Usted es alcalde o algo parecido y compra una finca casi sin valor. Al día siguiente la recalifica y la vende por muchos millones. Enseguida usted creerá en los milagros porque ha vivido uno mayor que el de la multiplicación de los panes y los peces.
Por tanto, los milagros existen, y más en la España actual, aunque los jueces envíen a prisión, como a mártires, a unos pocos creyentes de la religión del Ladrillo.
Que consiste en creer que los Santos Ladrillos construyen catedrales llenas de cepillos donde los fieles depositan óbolos para los administradores de esta religión.
Si entendemos esto, comprenderemos por qué Francisco Correa, el “Don Vito” del caso Gürtel, está relacionado con Amparo Cueva, la famosa Vidente de El Escorial.
Amparo dice que la Virgen levita alrededor de un árbol cerca de El Escorial y que le envía mensajes, mientras el sol baila dando saltitos: hay quien mirándolo se queda milagrosamente ciego para siempre.
Últimamente la Aparición no debió darle los mejores consejos financieros a Amparo, porque invirtió parte de las limosnas que recibe en las empresas de Correa, que en lugar de construir catedrales de ladrillo cometió presuntas estafas.
Ahora, quienes le daban fondos a la visionaria, porque así irían al Paraíso u obtendrían al menos buenos dividendos, reunidos en una “Asociación de Víctimas de las supuestas apariciones de El Escorial", han denunciado por estafa a su comisionista celeste ante la Audiencia Nacional.
Typical Spanish: el sol, la virgen, la visionara, el ladrillo, el conseguidor, y unos creyentes bastante pardillos, pero también pillos, que querían multiplicar sus capitales con recomendación divina.
Aquí, el verdadero milagro es que los estafados, en lugar de esconderse, avergonzados, acudan a los tribunales a denunciar los milagros fallidos: vieja España, España eterna.
En este momento el planeta tiene unos 6.800 millones de habitantes, y nosotros, usted y quien escribe esta crónica, quizás seamos dos de los 880 millones que sobramos, según el ecólogo Paul Ehrlich, que pide regular la reproducción humana para que no nazcan demasiados niños generadores del CO2 que produce el calentamiento global.
Esa es la teoría de Ehrlich (77), científico estadounidense al que la Generalitat catalana le entregó el martes el V Premio Ramón Margalef en recuerdo del naturalista creador, en 1967, de la primera cátedra española de Ecología.
Quizás Margalef (Barcelona, 1919-2004) estaría poco de acuerdo con este premiado, que asistía estos días en la ciudad catalana a los trabajos preparatorios del Convenio de Copenhague, sucesor del de Tokio, para reducir drásticamente la producción humana del CO2.
Gas que no llega a 385 partes por millón de la composición de la atmósfera, y cuya aportación humana no es ni de 38 partes por millón. Pero que dicen que influye en el clima.
Es cierto que debe limitarse la natalidad en los países con hambre, pero que se proponga para evitar el incremento del CO2, como hace Ehrlich, parece una broma.
Ehrlich predijo en 1967 con modelos informáticos, en un escalofriante artículo en el New Scientist, que entre 1970 y 1980 iban a morir de hambre cientos de millones de seres si seguía creciendo la población.
El incremento fue mucho mayor, y sin enbargo el hambre disminuyó. Según cifras de la ONU, en 1970 había 1.200 millones de hambrientos entre los 3.650 millones de habitantes del planeta. Hoy hay 1.000 millones de hambrientos entre 6.800 millones.
Ehrlich y similares quieren limitar los niños, o que sean superhombres-supermujeres eugenésicos, y quizás practicarle la eutanasia a quienes, siendo poco útiles, siguen produciendo CO2.
Unos cuatro mil representantes de 175 países preparan hasta el día 6 en Barcelona la conferencia de la ONU sobre el clima que pretende reducir las emisiones mundiales de CO2, objetivo imposible, y seguramente erróneo porque ese gas quizás sea más bueno que malo para el planeta.
Luego, entre los días 7 y 18 de diciembre, reformarán en Copenhague el Convenio de Kioto y tratarán de establecer un diezmo para la nueva religión antiprogreso que exige a las naciones poderosas darle limosnas a las pobres para que generen poco CO2.
Usted pagará para que alguien en África no pueda aspirar a tener nevera, cocina a gas u otro artilugio consumidor de energía de origen fósil, aunque abunde donde vive ese pobre. Quien, además, no verá céntimo alguno, porque todo se lo quedará su dictador nacional.
