Baltasar Garzón recuerda al segador, el hombre de la guadaña al que contratan los campesinos para que corte el trigo, el centeno o el lino en tiempo de cosecha.
Garzón sabe abatir las plantas, pero no siempre lo hace escrupulosamente; por ejemplo, ve malas hierbas en un enorme sembrado aún verde y en lugar de extraerlas con prudencia va con su guadaña y destroza todos los vegetales, malos y buenos.
Luego, se apoya en el mango con los brazos en jarras para que se aplauda su hazaña, pero medio pueblo llora la destrucción de la futura cosecha.
Ocurrió con la “Operación Nécora”, el caso más conocido de narcotráfico en España, desatado hace dos décadas. Fue una captura espectacular de narcos como Oubiña, pero su desastrosa instrucción hizo que el Supremo les pusiera penas ridículas; sólo tras reincidir, y procesados por otros jueces, recibieron castigos más severos.
En otra ocasión persiguió con saña a la ministra de Agricultura Loyola de Palacio, del Partido Popular, con el “Caso del lino”. Años después la declararon inocente, pero ya había muerto con la mancha.
La guadaña garzónica igual tiene fracasos, como los anteriores o como el del reciente intento de ratificar que Franco estaba muerto, que éxitos como el de la detención de Pinochet en Londres, o algunas condenas contra ETA, aunque dejando misteriosos cabos sueltos.
Ahora presenta como testigo de cargo contra el presidente de la comunidad valenciana a un vendedor de trajes que, según sus jefes, es un estafador. Está abatiendo todo el campo de lino de confección, y no todo el lino es orégano.
Mientras, cobra becas en Nueva York y después no escrutina las malas hierbas del banco pagador. Lo que hace sospechar que su propia guadaña podría segarle los pies
Lunes, 28 de mayo
Vicente Torres
Manuel Molares do Val
Juan Fernandez Krohn
Pedro Fernández Barbadillo
Vicente A. C. M.
Antonio Cabrera
Miguel Torres Galera
Carlos Ruiz Miguel
Josep Carles Laínez
Raúl González Zorrilla
Rufino Soriano Tena
José Pómez