Cuando los bomberos de Nueva York editaron un calendario, alrededor de 1920, para que las mujeres admiraran sus atléticos torsos desnudos, unas chicas de inacabables piernas que bailaban en el Radio City Music Hall de la ciudad, hicieron el suyo.
Y entonces, las muchas señoras ardientes por los apagafuegos, protestaban indignadas ante la exhibición de la apabullante belleza de las Rockettes, a las que acusaban de dañar el entonces incipiente feminismo.
Casi noventa años después, en España se reacciona igual ante los calendarios anuales de los bomberos de Ferrol, que fueron los primeros en imitar aquí a los neoyorkinos, y los de las azafatas de la compañía aérea Raynair.
Nadie se queja de unos tipos con sus músculos empapados en brillantinas que, desnudos, sólo tapan con los instrumentos de trabajo su pretendida supervirilidad.
Pero en cuanto aparecen las azafatas de Ryanair, que sólo enseñan redondeces ocultas bajo sus bikinis, surgen organizaciones feministas, de consumidores, el Instituto de la Mujer, el Ministerio de Igualdad para protestar contra esas hermosas damas.
Todos los animales, incluido el humano, alardean de atributos físicos para reproducirse con la mejor pareja posible. Cruzar bomberos y azafatas mejoraría la especie, porque las especies no son seudoprogresistas –progres-- ni igualitarias, sino exigentes y selectivas, por tanto, progresistas de verdad.
Antiguamente, las militantes de izquierda menos agraciadas, y eran muchas, entregaban su cuerpo solamente a la Causa, que eran los camaradas también zarrapastrosos y, a la vez, menos escrupulosos. Situación que se repite ahora con los antisistema.
Y había derechistas de ambos sexos, de poco atractiva persona, que, a falta de demandantes de favores, sólo podían prometérselos a espíritus celestiales.
La fealdad interior, la insatisfacción, generan frustración y resentimiento, que se envuelven en seudoprogresismos, velos, pañuelos guerrilleros palestinos y cultivo de piojos para ocultar envidia, miedo u odio a las personas alegres y desinhibidas que muestran su belleza.
Hay dos políticos españoles de verbo gallardo y heroico: Ignasi Guardans, de CiU, y José Blanco, del PSOE, que acusan a Esperanza Aguirre de haber huido de los atentados de Bombay abandonando a los empresarios madrileños que la acompañaban.
Guardans habla como víctima, pero cuando los terroristas atacaron él estaba lejos de los atentados. Y juzga a Aguirre, que los sufrió y salió de ellos manchada de sangre humana, ignorando qué debe hacer un político extranjero en una situación así.
Porque quien no sea policía, agente estatal o periodista debe alejarse de las zonas de combate. Durante unos atentados indiscriminados no se puede molestar a la policía ni robarle personal para la propia protección.
Guardans añade, homérico, que “me quedé con una delegación de eurodiputados hasta el final porque el capitán es el último que abandona el barco”.
Es que, aparte de estar lejos del peligro, tuvo que permanecer en Bombay por su propia torpeza: responsable del viaje, había dejado la documentación de los eurodiputados en el hotel y no podía recuperarla.
Desconocía que en lugares así siempre deben llevarse papeles y dinero en fajas bajo la ropa que los ocultan, y dinero de mano para atracadorres.
Para la policía, aquellos indocumentados podían ser cómplices de los terroristas, por lo que Guardans puso en peligro la vida de los eurodiputados, que deberían denunciarlo por su ineptitud.
Además, él sí cometió un grave abandono: siendo catalanista, dejó en Bombay a un matrimonio barcelonés que resultó seriamente herido.
Quizás ataca a Aguirre, que volvió a España con otros madrileños que habían salido con ella del peligro, para no hablar de su huída.
Apabullante ganadora de elecciones en el rojo Madrid de 1936/39 --y de 1979 a 1995, con Tierno Galván y Joaquín Leguina--, sus opositores la odian más cada día.
