Roberto Saviano llegó a España como un héroe porque consiguió romper los secretos de la Camorra en su libro Gomorra y en la película de igual título, que recibió el Gran Premio de Cannes de 2008, pero cuando días atrás advirtió que ETA y esa banda son socios en el narcotráfico, recibió menos aplausos.
“No tenemos pruebas que vinculen a ambas organizaciones”, dijo el ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, en la Universidad Internacional Menéndez y Pelayo de Sanander, en cuyos cursos participaron ambos.
Saviano, joven filósofo napolitano que, tras años de investigación, descubrió los entresijos de la Camorra que desde Nápoles domina parte de Italia y que se expande por el mundo colaborando también con terroristas, afirma que hay pruebas contundentes que relacionan a ETA con la compraventa de cocaína.
La droga la obtiene de las FARC, la guerrilla castrista colombiana convertida en narcotraficante, y se la vende a la Camorra a cambio de armas y dinero. Una de las pruebas aparece en la declaración de 2003 de un arrepentido del clan de los Genovese.
Pero también trafica con el Cartel de Cali, organización sin vínculos políticos, según los documentos de la “Operación Despegue” realizada por la policía de Calabria y el fiscal Nicola Rateri.
Dice Saviano que los etarras o camorretas, aparte de dinero, como cualquier otra organización criminal, desean obtener armamento de gran potencia y capacidad, como lanzamisiles, lanzagranadas o fusiles de asalto.
Pero aquí viene su extrañeza: ni autoridades ni numerosos medios informativos españolas quieren admitir que ETA se dedica al narcotráfico porque, dice Saviano, de acusarla de este delito no tendría salida política.
Es una hipótesis inquietante: si fuera así, tendríamos que preguntarnos si el Gobierno oculta por el mismo motivo algún delito de ETA más terrible aún que el narcotráfico.
La gran noticia que se divulga mundialmente sobre Irán estos días es que una mujer envuelta en un chador ha sido nombrada ministra de Sanidad para segregar a enfermos y médicos por sexos, una designación más extravagante aún que si hubieran puesto para el mismo cargo en España a Sor Patrocinio (1811-1891), la Monja de las Llagas.
Y se olvida el estruendoso “¡Muerte a Israel!”, casi unánime del Parlamento, tras ratificar como ministro de Defensa y administrador del las futuras armas atómicas del país a Ahmad Yahido.
Este hombre está en busca y captura por la Interpol, acusado de ser responsable del atentado de 1994 en Buenos Aires que mató a 84 personas e hirió a 300 en la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA).
Tampoco se le prestó atención al llamamiento del Lider Supremo de Irán, el ayatolá Alí Jamenei, pidiendo que las naciones musulmanas preparen sus ejércitos para conquistar el mundo, empezando por la destrucción de Israel.
No hay exageración. Es un llamamiento solemne hecho estos días que se añade a otros reiterados por el reelecto presidente Mahmud Ahmadineyad, que presuntamente participó en la toma de rehenes en la embajada estadounidense en Teherán, en 1979.
Mientras Irán se nucleariza, Jamenei llamó específicamente a Turquía, Irak, Líbano, Pakistán y Afganistán para que sus ejércitos se unan al iraní y preparen la guerra, durante la que se producirá la llegada del Mahdi.
El islam, que bebió del judaísmo y del cristianismo, tiene dos corrientes principales: la sunnita cree el Mahdi, como el Mesías de los judíos, aparecerá pronto; y la chiíta, que afirma que el Mahdi fue el duodécimo imán, un mártir desaparecido milagrosamente, como Jesús, el Mesías cristiano, y que en su segunda venida conquistará militarmente el mundo para el islam.
Una conquista que, obviamente, empieza en con el “¡Muerte a Israel!”.
Lunes, 28 de mayo
Vicente Torres
Manuel Molares do Val
Juan Fernandez Krohn
Pedro Fernández Barbadillo
Vicente A. C. M.
Antonio Cabrera
Miguel Torres Galera
Carlos Ruiz Miguel
Josep Carles Laínez
Raúl González Zorrilla
Rufino Soriano Tena
José Pómez