Y dígale usted a China, India, a los países emergentes, que suman 3.000 millones de personas, que moderen su consumo de energía. Que se renuncie desde ahora a electrodomésticos, cocina de inducción, lavaplatos, coches, autopistas y trenes de alta velocidad.
Lo que convierte en tragicomedia la reunión de Barcelona, y después el Convenio de Copenhague, es que todos los asistentes saben que sus objetivos son inalcanzables.
Y saben también que el clima no ha variado desde hace muchos años. Que los anuncios apocalípticos se basan en modelos y locas proyecciones informáticas que parten de datos falsos.
Los mecanismos de esta estafa los sintetiza y explica con rigor el geógrafo y profesor universitario Antón Uriarte en su blog CO2.
Ahí demuestra la mentira de la disolución de los polos, del crecimiento de los desiertos, de la maldad del carbón o del CO2 y demás dogmas religiosos que nos empobrecen y que mantendrán en la miseria a los que viven en ella.
Entre los objetos encontrados por el ejército paquistaní hace unos días en una base de los talibanes apareció el pasaporte de Raquel Burgos, una española actualmente de una treintena de años, casada con Amer Azizi, con el que vivía en Peñagrande, al norte de Madrid.
Un Azizi de grandes barbas jihadistas y vestimentas norteafricanas que trataba como esclava a su sumisa mujer, conversa al islam y vestida como islamista.
Raquel no podía hablar ni siquiera con sus padres, y cuando su hombre salía permanecía voluntariamente encerraba en aquella casa, de la que cuando estaba él brotaban con frecuencia gritos de dolor por las palizas que recibía. Como ocurre demasiadas veces, ningún vecino denunció los malos tratos ni ese vasallaje inhumano.
Lo que dicen las vecinas de esta mujer, cuyo marido resultó un fanático implicado en el 11M, en la “Célula de Hamburgo” de Al-Qaeda y en otros terribles actos terroristas, lo narraba hace un par de días Dolores Martínez en ABC.
Llama la atención que, en las pocas ocasiones en las que Raquel pudo habló con alguna vecina, incluso con una amiga de la infancia, dijera que lo soportaba todo porque estaba profundamente enamorada de Azizi.
¿Enamorada? Eso no es amor. Eso sólo es sexo, aunque proteste el feminismo de manual. Como aquel buen título de una mala película: “¿Por qué le llaman amor, cuando quieren decir sexo?”.
Raquel soportó todo, especialmente el autoaislamiento, no porque deseara mantener una envidiable situación económica, tampoco por miedo, porque la ley la protegería especialmente del monstruo.
Fue, sólo, para gozar como sexo dominado. Sufría una adicción, una esclavitud sexual. Se da en toda sociedad humana, pero más en la musulmana, cuyo imaginario insta al hombre a imitar al supermacho Mahoma, “potente como treinta jóvenes fogosos”, como dice un hadiz
Entre las hipótesis que manejan numerosos militantes y dirigentes del Partido Popular está la de sustituir dentro de no mucho tiempo a Mariano Rajoy por Rodrigo Rato como candidato a la presidencia del Gobierno para las elecciones de 2012, por lo que podemos dedicarle otro rato a especular sobre esta posibilidad de base bastante plausible.
En primer lugar, sus allegados saben que está dispuesto a encabezar esa candidatura, avalada por su trabajo como el ministro de Economía de Aznar, al que los populares le atribuyen un espectacular éxito que lo lanzó a la presidencia de FMI, a la que renunció porque deseaba reencontrarse con su querida España apasionadamente.
Dicen también quienes lo conocen que no quiere que se le atribuya la posible caída de Rajoy, y que evita provocarla. Pero sólo estando ahí, disponible para un nuevo destino, ya es desequilibrante para el presidente popular.
Por eso mismo, Rajoy y Zapatero desean que se conforme con ser presidente de Cajamadrid: ambos le temen.
Esperanza Aguirre, la última responsable del nombramiento y que ya lo a aceptado, sabe que no debe competir con Rato, por lo que quiere ser su mejor madrina. Quizás esta esperanza la ha agitado contra el aparentemente débil Rajoy, hostigamientodel que se ha retirado, de momento. Y a todo esto, se une la complicada pelea que mantiene con Alberto Ruiz-Gallardón, poco querido por muchos populares.
Y si Rato no esconde algo que puedan echarle en cara sus rivales del PSOE, nada de extraño tendría que los militantes lo llamaran como sustituto del blando Rajoy.
