se le aplique un sanguinario desagravio, una desmedida saña; pero también evidenciamos que la justicia española, débil e injusta, es lo que nos vuelve vengativos y justicieros. Unas hienas alimentadas con carroña.
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Nota: Dice ahora la policía que la niña no fue violada, sino "sólo" maltratada. Primero, habrá que comprobarlo, porque mientras no se someta a juicio al mostruo quizás lo protejan atenuando su crimen. Aún así, todo el razonamiento anterior es igualmente válido.
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SEGUNDA NOTA
Las autridares policiales y judicales canarias informaron sobre un hecho monstruoso: un hombre había asesinado a una niña violándola.
Pero dicen ahora que no hubo tal violación y que los golpes y quemaduras que sufría no fueron provocados por él.
El cronista analizó la versión inicial y oficial del caso porque desgraciadamente este tipo de actos son demasiado comunes en una sociedad que ha perdido el sentido de la medida que separa la enfermedad mental de la maldad.
El cronista pide perdón a sus lectores, pero por haber elaborado un análisis basado en informaciones oficiales aparentemente erróneas, lo que le indujo a trabajar con datos falsos aparentemente objetivos.
Pido perdon nuevamente,aunque alerto acerca de muchos otros sucesos parecidos que no invalidan las conclusiones expuestas aqui.
Consuma usted sin remordimientos la energía que pueda pagar: el calentamiento global provocado por el CO2 posiblemente no existe, como descubrió días atrás un pirata informático que entró en los ordenadores de los organismos que han creado la histeria climática.
Permítame que le transcriba lo que dice el geógrafo y profesor de la Universidad del País Vasco Antón Uriarte, autor del libro canónico, fundamental, “Historia del clima”, en su página http://antonuriarte.blogspot.com/
“Durante todo este fin de semana, en muchos blogs se comentan los cientos de emails que han sido robados, o hackeados, al centro CRU (Climate Research Unit) de la Universidad de East Anglia”.
“Este organismo británico, dirigido por Phil Jones, forma junto con el norteamericano GISS (Goddard Institute of Space Studies) el núcleo principal del alarmismo climático”.
“Los emails revelan la falta de imparcialidad del petulante grupo que dirige el aspecto científico del Calentamiento Global debido al CO2. Los peor parados son el propio Phil Jones y Michael Mann, el autor de más exito del IPCC, pues a él se debe la célebre curva del "palo de hockey", que abría el informe del 2001 y que supuestamente mostraba el calentamiento del siglo XX no había tenido parangón”.
Durante todo el fin de semana se han publicado artículos en el New York Times, en el Washington Post, en el Wall Street Journal (el que se ha escrito en éste me parece el mejor: Hacked Emails Show Climate Science Ridden with Rancor), en el Guardian, en el Daily Mail, en el Telegraph, etc , etc... pero nada en España (en donde los reporteros de Medio Ambiente son mucho más vasallos que auténticos informadores)”.
Cierto: el calentamiento global seguramente es una mentira, creada para depender menos de los
Ahora que el Grupo parlamentario Socialista insta al Gobierno a reforzar los “vínculos económicos, sociales y culturales” con las poblaciones del Magreb y de África donde viven descendientes de los moriscos expulsados de España en el siglo XVII, buena parte de los españoles podemos empezar a exigir similar justicia.
Algo deberán pagarnos por nuestros antepasados judíos y protestantes perseguidos por la Inquisición, e incluso durante parte del franquismo.
Pero que nos compensen también los moriscos por invadirnos y matar a nuestros antepasados anteriores, que sufrieron su “fanatismo y racismo” de los que el PSOE acusa ahora a los españoles del siglo XVII.
Unos españoles que no servían a una potencia extranjera, como hicieron muchos moriscos apoyando las incursiones otomanas para que el islam reconquistara España , una de las principales razones de su expulsión.
Puestos a corregir la historia, nosotros deberemos pagarle a los nativos americanos nuestra conquista, y los romanos a los españoles la suya, y así hasta los neanderthales y los cromagnones.
La obsesión del zapaterismo por enmendar el pasado señala romanticismo maurófilo, egoísmo electoral y remordimientos: se da mucho en los excuras socialistas que, readaptando a Freud, quieren matar al dios-padre.
La propuesta sobre la memoria morisca viene del socialista granadino --otro teólogo metido a político-- José Antonio Pérez Tapias, en cuya provincia ha nacido un partido islámico, el PRUNE (Partido Renacimiento y Unión de España), que pretende atraerse los, de momento, 1,2 millones de musulmanes residentes aquí.
Y si por las 296.473 papeletas de los independentistas de ERC el zapaterismo y el socialismo catalán cambiaron el concepto de España, este PSOE se prepara para hacer igual con el islam: terminará apoyando la aplicación del burka y la sharía en España en nombre de la Alianza de Civilizaciones.
El futuro de esta España no le importa al zapaterismo. El pasado, sí. Para ganar electores.
La velada amenaza del socialismo y del nacionalismo catalanes de romper España, a la que se han sumado hoy una docena de periódicos, nace de una de esas ocurrencias que iluminan súbitamente a Rodríguez Zapatero en los mítines cuando los aplausos le calientan la mollera.
Ocurrió al prometerle a Pasqual Maragall, el 13 de noviembre de 2003, que favorecería incondicionalmente en el Parlamento español cualquier Estatuto catalán que él propusiera.
Maragall logró ser presidente de la Generalidad, y seis meses después, tras el 11M, Rodríguez Z. resultaba elegido primer ministro español.
Había que cumplir la promesa, y Maragall elaboró un estatuto inconstitucional destinado a convertir Cataluña en centro de los “Paisös Catalans”, nación con derechos imperiales sobre Valencia, Baleares, parte de Aragón y Murcia, y con reivindicaciones sobre el sureste de Francia.
Un Kosovo, una nueva Nación con el neoindigenismo catalanista logrando el reconocimiento de gobiernos gamberros de la ONU, como los de Venezuela, Bolivia..., o Irán.
Cuando Maragall perdió su liderato tras detectársele complejo de Napoleón, tomó su relevo José Montilla, charnego andaluz, que para hacerse perdonar su origen siguió la senda imperialista maragalliana.
Las instituciones catalanas le habían enviado ya al Parlamento español su Estatuto de estado semi independiente, donde lo recortaron levemente. Aún así fue impugnado ante el Tribunal Constitucional por el Partido Popular y por el Defensor del Pueblo.
Ahora parece que esta Magistratura va a corregir parte del texto aprobado en las Cortes y en un referéndum catalán. Como respuesta, el socialnacionalismo catalanista amenaza a los españoles con insurrecciones políticas, incluso populares.
Las ideas atolondradas de Zapatero y el oportunismo de Montilla y los nacionalistas, pues, amagan con romper el país si el Tribunal Constitucional reduce sus concesiones al soberanismo.
Todo esto lo merecen los socialistas y los españoles por elegir dirigentes de sesera seca, recalentada y napoleónica.
Precisamente cuando por una vez debería debería haber triunfado, el supremacismo hembrista que inspira las leyes del Gobierno fracasó en el Congreso: acaba de rechazarse que se considere agravante del maltrato que el agresor de una mujer esté bajo la influencia de alcohol o de drogas.
