Quien viviera su infancia hace más de tres décadas no la recordará amedrentada por el acoso de pederastas, aunque excepcionalmente conociera adultos libidinosos, ahora presentes en cualquier esquina.
Hace pocos días el observador permanente del Vaticano ante la ONU afirmaba que los sacerdotes que abusan de los niños no son pederastas, como los que violan bebés, sino “efebófilos”, es decir, "homosexuales atraídos por adolescentes” de formas físicas ambiguas.
Acaban de detener al director cinematográfico Roman Polanski, de 76 años, que en 1977, cuando tenía 43, huyó de EE.UU. para evitar un juicio por supuesta violación de una niña de 13 años con formas de adulta que quería ser modelo, y que fue entregada al lascivo director por su propia madre.
Han pasado tres décadas, pero la justicia siguió su curso hasta Suiza, donde lo apresaron.
Mientras, la Tate Galery de Londres retiraba de sus salas una fotografía de la actriz Brooke Shields cuando tenía diez años, en 1975, mostrando desnudo su medio cuerpo superior efébico, al que no se le distinguían aún sus formas femeninas.
Aquella foto era producto casi natural de los 1970, resaca del 68, de la libertad, el amor libre, todo vale, la comuna y el ideal hippy.
Apelando a lo hippy, la madre de Brooke explotaba a su hija y azuzaba la sexualidad enfermiza de efebófilos y pederastas, también menos abundantes que ahora en EE.UU.
No se sabe si fotos así y aquella cultura liberaron a los perversos que había ocultos, o si, simplemente, despertó las perversiones de quienes nunca se hubieran atrevido a expresarlas.
Pero la infancia actual está bajo un enorme peligro porque, aparte de los pederastas y efebófilos, hay muchas madres explotando a sus hijos, como la de Brooke y la de la niña de Polanski
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Además de ser muchos, todavía cunden muchísimo más.
Como ejemplo el violador del ensanche de Barcelona. Volvemos a ponerlo en la calle y así cada abusador pederasta puede reincidir sin impedimento.
Creo que esto nos sucede con todo tipo de delitos, pero lo de los agresores sexuales, especialmente los pederastas, repugna de una manera particular.
Corren tiempos de cólera para los niños, para los ancianos, para los infelices cachorros no nacidos, querido Molares. La sociedad toda es una inmensa cloaca, un albañal putrefacto , donde los borregos andan con melindres de corrección política: no se puede tocar a un niño libidinosamente, pero se le puede arrancar de su burbuja, triturarlo/ abrasarlo/descuartizarlo y tirarlo a un contenedor o down the drain, según el vomitivo sistema elegido.
¿Cuantos adultos están sexual y afectivamente traumatizados por los abusos sufridos de niños? En la mayoría de casos fueron sus familiares o vecinos a su cuidado. Viven aún con aquella asquerosa sensación en su piel.
Los cachorros humanos cercenados tienen menos suerte. Ellos no llegan a tener traumas porque les dan matarile. El trauma lo tienen las no-madres, que arrastrarán toda la vida el pesar por el hijo que materon. Hoy tendría tal edad. Hoy iría al colegio.
Abusar de un niño no tiene perdon. Matarlo, menos aún.
En Francia, acaba de estallar un escandalo mayusculo, provocado por el libro recientemente publicado
de Frederic Mitterand, sobrino del desaparecido presidente socialista, Francois Mitterand y actual ministro
de cultura en el gobierno frances.
En este libro, Frederic Mitterand cuenta sus aventuras sexuales con los niños menores durante los viajes
del turismo sexual en Thailandia.
Mitterand se defiende diciendo que ha escrito este libro porqué estaba atormentado por lo que habia hecho.
Sin embargo, una parte importante de la prensa francesa y una parte de la clase politica, incluidos
muchos socialistas, piden la dimisión inmediata de Frederic Mitterand quien, por otra parte nunca ha ocultado sus tendencias homosexuales.
El escandalo acaba de estallar y queda por ver como termina.
Un saludo
Lunes, 28 de mayo
Vicente Torres
Manuel Molares do Val
Juan Fernandez Krohn
Pedro Fernández Barbadillo
Vicente A. C. M.
Antonio Cabrera
Miguel Torres Galera
Carlos Ruiz Miguel
Josep Carles Laínez
Raúl González Zorrilla
Rufino Soriano Tena
José Pómez