Queremos encontrarle una explicación racional, sicológica o psiquiátrica a la conducta de Joseph Fritzl, el “Monstruo de Amstetten”, que mantuvo como esclava sexual en una cueva a su hija durante 24 años violándola y teniendo siete hijos, de los que quizás mató a uno por omisión de asistencia médica.
También querríamos comprender el cinismo e inhumanidad de Miguel Carcaño, exnovio de Marta del Castillo, que acusa del asesinato de la chica a un compinche menor de edad, tras violarla ambos, y dice que arrojó el cadáver a la basura, tras tener a dos mil personas buscando el cuerpo en el Guadalquivir durante cinco semanas.
Extraña que las iglesias cristianas no hayan atribuido ambos hechos a la maldad impulsada por Satanás, quizás por miedo a que se recuerde que en siglos pasados se sometía a los llamados endemoniados a torturas y a la pira funeraria.
Ahora nadie habla del diablo y los seres satánicos sólo aparecen en las películas de terror.
Debe aceptarse que hay personas caracterizadas por su ausencia de bondad y cuya maldad existe, satánica o no. Sin explicación científica. La lógica nos hace negar los fenómenos físicos y síquicos inexplicables racionalmente, pero cuando despertemos el dinosaurio de la maldad siempre seguirá ahí, contaría Monterroso.
Desconcertados, atribuimos la conducta de los malvados a las circunstancias que los rodean, al extremo de que Joseph Fritzl quería presentarse como una víctima porque su madre no lo quería: decenas de sicólogos y psiquiatras que le daría la razón.
Algo hay, pero como ingrediente de mínima importancia. Lo cierto es que la malignidad existe en todos nosotros. Y somos más o menos malvados según nuestra mayor o menor voluntad, forjada por nosotros mismos desde nuestra infancia, de contener ese instinto aciago y criminal.
Y, aparte, en estas situaciones suelen aparecen otros malvados profesionales muy peligrosos: los abogados que instruyen a los criminales para que engañen a la policía y los jueces.
Señalémoslos, seamos o no creyentes, como Abogados del Diablo.
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Y ahora bien, es aquí donde comienza el gran problema de querer "racionalizar" la maldad, es una pérdida de tiempo, dar vueltas en el remolino del absurdo hasta ahogarse en los conceptos, la maldad existe, punto. los actos de maldad dañan a la sociedad por su naturaleza destructiva, punto. ejemplos hay de sobra, buscarle matices, pretextos o explicaciones científicas... quizás sería también un rasgo de cierta maldad.
La maldad es inherente al ser Humano precisamente por eso, por ser "Humana", racionalizada como un acto de agravio o agresión que no se le puede imputar a un animal que daña por instinto de supervivencia, el ser humano daña por el gusto de hacerlo, por que goza de hacerlo, por que obtiene un beneficio de hacerlo, por egoismo y eso también es un rasgo humano; si bien científica o médicamente hay quien comete actos de maldad por circunstancias "ajenas a su voluntad" (discutible), nadie puede negar que siquiera una vez, incluso en su pensamiento ha tenido el deseo de hacer mal a otro, por envidia, por celos, por ideología política, la maldad es parte de nuestra "humanidad personal" o quizás sea la parte animal que nuestra "humanidad personal" quiere superar sin lograrlo del todo, solo alcanza a guardarla en un rincón del que al final brota, es confuso pero a lavez tan sencillo. la maldad es humana y todos somos en cierta medida capaces de hacer mal.
Pero qué cacao mental: con los curas que perdonan "porque sí", los plazos del aborto y el lince en peligro de extinción. Si Fritzl se arrepintiera y se confesara, el sacerdote, en nombre de Dios, le perdonaría. Y lo mismo haría con el abortista que dejara de serlo arrepentido, el doctor muerte que dejara de matar arrepentido y tantos otros de entre nosotros que fallamos mil veces y mil veces nos levantamos. En cualquier caso esto es para los católicos y si no te gustan los estatutos cámbiate de club.
Los diablos o no, no sé si los hay, pero gente malefica, hay mucha. Lo raro es que los obispos no digan nada a este respecto. Se meten con la ampliacíon de plazos del aborto pero con estos hechos nada. Podríamos empezar a discutir como enseña la iglesia a sus feligreses.Llevamos demasiados años viendo como hagas lo que hagas, si te confiesas y vas a comulgar todos los domingos, estás salvado. Éstas son sus enseñanzas, ¿confesarían a éstos tipos también y los absolverían de sus pecados?
Claro que somos egoístas, pero hay unos Mandamientos Divinos en que es contrato social se basa, unas leyes a cumplir...lo malo es que esta montado el tinglado para que conociendo la forma, se pueda delinquir, en publico y sin empacho. Lo que sucede con esos casos mencionados espero que ayude a perfeccionar ese coladero que es la justicia. Pero también seria deseable que las victimas se defendieran como deben sin empacho y a riesgo de ser procesadas, porque a falta de protección de fiscalía y juzgado te las apañas para recuperar lo robado. Acta notarial y palo de beisbol, eso yo lo tengo claro.
Sin ningún género de duda, quería decir.
"Debe aceptarse que hay personas caracterizadas por su ausencia de bondad y cuya maldad existe, satánica o no. Sin explicación científica."
Voy a discrepar: Sí existe explicación científica para la maldad si nos atenemos a los estudios sobre el cerebro de los psicòpatas puros, que se caracterizan por la ausencia total de empatía y por tanto de compasión hacia el sufrimiento de los demás. Estos sujetos, algunos, disfrutan con el sufrimiento ajeno, y para entenderlo tendríamos que sumar características genéticas y entorno. Existe explicación científica, cada vez estamos más cerca de una explicación sin ningún género, lo que no existe es la solución.
Yo no me creo que exista la maldad en todos los seres humanos, creo más bien que existe un egoísmo innato que se atempera con los años y la educación, y que se puede ver en los críos pequeños, pero no es exactamente maldad.
Lunes, 28 de mayo
Vicente Torres
Manuel Molares do Val
Juan Fernandez Krohn
Pedro Fernández Barbadillo
Vicente A. C. M.
Antonio Cabrera
Miguel Torres Galera
Carlos Ruiz Miguel
Josep Carles Laínez
Raúl González Zorrilla
Rufino Soriano Tena
José Pómez