Con el verano vuelven a celebrarse en numerosos pueblos de España los aclamados festivales populares en los que se sacrifican animales, sobre todo toros, sometidos previamente saetazos, cuchilladas, explosivos, fuego en los cuernos, feliz algarabía de adultos y niños de la alta cultura española.
Y como cada verano, vienen a injuriar nuestras tradiciones gentes de todo el mundo que no entienden el significado poético, religioso, ni el misticismo que inspira el animal desangrándose, tembloroso y agonizante, mugiendo quedamente.
No saben que es un Auto de Fe, y que los toros rememoran la quema pública de seres humanos, a la que renunciamos hace siglos.
Acaba de celebrarse el Toro del Soplillo, en Coria, Cáceres, donde los animales fueron piadosamente ejecutados de un tiro tras dispararle dardos prohibidos de puntas más o menos metálicas, y ya vinieron a afear esta tradición ancestral los aguafiestas.
Les escandalizan también el Toro de la Vega, de Tordesillas (Valladolid), el Enaromado de Benavente (Zamora), y el Toro de Júbilo de Medinaceli (Soria), entre otros.
Quieren desacreditar nuestra cultura: hasta consiguieron acabar con el viril hábito de los quintos de Manganeses de la Polvorosa, Benavente, que antes de ir a la mili tiraban una cabra desde el campanario de la iglesia. Se eliminó el servicio militar, y se diría que fue para que no siguieran espachurrando cabras.
Pero hay solución dentro de las tradiciones patrias: los españoles pueden recuperar su identidad más espiritual reviviendo los Autos de Fe originales, sobre todo, con la quema de judíos.
Todavía hay lugares en España donde se linchan en efigie por sus “judiadas”. Los toros sólo simbolizan, sustituyéndolas, a esas víctimas propiciatorias a las que tanto se odió y se vuelve a odiar ahora en nombe de los palestinos y de los pueblos árabes y musulmanes.
Las defensores de estas tradiciones del maltrato a los animales dicen que son sagradas, por lo que podríamos volver a quemar judíos en toda Plaza Mayor y, de paso, a algún hereje luterano: los nazis y bastantes progres actuales que quieren ver cómo se quema judíos y cómo se hace desaparecer Israel, según los deseos de ismlaminazis como Ahmadineyad, apoyarán la idea entusiasmados.
Si establecemos la clasificación de la calidad de los muertos según el impacto informativo internacional que obtienen al fallecer, afirmaremos que Michael Jackson es un muerto de primera.
El final del eximio artista y extravagante ciudadano abrió los medios informativos del mundo con espacios comparables solamente a los que logró Lady Di cuando falleció, en París, en el verano de 1997: es que muy pocas personas son capaces de ser convertidas masiva y simultáneamente en fenómenos globales.
Fuera de Paul Mccartney pocos europeos obtendrán esta categoría, ninguno español. De su idioma sólo hay un candidato, Fidel Castro, por el interés que genera un dictador, medio siglo hostilizado por EE.UU., que deja en la miseria moral y económica a su país.
Muertos de primera en el pasado fueron, buenos y malos, Kennedy, Elvis Presley, Juan XXIII, Sinatra, John Lennon, Mussolini, Hitler o Stalin, el Ché o Franco.
La reina Isabel de Inglaterra será muerta de primera, pero tanto su heredero, Carlos, como los miembros de las demás monarquías, incluyendo la Casa Imperial japonesa, serán de segunda.
Mao Zedong fue muerto de primera, pero de segunda el hombre que realmente cambió China tras él, Deng Xiaoping.
Así son las cosas: Raúl Castro, desaparecido Fidel, será muerto de tercera, como Perón o Pinochet.
En este momento EE.UU. es el único país que tiene un decena de previsibles muertos de primera, como Jackson, provenientes de todas las actividades humanas, científicas y tecnológicas, humanísticas y artísticas.
Rodríguez Z. ascenderá a la quinta división, aunque en España tenemos un consuelo: a falta de muertos de primera podemos organizarle grandiosos entierros de primera a nuestros líderes políticos.
Si son creyentes, tendrán entierros de primera llevando decenas de curas y hasta cardenales, y si son descreídos, poniéndoles muchos alabarderos, diputados y carros de caballos, como cuando procesionaron a Tierno Galván.
Como quieren ser nórdicas, las mujeres políticas españolas son mayoritariamente rubias de bote y sus raíces pilosas resultan de antracita, pero sus colegas varones también se tiñen para aparentar mayor juventud y muestran abundantes cabelleras negrísimas.
Obsérvelos usted: pocos de los principales han dejado que su pelo blanqueara, como Felipe González, pero es porque el expresidente cuida poco su apariencia, lo que se detecta en su anárquica dentadura ennegrecida de fumador.
Mire usted a su sucesor, José María Aznar, al que le han salido últimamente un pelo negrísimo, unos dientes blanquísimos y unos biceps voluminosísimos: otro caso de física y química supercuánticas. Uno se lo imagina por las playas marcando pectorales o por Chueca de osezno.
El presidente del Parlamento, José Bono, que hace un par de años iba aceleradamente para calvo, no sólo tiene ahora el pelo negro, sino que lo presenta tan frondoso de implantes que parece un pimpollo con apliques de crin de pony.
Fuera de España tenemos a Silvio Berlusconi como muestra de tintes, implantes, músculos de silicona y estiramientos de piel que están poniéndole ojos asiáticos.
Como sucesor contemporáneo de emperadores romanos y, claro, de Mussolini, demuestra que hay una gran relación entre el poder y la apariencia viril aplicada a la actividad sexual con señoritas de alegres costumbres.
Los políticos intentan conquistar electorados mostrándose sexualmente estimulantes, incluso los de blandenguez asexuada, como Rodríguez Z., que se peina a lo Marlon Brando en Julio César, tocado que le permite disimular su realidad de hombre de medio pelo y próxima calvicie: el cronista se lo imagina con un poco de maquillaje, y estaría ideal en el próximo desfile del orgullo gay, que es un voto que cultiva pero que se va con Esperanza Aguirre pese a las dádivas de Pedro Zerolo a los grupos afines.
En cualquier caso, estos enmascaramientos de cerdas y de afeites muestran personas poco fiables: las rubias, no lo son, y los hombres disimulan sus cabezas de alcachofa con magia negra.
Fijémonos ahora, porque es noticia como escritor, en la testuz más espectacular, en el nido de cigüeñas montado en su bóveda por Iñaki Anasagasti.
El buen hombre ha escrito un libro contra la Monarquía, pero toda ave salida de una barroca lechigada como la suya tiene que ser fantasiosa y, seguramente, falsa.
Alguien con testa cultivada para aparentar credibilidad y que resulta tam-tam campanario no puede esperar que se le tome en serio.
Aunque el jefe de la policía municipal y la alcaldesa de Pamplona hubieran matado a Manolete, el Partido Socialista de Navarra-PSOE no debería haberse propuesto destituirlos apoyándose en Nafarroa Bai, anexionista a una Euskadi independiente, y en los etarras supuestamente desarmados de Acción Nacionalista Vasca (ANV).
Tres días antes ETA había asesinado en Bilbao al policía Eduardo Puelles, y con las fuerzas democráticas condenando aún el crimen, el filoetarra Alfonso Sastre escribía advirtiendo que íbamos a sufrir mucho más dolor si no se negociaba inmediatamente con la banda terrorista.
Negociación: hace menos de tres años que el Gobierno negaba enérgicamente que estuviera haciéndole concesiones a ETA, y sin embargo las ofrecía en el santuario de Loyola, a solamente 85 kilómetros de Pamplona.
Una de esas gracias a los terroristas, que se rearmaban mientras supuestamente estaban en tregua, fue presentar a ANV como una fuerza democrática ajena a ETA, cuando era clara su vinculación, como demostraron los tribunales.