El consumo, que debería ser agravante, goza de atenuantes para quien comete un crimen, como demostró estos días un jurado popular en Pamplona en el caso del asesinato de una muchacha por su agresor supuestamente borracho,
Pero la demanda parlamentaria rebatida pretendía aplicar el agravamiento solamente a la violencia machista, y rechazaba su uso en los demás delitos cometidos bajo influencia de tóxicos.
Es que el zapaterismo está obsesionado con la violencia del hombre sobre la mujer, lo que estaría bien si a la vez considerara igual la situación inversa, o el maltrato por motivos no relacionados con el sexo de la víctima.
Sólo un ejemplo: habiendo tantas lesbianas que ultrajan a sus parejas como los hombres heterosexuales a las suyas, aunque no matan como ellos, se rechazó enérgicamente prever esa violencia en las leyes impuestas por la corte feminista de Zapatero, que odia a los hombres que no sean Él.
No deben despenalizarse los crímenes contra cualquier humano, hombre o mujer, ejecutados bajo los efectos de cualquier sustancia consumida conscientemente, porque emborracharse o drogarse son actos voluntarios cuyas consecuencias debe afrontar cada uno.
Alrededor del sesenta por ciento de los alcohólicos, y quizás un porcentaje parecido de drogadictos, son violentos. Pues si maltratan a quien sea, mujer o no, que paguen duramente sus actos.
Un delito cometido bajo drogas o alcohol debe ser más castigado porque se buscaba el estado de ánimo alterado que facilitaba ejecutarlo.
No más atenuantes psiquiátricos y sicológicos que castran nuestra responsabilidad, intentando mantenernos siervos de una sociedad infantiloide.
Mariano Rajoy cree acercarse al triunfo electoral denunciando las torpezas de Zapatero en el caso del Alakrana, igual que Zapatero comenzó a dañar al gobierno de Aznar, en el que estaba Rajoy, explotando sus innumerables errores de estrategia con el petrolero Prestige.
Pero el caso de aquel barco-chatarra llenando costas gallegas de chapapote hace justo siete años era más vistoso televisivamente que el de los 36 tripulantes del atunero secuestrado, y que ahora se esconden de las cámaras.
Cuando se hundió el Prestige no había un protocolo sobre cómo tratar situaciones así, aunque tampoco ahora se sabe qué se hará si aparece por Finisterre otro monstruo herido y derramando contaminantes.
En aquel momento, el desconcierto de la Xunta de Fraga Iribarne y del Gobierno Aznar facilitó la movilización televisiva de millares de entusiastas neoecologitas y de centenares de dolientes poetas nacionalistas y socialistas, mayoritariamente cursis, que crearon un clima tan emotivo que abatió a los populares.
Fue una derrota del aznarismo, como puede serlo para el zapaterismo el caso Alakrana, al que se añade otro, el del Sitel, sistema de espionaje del que dice ser víctima el Partido Popular.
El Sistema Integrado de Interceptación Telefónica, Sitel, sirvió para que le llegaran a los medios informativos afines el Gobierno conversaciones entre populares vinculados al caso Gürtel, algunas delictivas, pero otras íntimas, y también cursis, ajenas a esta presunta corrupción.
El uso ilegal del Sitel, sirviendo a la voluntad socialista de desacreditar y ridiculizar a personalidades del PP, puede hacer improcedentes algunos casos concretos de espionaje a etarras, islamistas y mafiosos.
Entre Zapatero, por actuar temerariamente para desacreditar y aniquilar al contendiente, y Rajoy, por vengarse, están clavándole a todos los españoles el veneno suicida en la espalda, como parece hacer el alacrán acosado.
Ni Rodríguez Zapatero ni sus vicepresidentas y ministras han justificado su empleo reiterado y mecánico del viejo lenguaje machista al hablar del Alakrana, el atunero capturado por piratas somalíes sin pabellón español pero con una ikurriña, bandera desconocida internacionalmente que podría hurtarle el amparo de la Convención de las Naciones Unidas sobre Derecho del Mar (CNUDM).
Empecemos por el machismo: este Gobierno lleno de mujeres habla con naturalidad de los 36 tripulantes secuestrados, sin ocurrírseles que deberían haber sido 18 mujeres y 18 hombres según el igualitarismo radical ordenado por Rodríguez Zapatero.
Y las vicepresidentas y demás ministras se ponían sentimentales refiriéndose a las heroicas “mujeres de los marineros” que esperaban angustiadas a sus maridos.
Es decir: las hembras en sus cuevas, mientras los machos cazan atunes o leones, es igual.
Cuando el trabajo exige una gran fortaleza física, y también mental, como el de los pescadores de altura, las feministas de despacho aceptan subrepticiamente que la mujer no es apta.
Y aprueban entonces la primitiva función sexual de esperar amamantando crías y como descanso del guerrero. A macho más viril, hembra más hogareña y reproductora, nos dicen.
Obviamente, Z. y su corte de feminismo pasional disimularán esta visión tan suya de la biología humana: sin razonamiento alguno imputarán de machista a quien la ponga de manifiesto.
Como también acusarán de cómplice de los piratas a quien recuerde el Artículo 92 de la CNUDM, que advierte que “los buques navegarán bajo el pabellón de un solo Estado” de la ONU, y que los que cambien en la mar pabellones a su conveniencia “podrán ser considerados buques sin nacionalidad”.
El pabellón que los asaltantes somalíes vieron en la crujía del Alakrana era una ikurriña: esperemos un juicio político-vexilológico contra los dos piratas presos en España.
Ni Rodríguez Zapatero ni sus vicepresidentas y ministras han justificado su empleo reiterado y mecánico del viejo lenguaje machista al hablar del Alakrana, el atunero capturado por piratas somalíes sin pabellón español pero con una ikurriña, bandera desconocida internacionalmente que podría hurtarle el amparo de la Convención de las Naciones Unidas sobre Derecho del Mar (CNUDM).
Empecemos por el machismo: este Gobierno lleno de mujeres habla con naturalidad de los 36 tripulantes secuestrados, sin ocurrírseles que deberían haber sido 18 mujeres y 18 hombres según el igualitarismo radical ordenado por Rodríguez Zapatero.
Y las vicepresidentas y demás ministras se ponían sentimentales refiriéndose a las heroicas “mujeres de los marineros” que esperaban angustiadas a sus maridos.
Es decir: las hembras en sus cuevas, mientras los machos cazan atunes o leones, es igual.
Cuando el trabajo exige una gran fortaleza física, y también mental, como el de los pescadores de altura, las feministas de despacho aceptan subrepticiamente que la mujer no es apta.
Y aprueban entonces la primitiva función sexual de esperar amamantando crías y como descanso del guerrero. A macho más viril, hembra más hogareña y reproductora, nos dicen.
Obviamente, Z. y su corte de feminismo pasional disimularán esta visión tan suya de la biología humana: sin razonamiento alguno imputarán de machista a quien la ponga de manifiesto.
Como también acusarán de cómplice de los piratas a quien recuerde el Artículo 92 de la CNUDM, que advierte que “los buques navegarán bajo el pabellón de un solo Estado” de la ONU, y que los que cambien en la mar pabellones a su conveniencia “podrán ser considerados buques sin nacionalidad”.
