Nos hablan de Asimov y recordamos a Isaac (1920-1992), bioquímico y portentoso escritor de ciencia-ficción, pero muchos amantes del vino piensan en Eric, 52 años, su sobrino igualmente judío, jefe de la crítica de vinos del New York Times y descubridor para sus lectores de la uva Mencía que se produce en el Bierzo y en la Ribeira Sacra gallega.
De los tintos españoles los críticos destacan siempre los Rioja y los Rivera del Duero, de uva Tempranillo como la de La Mancha, pero casi nadie menciona una vid varias veces milenaria y también española, la Mencía.
Variedad que ya se cultivaba en la época en la que bajo los romanos se vaciaban y elevaban montes, como las Médulas del Bierzo, declaradas Patrimonio de la Humanidad, para obtener oro.
De unos años a esta parte, cuenta Asimov, esa área del noroeste ha modernizado sus bodegas y depurado la tecnología de elaboración de vinos hasta hacerlos exquisitos.
Lo que antes era un sabor agreste y de tasca de amigos, casi despreciado por sus propios consumidores, ha evolucionado hacia la sofisticación y la eclosión de sabores frutales y minerales que dejan en la garganta una sabiduría que incita a hablar en latín.
Por eso hay botellas como las formidables Pittacum Aurea, que asombran y divinizan al degustador como quizás hicieron sus antepasadas con César Augusto.
Una de las virtudes de los mencías que resalta Asimimov es su precio, porque al ser un vino aún poco conocido en los grandes mercados importadores estadounidenses, británicos o nórdicos, es muy accesible, a pesar de que muchas bodegas hacen crianza y reserva en barricas de noble roble.
Los españoles deberían agradecerle a Asimov haberle descubierto al mundo un viñedo que nos devuelve placeres del imperio romano, aunque a la larga esta popularidad nos incremente el precio del vino.
Lunes, 28 de mayo
Vicente Torres
Manuel Molares do Val
Juan Fernandez Krohn
Pedro Fernández Barbadillo
Vicente A. C. M.
Antonio Cabrera
Miguel Torres Galera
Carlos Ruiz Miguel
Josep Carles Laínez
Raúl González Zorrilla
Rufino Soriano Tena
José Pómez