Rato es capaz de quebrar a sus enemigos, aunque caiga con ellos, como Sansón, pero no llora las desgracias que le manda Dios, como el Job Rajoy.
Rato, además, estará apoyado por el grupo PRISA, esté donde esté: buen amigo, podrá reordenar sus 5.000 millones de euros en débitos, de los que 500 son de Cajamadrid.
Ningún partido político se libra de militantes y dirigentes corruptos. El Gobierno señalaba al PP entre sarcasmos, pero se ha descubierto que tiene nuevos Roldán disfrazados de honrados, y, como siempre, también siguen robándonos los nacionalistas.
En contra de lo que creía Karl Marx, lo que mueve la Historia no es la lucha de clases sino la corruptibilidad de los humanos, que depende del precio que cada uno se ponga a si mismo, como decía el más sabio de los Marx, Groucho.
Por tanto, toda persona interesada en participar en la política es candidata a ser corrompida, por lo que, llegados aquí, abandonemos la hipocresía: este cronista pide que se una usted a su proyecto de crear el Partido de Corruptos Reconocibles (PCR), que regenerará las instituciones del país.
Nuestro PCR comenzará investigando exhaustivamente a sus candidatos para descubrir su Corruptibilidad Personal (CP), con lo que nos anticiparemos a los corruptores corrompiendo nosotros a nuestros electos.
Ese será el secreto de nuestro éxito, porque colmada su CP, nuestros representantes serán incorruptibles y todos verán que se portarán con exquisita honradez. No se trata, por tanto, de declarar los bienes que tienen, que ahora se falsean, sino los que se desean.
Pongamos como ejemplo el CP de este cronista: si resulta elegido presidente del Gobierno anuncia que sólo desea un velero de 25 metros, un chalet de 2.000 metros, tres coches, uno de ellos Bentley y treinta millones de euros.
Propietario de este patrimonio, ya no robará un euro más de los cientos de miles de millones que administrará honradamente.
Querido/a elector/a: confíe usted en el PCR y apóyenos con su voto. Somos más fiables que todos los rivales que nos gobiernan ahora.
Para regenerar España: PCR, el partido corrupto más honrado.
Aunque Felipe González se haya autodescartado públicamente como candidato, hay políticos de la talla del conservador británico Chris Patten, excomisario europeo de Relaciones Exteriores, que quisieran verlo como futuro primer presidente de la Unión Europea.
Seguramente no lo será, pero que Patten defienda esta candidatura tras la promesa del presidente checo Vaclav Klaus de firmar el Tratado de Lisboa para que entre en vigor en 2010, muestra que el exprimer ministro español tiene aún notable peso en la Unión.
Recuérdese que Patten fue presidente de los conservadores británicos, el Gobernador que devolvió Hong Kong a China en 1997, y el comisario de Exteriores de la UE entre 1999 y 2004. Actualmente es rector de la universidad de Oxford.
Y está por encima de ideologías y nacionalismos: apoya al socialista español antes que a otro socialista, pero británico, Tony Blair, el candidato más promocionado en todos los medios y entre los políticos europeos.
Otro de los sostenes de González es el que fue canciller cristianodemócrata alemán entre 1982 y 1998, Helmut Khol, mucho más amigo que el ya fallecido presidente socilista francés entre 1981 y 1995, François Mitterrand.
Los herederos de aquellos europeístas resultaron menos unionistas y más atlantistas, como Aznar, el sucesor de González en España, cuyo mejor amigo en la UE fue Tony Blair. Pero, además, el alemán Schröder y el francés Chirac tampoco fueron europeístas y resultaron sumamente nacionalistas.
Ahora vuelve a haber personalidades más europeístas, Merkel y Sarkozy, pero a quien parece gustarle poco la perspectiva de González como presidente es a Zapatero, como si le temiera por encima de él.
Quizás por ello ha pedido para un socialista “la política exterior europea”, lo que, según el tradicional reparto de responsabilidades europeo, supone renunciar a la presidencia.
Siglos antes de que el cine de Hollywood le exportara al mundo la festividad del Halloween, en numerosos lugares de España y en buena parte de Iberoamérica se celebraban el día y la noche de Samain, jornadas en la que la gente ponía en sus casas calabazas imitando calaveras junto a vasos de vino y algunos alimentos.
A la mañana se comprobaba que los espíritus habían consumido durante la penumbra aquellas bebidas y viandas, antes de volver a sus tumbas hasta el año siguiente.