El pabellón que los asaltantes somalíes vieron en la crujía del Alakrana era una ikurriña: esperemos un juicio político-vexilológico contra los dos piratas presos en España.
Una de las frases más duras pronunciadas por un político español contemporáneo se debe al presidente valenciano, Francisco Camps, que le dijo en el Parlamento regional al líder socialista, Ángel Luna: “A usted le encantaría coger una camioneta, venirse de madrugada a mi casa y por la mañana aparecer yo boca abajo en una cuneta".
Evocaba así los “paseos” asesinos de rojos y azules antes y durante la Guerra Civil, y tras cuyo final daban solamente los vencedores, los azules.
Precisamente, el asesinato a manos de socialistas del líder derechista José Calvo-Sotelo, el 13 de julio de 1936, sirvió para justificar el levantamiento franquista de cinco días después.
Camps exageraba, pero su frase podía ser un aviso que ratifica la vuelta al odio que vive España, probada en nacionalismos que conducen al terrorismo, y últimamente, en izquierdas aparentemente respetables, pero tan agresivas como la ultraderecha extraparlamentaria.
Odio cuya manifestación se observó días atrás en la red social Facebook, donde alguien supuestamente bromeando creó una página proponiendo “matar a ostias a Esperanza Aguirre”, presidenta de Madrid.
Aunque Facebook la retiró enseguida, seguramente asustado, la iniciativa recogió en pocas horas unas 2.500 adhesiones de personas con nombre y apellidos que seriamente recetaban toda suerte de métodos para asesinar a Aguirre.
Gente común, alguna vinculada a organizaciones pacifistas o de amantes de los animales, según se comprobaba al seguir su red de aficiones y amistades, que recetaba tiros en la sien, en la nuca, sadismo y torturas.
Odio, sí, aunque lo oculten los medios informativos tradicionales que se escandalizaron con la frase de Camps.
Al que decirle en el Parlamento regional que “se parece a Hitler y es más peligroso él”, o llamarle “torturador” no es menos grave que su alusión a las cunetas, vista la exitosa experiencia contra Aguirre.
En casi toda España e Hispanoamérica mucha gente quedó estupefacta cuando supo que durante la visita de una delegación nicaragüense al Parlamento catalán los diputados anfitriones pusieron traductores simultáneos castellano-catalán y viceversa.
Que los políticos catalanes empleen intérpretes para dialogar con castellanohablantes fue una idea del director general de Cooperación de la Generalidad, David Minoves (ERC), aprobada por sus superiores socialistas.
Llegados aquí, los españoles deberíamos cambiar nuestra lengua base, el castellano por el catalán, para evitar el carísimo capítulo de los intérpretes, que además duplican el tiempo de diálogo. Hasta deberíamos pensar en hacernos todos catalanes.
Así, el expansionismo territorial que inventó recientemente los “Paisös Catalans” no se limitaría a Valencia y Baleares. Abarcaría toda España, incluyendo Canarias, Ceuta y Melilla; incluso absorbería Portugal, donde demostraremos, aunque moleste allí, que Luis de Camôens era Lluis y catalán.
Porque, sepa usted, hay filólogos e historiadores catalanes subvencionados por la Generalidad, entre ellos uno famoso, Jordi Bilbeny, que afirman categóricamente que una conspiración castellana eliminó el origen catalán de Colón, Leonardo da Vinci, Fray Luís de León, Garcilaso, El Gran Capitán, Cervantes, Hernán Cortés, Pizarro, Elcano, Magallanes, Ponce de León, Orellana, Ojeda, Maldonado…
Los libros y crónicas de los grandes escritores y conquistadores españoles y de otros países europeos, que originalmente estaban en catalán, fueron destruidos, pero antes se tradujeron al castellano.
Occidente, España, son creación catalana, pero falsificada por los castellanófilos, que incluso le robaron Di Stéfano al Barça.
Volvamos, pues, a nuestras raíces y no sólo hablemos catalán: seamos catalanes. Si la verdadera Historia de España es la de Catalunya, nuestro deber es recoger la antorcha de la autenticidad y llamarle Catalunya a España.
Y para evitar recelos de esa Agustina de Alcorcón que es Esperanza Aguirre, aceptemos que la capital de esta Catalunya sea Madrid, pero imponiéndole el nombre de Madrit.
El informe que acaba de revelar Gallup sobre el los rápidos y tremendos cambios demográficos que va a experimentar el mundo, y particularmente España, debería convocar a los mayores sabios del país para asesorar a los ciudadanos sobre este futuro inevitable.
Esta macroencuesta mundial desmiente forzosamente la que hizo pública este jueves, 19 de noviembre, el Instituto Nacional de Estadística (INE) asegurando que las perspectivas de crecimiento de la población en España para los próximos años, hasta 2019, apenas alcanzarán los 47 millones de habitantes (1,1 millones más que en la actualidad).
La investigación de Gallup se realizó durante los dos últimos años consultando en 135 países a 259.542 adultos mayores de 15 años. Fiabilidad del 95 por ciento, según este instituto de opinión, el más importante del mundo, que descubrió que 700 millones de personas, casi el 10 por ciento de la población planetaria, quieren emigrar, y que muchas lo lograrán.
Estableció una fórmula para conocer el atractivo de cada país, el Potencial Gallup Migración Neta Index (PNMI).
Pongamos España: se resta la cifra de adultos españoles que quieren emigrar a otros países del número de los extranjeros que quieren emigrar a España, y se divide por la población adulta española actual.
Y el PNMI de España está situado, con Suecia, en el sexto lugar más atractivo del mundo. Ambas naciones son las primeras europeas, con el 80 por ciento, por delante de Francia, 70, Reino Unido, 75. Incluso de EE.UU., 60.
Sólo tienen más atractivo Singapur, 260, Arabia Saudita (180, pero sólo árabes), Nueva Zelanda, 175, Canadá, 170 y Australia, 145.
Este maremoto humano debería ordenarse, facilitándole la entrada a quienes poseen un acervo cultural y social común: los latino o hispanoamericanos, expulsando a los delincuentes que se mezclarían con los inmigrantes honrados.
Todos los países latinoamericanos son productores potenciales de emigración, ninguno de inmigración.
El 50 por ciento, media población de El Salvador, desea marcharse. Los países con menos emigrantes potenciales son Costa Rica y Venezuela, con menos el 5 por ciento.
Pregunta: ¿cómo afrontan este futuro los partidos políticos españoles, incluyendo los nacionalistas?
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Este informe Gallup puede consultarse en: http://www.gallup.com/poll/124193/Potential-Net-Migration-Change-Developed-Nations.aspx
Las iniciativas menos sanguinarias de Muammar el Gaddafi suelen ser sugestivas, como esta de predicarle el islam cada día de su estancia en Roma a doscientas ninfas italianas elegidas por una agencia de azafatas, dándoles cincuenta euros cada una, un Corán y sus teorías revolucionarias de petróleo y cimitarra recogidas en el Libro Verde.
Gadaffi exigió que las señoritas tuvieran buena presencia y más de 1,70 metros de altura, harén que para él representará en tierra de infieles las 72 huríes que el buen musulmán recibirá en el Paraíso.
