Lo que escandaliza a los ayatolás iraníes más piadosos de las protestas contra el posible fraude electoral es la desvergüenza de las jóvenes manifestantes que retiran de la frente parte del pañuelo o del hiyab para enseñar sin pudor el inicio del pelo.
Lo consideran pornografía. Es que van provocando deseos pecaminosos en los hombres más religiosos. Hasta a los niños les hacen sentir grandes remordimientos despertándoles una sexualidad reservada solamente al matrimonio, dicen.
En Occidente no entienden estas pasiones, ni por qué la mujer debe velarse, cuanto más ampliamente, mejor: es muestra de sumisión, respeto, honestidad y pureza hacia Alá, hacia el hombre de la familia, y hacia los demás hombres, que son humanos y tienen instintos fieros que no deben aguijonearse.
Si un creyente pierde el control por la provocación de una mujer no debe acusársele después de violación. En el chiísmo pueden forzarla a casarse con él en una boda de unas horas para, después de usarla, golpearla o matarla, porque él fue la víctima.
Estos desahogos están practicándolos numerosos Guardianes de la Revolución con las manifestantes detenidas, pero poca gente en Occidente le presta atención, ni siquiera las feministas.
“Irán no es como los países de infieles donde las mujeres pasean desnudas por las playas, y en los que los hombres se mueven entre ellas como vegetales demostrando que el abandono de Alá les ha hecho perder el instinto viril, lo que está provocando su extinción”, según numerosos imanes.
Allí, los hombres deben ser “hombres de verdad”. La cabellera que sale del pañuelo o del hiyab los descontrola por ser incitación pornográfica demoníaca, como indican los ayatolás más santos.
Hay periodistas occidentales que evitan describir esta mentalidad por temor a que los acusen de islamofobia.
Lunes, 28 de mayo
Vicente Torres
Manuel Molares do Val
Juan Fernandez Krohn
Pedro Fernández Barbadillo
Vicente A. C. M.
Antonio Cabrera
Miguel Torres Galera
Carlos Ruiz Miguel
Josep Carles Laínez
Raúl González Zorrilla
Rufino Soriano Tena
José Pómez