Ahora, cualquier nueva concesión del PSOE a esa ANV, incluso aunque el jefe de los municipales y la alcaldesa de Pamplona hubieran matado a Manolete, hace sospechar y recuerda las anteriores promesas a ETA que se negaban con indignación.
Por eso, los mismos socialistas que gobiernan Euskadi y toda España no pueden aliarse en Navarra con terroristas, aunque supuestamente desarmados, para librarse de Yolanda Barcina, alcaldesa que no tolera las casetas etarras en los Sanfermines –apoyadas ahora por el PSN-PSOE--, y para expulsar a un policía que persigue implacablemente el vandalismo de los terroristas callejeros. Que negocien con los navarristas esas destituciones, pero jamás pueden aceptar un voto etarra.
Por eso, si se negaron tantas veces las cesiones a ETA, que no extrañe que se desconfíe ahora de quienes le hacen arrumacos a sus miembros, aparentemente desarmados, que ponen careta pacífica para el escaparate.
La aplicación de las leyes españolas en la misma España podría costarle la vida a los españoles residentes en Mauritania, país cuyos inmigrantes exigen que se acepten aquí sus costumbres y la sharía, legislación islámica, aunque violen los Derechos Humanos más elementales.
Debe recordarse el reciente caso de la niña nacida en Cádiz, por tanto española, de padres inmigrantes que la llevaron a Mauritania a los 12 años para casarla con un primo de 39.
Cuando la niña volvió denunció que había sido violada, por lo que la justicia española condenó al marido a 13 años y 6 meses de prisión por agresión sexual; a la madre, a 17 años como coautora de la agresión; y al padre, a un año y seis meses por amenazas y coacciones.
Enseguida, numerosos inmigrantes mauritanos se manifestaban en Cádiz contra estas sentencias exigiendo respeto para su cultura y religión.
Pero este último fin de semana la protesta se extendió a Mauritania: "Si no se acaba con la injusticia cometida contra nuestros parientes en España, no podremos impedir que los mauritanos descontentos reaccionen con violencia contra la comunidad española en Nuakchot", advirtió Sidi Brahim Sidat, abogado y antiguo diplomático mauritano, en una manifestación de centenares de habitantes de la capital del país irritados con la justicia española aplicada en España a mauritanos.
Peor aún, un jeque, Mohamed El Hacen Uld Dedú, emitió una fatua o decreto islámico en el que llamó a la comunidad de los creyentes, la Umma, a apoyar y a defender a los encarcelados, rechazando las leyes españolas.
Como estas amenazas crecerán conforme aumente la población islámica, incluso planteando problemas de derechos humanos más escalofriantes, ¿nos someteremos a la sharía en nombre de la Alianza de Civilizaciones para convertirnos en Eurabia?
Debemos aplaudir el nuevo modelo económico prometido por el Gobierno, que logrará hacer españoles más vivaces, ágiles, fibrosos y saludables.
Creíamos que con una sistema de seguridad social aceptable, que desde hace muchos años atiende a todos por igual, nuestros conciudadanos estarían sanísimos, pero estábamos en un error.
Es cierto que figuramos entre los habitantes más longevos del planeta, pero es malviviendo con una salud precaria: la gente enferma constantemente, necesita demasiadas medicinas y plazas hospitalarias, y todo porque, paradójicamente, a quienes pasaron tantos siglos de hambre, la modernidad los está volviendo enfermizos y obesos mórbidos.
El bien general es la meta del Gobierno de Z. y, como advierten él y la abstemia, vegetariana y antitabaco radical, vicepresidenta Salgado, con ese objetivo se suben los impuestos: al tabaco, porque genera cáncer, y a la gasolina, porque contamina.
Se estimula la compra de coches, pero si poniéndoles crecientes multas los obligamos a estar parados, como a sus dueños, no esparcirán malos gases.
Se multiplican los impuestos a la electricidad y al gas. Porque sólo los ricos deben desperdiciar energía en acondicionadores o calefactores, ingenios que anulan la frugalidad tradicional que hacía a los españoles correosos y elásticos.
Recordemos: el hambre es salud y agilidad, decían importantes ascetas, también abstemios vegetarianos antitabaco radicales, como el Führer.
Deberán subir, pues los impuestos del vino, de todo lo placentero y de los alimentos que engordan para evitar esta plaga de viejos obesos cada día más discapacitados.
Por último, deberá aprobarse lo antes posible la prometida ley que facilita la eutanasia. Deberá ser más progresista aún que la holandesa, de la que huyen hacia otros países sus ancianos más insolidarios, incapaces de afrontar gallardamente la muerte en el momento que le convenga a la sociedad.
En España no hemos analizado atentamente el resultado de las elecciones europeas que, junto con el fracaso socialista, supusieron la eclosión de movimientos neorrománticos que se nutren de votantes izquierdistas: como cuando nacieron los fascismos.
En la Europa comunitaria acaba de ganar esa derecha que, según Rodríguez Z., provocó la actual crisis económica, algo que los ciudadanos no creyeron al derrotar a la izquierda clásica con notable contundencia.
El hundimiento laborista en el Reino Unido fue paralelo al éxito ultraderechista del BNP, lo que señala que buena parte del electorado socialista se pasó a este partido que cultiva el romanticismo nacionalista y neofascista.
En Francia, el votante socialista se pasó a otro romanticismo, el ecologismo radical, que tarde o temprano conduce al fascismo al imponer obligatoriamente su antimodernidad y nihilismo buenista.
Donde los partidos socialistas perdieron menos, como en España y Alemania, todavía no se detecta la eclosión ultra de ambos extremos. En España, quizás, porque ya hay nacionalistas exclusivistas a los que casi nadie quiere definir como ultraderechistas.
Pero en países con antiguas izquierdas poderosas, como Italia y Austria, además de las antiguas comunistas Bulgaria, Hungría y Rumania, crece especialmente la ultraderecha, pero también la ultraizquierda, a costa de los socialdemócratas.
Además, aparecen quienes, sin ser ultras de izquierda o derecha, presentan programas ajenos a los tradicionales, como el Partido de la Libertad holandés, que superó a los aún cogobernantes socialistas.
Su exigencia fundamental es que se impidan las prácticas islamistas que crean aquí guetos machistas y homófobos, imitadores de Irán o Arabia Saudita, y que, en nombre del multiculturalismo, pretenden incluso que se acepte el burka como forma cultural alternativa.
La derecha europea se mantiene, aunque sin crecer demasiado. Pero la izquierda va declinando, especialmente frente a los movimientos ultras, sin hacer otra cosa que tratar de adoptar algunas de sus exigencias románticas, es decir, filofascistas.
Después del muro de Berlín, el socialismo histórico parece desvanecerse lentamente.
El mismo día en el que Barack Obama mataba una mosca con agresividad imperial, como Nerón, aparecía también en primeras páginas y en las pantallas de televisión Lidya Guevara, nieta del Ché, con boina militar y con sus pechos ligeramente tapados con dos cananas cruzadas de zanahorias, en lugar de las balas de su abuelo.
Lydia sugería que también es una guerrillera, pero vegetariana, lo que está bien porque su presencia es muy doblemente nutricia, mientras que las cananas del Ché estaban para matar a seres humanos.
La foto de esa chica paramilitar progre de ojos verdes pertenece a una campaña de PETA (People for Ethical Treatment of Animals), organización radical anticarnívora que le reprochó a Obama no el mal gusto e inoportunidad de la escena, sino su crueldad y falta de humanidad por “esa muerte innecesaria” nada más ver las imágenes de la mosca mártir.
Después, PETA le hizo llegar una ingeniosa trampa creada por ecologistas de los insectos para cazarlos amistosamente y liberarlos después al aire libre (¿nos enviará PETA las inevitables cucarachas neoyorquinas?).
La nieta del Ché dice ser vegetariana. Claro, vive en Argentina, tierra donde abundan los bifes de chorizo, no en Cuba, donde la revolución de su abuelo y de los Castro convirtió un país sin hambre en otro famélico, cuyos habitantes ya quisieran poder elegir ser o no vegetarianos.