Los viejos aún recuerdan, al menos desde Cantabria hasta Galicia y medio Portugal, el nombre de Samain, término celta que perdura desde hace casi tres mil años, y que también se llama así en Irlanda, que lo exportó a EE.UU., y este lo devolvió con su terrorífico cine gótico-humorístico.
Que los jóvenes españoles crean ahora hollywoodiense algo tan ancestral y propio es igual que tomar por californiano a Don Quijote porque aparece en una película de la Warner.
En Iberoamérica, especialmente en México, el Día de Todos los Santos y la noche de los muertos es una fiesta esencial del calendario. Las procesiones de coloristas disfraces, las calaveras, las figuras de miga de pan, son mezcla de religión y folclore, Samain y culto a la muerte de los pueblos nativos.
Lo sorprendente es que, a pesar de sus 75 años de edad, el obispo de Sigüenza- Guadalajara, José Sanchez, denuncie el Halloween en una homilía como paganismo cinematográfico, ignorando que calabazas y fantasmas son parte de nuestro Samain.
Sepa, don José, que no es paganismo cinematográfico. Es paganismo autóctono, Y recuerde que, aunque el cristianismo trató de erradicarlo, terminó adoptándolo: por eso el papa Gregorio IV convirtió el viejo Samain en fiesta de Todos los Santos en el año 840.
Estos días el Partido Popular nos recuerda la UCD que hizo la Transición con éxito y después, su ministro más brillante, Francisco Fernández Ordóñez, se pasó al PSOE de Felipe González, donde volvió a triunfar.
Hay una pelea dentro del PP en la que, mientras sigue irresuelta y se gangrena la situación de Valencia, la enérgica presidenta de Madrid se confronta con un pausado Mariano Rajoy y con el activo y taimado Alberto Ruiz-Gallardón.
El alcalde madrileño tiene gestos que recuerdan a Fernández Ordóñez, que como ministro de Hacienda de UCD creó el moderno IRPF, y como ministro de Justicia legisló el divorcio.
Después, él mismo inició la crisis de la UCD tras ver que no sucedería a Adolfo Suárez ni a Leopoldo Calvo-Sotelo, y se pasó al PSOE, donde fue su mejor ministro de Asuntos Exteriores.
Ordóñez era la punta de lanza del europeísta González, quien dirigió la adhesión a la UE y limpió de antioccidentales a los socialistas.
Ahora, el enfrentamiento entre Aguirre y Gallardón es más que una la pelea por la presidencia de Cajamadrid: es sobre la posible herencia de Rajoy, si fracasa nuevamente, y por la visión de España.
Por un lado, el alcalde, que es un negociador acomodaticio, es complaciente con numerosos socialistas, nacionalistas y con el diario socialdemócrata El País, que ataca suavemente a Rajoy y con sadismo a Aguirre.
Y la presidenta, puño pétreo en guante del golf, es una liberal como los socios alemanes de Angela Merkel y la “Dama de Hierro” británica, Margaret Thatcher.
Se diría que a muchos socialdemócratas y a El País les gustaría ver a Gallardón en el papel de Fernández Ordóñez, pero ya no como ministro del PSOE, sino como verdadero sustituto de Zapatero.
Cuidar el paisaje es un deber de todo ser humano, pero cuando el verde es incapaz de alimentar a sus habitantes es lógico volverlo pardo, azul o morado, si a cambio erradica el hambre.
Pero entonces tenemos un problema: los amantes de los parajes vírgenes, supuestos ecologistas que viven en lejanas ciudades, denuncian a quienes les afean las campiñas que les inspiraban bucólicas baladas.
Sin embargo, quienes ahora comen, tienen escuelas y un futuro mejor, especialmente en el tercer mundo, le dan gracias a los inversores y profanadores de la virginidad terrenal.
Greenpeace, organización que si existiera en el neolítico habría prohibido ocupar cuevas y en el medioevo impediría construir catedrales, acaba de iniciar una campaña contra las empresas petroleras, eléctricas y hoteleras españolas en Latinoamérica, desde México hasta Chile.
Sin importarle si esas compañías, españolas o de cualquier nacionalidad, erradican el hambre y la miseria, y si pagan sueldos dignos o no a las decenas de millares de trabajadores que emplean.
Entre las fotos-documentos que aporta Greenpeace aparece un complejo turístico de los hoteles NH en México construido legalmente al borde de una playa, y ciertamente bonito.