Si estuviera más días en Italia podría emular a los sultanes otomanos que al estilo polígamo de Mahoma tenían en Topkapi hasta 5.000 personas, entre esposas, concubinas, esclavas, eunucos, y cautivas cristianas, especialmente bellas circasianas.
El harén espiritual gaddafiano está inmerso en la alegre Italia del Casanova moderno, Silvio Berlusconi, que se rodea también de hermosas jóvenes, sus vellinas, aunque numéricamente menos, y que deben poseer estudios universitarios para hacerlas diputadas nacionales y europeas.
Pero Berlusconi no es un misionero, aunque quisiera ser polígamo, sino un seguidor romano de la alegre escuela cínica de Crates de Tebas.
Por el mundo viaja también predicando el islam el presidente iraní, Mahmud Ahmadineyad, que trata de convertir al islam a Hugo Chávez y a Fidel Castro, y quizás consiga que ambos, por antioccidentales, terminen rezando hacia La Meca.
Los españoles tienen en Rodríguez Zapatero al gran misionero del laicismo, pero él no lo predica donde más necesitan el igualitarismo, en su Alianza de Civilizaciones.
Zapatero tiene también un harén político de jóvenas pululando a su alrededor – Pajín o Aído, entre otras—, que exhibe estas vellinas como ejemplo de emancipación femenina en portadas como las de Vogue, aunque puestas a predicarle a los paganos y a los infieles machistas su concepto de la igualdad obligatoria se descubre enseguida que no fueron seleccionadas, precisamente, por su valía profesional: quizás por una agencia de azafatas.
Estados Unidos y China son los países que emiten el mayor volumen de gases de efecto invernadero, pero parece que le importa poco a sus dirigentes, especial y sorprendentemente a Barack Obama, el presidente estadounidense que iba a hacer el mundo más ecológico, pacífico y justo.
Porque Obama, líder de un país con 307 millones de habitantes y Hu Jintao, que rige a 1.340 millones de chinos, han decidido en la Cumbre asiática de Singapur que no asumirán los compromisos de reducción de CO2 que pretendía imponerles la ONU en la conferencia del clima que se celebrará a mediados de diciembre en Copenhague.
El Kioto 2, que iba a ser ese encuentro, ha fracasado antes de comenzar, irritando a los ecologistas y a quienes aseguran que los humanos estamos suicidándonos, con los polos derritiéndose, gran parte de las costas inundándose, y miles de millones de seres asándose de calor.
De los dictadores chinos o del individualismo de la India, que tiene 1.166 millones de habitantes, además de las demandas de otros países en desarrollo que requieren creciente energía, se podía esperar cualquier actitud favorable a producir CO2.
Pero no de Obama, al que algunos medios informativos en español, entusiasmados con él, le llamaban Ob-ama, como si el líder estadounidense nos quisiera a todos
.
Y es que parecen haberse enfriado abruptamente las ideas sobre el calentamiento global que hicieron al exvicepresidente estadounidense (1992-2000) Al Gore premio Príncipe de Asturias, Nobel de la Paz y Oscar a su documental sobre el cambio climático.
Parece que los líderes de la media población mundial más contaminante, incluyendo a Obama, empiezan a dudar de las predicciones sobre ese calentamiento, porque, de ser tan apocalípticas y rechazarlas, serían los asesinos de toda especie animal planetaria.
Pocos países del mundo son tan ricos y placenteros como España, lo que podría explicar por qué 35 millones de personas han decidido emigrar aquí a toda costa desde todas las partes del planeta, según un informe Gallup publicado este noviembre, que aparece en la página www.gallup.com, bajo la solapa Migration.
Tendencia lógica en nuestros próximos. y posiblemente inevitables, conciudadanos. Como en España, ni hablar, decía una canción. Una prueba: en Andalucía la tercera parte de la población en edad productiva vive pasablemente sin trabajar.
Quizás esa región de 8,3 millones de habitantes sea el caso más llamativo gracias a Cháves, que consiguió sumar todos los sistemas de protección social y subvenciones para que la gente evite la maldición bíblica del esfuerzo.
Pero no se queda ahí el milagro español: hay fábricas, como las de automóviles, que sobreviven solamente con ayudas estatales. O donativos, o se las llevan a China.
Para que permanezcan aquí existen los sindicatos, encargados de conseguir dinero para sus propios cuadros y para los patronos capitalistas.
Ejemplo de esta gestión innovadora: Patxi San Juan, secretario de Innovación e Industria de la Comisión Ejecutiva Confederal de la UGT, que se va de cena con sus compañeros al mejor restaurante del mundo, el Bulli de Ferrán Adriá, a 300 euros por cubierto.
El mismo sindicato organizó este fin de semana su congreso en Pamplona, al que asistió Zapatero. Llenó los hoteles de la ciudad, incluyendo los de habitaciones de 400 euros la noche.
Días antes, la UGT andaluza le regalaba bolas chinas, instrumentos de placer solitario femenino, a sus delegadas, y en Extremadura el bachillerato impartía cursos de sabrosos trabajos manuales para ambos sexos con instrumentos adquiridos en sex-shops.
Vivir en España da mucho gusto: es lógico que medio mundo quiera emigrar aquí.
Quizás el fotoperiodista José Cendón sufra todavía el síndrome de Estocolmo un año después de haber estado secuestrado durante cuarenta días por piratas somalíes.
Porque ahora sugiere, o dice crípticamente cuando lo entrevistan, que por temor a sus asaltos los grandes pesqueros-factoría que arrasaban antes las costas somalíes se han ido mar adentro, lo que ha devuelto la pesca a los pueblos ribereños privados de ella por la depredación de tantos barcos extranjeros.
El santiagués Cendón (35) presenta estos días su libro “Billete de ida”, publicado por Temas de Hoy, en el que narra su experiencia como rehén de piratas similares a los que secuestraron el atunero Alakrana.
Afirma que estos bandidos necesitan mantener con vida a sus rehenes: son su negocio. La prueba es que no los matan porque siempre habrá alguien que pagará los rescates.
Explicación que recuerda el caso de los esclavos en las plantaciones americanas que, al contrario de lo que afirma mucha literatura, no eran maltratados habitualmente: debían ser productivos y para ello había que cuidarlos.
La tesis de que gracias a los piratas ahora tienen más alimentos los pueblos costeros somalíes está enérgicamente defendida por Gustavo Duch Guillot, exdirector de Veterinarios Sin Fronteras, que ha dirigido una carta a los medios informativos denunciando que en aguas somalíes se arrojaban antes vertidos tóxicos y se esquilmaba la pesca, sustento de los nativos.
“Entre los barcos responsables está la flota española, que ha sido además altamente subvencionada por la UE para este, digamos, ecocidio”, afirma.
Y sugiere que, gracias a estos modernos bucaneros, “el último año, los pescadores locales de Kenia, y el sur de Somalia, llegan cada día a puerto con capturas como hacía años no recordaban”.
Mientras comemos un marmitako o unas jugosas piezas de sashimi y de sushi de atún, que saben a jamón ibérico, podríamos imaginar a los piratas como socios de Greenpeace.
Ciudadanos, tengo un reproche muy serio que dirigirles por afear mi gestión, cuando dedico el mejor talante a agradarles.