Miembros de PETA y de otros grupos ecologistas radicales, han asesinado a científicos por experimentar medicamentos en animales, han volado laboratorios y tienen amenazados a numerosos investigadores de distintas universidades.
Estos vegetarianos de calendario sólo nacen en países sin hambre, aunque los haya también en naciones pobres, pero solamente porque creen que un muslo de pollo es la pierna del abuelito.
Obsérvelos: después de pocos años todos los vegetarianos obsesivos terminan grises y macilentos, casi como la mosca de Obama.
Oyendo a Zapatero hablar en televisión contra la energía nuclear con datos falsos para poder justificar el cierre de la central de Garoña, hay que pensar que si aplica iguales conocimientos a la economía, la defensa nacional, la política internacional o cualquier otro asunto que afecte a nuestra supervivencia, ya podemos ponernos a temblar, a rezar o, siendo descreídos, a tocar madera, que es la santa milagrosa de muchos ateos.
Es muy grave que el presidente del Gobierno español diga que todas las centrales nucleares se cierran cuando llegan a los 40 años de vida, cuando hay 58 con permiso para mantenerse hasta los sesenta, como ha puesto de manifiesto Nuclenor, propietaria de Garoña y empresa mixta de Endesa e Iberdrola.
Pero hay más: afirmó que solamente existe una central nuclear en construcción en todo el mundo, y son 50, una docena de ellas en China, donde además levantan decenas de térmicas de carbón que supuestamente incrementarán el CO2 mundial, aunque han creado un sistema de combustión limpia.
También está preparándose la construcción inmediata de 51 centrales nucleares más, parte de las 450 previstas para los próximos veinte años y reconocidas en el protocolo de Kioto como “necesarias contra el calentamiento global”.
Por si esto fuera poco, España se comprometió, en el mismo Kioto. a producir el 33,3 por ciento de su energía de origen nuclear, e iguales porcentajes de energías térmica y renovables.
Rodríguez Z. ocultó, además, que la energía fotovoltaica cuesta diez veces más que la nuclear, y la eólica el triple, enorme diferencia que pagaremos nosotros.
Pero Rodríguez Z. da saltos, canta y habla dicharachero, cual Alicia: desinformado, o engañándonos aposta, si actúa con igual irresponsabilidad en sus otras responsabilidades gubernamentales, nos devolverá a siglos atrás y terminaremos alumbrándonos con velas.
José Luís Rodríguez Z. ha sugerido ya que cerrará la central nuclear de Garoña, pese a que su vida podría alargarse hasta 2021: será otro triunfo de ETA, que logró que Felipe González decretara la moratoria nuclear en 1984 tras los atentados contra los trabajadores de la central en construcción de Lemóniz, Vizcaya, y cuya factura por ese abandono seguimos pagando todavía hoy.
Recuperada la valentía, González pide ahora que Garoña se mantenga abierta, tras la recomendación del Consejo de Energía Nuclear. Pero Z., exhibiendo donaire, la cerrará, dice, siguiendo su programa electoral.
Programa que también prometía pleno empleo, trágica broma electoralista, como tantas otras: la última, anunciar “brotes verdes” en la economía antes de las elecciones europeas, para admitir después el desastre que viene y aumentar los impuestos.
A la demanda de Felipe González se han añadido Alfonso Guerra, Josep Borrell, Joaquín Almunia, Joaquín Leguina, y otros históricos del socialismo no abducidos por este Mesías-Mésias exhibidor del cansino manual de ocurrencias progres.
Con una deuda externa que ya pagamos y que llegará a los biznietos, básicamente por importar hasta el 80 por ciento de la energía que consumimos, Rodríguez Z. justifica el cierre de Garoña, porque “sólo” produce menos del dos por ciento de la electricidad nacional.
Mientras, a España han vuelto empresas extranjeras para reabrir minas de uranio abandonadas. Enviarán la materia prima a las 450 centrales nucleares que se construirán en el mundo en los próximos veinte años.
Z. proclama que lucha contra el calentamiento global, pero quiere cerrar algo que no lo produce, aparte de que creamos o no en la maldad del CO2.
Y con 4,5 millones de parados, y subiendo, Z. echará a la calle a un millar de personas y más: este pleno empleo, tributo a ETA.
Ante la eclosión de ira popular en Irán tras las elecciones que reafirmaron a Mahmud Ahmadinejad como presidente, debemos recuperar las declaraciones hechas a finales de marzo en Israel por un notable ayatolá, ministro de Justicia con Jomeini y exiliado ahora en EE.UU., en las que vaticinó que el régimen religioso de su país no durará más de dos años.
Pocos cronistas occidentales le prestamos atención entonces a lo que dijo el Dr. Mehdi Haeri Khorshidi en la universidad de Haifa en su conferencia “Mirando a Irán”, sobre la que informó “The Jewish Daily”.
El anuncio del ayatolá disidente le recomendaba al primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, que no se preocupara demasiado por las amenazas de Ahnmadinejad porque el pueblo iba a derrocarlo.
Se conocía el rechazo de la mayoría de los persas más educados, orgullosos de su historia preislámica, a la represión de los fanáticos apegados al sistema, los guardianes de la revolución religiosa y el aparato político-policial-militar del régimen.
Pero pocos imaginaban que, ante las sospechas de fraude electoral durante este fin de semana, el levantamiento popular fuera tan activo.
Lo que lleva nuevamente a las declaraciones de este ayatolá que estuvo cinco años encarcelado por haber criticado el sistema político creado por sus hermanos de religión.
Afirmaba Korshidi que muchos clérigos, independientes como él, desean separar religión y Estado, igual que parte de la población harta de la dictadura religiosa. Y en este punto debe recordarse que el islam chiíta integrado en occidente es más abierto, por lo general, que el sunníta.
Korshidi recuerda que el régimen del Shah resistió muchos años porque no estaba en la ruina financiera, mientras que ahora la economía se hunde aceleradamente y crecen la corrupción, la inflación y la pobreza.
Caramelo es una reconocida marca de ropa que podría desaparecer afectada por la crisis económica, pero también porque muchos de sus trabajadores actuaron violentamente destruyendo bienes de su propia fábrica en una huelga suicida.
El mercado textil está paralizado y la situación se agrava porque esta empresa coruñesa no hizo lo que su vecina Inditex, matriz de Zara: llevar el grueso de la producción hacia países de mano de obra batata y mantener en su central la comercialización y la investigación, desarrollo e innovación (i+d+i).
Quizás por paternalismo con sus empleados, Caramelo mantuvo la maoría de la producción en España, donde los sindicatos viven una inusual calma, dada su dependencia del Gobierno; pero en el País Vasco y Galicia los sindicatos nacionalistas plantean reivindicaciones violentamente, como en el caso de esta textil.
O el de las también destructivas huelgas actuales del metal, en Vigo, donde impiden trabajar a los obreros de Citröen, que ven peligrar su fábrica.
Son sindicalismos locales obcecados, sin perspectiva. Creen vivir en los siglos XIX y XX, cuando los obreros convocaban paros con los que obtenían beneficios porque los aranceles y las dificultades del transporte eliminaban la competencia.
Pero el siglo XXI es el de la globalización. Lo que se fabrica en Galicia, Euskadi o los Seat de Barcelona se producen en China o la India a precios muy inferiores.
Las marcas ya acreditadas podrían sobrevivir, pero quizás la violencia de los huelguistas y su localismo hagan que los empresarios se lleven incluso el i+d+i también a China o India, lugares con tradición de inventiva: allí nacieron el papel, la pólvora, la seda, el número cero.
La corrección política dice que los pobres son cada día más pobres, y occidente más rico. Falso: nos equilibraremos, porque nosotros perdemos mientra ellos ganan.