Un lugar que emplea a 322 personas, paisanaje cuyas familias sufrían pobreza endémica en Puerto Morelos, y para quienes el turismo es una bendición.
Basta ya: todo bienestar para los pobres se denuncia desde organizaciones ecologistas, dominadas por estetas que gozan de una renta que multiplica por mucho la de quienes habitan tierras que ellos dicen proteger. En realidad, la especie humana no les interesa.
Y como mezclan la defensa de delfines y focas bebés, tan emotiva, con estas campañas por la virginidad paisajística, la opinión pública los apoya sin analizar que sus cruzadas son esparcimientos de ricos colonos dedicados a cultivar hambrientos.
Hay una Habana y una dictadura cubana que el ministro español de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, no quiso ver hace unos días cuando estuvo en visita oficial allí.
Es la de los presos políticos, la de la miseria, la de los corrompidos cuadros del partido comunista y el pueblo tan resignado que ni siquiera se plantea luchar contra esa situación, la de una cuarta parte de los jóvenes que intercambia sexo por dinero o bienes de consumo regularmente, y la de otra cuarta parte que está dispuesta a hacerlo. Media juventud prostituíble, jinetera.
De esto no hablan ni Moratinos ni su jefe del Gobierno, Rodríguez Zapatero, no vaya a ser que un régimen tan venal se irrite y cierre los hoteles regentados por empresas españolas. El actual gobierno socialista español, que se presenta como paladín de la ética, es esclavo de los intereses empresariales.
La Habana y Cuba están retratadas con tremenda fuerza y rigor en el libro “Habana Flash” del escritor Xavier Alcalá, uno de los más leídos autores gallegos, aunque de origen y nacimiento manchego, de Miguelturra, Ciudad Real.
Publicado hace una década en gallego (Galaxia) y traducido ahora al castellano, acaba de aparecer editado por Nowtilus.
Y resulta sorprendente que un libro de viajes con formato de novela, publicado hace una década, resulte absolutamente actual: “Habana Flash”, que fue revisado por especialistas, sigue siendo un libro de referencia para quien quiera saber qué ocurre allí ahora mismo.
Sólo los notarios que legalizan un último testamente y los escritores clásicos logran que lo que escriben sea perenne.
Y este libro es así: un clásico sobre el comunismo cubano que deberían leer Moratinos, Zapatero y sus amigos, especialmente los artistas, para qué sepan quienes son esos encantadores Castro que tanto apoyan mundo adelante.
Maribel Verdú es una actriz española guapa, pizpireta, desgarrada o dulce, elegante o desastrada, según sea su papel, pero, ay, es el prototipo de los artistas de cine y de teatro españoles que fuera de la pantalla o del escenario se expresan con groserías, quizás por falta de lecturas y de un vocabulario variado.
No ocurre así con sus colegas de habla inglesa, por ejemplo, Nicole Kidman, que vendría a ser una Maribel Verdú a las órdenes de Francis Ford Coppola, como ha hecho la actriz española en Argentina en la última obra del de director de los tres “El Padrino”.
Kidman y los demás actores anglohablantes tratan de usar un lenguaje rico en vocablos y exquisito en la expresión cuando contestan a las entrevistas periodísticas.
Pero leamos lo que le decía Verdú hace poco a una periodista sobre la subida de impuestos: “Me joden que te cagas, qué quiere que le diga. Pero me descojono”. Luego, explicaba que es una patosa calzando tacones: “Voy andando y me escoño”. O también, "eché un polvo en el cine a los 14 años, mucho antes de hacerlo de verdad".
Aquí no se trata de sus opiniones políticas, tan radicales en el artisterío nacional contra la media España que vota al PP, y que provoca que ese público rechace ver cine español. Se trata de una cuestión de elegancia, de buen gusto, de hablar con educación.
Maribel Verdú es el prototipo del español contemporáneo que acude a la grosería para explicarse al serle difícil usar un vocabulario frondoso.
Sin necesidad de visitar América hable usted con cualquier campesino latinoamericano inmigrante aquí, analice cómo se explica, y descubrirá mayor precisión y riqueza de palabras que esta gente tan guapa, pero tan grosera y de verbo paupérrimo.
Sábado, 7 de noviembre
Felipe Pou Ampuero
Rufino Soriano Tena
Juan M. Delafuente
Vilagarcía na Rede
Antonio Javier Vicente Gil
Pedro Fernández Barbadillo
Inmaculada Sánchez Ramos
Profesionales por la Ética
JUAN JULIO ALFAYA
Juan Fernandez Krohn