Cuidar el paisaje es un deber de todo ser humano, pero cuando el verde es incapaz de alimentar a sus habitantes es lógico volverlo pardo, azul o morado, si a cambio erradica el hambre.
Pero entonces tenemos un problema: los amantes de los parajes vírgenes, supuestos ecologistas que viven en lejanas ciudades, denuncian a quienes les afean las campiñas que les inspiraban bucólicas baladas.
Sin embargo, quienes ahora comen, tienen escuelas y un futuro mejor, especialmente en el tercer mundo, le dan gracias a los inversores y profanadores de la virginidad terrenal.
Greenpeace, organización que si existiera en el neolítico habría prohibido ocupar cuevas y en el medioevo impediría construir catedrales, acaba de iniciar una campaña contra las empresas petroleras, eléctricas y hoteleras españolas en Latinoamérica, desde México hasta Chile.
Sin importarle si esas compañías, españolas o de cualquier nacionalidad, erradican el hambre y la miseria, y si pagan sueldos dignos o no a las decenas de millares de trabajadores que emplean.
Entre las fotos-documentos que aporta Greenpeace aparece un complejo turístico de los hoteles NH en México construido legalmente al borde de una playa, y ciertamente bonito.
Un lugar que emplea a 322 personas, paisanaje cuyas familias sufrían pobreza endémica en Puerto Morelos, y para quienes el turismo es una bendición.
Basta ya: todo bienestar para los pobres se denuncia desde organizaciones ecologistas, dominadas por estetas que gozan de una renta que multiplica por mucho la de quienes habitan tierras que ellos dicen proteger. En realidad, la especie humana no les interesa.
Y como mezclan la defensa de delfines y focas bebés, tan emotiva, con estas campañas por la virginidad paisajística, la opinión pública los apoya sin analizar que sus cruzadas son esparcimientos de ricos colonos dedicados a cultivar hambrientos.
Hay una Habana y una dictadura cubana que el ministro español de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, no quiso ver hace unos días cuando estuvo en visita oficial allí.
Es la de los presos políticos, la de la miseria, la de los corrompidos cuadros del partido comunista y el pueblo tan resignado que ni siquiera se plantea luchar contra esa situación, la de una cuarta parte de los jóvenes que intercambia sexo por dinero o bienes de consumo regularmente, y la de otra cuarta parte que está dispuesta a hacerlo. Media juventud prostituíble, jinetera.
De esto no hablan ni Moratinos ni su jefe del Gobierno, Rodríguez Zapatero, no vaya a ser que un régimen tan venal se irrite y cierre los hoteles regentados por empresas españolas. El actual gobierno socialista español, que se presenta como paladín de la ética, es esclavo de los intereses empresariales.
La Habana y Cuba están retratadas con tremenda fuerza y rigor en el libro “Habana Flash” del escritor Xavier Alcalá, uno de los más leídos autores gallegos, aunque de origen y nacimiento manchego, de Miguelturra, Ciudad Real.
Publicado hace una década en gallego (Galaxia) y traducido ahora al castellano, acaba de aparecer editado por Nowtilus.
Y resulta sorprendente que un libro de viajes con formato de novela, publicado hace una década, resulte absolutamente actual: “Habana Flash”, que fue revisado por especialistas, sigue siendo un libro de referencia para quien quiera saber qué ocurre allí ahora mismo.
Sólo los notarios que legalizan un último testamente y los escritores clásicos logran que lo que escriben sea perenne.
Y este libro es así: un clásico sobre el comunismo cubano que deberían leer Moratinos, Zapatero y sus amigos, especialmente los artistas, para qué sepan quienes son esos encantadores Castro que tanto apoyan mundo adelante.
Lunes, 28 de mayo
Vicente Torres
Manuel Molares do Val
Juan Fernandez Krohn
Pedro Fernández Barbadillo
Vicente A. C. M.
Antonio Cabrera
Miguel Torres Galera
Carlos Ruiz Miguel
Josep Carles Laínez
Raúl González Zorrilla
Rufino Soriano Tena
José Pómez