Crónicas Bárbaras

Chalés adosados

12.09.09 | 17:23. Archivado en Actualidad

La centralista prensa madrileña ha convertido en un problema casi mundial que unos centenares de jóvenes de la población más rica de España, Pozuelo, cargados de alcohol y bastantes de cocaína, se hayan enfrentado a la policía tras un botellón como si fueran filoterroristas de la kale borroka vasca.

Acusan del desaguisado a los padres permisivos, a la ruptura del habitual pasotismo policial, lo que ha costado una docena de agentes heridos, a las leyes blandas redactadas por legisladores irresponsables, y a los jueces que liberan enseguida a los vándalos detenidos.

Pero lo ocurrido ha sido una exhibición de la energía destructiva que poseen los mozos sin trabajo estimulados artificialmente, y que en el antiguo régimen eran más tranquilos, que viene de tranca, y que además tenían dos años de mili en los que los sargentos los desbravaban con tratamientos peores que los de Guantánamo.

Antes de incorporarse a filas tiraban cabras desde los campanarios, molían a palos y mataban perros, gatos, gansos o toros: eran parte de la negra España pacificada que no siempre quiere recordarse.

Entre los detenidos en Pozuelo está el pendenciero hijo de una fiscal, indignada porque la policía le dio un porrazo a su pimpollo; quizás logre enviar a algún agente a la cárcel.

Debería dársele gusto a los admiradores del matonismo juvenil como esa madre habilitando espacios donde los mozos aburridos boxeen entre ellos y se desbraven.

Igual tratamiento para algunas mozas que también participaron en el vandalismo de ese Pozuelo, de 83.396 habitantes, muchos en chalés adosados, alcalde de derechas, pero donde viven los dirigentes más importantes de la izquierda española.

Sea cual sea su origen ideológico y social, los mozos responden una viejísima viñeta antropológica-antológica de Forges: “La cultura de los adosados produce fascistas”.

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Lunes, 28 de mayo

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