Un ejemplo del desamparo de los inmigrantes en un país cuyas autoridades decían hace poco más de un año que necesitaba millones de extranjeros, es el de Franns Melgar Vargas, boliviano al que una máquina le amputó su brazo izquierdo, y cuyo patrono lo abandonó a 200 metros de un hospital, para arrojar después el miembro a la basura.
Franns, 33 años, había llegado en 2006 siguiendo el “efecto llamada” de la propaganda gubernamental. Cobraba 700 euros mensuales por doce horas diarias de trabajo en una panificadora de Gandía, Valencia.
El caso hace plantearse la misma pregunta de siempre que ocurren tragedias así: ¿cuántos irregulares como Franns hay en España en trabajos más o menos peligrosos?
Respuesta: no hay cifras ciertas. El Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) estima que actualmente residen aquí 4,5 millones de inmigrantes, el diez por ciento de la población.
De ellos, sólo 1,65 millones están legalizados, y menos de 800.000 cotizaban a la Seguridad Social cuando todavía no era visible la crisis económica.
Hay, por tanto, alrededor de tres millones de inmigrantes que no se sabe qué hacen o cómo los explotan. La mayoría llegó en los años de Rodríguez Z., y con Jesús Caldera como ministro de Trabajo entre 2004 y 2008.
Era Caldera quien producía ese “efecto llamada” a Melgar proclamando que España iba a necesitar en pocas décadas hasta doce millones de inmigrantes, y quien, tras regularizar a un millón de ellos, justificaba indirectamente su explotación a 700 euros al mes, 12 horas diarias: “Hacen los trabajos que los españoles no quieren”.
Este país de parados funciona aún, quizás, porque ni sindicatos ni autoridades se preocupan por los inmigrantes hasta que les ocurre algo tan escandaloso como a Franns Melgar Vargas. Entonces, se ponen jeremíacos entre exclamaciones de falsa indignación.
El caso de Cristiano Ronaldo y los 96 millones de euros que pagó el Real Madrid por ficharlo recuerda los años del hambre, durante la postguerra civil española, cuando muchas familias se planteaban un dilema: “¿Cine o cena?”.
Con el estómago vacío muchas elegían ver, por ejemplo, a Clark Gable y a Lana Turner en “Quiero a ese hombre”.
Aquella decisión era casi la única democrática que podía tomarse entonces. Y en los silencios entre diálogos el cine parecía un charco de ranas por los ruidos de tripas vacías, cuentan quienes conocieron aquellas situaciones.
Ahora, el purismo beateril reaccionario y el políticamente correcto progre, que son iguales, se escandalizan con este gasto del Real Madrid, al que se añade el de unos 70 millones de euros por otro fichaje, el brasileño Kaká.
Hacen comparaciones sobre el número de hospitales que podrían construirse o de comidas que podrían darse con ese dinero. Una desmesura: el traspaso de ambos pagaría a 13.333 mileuristas durante un año entero, por ejemplo.
Claro que nadie abona un céntimo por ver trabajar a esos 13.333 mileuristas, y menos por observar a su equivalente bien pagado de 4.000 liberados sindicales vagueando todo un año para aparecer cada 1 de mayo en la Demostración Sindical en honor de Rodríguez Z., como hacían en el Bernabéu para el Caudillo.
De los 4,5 millones de parados españoles seguramente un millón olvida sus tripas ante la promesa de que verá a Ronaldo y Kaká, sus Clark Gable del presente, jugando en el equipo de sus amores.
Necesitan nuevos tótem, y tienen uno religiosamente llamado Cristiano y otro, Kaká, que quiere ser predicador cristiano cuando abandone el fútbol: el nuevo Madrid ha salido muy espiritual y pone en hornacinas a estos santos.
O es verdad lo que dice, y entonces la investigación de los atentados del 11M de 2004 en Madrid y el juicio de la Audiencia Nacional fueron farsas y seguimos sin conocer a los principales inductores de las 192 muertes, o a Pedro J. Ramírez deberían condenarlo, quizás enviándolo a la cárcel.
Condena para el director de “El Mundo” tras una denuncia de, al menos, los veinte principales responsables de la policía, guardia civil, judicatura y fiscalía que llevaron el caso de esta masacre.
Porque Pedro J. los ha acusado con nombres y apellidos de participar en lo que parece una enorme conspiración para ocultar la verdad.
Aunque es difícil creer en tal maquinación porque, junto a los funcionarios a los que denuncia Ramírez, hay centenares dependientes de ellos que tendrían que confabularse para guardar el secreto.
Pero, por otra parte, también son difíciles de creer ahora los razonamientos de la sentencia del juez Gómez Bermúdez: las acusaciones de Pedro J. contra tantas personas se basan en un exhaustivo estudio hecho por el perito en explosivos Antonio Iglesias, visado por el Colegio Oficial de Químicos de Madrid.
El informe, titulado Titadyn y publicado por la editorial La Esfera de los Libros, parece demostrar que alguna bomba colocada en los trenes contenía parcialmente el explosivo de ese nombre, común en actos terroristas de ETA.
La tesis se basa en el análisis de las minúsculas pruebas que quedaron después de que incomprensiblemente se hubieran fundido y transformado las noventa toneladas de material ferroviario que había para estudiar las características de los atentados.
Alguien debería ir a prisión, además de los desconocidos inductores, si existen, y los terroristas aún libres: quien esté mintiendo sobre esta masacre, sea funcionario, químico o periodista.
Derrotado en las elecciones europeas, José Luís Rodríguez Z. despareció y se escondió en la Moncloa cabizbajo, actitud que sus críticos atribuyen a una de sus “espantás” tan habituales ante las adversidades.
Había hecho igual en reveses anteriores, aunque sólo ahora, ante su fuga y reclusión, empiezan a aflorar tímidamente críticos en su partido que lo acusan de negar la derrota para apoyarse en Leire Pajín, agradadora personal de este fenómeno planetario.
Algunos toreros sienten repentinamente terror cerval ante un toro inofensivo y dan la espantá, dicen los aficionados a este sangriento rito, del que la política es remedo simbólico no menos carnicero.
Las espantás de Rodríguez Z. debe comprenderlas cualquier aficionado a la política, e igual que hay toreros famosos sobre todo por sus huidas, Z. pasará a la historia por las suyas. Serán vergonzosas, pero hay que recordar que peor es estar muerto.
Hasta esta derrota la última espantá zapateril se produjo tras su fracaso en Galicia, en la que tanto se había implicado retando a Rajoy. Pero más destacable fue la de finales de 2006, cuando ETA mató a dos inmigrantes y destruyó un enorme aparcamiento en Barajas.
Como había anunciado la próxima paz, se esfumó durante días tras el bombazo, y después culpó al PP de incitarlo sin admitir el fracaso de sus irreflexivos vaticinios.
Se considera la cobardía un vicio que anula el valor, una degeneración de la prudencia. Pero también puede ser útil virtud: decía el ácido Ambrose Bierce que “cobarde es alguien en el que su instinto de conservación aún funciona con normalidad”.
La cobardía, pues, es una virtud, y muy española: elegimos a Z. tras los atentados del 11M porque preferíamos a un pusilánime acreditado antes que a otro que podría serlo menos, aunque seguramente no demasiado.
Seguramente acierta el ministro de Justicia, Francisco Caamaño, cuando acusa al presidente de la Xunta de Galicia, Alberto Núñez Feijoo, de preferir “hablar en señorito", que es en idioma castellano, a hacerlo en gallego.
Es que los señoritos en Galicia, descendientes de la pequeña nobleza rural y de la burguesía ilustrada, eran diglósicos: hablaban castellano, mientras dejaban el gallego para escribir poesía o dirigirse a los criados; y si alguno de estos ascendía socialmente prefería también el castellano para aseñoritarse actuando como su señorito.
Actualmente la inmensa mayoría de los gallegos son bilingües, aunque muchos señoritos hayan cambiado y exijan imponer el idioma regional en todo afán.
