Si Seúl y sus once millones de habitantes no estuvieran a cuarenta kilómetros, al alcance de las baterías fronterizas de Corea del Norte, EE.UU. habría destruido ya las fábricas de bombas atómicas del régimen comunista más hambriento, provocador y peligroso que queda.
Resultan más fáciles de atacar las, al menos, nueve plantas de investigación nuclear que posee Irán, de las que dos parecen destinadas a conseguir plutonio para montar bombas.
Simultáneamente, los ayatolás preparan misiles cada vez más potentes, el último de los cuales podría llegar con futuras bombas al Mediterráneo, a Israel, cáncer que debe desaparecer para obedecer a Alá, según el presidente Mahmud Ahmadineyad y el líder supremo, el ayatolá Alí Jamenei.
El peligro de las armas nucleares en poder de fanáticos religiosos es diferente al equilibrio de terror establecido entre los imperios seculares soviético y estadounidense durante la guerra fría.
Para ellos cualquier ataque sería el final de sus poblaciones, pero para estos ayatolás lleva directamente al paraíso de placenteras huríes descritas en su literatura de manera tan embriagadora que crea aceleradamente suicidas.
Las autoridades iraníes afirman ahora que mostrarán una central de investigación que tenían en secreto, una vez descubierta en Qom por la inteligencia occidental.
Pero posiblemente poseen otros laboratorios ultrasecretos para entregárselos al Mahdi, el enviado de Alá que destruirá a sus enemigos, según la escatología del radical chiísmo iraní.
Estamos ante una situación que recuerda la de Irak antes de la invasión de 2003. Aunque Saddam Hussein fantaseaba sugiriendo que poseía armas de destrucción masiva para mostrarle a sus súbditos que mantenía “la cara”, el honor árabe tradicional.
Estos persas, al contrario, poseen verdadera voluntad de lograr armas nucleares para que su histórico imperio ario se expanda y sirva a Alá, pacífica o agresivamente.
Lunes, 28 de mayo
Vicente Torres
Manuel Molares do Val
Juan Fernandez Krohn
Pedro Fernández Barbadillo
Vicente A. C. M.
Antonio Cabrera
Miguel Torres Galera
Carlos Ruiz Miguel
Josep Carles Laínez
Raúl González Zorrilla
Rufino Soriano Tena
José Pómez