Me critican sádicamente, como si yo fuera Aznar, que sí se merecía los ataques, cuando los culpables de lo malo que ocurre en el país son ustedes.
Les aseguro que yo no erré al ordenar capturar a los dos piratas somalíes del Alakrana, ni al exigirle a la Abogacía del Estado y a la Fiscalía que los denunciara para que Garzón ordenara traerlos a España y los procesara.
La culpa fue únicamente de ustedes, sí, por incitarme a cometer ese desliz criticando mi anterior debilidad durante el secuestro del Playa de Bakio.
De esa manera me forzaron a ser contundente con los nuevos piratas: tenía que demostrar que soy enérgico.
Salió mal, pero por culpa de ustedes, porque si no llega a ser por su presión hubiera hecho las cosas de otra manera, no se cuál, pero sería algo diferente.
Sin embargo, yo les perdono, algo que no hicieron ustedes por mí cuando negocié con ETA para darle una salida honorable. Ustedes querían derrotarla porque son rencorosos, con un sentido errado de la justicia.
También les reprocho que fueran poco comprensivos conmigo por ser piadoso con De Juana Chaos, y que todavía protesten porque no quiero que se descubra la complicidad gubernativa con los etarras del bar Faisán, de Irún.
En el primer caso, yo ayudaba a que el preso estuviera libre para reeducarlo como pacifista tras haber cometido veinticinco asesinatos. Ya saben que ahora está deprimido, en Irlanda.
En el segundo, permití que mi gente alertara a los cobradores del “impuesto revolucionario” etarra en el bar Faisán para que huyeran porque, por el bien general, quería seguir negociando con los activistas sus condiciones para el País Vasco.
Pero ustedes, siempre negativo, nunca positifo. Y me restriegan incansablemente ahora, además, el paro, la recesión, la crisis, que yo no quería reconocer para no disgustarlos.
Ustedes son unos ingratos. No entienden mis sacrificios, pero por el bien general les exijo que se autocensuren y no me acosen más, especialmente algunos periodistas. Cállense antes de que tenga que resucitar la censura.
Aunque también podemos pagarles el silencio: pongan precio, que no hay nada que no podamos comprar, aunque endeudemos el país hasta el próximo milenio.
José Bono y los demás diputados católicos deberían temer el castigo divino tras votar a favor de la nueva ley socialista del aborto, lo que les obligará a no comulgar si obedecen la doctrina de su Iglesia
Aparte de la respuesta de su conciencia, si el presidente del Parlamento fuera ateo no tendría por qué temer la censura espiritual que ahora lo situará permanentemente bajo pecado mortal y en peligro de ir al infierno.
Siendo la comunión un rito religioso, sorprende la enfurecida reacción de medios laicos, como El País, simultáneamente defensores del fundamentalismo musulmán: véase su apoyo a la abogada que exige llevar pañuelo islámico para defender a terroristas en la Audiencia Nacional.
Son medios que protestan porque el portavoz de la Conferencia Episcopal advierte que "Quien apoye, vote o promueva esa ley está en pecado mortal público y no puede ser admitido a la sagrada comunión".
Simplemente, dice que el catolicismo es como un club con sus reglas: un directivo del Barça no puede serlo del Real Madrid.
Hace muchos años, antes de excomulgar a los disidentes –condena peor que el tormento--, los enviaban a prisión para que, arrepintiéndose, evitaran el infierno.
Si eran contumaces, el Santo Oficio solía lograr con retoques físicos que abandonaran la heterodoxia.
Actualmente sólo practican la violencia religiosa los islamistas, con asesinatos sin procesos ni opción para el arrepentimiento. En poco tiempo exterminan más que en sus casi cuatro siglos la Inquisición española: 1.250 personas, según la Iglesia, 300.000, según la máxima estimación conocida.
Como ahora el catolicismo sólo aplica correctivos espirituales, sus creyentes pueden acatarlos sin dolor, aunque deben recordar que no pueden estar en misa y abortando.
Aunque Bono y demás cismáticos siempre encontrarán curas, también disidentes, que les permitirán comulgar píamente, además de con ruedas de molino legislativas.
Querido ministro de Industria, Miguel Sebastián: Le ruego que me anote como aspirante a almacenar residuos nucleares en una finca que poseo al lado de mi vivienda familiar, para lo que solicito solamente la contraprestación económica que usted promete.
Que no es mala: una inversión de 800 millones de euros, 12 millones anuales en subvenciones y un parque tecnológico de investigación en al lugar elegido como almacén.
Se que hasta el momento hay cinco localidades españolas que compiten conmigo por llevarse ese almacén, tres de ellas en Tarragona, donde hay centrales funcionando; además, Garoña, Burgos, cuya central prometió cerrar el Gobierno en 2012, y Zorita, Guadalajara, donde ya se clausuró otra nuclear.
Es asombroso que la gente de esos sitios, tras su larga convivencia con nucleares, quiera mantenerlas e incluso pida sus residuos, esos que, según los llamados ecologistas, son tan malos para quienes viven cerca, y para el medio ambiente.
Es razonable pensar que esos ciudadanos no son tontos, aunque los considere así el ecologismo. Más aún, parecen inteligentes: van a cobrar por explotar la idea general de que almacenar esos restos es peligroso, cuando ellos están seguros de que no, si se dispone de la seguridad adecuada.
Mientras los autoproclamados ecologistas gritan “¡Peligro!”, donde se instale el almacén se vivirá confortablemente sin agigantar las listas del paro.
Señor ministro: pido que se me de la oportunidad de colocar en mi terreno todo o parte de ese depósito. Tenga en cuenta que soy uno de los más de cuatro millones de parados del país, y que no quiero malvivir del desempleo ni cobrarlo innecesariamente.
Además, si hay peleas por albergar el depósito, yo también quiero mi parte alícuota de esa riqueza tan atomizable, es decir, tan divisible entre españoles voluntarios, como yo.
Ocurrió hace unos días en Sevilla: un juez procesó de oficio a una mujer que se autolesionaba para denunciar malos tratos de su exmarido, método con el que consiguió enviarlo a prisión once meses en diferentes etapas.
La mujer aparecía en las comisarías y juzgados golpeada y con navajazos. Denunciaba a su exmarido y este, sin mayores indagaciones, era enviado automáticamente a la cárcel.
El juez sevillano descubrió la verdad porque el hombre, escarmentado, presentó pruebas de cada paso que daba, avaladas por testigos, que demostraban su inocencia.
Así se descubrió que cuando la mujer lo acusaba de las últimas palizas, incluso en las televisiones que la presentaban como víctima modelo de la brutalidad machista, el hombre estaba lejos de donde ella se había herido, eso sí, levemente.
La desgracia de este hombre es ejemplar, aunque el Consejo general del Poder Judicial afirme que sólo el 0,19 por ciento de las denuncias por violencia machista presentadas en España son falsas.
Porque, frente a esto, cualquier abogado matrimonialista, mejor una abogada feminista, le confesará confidencialmente que hasta el 40 por ciento de las alegaciones de malos tratos del varón que se aportan a las causas de separación o divorcio, y no denunciados previamente, son falsas.
Los letrados usan esa acusación como método para que la mujer obtenga ventaja moral y legal para quedarse con los hijos, y económica, para apoderarse del máximo de los bienes del hombre.