La caída de su uso entre las élites se había iniciado ya en el siglo XIII, conforme iba creándose y adoptándose el castellano entre la nobleza durante la Reconquista.
La gran aristocracia gallega fue integrándose en el expansivo reino de Castilla y León, y la que quedó en Galicia y se rebeló después contra Isabel I de Castilla fue exterminada o se sumó a la Corte.
Así fue que esos linajes se mezclaron con los del resto de España, y ahora quien posee los principales sellos nobiliarios gallegos es la Casa de Alba, seguida de la de Medina-Sidonia.
Esa superestructura poderosa, castellanohablante, que durante siglos iba a Galicia sólo a cobrar sus fueros, creó entre muchos gallegos un afán de emulación, rechazado ahora por quienes aman ciegamente el idioma, no demasiados, y masivamente por quienes obtienen ingresos con él.
El problema es que los hablantes más incomunicados en las aldeas, sus verdaderos transmisores seculares, ya tienen coches y televisores, intentan ser señoritos y fueron quienes contribuyeron sustancialmente a elegir por mayoría absoluta a Núñez Feijoo, nacido de familia aseñoritada, igual que el ministro de Justicia.
No son de fiar los políticos que exhiben demasiada espiritualidad, como los terribles y omnipresentes islamistas; o, en occidente, los cruentos pero ya desaparecidos, Franco o Pinochet, de misa en novena.
No son de fiar los entregados al paganismo y a las supersticiones, una forma de espiritualidad, como Hitler; ni los que con fanatismo ateo y laicista, expresión más espiritualista que materialista, asesinaban a sus herejes. Es el caso de Stalin y Mao.
También hay políticos muy espirituales, muy cristianos en el sentido más genuino, que resultan santos pánfilos al anteponer su buena fe al frío racionalismo que exige gobernar.
En su discurso en la universidad Al-Azhar --cuna del jihadismo moderno y cuyo rector equiparó en una fatwa a los “infrahumanos” judíos con los cerdos--, Barack Obama se presentó como hombre religioso más que como presidente de su país para lanzarle un mensaje piadoso al mundo islámico.
Nombró cerca de una docena de veces a Dios y a Alá, y aquello recordaba cualquier oficio en su antigua Trinity United Church of Christ, de Chicago, o alguna de las homilías angelicales de Jimmy Carter y que a punto estuvieron de convertir EE. UU., además de en hazmerreír mundial, en rehén para siempre del Ayatolá Jomeini y de la entonces casi hundida URSS.
Un imperio poderoso, la Roma contemporánea, no puede pedirle perdón por su racionalismo occidental a los totalitarios regímenes políticos y teocracias de los 57 países islámicos entre los que no hay ni una sola democracia verdadera, ni libertad ideológica y, menos, religiosa.
Estos discursos del buen corazón, febles, emotivos, subyugantes, bien modulados, típicos de los púlpitos y elaborados con el arte de la homilética, a la larga suelen resultar peligrosos.
Igual que la espiritualidad ideológica, una forma sectaria del taimado laicismo, de Rodríguez Z., formado en colegios de religiosas de León que le enseñaron una dialéctica de tarima monjil, falta de brío y santurrona.
A ver a dónde diablos nos llevan estos místicos.
Los artistas españoles, que parecen adorar a Rodríguez Z., odian con furor a Aznar, como si siguiera gobernando; tanto, que su cabeza más famosa, Pedro Almodóvar, ataca aún hoy al expresidente porque sigue estando vivo y visible.
Pero lo admiraba cuando le concedió la Medalla de Oro al Mérito de Bellas Artes, antes de ganar su primer Oscar. Decía que ayudaba “como nadie al cine español”, aunque las actuales canonjías de Z han dejado al exinspector de Hacienda como un miserable avaro.
Últimamente, los medios informativos zapateriles le prestan poca atención a los artistas españoles, incluso atacan a Almodóvar, y sólo colocan en sus secciones fotográficas de gente guapa a artistas angloamericanos.
No suelen destacar a los artistas cejeriles por su belleza o encanto. Solamente las dan espacio cuando se muestran antiPP: por eso ellos tienen que lanzar tantas diatribas antiAznar-Rajoy para aparecer alguna vez.
Las habituales “Caras del día” suelen ser así: “Natalie Cole sale triste del hospital”; “Debí perder la virginidad más joven”, dice Brooke Shields; Jessica Biel en su nueva vivienda con su novio Justin Timberlake; “El gusto de Emma Thompson por los funerales”; “Clooney, adicto a las camareras” que le sirven nescafé; “Un día en las carreras”, la cantante Geri Halliwell, exSpice Girls, en el Gran Premio de Mónaco.
Mientras, el cine español pierde y pierde espectadores. Quizás porque en lugar de arte los artistas deben hacer tantas declaraciones antiPP que se vuelven insufribles para la media España que vota ese partido.
Para compensarlos económicamente, Z les concedió casi diez millones de euros más de los habituales al iniciarse la campaña electoral europea, pero esa cantidad debió parecerles pequeña porque, asombrosamente, no le hicieron la habitual ola cejeril.
Seguramente intuyen la vuelta de Aznar o de sus sucesores y tampoco es cosa de provocarles mucho porque igual son ahora más generosos.
Cuando el periódico “El País” divulga una imagen obscena, impúdica y de sexo explícito, robada en la vivienda de Silvio Berlusconi en Italia, el pensamiento políticamente correcto español la define como información de calidad, aunque si la publicara otro medio sería pornografía barata.
Durante dos días sus versiones de papel y digital daban en primera página y en exclusiva mundial fotos de una finca de Berlusconi de supuesto contenido sexual, porque la explícita sólo era una, tomadas por un paparazzi al que nadie quiso publicárselas en Italia.
Imágenes que se ven en cualquier playa pública, con excepción de la que da el contenido pornográfico: un hombre al que se le desfigura el rostro aparece con su pene en erección en una imagen perfectamente enfocada dirigiéndose hacia una mujer recostada.
Es un invitado, el exprimer ministro checo y expresidente de turno de la UE, Mirek Topolanke, según reconoció él mismo, quizás orgullosamente.
Qué tiempos: cuando presentaban “El País” como ejemplo de gran periodismo en español, esa foto pornográfica, accesible ahora a los niños, no se publicaba, aunque la imagen se describiría, más o menos, como se ha hecho aquí dos párrafos más arriba.
Divulgadas las fotos y el texto, el periódico se autoelogia presumiendo de que esas informaciones las reproducían los grandes medios internacionales.
Pues, no: las resumían y, con excepción de Le Monde, ninguno enlazaba sus páginas por internet al antiguo diario español “de referencia”.
Que la BBC, The Times, The New York Times o The Washington Post no pusieran los obligados hiperenlaces, indica que no deseaban recomendarle a sus lectores unas páginas porno de muy mal gusto, que en todo caso interesarían sólo a algunos italianos.
Para “El País” será información de calidad; pero esta degradación hacia lo explícito y escandalosamente sexual que vive últimamente será, como mucho, porno de calidad.
Además, irrelevante para la audiencia española porque aunque el periódico pretendía desacreditar a Berlusconi, sus lectores no votaban en Italia, donde, como siempre, volvió a ganar el viejo sátiro en las elecciones europeas.
José Luís Rodríguez Z. en su amor infinitamente solidario hacia hombres y mujeres instituyó los siete sacramentos laicos por los cuales llegan hasta nosotros los bienes de la emancipación.
Son eficaces en sí mismos, porque en ellos actúa directamente el sentimiento de fraternidad que encarna nuestro Líder.
Su liturgia tiene finalidad pedagógica: alimenta, fortalece y expresa la cohesión ideológica y su voluntad frente a la codicia capitalista-aznarista.
Cuanto mejor es la disposición de la persona que recibe los sacramentos laicos, mas abundantes son los frutos de su protección.
