Una noche, en los últimos años del franquismo, la policía política allanó el piso de unos estudiantes en Madrid denunciados por algún vecino porque sus moradores ensalzaban con cantos el comunismo.
Los muchachos, militantes antifranquistas, se veían ya torturados por Billy el Niño, el terrible comisario de la policía política, experto en extraerle información a los rojos.
El jefe de los agentes les exigió que entonaran “esos cantos comunistas”, y ellos, aterrorizados, repitieron el “Hasta siempre comandante”, la trova que Carlos Puebla había compuesto a la salida del Ché Guevara de Cuba para luchar en Bolivia, donde lo mataron en 1967.
“Eso nos comunismo, que es folclore. Pero no se puede cantar a las cuatro de la madrugada”, dijo el jefe policial.
Una trova embriagante, con sus redondillas y ritmo sincopado, que no era comunista para el perspicaz perseguidor de comunistas, sino folclore que debía entonarse bajito a aquellas horas.
Las figuras e imágenes de Fidel y el Ché, incluso bajo el franquismo, están embellecidas por “Y en esto llegó Fidel y mandó parar”, también de Puebla, y la evocadora del Ché, más popular.
Es el portentoso poder que tiene el arte para embellecer el mal: todavía este verano miles de jóvenes como aquellos, grupos musicales de profesionales y aficionados españoles, fueron de fiestas y verbenas cantando como algo tradicional el “Hasta siempre comandante”, que inevitablemente humedece de emoción muchos ojos.
De aquellos estudiantes que estuvieron a punto de ser enviados a Billy no queda ni un solo fidelista, son anticomunistas, pero siguen cantando esa ensoñación dedicada a un ser que mató sádicamente a miles de inocentes y que se convirtió en santo laico cuando se unieron la trova y la foto de mártir, rostro de crucificado, hecha por Korda.
Lunes, 28 de mayo
Vicente Torres
Manuel Molares do Val
Juan Fernandez Krohn
Pedro Fernández Barbadillo
Vicente A. C. M.
Antonio Cabrera
Miguel Torres Galera
Carlos Ruiz Miguel
Josep Carles Laínez
Raúl González Zorrilla
Rufino Soriano Tena
José Pómez