Tienen razón quienes defienden la fiesta del Toro de la Vega, en Tordesillas, que consiste en perseguir en masa a uno de esos animales para alancearlo hasta matarlo como parte de los antiguos ritos solares celtibéricos y, por tanto, un vestigio antropológico, fiesta protegida y patrimonio de la Junta castellano-leonesa.
Las personas desconocedoras de la caza de animales en la prehistoria no entienden ese espectáculo ancestral en el que la turba, con acosadores de todos los sexos y edades, hostiga a pie y a caballo al despavorido toro dándole lanzadas en una salvaje orgía de sangre, sudor y gritos ancestrales.
No todos los 8.500 habitantes de Tordesillas siguen ese rito. La mayor parte de quienes lo practican cada año a mediados de septiembre llega a ese pueblo vallisoletano desde el resto de España.
Si observa usted a los toreros descubrirá con admiración darwiniana que está ante seres neolíticos, seres primitivos que deberían haberse extinguido al llegar otras civilizaciones más cultas y evolucionadas. Pero aquí campan, todavía hoy, con sus ritos tribales de cazadores hambrientos y salvajes.
Los bioquímicos estudiosos del ADN y los paleontólogos especializados en la evolución de las especies deberían analizar la pervivencia de estos ejemplares, que son como neandertales que no hubiera desaparecido al aparecer los cromañones.
Bajo este prisma, los amantes de los animales deberían aceptar que ningún toro vale tanto como estos fósiles vivos, en cuyos cerebros deberían hurgar los neurólogos.
Los toros no están en peligro de extinción, pero estos seres prehistóricos, sí, porque inevitablemente desaparecerán algún día al evolucionar hacia el Homo sapiens, hacia cromañones contemporáneos.
No debemos proteger el Toro de la Vega, sino a sus torturadores. Debemos estudiarlos como reliquias y no asombrarnos si descubrimos que practican la antropofagia, como hacían sus ancestros en su no lejano hogar de Atapuerca.
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http://www.youtube.com/watch?v=JJ--faib7to
Sí, seamos serios.
Si no se da a los animales en granjas, establos y laboratorios el trato adecuado, VAMOS A SEÑALARLO Y DENUNCIARLO.
Pero seamos serios. Una cosa es criar pollos en una granja para el consumo, y otra dedicarse a clavarle a los pollos vivos palillos en los ojos o meterle a los conejos por el ano erizos de castañas, o flamear vivos a los pavos .
JUSTIFICAR LA TORTURA HECHA ESPECTÁCULO , disfrazada de "arte" o de "tradición", incluso de "cultura popular" apelando al hecho de que la humanidad no sea vegetariana y consuma pollos, pavos y conejos, es de un "posmodernismo franciscanista" akohonante.
Seguramente por eso el mundo civilizado se escandaliza y se avergüenza con la brutalidad y la saña de divertimentos populares españoles.
Muchos españoles, también.
Si, es mejor manipularlos genéticamente para convertirlos en resignados esclavos de granja que criarlos ferozmente libres para la lidia de sangre y muerte.
Los cientos de millones de animales torturados física, química y psíquicamente en la penumbra de un establo, hacinados bajo el firmamento de bombillas que marca sus biorritmos ponedores, esos no merecen la atención del franciscanismo postmoderno. Sus cadáveres en la vitrinas del super son silenciosos, poco molestos, nada perturbadores. Lo importante de la vida es la muerte, y la de ellos es tan sumaria como indolora; de los toros no puede decirse lo mismo.
Ya.
¿Te refieres a los alanceadores del toro de Tordesillas o a los miembros del PNV?. ¿O a los de CiU?...
Es un placer leer tus columnas , Molares, porque como buen gallego, impregnas tu lúcida coherencia de retranca e ironía que nos permiten sobrellevar hechos como el que describes sin hacernos el hara-kiri, tal y como nos pide el cuerpo.
Suele decirse que el termómetro que mide el grado de cultura de un pueblo es el trato que da a los animales. Es obvio que muchos españoles NO HAN EVOLUCIONADO desde la caverna, sino que quedaron estancados en un primitivismo violento y sanguinario que les lleva a DISFRUTAR con la agonía y el sufrimiento de un animal tan noble como el toro, al que alancean, colocan teas ardiendo en los cuernos, atraviesan con picas o espadas, burlan, humillan , asustan y engañan, entre risotadas y aplausos.
Es natural que los paises civilizados nos desdeñen y compadezcan. Es lógico que tracen en los Pirineos la frontera africana. Es inevitable que vomiten o se desmayen cuando presencian estas salvajadas equiparables a la antropofagia. Agggggggg!
Lunes, 28 de mayo
Vicente Torres
Manuel Molares do Val
Juan Fernandez Krohn
Pedro Fernández Barbadillo
Vicente A. C. M.
Antonio Cabrera
Miguel Torres Galera
Carlos Ruiz Miguel
Josep Carles Laínez
Raúl González Zorrilla
Rufino Soriano Tena
José Pómez