¿Qué son los sacramentos laicos?
Son signos eficaces de la gracia solidaria, instituidos por Z. y confiados a la dirigencia del PSOE, resucitados por él y por sus representantes, por los cuales nos es dispensada la enriquecedora vida política.
¿Cuántos y cuales son los sacramentos laicos?
Son siete, a saber: Bautismo laico, Confirmación ante el Partido, Comunión entre compañeros, Penitencia de las bases por perder elecciones, Fraternidad con los cuadros-cuadras sufrientes, Fidelidad sacerdotal al Partido, y Matrimonio hetero u homosexual en ceremonia laica.
¿Qué es el carácter sacramental laico?
El carácter sacramental es un sello íntimo que vincula al que lo recibe con el pensamiento social del Líder, al que se le debe culto a la personalidad. Por ello, se trata de un sello indeleble, es decir, permanente y, por tanto, el compañero o compañera debe recibirlo una sola vez en la vida, porque queda marcado como zapaterista.
¿Cuáles son los sacramentos que imprimen carácter laico definitivo?
Son: Bautismo municipal, como el que ofició Zerolo con el hijo de Cayetana Guillén Cuevo, Confirmación de ideología con el uso de razón, y orden Sacerdotal como cuadro-cuadra del Partido insistiendo en el culto a la personalidad del Inigualable Z.
(Texto extraído del Catecismo Básico católico de Aciprensa, adaptado como guía espiritual para las liturgias laicas que está implantando el PSOE de Z.).
Si George W. Bush hubiera evocado a Andalucía y Córdoba en tiempos islámicos vinculándolos a la Inquisición, nacida varios siglos después, numerosas personalidades españolas dirían que estábamos ante el típico “americano ignorante”.
Pero lo dijo Barack Obama, y se le disculpa ese error superior en siglos a la distancia que hay entre la Declaración de Independencia de EE.UU., de 1776, y el día de hoy.
Súmese otro error: callar que el islam se expandió con invasiones cruentas y considerarlo tolerante, cuando en ninguno de los 57 países donde domina le concede libertad a otros pensamientos.
Además, Obama no sabía que en esa Córdoba “abierta” que evocó, cristianos y judíos eran djimmis, seres inferiores “protegidos” que pagaban impuestos especiales, vivían segregados, debían caminar en aceras diferentes, vestir ropas distintivas, no podían montar a caballo ni dar órdenes a musulmanes.
El gran negocio cordobés era la venta de esclavos, y doncellas cristianas a los harenes africanos y asiáticos; además, Al-Andalus no era Andalucía, como dijo, sino gran parte de España.
Ideas parecidas, obamianas y románticas del islam, dominaban hasta hace poco la indulgente y luterana Holanda que, sin embargo, temblaba evocando la católica dominación española de los Austrias.
Pero ahora sufre una nueva inquisición islamista, la que asesinó a Theo Van Gogh, que persigue y mata apóstatas, impone la sharía en numerosas áreas del país y se expande entre inmigrantes, también turcos, cuyo Estado cada día más islamizado desea entrar en la Unión Europea.
Por eso aparecieron Geert Wilders y su Partido de la Libertad holandés, sucesores ideológicos del asesinado Pim Fortuyn, líder gay islamófobo.
Wilders ha superado al histórico y cogobernante Partido Laborista en las elecciones europeas proclamando que el Corán es más peligroso y racista que el Mein Kampf de Hitler.
Miguel Higueras, excorresponsal en diferentes países y exdirector de Información de la Agencia EFE, elabora un blog, Entre Andorra y Gibraltar, cargado de humor inteligente, sabiduría y experiencia, que es sumamente recomendable.
Ha escrito un comentario sobre el último libro, todavía calentito de las máquinas, “Periodistas sometidos. Los perros del poder”, de nuestro compañero y amigo Francisco Rubiales, en el que expone exactamente lo que el autor de Crónicas Bárbaras habría querido escribir aquí mismo.
Por esa razón reproduzco la nota de Higueras sobre el libro, a la vez que recomiendo la lectura tanto de ese texto que desvela la realidad del periodismo, como la visita regular al blog de Rubiales, Voto en Blanco, como la lectura habitual de Entre Andorra a Gibraltar.
Los éscritos de Higueras y de Rubiales se encuentran también en las zonas de blogs y de opinión de Periodista Digital
RUBIALES: EL DEDO EN LA LLAGA
Quien a los 22 años de edad y sin haber rebasado el meridiano de Arganda del Rey se atreve a escribir el libro “China, la nueva cultura” tiene que ser muy audaz.
Francisco Rubiales Moreno (Villamartín, 1948) fue un periodista ejemplar que durante todos los años en los que ejerció la profesión eludió la tentación de sazonar con sus opiniones las informaciones que transmitía la empresa para la que trabajaba.
Libre de las servidumbres del periodismo y con libertad para expresar su pensamiento ha demostrado que, si antes no opinaba en sus textos, era por disciplina profesional y no porque careciera de ideas.
En “Periodistas sometidos. Los perros del poder”, una sólida obra de opinión sobre la influencia de los periodistas que tan bien conoce, Francisco Rubiales pone el dedo en la llaga certera e implacablemente, y denuncia el daño que causan a la sociedad los periodistas venales.
La tesis del libro, tercera parte de la trilogía que inició con “Democracia secuestrada” y continuó con “Políticos, los nuevos amos”, es que “únicamente es periodista quien se mantiene fiel a la verdad y conserva la capacidad de juzgar con independencia”.
Una condición tan excluyente, como imposible es la capacidad humana de sentenciar como verdad inmutable lo que datos, en el momento desconocidos, pueden trocar en falacia.
Si los editores impusieran una separación radical de opinión e información para que el prestigio profesional del informador no diera un plus de autoridad a sus columnas de opinión, muchos de los daños que Francisco Rubiales denuncia se mitigarían.
Pero esa es solamente mi opinión, y Francisco Rubiales expone la suya con claridad envidiable en sus libros, síntesis de sus valientes y originales análisis en su blog digital “Voto en Blanco”.
El Francisco Rubiales de intuiciones audaces de su juventud conserva en sus escritos la prudencia equilibradora en sus razonamientos, que desarrolla con maestría pedagógica y, en “Periodistas sometidos” denuncia la frágil voluntad de demasiados periodistas al caer en las tentaciones de los poderosos, en lugar de conservar su dignidad como servidores de la sociedad.
Dice Francisco Rubiales, y dice bien, que “el poder suele despreciar al periodista libre” y se queda corto porque el poder desprecia al periodista, sobre todo si ha comprado su libertad.
El lúcido autor, cuya capacidad de desarrollar con prudencia la audacia de sus intuiciones admiro, señala que “el verdadero periodismo siempre es incompatible con el poder” y es cierto porque un periodista juicioso jamás debería renunciar a la suspicacia.
El Francisco Rubiales doctor en periodismo, analista sagaz, informador imparcial, empresario de éxito y prestigioso autor, me hace evocar a los “self made men” que, con su honestidad intelectual, su tesón y su insaciable curiosidad alcanzaron en su madurez metas que parecían quiméricas en su juventud.
Los textos de pensamiento de Paco Rubiales son de lectura fácil porque conservan la sobriedad formal del periodismo lineal y directo, de agencia, en el que sobresalió.
Mi amigo Paco Rubiales, aunque destaque como pragmático analista político, sigue siendo un soñador que confía en que los españoles vayan a las urnas electorales conscientes de su responsabilidad en la elección de los candidatos, y no como intuitivos voluntaristas.
Conozco la perseverancia de Paco Rubiales y me temo que los españoles acaben haciéndole caso y se transfiguren en holandeses metódicos, aunque la síntesis de lucidez y bonhomía del carácter de Paco es inusual: lo he visto llorar por la afrenta que había sufrido un amigo.
A ese Paco Rubiales lo quiero. Al que escribe para que seamos mejores ciudadanos, lo admiro.