No hay más que estar atentos a muchas parejas en su casa, una tienda, la calle. Se observará como algunas mujeres humillan al hombre con sarcasmos, desprecio o ira.
Cierto, hay más hombres que hacen lo mismo, y que además le pegan o matan a las mujeres. Pero esa violencia no es consustancial con su sexo, como prejuzgan las leyes sin matices impuestas con la demagogia vindicativa del feminismo radical.
Y el juez sevillano, ya pagará su osadía: encontrarán motivos para sancionarlo por no seguir la adecuada senda de la corrección política.
Cuando a un político español lo vinculan con la corrupción amenaza con tirar de la manta para matar de frío y manchar también a sus rivales, pero enseguida se acobarda: pueden responderle denunciándolo por otras corrupciones todavía mayores y aún no divulgadas.
Le ha ocurrido a Jordi Pujol, presidente de la Generalidad Catalana entre 1980 y 2003. Anunció que iba a tirar de la manta de los socialistas porque el prosocialista juez Baltasar Garzón acaba de encerrar a Macià Alavedra y Lluís Prenafeta, dos de sus principales ayudantes durante aquellos 23 años.
Pero enseguida se echó atrás y pidió perdón por haberse excedido en su amenaza, decepcionando a la justicia y a quienes esperaban sus revelaciones.
El político español promete mucho y cumple poco. Como los navajeros que se muestras su acero con fiereza, pero que terminan gritándose, no matándose como los argentinos de Borges.
Los españoles son como el valentón que describía Cervantes: “Y luego, incontinente, caló el chapeo, requirió la espada, miró al soslayo, fuese, y no hubo nada”.
En España buena parte de la clase política tiene mucho que esconder. Una frase popular dice que las suciedades se esconden aquí debajo de la alfombra, para que nadie las vea.
Cuando el poder cambia de partido, el ganador mira levanta el felpudo, ve toda la basura acumulada durante varios años y se plantea hacer limpieza denunciando a sus antecesores.
Pero España es un país donde se aplica la sabiduría de las frases hechas. El triunfador recuerda que hoy por ti y mañana por mí, que los bomberos no se pisan las mangueras, y que perro no come perro.
Empieza a echar su propia basura bajo la alfombra, que ya parece la cordillera de los Andes, y así hasta las próximas elecciones.
Cuando habamos de muros de separación, el pensamiento políticamente correcto trata de equiparar los de contención que Israel o España en Ceuta y Melilla levantan en sus fronteras, con el del Berlín comunista, que comenzó a derruirse hace ahora veinte años.
“Todos los muros son iguales”, gritan los supuestos progresistas irritados por la desaparición del de Berlín. No deseaban que se descubriera que ocultaba el comunismo siniestro, vil, triste, de delación, de miedo y mucho más contaminado, lleno de centrales como Chernobil, corrupto y pobre en alimentación, vivienda y sanidad que el que había dejado la dictadura de Franco tres lustros antes.
Hay dos clases de muros: unos, como las paredes de las casas, sirven para no dejar entrar, para proteger a quien está en el interior; otros son para no dejar salir, como los de las prisiones.
El muro de Berlín, el del mundo socialista, el del “Telón de acero”, era una prisión para las poblaciones nacionales, herméticamente cerrado para que no se viera el otro lado. Y lo es aún en diferentes grados penales, en Corea del Norte, Cuba o China.
El de Franco, con excepción de su primera década, era menos físico y estaba muy abierto a la salida del país para que los emigrantes enviaran divisas.
Esa era la diferencia fundamental entre ambos sistemas. La misma que entre los reos con penas de encierro en primer grado, que era el mundo comunista, y los de cuarto grado o de libertad condicional, que eran los españoles bajo el franquismo, especialmente desde 1960.
Condenados, todos, pero el terror, la sumisión al aparato del partido y las humillaciones bajo los burócratas del régimen, eran menores bajo el franquismo.
Los demócratas españoles que sufrimos el franquismo desde la bastante minoritaria oposición, y que también hemos vivido durante años en el mundo comunista, tenemos la experiencia que permite comparar objetivamente ambos sistemas, lo que conviene hacer aún porque hay autoproclamados progresistas constantemente aclamados en los medios informativos capitalistas que insisten en reafirmar la bondad del socialismo real.
Que no engañen. Un sistema, el franquista, era malo. Pero el otro era mucho peor, era una mazmorra sin salida y llena de salas de terror y tortura.
Los cristianos están aterrados, pero muchos iconoclastas del judeocristianismo ilustrado y los ateos de cultura cristiana están alarmados por la decadencia de los valores e iconos de su civilización, que le dieron al planeta la mayor libertad, cultura, ciencia y bienestar de la Historia.
Mientras se demuele la autoestima por lo alcanzado y se denigran los valores propios, se protege la barbarie que niega la razón y la existencia de las libertades.
Quizás el abandono de los estudios de Humanidades, que señalan la evolución milenaria de Occidente, esté consiguiendo que se rechacen sus orígenes.
Y se convierte en ilegal la cruz en los colegios europeos por sentencia del Tribunal de Derechos Humanos de Luxemburgo a demanda, solamente, de la madre de un alumno.
La cruz es más que símbolo religioso. Es historia inseparable del europeo, de su arte y civilización. Hasta los protestantes, siempre iconoclastas, apoyan mayoritariamente su presencia porque es una señal identitaria.
Simultáneamente, en escuelas europeas se permite que haya niñas imperativamente veladas, símbolo de sumisión y esclavitud física y espiritual. En muchas españolas se recomienda ver historias falseadas de cristianos actuando como talibanes –llevan colegios completos al cine--, como la película “Ágora”, de Ameábar.
En otra película, “2012”, que será el gran éxito apocalíptico de este año, se verá cómo la catástrofe destruye la Capilla Sixtina y el Concorvado de Rio, pero no la Gran Mezquita de La Meca: el director, Roland Emmerich, quería demolerla también, pero lo acobardó que una fatwa ordenara matarlo.
Por toda Europa nacen minaretes anunciando la eclosión islámica y surgen mujeres golpeadas por no llevar velo, pero el superproductor Barrie Osbore prepara una película engranderedora de Mahoma con 150 millones de petrodólares de Qatar, parte del agitprop de la “Alianza de Civilizaciones “.
Terminaremos ante una media luna cada mañana, y no precisamente la pasta de desayuno llamada así.
El liberalismo y la derecha españoles están tan acostumbrados a que la izquierda se ría de ellos que aceptan irritados, pero estoicamente, que les llamen fascistas, reaccionarios o derechona.
Pero la izquierda, que es quien le aplica esos nombres peyorativos, no soporta que como respuesta también la ridiculicen, y monta en pública indignación cuando un derechista decide responderle.
Como hizo el consejero de Sanidad y portavoz del PP en Madrid, Juan José Güemes, que tuvo la osadía de crear en su blog un diccionario de expresiones “progresí”, entendiendo esta palabra como “la neolengua que el PSOE trata de imponer en el Reino de España para impedir que las personas puedan expresar críticas, opiniones y llamar a las cosas por su nombre".
Los progresí pusieron en marcha toda su artillería, empezando por El País. Y acobardaron al ocurrente popular, que retiró el diccionario, parcialmente escrito por sus lectores, y pidió perdón a los ofendidos.
Güemes mantuvo la norma de la derecha siempre temerosa de la reacción de una izquierda con tan poco sentido del humor que no tolera ni una broma sobre su deznudez aparentemente tapada con capa transparente de grandeza.
Cierto que algunas de esas definiciones eran poco brillantes. Pero otras, sí. Como que hay “ciudadasnos” que son "pijo-progres", o "ricos disfrazados de palestinos pobres".
Los “ciudadasnos” hacen bautizos civiles, que son “una suerte de aguadilla a un menor indefenso, en pro del laicismo”.
Luego está el “gay progresí”, definido como “homosexual con estudios que, haciendo uso de sus conocimientos, consigue prebendas políticas y subvenciones del erario público".
El lobby de los “gay progresí” lo denunció como homófobo, pero muchos gays asociados en “Colegas” y otras organizaciones liberales apoyaron el aserto y dijeron cosas más graves sobre esos progresís.
Como que para seguir cobrando del de la ayuda zapateril a los afines a Pedro Zerolo y a la “Alianza de Civilizaciones” van de “pijo-progres” y callan ante los asesinatos de gays en los países islámicos y ante los encarcelamientos en Cuba, que han vuelto a recrudecerse.
Usted es alcalde o algo parecido y compra una finca casi sin valor. Al día siguiente la recalifica y la vende por muchos millones. Enseguida usted creerá en los milagros porque ha vivido uno mayor que el de la multiplicación de los panes y los peces.
Por tanto, los milagros existen, y más en la España actual, aunque los jueces envíen a prisión, como a mártires, a unos pocos creyentes de la religión del Ladrillo.
Que consiste en creer que los Santos Ladrillos construyen catedrales llenas de cepillos donde los fieles depositan óbolos para los administradores de esta religión.
Si entendemos esto, comprenderemos por qué Francisco Correa, el “Don Vito” del caso Gürtel, está relacionado con Amparo Cueva, la famosa Vidente de El Escorial.
Amparo dice que la Virgen levita alrededor de un árbol cerca de El Escorial y que le envía mensajes, mientras el sol baila dando saltitos: hay quien mirándolo se queda milagrosamente ciego para siempre.
Últimamente la Aparición no debió darle los mejores consejos financieros a Amparo, porque invirtió parte de las limosnas que recibe en las empresas de Correa, que en lugar de construir catedrales de ladrillo cometió presuntas estafas.
Ahora, quienes le daban fondos a la visionaria, porque así irían al Paraíso u obtendrían al menos buenos dividendos, reunidos en una “Asociación de Víctimas de las supuestas apariciones de El Escorial", han denunciado por estafa a su comisionista celeste ante la Audiencia Nacional.
Typical Spanish: el sol, la virgen, la visionara, el ladrillo, el conseguidor, y unos creyentes bastante pardillos, pero también pillos, que querían multiplicar sus capitales con recomendación divina.
Aquí, el verdadero milagro es que los estafados, en lugar de esconderse, avergonzados, acudan a los tribunales a denunciar los milagros fallidos: vieja España, España eterna.
En este momento el planeta tiene unos 6.800 millones de habitantes, y nosotros, usted y quien escribe esta crónica, quizás seamos dos de los 880 millones que sobramos, según el ecólogo Paul Ehrlich, que pide regular la reproducción humana para que no nazcan demasiados niños generadores del CO2 que produce el calentamiento global.
Esa es la teoría de Ehrlich (77), científico estadounidense al que la Generalitat catalana le entregó el martes el V Premio Ramón Margalef en recuerdo del naturalista creador, en 1967, de la primera cátedra española de Ecología.
Quizás Margalef (Barcelona, 1919-2004) estaría poco de acuerdo con este premiado, que asistía estos días en la ciudad catalana a los trabajos preparatorios del Convenio de Copenhague, sucesor del de Tokio, para reducir drásticamente la producción humana del CO2.
Gas que no llega a 385 partes por millón de la composición de la atmósfera, y cuya aportación humana no es ni de 38 partes por millón. Pero que dicen que influye en el clima.
Es cierto que debe limitarse la natalidad en los países con hambre, pero que se proponga para evitar el incremento del CO2, como hace Ehrlich, parece una broma.
Ehrlich predijo en 1967 con modelos informáticos, en un escalofriante artículo en el New Scientist, que entre 1970 y 1980 iban a morir de hambre cientos de millones de seres si seguía creciendo la población.
El incremento fue mucho mayor, y sin enbargo el hambre disminuyó. Según cifras de la ONU, en 1970 había 1.200 millones de hambrientos entre los 3.650 millones de habitantes del planeta. Hoy hay 1.000 millones de hambrientos entre 6.800 millones.
Ehrlich y similares quieren limitar los niños, o que sean superhombres-supermujeres eugenésicos, y quizás practicarle la eutanasia a quienes, siendo poco útiles, siguen produciendo CO2.
Unos cuatro mil representantes de 175 países preparan hasta el día 6 en Barcelona la conferencia de la ONU sobre el clima que pretende reducir las emisiones mundiales de CO2, objetivo imposible, y seguramente erróneo porque ese gas quizás sea más bueno que malo para el planeta.
Luego, entre los días 7 y 18 de diciembre, reformarán en Copenhague el Convenio de Kioto y tratarán de establecer un diezmo para la nueva religión antiprogreso que exige a las naciones poderosas darle limosnas a las pobres para que generen poco CO2.
Usted pagará para que alguien en África no pueda aspirar a tener nevera, cocina a gas u otro artilugio consumidor de energía de origen fósil, aunque abunde donde vive ese pobre. Quien, además, no verá céntimo alguno, porque todo se lo quedará su dictador nacional.
Y dígale usted a China, India, a los países emergentes, que suman 3.000 millones de personas, que moderen su consumo de energía. Que se renuncie desde ahora a electrodomésticos, cocina de inducción, lavaplatos, coches, autopistas y trenes de alta velocidad.
Lo que convierte en tragicomedia la reunión de Barcelona, y después el Convenio de Copenhague, es que todos los asistentes saben que sus objetivos son inalcanzables.
Y saben también que el clima no ha variado desde hace muchos años. Que los anuncios apocalípticos se basan en modelos y locas proyecciones informáticas que parten de datos falsos.
Los mecanismos de esta estafa los sintetiza y explica con rigor el geógrafo y profesor universitario Antón Uriarte en su blog CO2.
Ahí demuestra la mentira de la disolución de los polos, del crecimiento de los desiertos, de la maldad del carbón o del CO2 y demás dogmas religiosos que nos empobrecen y que mantendrán en la miseria a los que viven en ella.
Entre los objetos encontrados por el ejército paquistaní hace unos días en una base de los talibanes apareció el pasaporte de Raquel Burgos, una española actualmente de una treintena de años, casada con Amer Azizi, con el que vivía en Peñagrande, al norte de Madrid.
Un Azizi de grandes barbas jihadistas y vestimentas norteafricanas que trataba como esclava a su sumisa mujer, conversa al islam y vestida como islamista.