Pocos políticos han recibido en su vida un laudatio tan apasionado como el que le dedicó el poderoso empresario Juan Miguel Villar Mir al ministro de Fomento y vicesecretario general del PSOE, José Blanco.
Villar Mir, vicepresidente del Gobierno con Arias Navarro tras morir Franco en 1975, fue alto funcionario de aquél régimen, aunque enseguida fomentó entusiásticamente la democracia.
Ya en 1987, y pagando el precio simbólico de una peseta, compró una constructora arruinada, la levantó y creó un imperio con ladrilleras, mineras, cementeras y otras industrias.
El Foro Nueva Economía, que organiza encuentros de políticos nacionales e internacionales con empresarios, tenía este jueves a José Blanco como invitado, y a Villar Mir como presentador.
Qué admiración mostró el industrial, con sus dos ingenierías hacia el político sin títulos, innecesarios quizás porque tiene “inteligencia natural y capacidades excepcionales”.
Era una lluvia inacabable de adjetivos grandilocuentes que aprobaban los grandes constructores asistentes con aplausos supuestamente espontáneos.
Y continuaba Villar Mir: Blanco es brillante, perspicaz, clarividente, analiza un proyecto con sabiduría sagaz, es justo y coherente.
Además, matizó maravillado, tiene poderes proféticos, como cuando anuncia con mucha antelación los inesperados triunfos de Rodríguez Z.
Así fue la descripción del viejo patriarca, 78, que dijo quedarse corto presentando al virtuoso ministro socialista, 47.
Seguro que en este juicio no influyó, ni siquiera ligeramente, que Villar Mir posee una mina en Galicia en pleitos con Fomento desde Magdalena Álvarez y cuya continuidad depende de Blanco, y que su Ministerio reparte entre constructores casi 20.000 millones de euros anuales.
Alguien tan dotado, claro, merece la admiración de un sector económico que ama la ideología de quien manda. Antes dijeron algo parecido de Álvarez Cascos y de Magdalena Álvarez, a la que hasta le dieron un premio que le provocó emocionados gritos de alegría.
Pobre derecha, pobre PP, con sus aliados natutrales, los capitalistas, convertidos en entusiastas agradadores de socialistas.
Fue enternecedor observar en Ponferrada a los fieros mineros anticapitalistas leoneses aplaudir extasiados a Barack Obama cada vez que lo nombraba José Luís Rodríguez Z. en el papel de Manolo Morán, representante de artistas de ceja circunfleja como Lolita Sevilla, cuando loaba a los americanos en “Bienvenido Mister Marshall”.
La pobreza hullera provocó la práctica desaparición de la minería del carbón en España. Problema que, como todos los del mundo, era culpa hasta hace medio año del país cuya peor caricatura era George W. Bush.
Pero ahora tenemos a Obama, que trae al mundo el reparto de bienes y la justicia social universal en colaboración con los socialistas europeos, proclama Rodríguez Z.
Más aún, la secretaria de Organización del PSOE, Leire Pajín, anuncia una portentosa conjunción “histórica para el planeta", al coincidir milagrosamente Obama con Zapatero cuando este presida durante seis meses la UE.
Prodigioso evento cósmico que recuerda la esperanza de Villar del Río en la llegada de Mr. Marshall, aunque Obama sea realmente el patrono del capitalismo, de las multinacionales, y de la contratación y despido libre de trabajadores, incluidos los mineros.
Aunque cierre Guantánamo montará varios Guantanamitos, evacuará sus soldados de Irak con similar calendario que Bush, y está ampliando la guerra de Afganistán a Pakistán con más bombardeos y muertos civiles.
Obama, además, le ha chafado a Z la Alianza de Civilizaciones, porque él las encarna todas sin intermediarios, y hasta hace de policía bueno con el comunismo cubano para demolerlo.
El PSOE parece estar haciéndole campaña a Obama como eurodiputado socialista, santificándolo como pacifista, y condenando a los rivales, populares y UPyD, como belicosos.
Pero fueron los eurodiputados socialistas británicos, los laboristas, quienes apoyaron a Blair en la guerra de Irak y propusieron la semana laboral de 65 horas para competir con los chinos.
Manuel Berlanga, obrero en paro sin antecedentes penales, quiso atracar la semana pasada en Málaga un salón de juegos amenazando con un cuchillo al encargado y a varios clientes, pero estos se le enfrentaron hasta que huyó seguido por los gritos de “¡Al ladrón!”
Berlanga, de 37 años y padre de dos hijos, corrió unos 800 metros hasta que dos perseguidores lo acorralaron, lo lapidaron y golpearon su cabeza con piedras hasta desfigurarlo.
Los homicidas eran unos marroquíes que habían visto en la calle la persecución, a la que se unieron hasta encabezarla, febriles y entusiasmados. Tenían antecedentes como pequeños delincuentes.
Mientras lo otros quedaban atrás, los marroquíes apedrearon a Berlanga hasta que un certero adoquín hizo que sus 180 centímetros de estatura se desplomaran. Entonces, se lanzaron sobre él y lo machacaron como en el horrible y ancestral rito religioso de la lapidación.
En este suceso hay dos elementos primordiales: el primero, que la necesidad de dinero le hace creer a algunas personas de pocas luces que la delincuencia es buena solución para obtenerlo.
El segundo, es el de la difícil integración de personas para las que brutalidades como el linchamiento y la lapidación son normales según su religión o las costumbres de los lugares de donde proceden.
Recientemente, el Supremo redujo al mínimo la pena de un pederasta que mantuvo relaciones sexuales con una niña de 11 años. Encontró disculpa en su origen y tradiciones, y lanzó así el mensaje de que algunos delitos lo son menos si los cometen extranjeros.
Los abogados de los linchadores podrán alegar, pues, que la lapidación de Berlanga obedeció a su interpretación de la Sharía, la ley islámica, y que sus penas deberán ser pequeñísimas.
Pese a las campañas propagandísticas del Gobierno para que se acepte que las menores de edad aborten sin permiso familiar, el 64 por ciento de los españoles y el 56 por ciento de los votantes socialistas, rechazan la propuesta.
Lo indica una encuesta de Metroscopia, encargada por “El País” y publicada pese a ir contra sus insistentes tesis proabortistas.
Tras otros sondeos con resultados similares se ve que además de los curas o de Mayor Oreja hay gentes comunes que se oponen al ataque de Rodríguez Z. a la patria potestad de los padres de cualquier menor.
Dentro de esos porcentajes debe haber numerosos laicistas agnósticos o ateos que callan su rechazo al aborto en esas condiciones. Y que le dejan el monopolio de la protesta a creyentes melifluos y de voz lacrimosa que llegan más lejos aún al denunciar como asesinato el uso de la píldora del día después con prescripción médica, aún entre mujeres mayores de edad.
Resulta así que las personalidades de mentes más abiertas hostiles al proyecto de Z. callan acobardadas temiendo que las comparen con clérigos, sin enfrentarse al supuesto progresismo de quienes equiparan con lenguaje chabacano a niñas abortando con “ponerse tetas”.
Por otra parte, además de no plantear sus objeciones públicas a la usurpación del papel familiar que quiere emprender este Gobierno de conducta irreflexiva y hedonista, tampoco se atreven a proponer un debate ético sobre el aborto mismo.
Acto quirúrgico que antes aceptaba la gente más liberal porque las cámaras de televisión y las ecografías carecían de sensibilidad para observar claramente la evolución del feto.
Las nuevas tecnologías permiten verlo ahora con muy pocas semanas, cuando empiezan a masacrarlo: ese mínimo ser con formas ya totalmente humanas hace gestos que parecen de desesperación, de dolor, de deseos de huir de los instrumentos que lo absorben y trituran.
Si usted es varón y vio al apabullante Barça ganar la Copa de Europa seguramente le pegó una paliza después a su pareja femenina porque las emociones machistas que genera el fútbol desencadenan violencia de género según la última teoría igualitaria del PSOE.