Raquel no podía hablar ni siquiera con sus padres, y cuando su hombre salía permanecía voluntariamente encerraba en aquella casa, de la que cuando estaba él brotaban con frecuencia gritos de dolor por las palizas que recibía. Como ocurre demasiadas veces, ningún vecino denunció los malos tratos ni ese vasallaje inhumano.
Lo que dicen las vecinas de esta mujer, cuyo marido resultó un fanático implicado en el 11M, en la “Célula de Hamburgo” de Al-Qaeda y en otros terribles actos terroristas, lo narraba hace un par de días Dolores Martínez en ABC.
Llama la atención que, en las pocas ocasiones en las que Raquel pudo habló con alguna vecina, incluso con una amiga de la infancia, dijera que lo soportaba todo porque estaba profundamente enamorada de Azizi.
¿Enamorada? Eso no es amor. Eso sólo es sexo, aunque proteste el feminismo de manual. Como aquel buen título de una mala película: “¿Por qué le llaman amor, cuando quieren decir sexo?”.
Raquel soportó todo, especialmente el autoaislamiento, no porque deseara mantener una envidiable situación económica, tampoco por miedo, porque la ley la protegería especialmente del monstruo.
Fue, sólo, para gozar como sexo dominado. Sufría una adicción, una esclavitud sexual. Se da en toda sociedad humana, pero más en la musulmana, cuyo imaginario insta al hombre a imitar al supermacho Mahoma, “potente como treinta jóvenes fogosos”, como dice un hadiz
Entre las hipótesis que manejan numerosos militantes y dirigentes del Partido Popular está la de sustituir dentro de no mucho tiempo a Mariano Rajoy por Rodrigo Rato como candidato a la presidencia del Gobierno para las elecciones de 2012, por lo que podemos dedicarle otro rato a especular sobre esta posibilidad de base bastante plausible.
En primer lugar, sus allegados saben que está dispuesto a encabezar esa candidatura, avalada por su trabajo como el ministro de Economía de Aznar, al que los populares le atribuyen un espectacular éxito que lo lanzó a la presidencia de FMI, a la que renunció porque deseaba reencontrarse con su querida España apasionadamente.
Dicen también quienes lo conocen que no quiere que se le atribuya la posible caída de Rajoy, y que evita provocarla. Pero sólo estando ahí, disponible para un nuevo destino, ya es desequilibrante para el presidente popular.
Por eso mismo, Rajoy y Zapatero desean que se conforme con ser presidente de Cajamadrid: ambos le temen.
Esperanza Aguirre, la última responsable del nombramiento y que ya lo a aceptado, sabe que no debe competir con Rato, por lo que quiere ser su mejor madrina. Quizás esta esperanza la ha agitado contra el aparentemente débil Rajoy, hostigamientodel que se ha retirado, de momento. Y a todo esto, se une la complicada pelea que mantiene con Alberto Ruiz-Gallardón, poco querido por muchos populares.
Y si Rato no esconde algo que puedan echarle en cara sus rivales del PSOE, nada de extraño tendría que los militantes lo llamaran como sustituto del blando Rajoy.
Rato es capaz de quebrar a sus enemigos, aunque caiga con ellos, como Sansón, pero no llora las desgracias que le manda Dios, como el Job Rajoy.
Rato, además, estará apoyado por el grupo PRISA, esté donde esté: buen amigo, podrá reordenar sus 5.000 millones de euros en débitos, de los que 500 son de Cajamadrid.
Ningún partido político se libra de militantes y dirigentes corruptos. El Gobierno señalaba al PP entre sarcasmos, pero se ha descubierto que tiene nuevos Roldán disfrazados de honrados, y, como siempre, también siguen robándonos los nacionalistas.
En contra de lo que creía Karl Marx, lo que mueve la Historia no es la lucha de clases sino la corruptibilidad de los humanos, que depende del precio que cada uno se ponga a si mismo, como decía el más sabio de los Marx, Groucho.
Por tanto, toda persona interesada en participar en la política es candidata a ser corrompida, por lo que, llegados aquí, abandonemos la hipocresía: este cronista pide que se una usted a su proyecto de crear el Partido de Corruptos Reconocibles (PCR), que regenerará las instituciones del país.
Nuestro PCR comenzará investigando exhaustivamente a sus candidatos para descubrir su Corruptibilidad Personal (CP), con lo que nos anticiparemos a los corruptores corrompiendo nosotros a nuestros electos.
Ese será el secreto de nuestro éxito, porque colmada su CP, nuestros representantes serán incorruptibles y todos verán que se portarán con exquisita honradez. No se trata, por tanto, de declarar los bienes que tienen, que ahora se falsean, sino los que se desean.
Pongamos como ejemplo el CP de este cronista: si resulta elegido presidente del Gobierno anuncia que sólo desea un velero de 25 metros, un chalet de 2.000 metros, tres coches, uno de ellos Bentley y treinta millones de euros.
Propietario de este patrimonio, ya no robará un euro más de los cientos de miles de millones que administrará honradamente.
Querido/a elector/a: confíe usted en el PCR y apóyenos con su voto. Somos más fiables que todos los rivales que nos gobiernan ahora.
Para regenerar España: PCR, el partido corrupto más honrado.
Aunque Felipe González se haya autodescartado públicamente como candidato, hay políticos de la talla del conservador británico Chris Patten, excomisario europeo de Relaciones Exteriores, que quisieran verlo como futuro primer presidente de la Unión Europea.
Seguramente no lo será, pero que Patten defienda esta candidatura tras la promesa del presidente checo Vaclav Klaus de firmar el Tratado de Lisboa para que entre en vigor en 2010, muestra que el exprimer ministro español tiene aún notable peso en la Unión.
Recuérdese que Patten fue presidente de los conservadores británicos, el Gobernador que devolvió Hong Kong a China en 1997, y el comisario de Exteriores de la UE entre 1999 y 2004. Actualmente es rector de la universidad de Oxford.
Y está por encima de ideologías y nacionalismos: apoya al socialista español antes que a otro socialista, pero británico, Tony Blair, el candidato más promocionado en todos los medios y entre los políticos europeos.
Otro de los sostenes de González es el que fue canciller cristianodemócrata alemán entre 1982 y 1998, Helmut Khol, mucho más amigo que el ya fallecido presidente socilista francés entre 1981 y 1995, François Mitterrand.
Los herederos de aquellos europeístas resultaron menos unionistas y más atlantistas, como Aznar, el sucesor de González en España, cuyo mejor amigo en la UE fue Tony Blair. Pero, además, el alemán Schröder y el francés Chirac tampoco fueron europeístas y resultaron sumamente nacionalistas.
Ahora vuelve a haber personalidades más europeístas, Merkel y Sarkozy, pero a quien parece gustarle poco la perspectiva de González como presidente es a Zapatero, como si le temiera por encima de él.
Quizás por ello ha pedido para un socialista “la política exterior europea”, lo que, según el tradicional reparto de responsabilidades europeo, supone renunciar a la presidencia.
Jueves, 16 de febrero
Francisco Rubiales
Vicente Torres
Manuel Molares do Val
Juan Fernandez Krohn
Antonio Javier Vicente Gil
José Pómez
Carlos Ruiz Miguel
Pedro Fernández Barbadillo
Rufino Soriano Tena
Enrique Zubiaga
Vicente A. C. M.
Raúl González Zorrilla