La expuso en el Parlamento el diputado extremeño José Alberto Cabañes al asegurar quel los deportes de sólo hombres provocan furor machista.
Se supone que tras contemplar a Xavi e Iniesta, el Rey de España, el príncipe Guillermo del Reino Unido, el adormecido primer ministro italiano, Silvio Berlusconi, y su homólogo español, José Luís Rodríguez Z., se autocontrolaron muchísimo para no pegarle a sus reinas, princesas, esposas y ninfas; pero la plebe no es comedida, por lo que debe imponérsele la Educación para la Ciudadanía.
Más aún, el PSOE propone formalmente el intercambio de roles: que las niñas jueguen al fútbol con los niños, y estos, a la comba y a las muñequitas, quizás con vestiditos rosa.
Y aporta como gran novedad algo usual desde hace décadas: las carreras mixtas dentro de sacos, deliciosa experiencia que despierta la heterosexualidad acercando testosterona y estrógenos, igual que jugando a médicos y enfermeras o a doctoras y enfermeros.
Aunque también tenemos opciones homo, como el consuelo lésbico propuesto por María José Urruzola en su “Guía para chicas. Cómo vivir las relaciones afectivas y sexuales”, librillo distribuido en innumerables escuelas de Comunidades supuestamente progresistas.
La cuestión es que en el fútbol no hay igualdad de género. Inconsecuente, Rodríguez Z. saltaba de alegría con los goles del Barça sin pensar en Bibiana Aído ni en que los machos terminan siempre baldando a sus compañeras.
Equilibremos, pues, la enorme superioridad machista del Barça exigiéndole que sus jugadores sean mitad chicos y mitad chicas: reduciremos la violencia de género.
“EE UU pide ayuda a España para construir el AVE” titularon los medios informativos progubernamentales después de que el secretario de Transportes Ray LaHood invitara a los empresarios españoles a participar en la construcción de la alta velocidad en su país.
No hay tal petición:: Barack Obama quiere crear esa red y ha enviado a LaHood a Francia, Alemania, España y a otros países que montan esos trenes y su obra civil para que compitan por contratos que vendrán después.
Eso es todo, aunque LaHood quedó impresionado con “El Pato”, el Talgo 102 en el que viajó con José Blanco a Zaragoza a 300 kilómetros por hora.
En Francia y Alemania se hacen pruebas a 400 por hora con trenes Alstom y Siemens, únicas marcas que había en España hasta que Talgo se presentó como AVE por empeño, Vade retro Satana, de José María Aznar.
La relación de los Aznar con Talgo nace con la amistad del abuelo navarro del expresidente, Manuel Aznar Zubigaray, y el ingeniero bilbaíno Alejandro Goicoechea Omar, ambos notables militantes del PNV.
Goicoechea, constructor del “Cinturón de Hierro” que debía impedir que Franco tomara Bilbao, se pasó al bando del general con planos y bagajes, a la vez que Aznar Zubigaray aparecía en Burgos sirviendo al sublevado.
Protegido por Franco y con capital de otro vasco, José Luís Oriol, Goicoechea inventó unos trenes rápidos de vagones cortos de aluminio y muchos ejes articulados.
En 1942, con fanfarria franquista por esa novedad tecnológica única en el mundo nació el Talgo (Tren Articulado Ligero Goicoechea Oriol), base de la industrialización autárquica que se aplicó después a las industrias modelo del régimen.
Qué cosas: el Talgo franquista y aznarista es ahora el vehículo socialista para arrimarse al imperio capitalista.
Algunos izquierdistas y comentaristas periodísticos occidentales apoyan que Corea del Norte tenga misiles de largo alcance y bombas atómicas, aunque sea contra la legalidad internacional, porque esas armas también los poseen las grandes potencias.
Se creen a salvo: Pyongyang, la capital norcoreana, está a unos 9.500 kilómetros de las grandes capitales europeas, pero Seúl, la surcoreana, está a 180 y Tokio a 1.200.
Japón sufrió dos bombas atómicas que sumaron unos 240.00 muertos, pero acortaron la guerra y evitaron, quizás, medio millón de muertos más, y la actual Corea del Norte no es la democracia americana contra el imperio expansionista japonés que había invadido media Asia, incluyendo las actuales dos Coreas y China.
El régimen de Kim Il Sung, heredado por su hijo Kim Jong-Il, es una calamidad comunista para 23 millones de personas, en su mayoría hambrientas, semicongeladas casi todo el año y aterrorizadas, que amenaza con usar su poderío militar cuando no se le concede la ayuda que exige.
Además, es una hipótesis creíble, el uranio enriquecido de ese régimen podría estar circulando ya entre aventureros estilo Chávez y terroristas islámicos.
Súmese también las ambiciones nucleares de los apocalípticos clérigos de Irán, o el posible hundimiento del Estado pakistaní y la toma de sus armas atómicas por talibanes.
Imaginemos ahora a esa gente apoyando a los aparentemente tranquilos pakistaníes que planeaban volar el metro de Barcelona o a quienes contribuyeron al 11M de Madrid.
La proliferación nuclear con artefactos complejos o con bombas sucias radiactivas, fáciles de crear y transportar, es la pesadilla inmediata del primer mundo.
Como para que protestemos si alguien decide devastar las instalaciones de iluminados que preparan armas de destrucción masiva, esta vez de probada existencia: al contrario que con el error de Irak, y aquí está ya, realmente, el lobo.
Hace poco, cuando estuvo aquí Carla Bruni con su marido, Nicolás Sarkozy, la prensa la presentó compitiendo en elegancia con la princesa de Asturias, experiodista que demostró que los modistos españoles son tan valiosos como los afamados franceses que visten a la exmodelo.
Actualmente casi no se habla de esa moda española que deberían promocionar los políticos. Siendo presidente Felipe González eclosionaron numerosos creadores industriales que adquirieron fama internacional, el primero Adolfo Domínguez con sus arrugadas prendas.
Miremos al presidente valenciano, Francisco Camps, investigado por recibir trajes Milano, regalo de una trama corrupta según un sastre acusado a su vez de falsificar facturas: alto, erguido, nada de arrugas, con cortes impecables, Camps espera un dictamen judicial para desfilar como modelo hacia mayor poder o hacia la destitución.
También tiene prestancia Rodríguez Z., que exhibe carísimos trajes italianos acordes en precio con ese llamativo cinturón francés con la gran H de Hermès que luce en los mítines obreros y que descubrimos en el sitio de Hèrmes como “de piel reversible ternera box/ternera togo, colores chocolate/naranja (anchura 32 mm) & Hebilla Quizz en metal plateado paladio lacado blanco: 479,00 euros”: un socialista debería recordar la mensualidad de alguna viuda.
(Nota: desde el viernes al sábado la casa ha reducido el precio a 479 a 407,00 euros)
Rodríguez Z. no favorece a Ubrique y a tantas áreas españolas de complementos y de textiles en gravísima crisis y prefiere los productos de Sarkozy y de Berlusconi, los trajes Armani, del verdadero Milán.
Para compensar está la vicepresidenta De la Vega: lleva 1.855 días en el poder y debe tener igual número de trajes y complementos, porque nadie la recuerda repitiendo ropa; debe tener un armario más espacioso que el de la mismísima Imelda Marcos.
Guinness debería certificar este récord superador del de doña Imelda y resaltar su patriotismo: según Moncloa, los aditamentos, siempre de exquisita elegancia, son exclusivamente españoles.
Lunes, 28 de mayo
Vicente Torres
Manuel Molares do Val
Juan Fernandez Krohn
Pedro Fernández Barbadillo
Vicente A. C. M.
Antonio Cabrera
Miguel Torres Galera
Carlos Ruiz Miguel
Josep Carles Laínez
Raúl González Zorrilla
Rufino Soriano Tena
José Pómez