Como ha demostrado José Blanco atacándola también, seguramente porque sabe salir indemne y reforzada tras sufrir agresiones, y hasta después de estrellarse con un helicóptero, hizo tres años el 1 de diciembre.
Los crucifijos desaparecerán de los colegios públicos porque hay padres que rechazan que sus hijos vean ese “signo agresivo” de la cultura occidental, hija del mundo judeocristiano y del grecorromano.
La cruz es más que dos maderas: bajo su advocación refulgieron románico, gótico o barroco, el Renacimiento, Shakespeare o Cervantes, la gran pintura , la gran música o la metafísica, aunque también la inquisición y tantas guerras religiosas.
A pesar de sus creyentes fanáticos fue lo suficientemente flexible como para que sus hijos crearan los derechos humanos, el librepensamiento, la libertad, la democracia. Cimas inalcanzadas en otras culturas.
Darwin tenía una profunda formación anglicana. Tomado como ateo, no lo era, pero hasta nuestros ateos son culturalmente judeocristianos.
Prescindamos de la cruz en las escuelas aconfesionales, pero solamente si antes se cumplen las leyes que exigen la presencia de símbolos de esta sociedad con dos milenios de historia: escudos o banderas –véanse EE.UU. o Francia-- y transmisión del orgullo por pertenecer a la cultura occidental, tan evolucionada.
Porque esas señas de identidad que mantienen altivamente otros países democráticos han sido eliminadas en España coercitiva y despectivamente por quienes rechazan los crucifijos mientras apoyan, qué curioso su relativismo, la introducción de agresivas identidades premodernas, cruelmente medievales.
En los centros educativos no aparecen, por ejemplo, las banderas que recuerdan la identidad común, y se enseña una historia masoquista políticamente correcta según la cual siempre hemos sido agresores y “el otro”, como el imperialismo islámico o la antropofagia azteca, víctima.
Simultáneamente se patrocinan múltiples muestras de contracultura y antidemocráticas en los colegios, y se considera progresista no prohibir el velo que somete niñas que valen la mitad que sus hermanos varones.
Quedaba la cruz, pero se retira para contentar “al otro”: simbólico sacrificio cristiano.
Fue la gran noticia del domingo en El País digital: “The Washington Post asemeja a Obama con Zapatero y señala su cercanía incluso en lo personal”.
Inmediatamente numerosos medios informativos españoles, reprodujeron la halagadora noticia que igualaba a Rodríguez Z con el político mundial de moda.
Pero era una historia falsa, porque ese parecido Obama-Z estaba solamente en la columna de Jim Hoagland, uno de los 27 comentaristas habituales del periódico.
Debe saberse que la opinión del WP se expresa únicamente en editoriales sin firma. La última vez que sentenció sobre Z fue tras la huída de las tropas españolas de Irak sin pactar una retirada honorable.
Tras el editorial de Irak se desconoce qué piensa el periódico ahora sobre Zapatero. Ni siquiera lo mencionó --igual que el New York Times-- como asistente a la reunión del G20 de hace unos días en Washington.
Los suyos engañan a los ciudadanos que desconocen la estructura de diarios como el WP porque están empeñados en presentar a Z como político de talla internacional, cuando fuera se le ve como un insolvente.
Además, la columna de Hoagland, no era tan laudatoria: comparaba maliciosamente su política con el rupturismo estrambótico de Almodóvar.
Aún así era más amable que otra de su compañero Roger Cohen, columnista del New York Times, que visitó a Z en Moncloa el pasado octubre. Los zapateristas esperaban un retrato amable, pero Cohen lo presentó feamente describiéndolo en ese diario y en el International Herald Tribune como un relativista del que nadie, ni siquiera Obama, debe fiarse.
Hoagland vio a Zapatero durante su estancia en Washington para asistir como invitado de Sarkozy a la reunión del G-20 convocada por el presidente estadounidense.
Y escribe que cuando Bush le dio la mano en la Casa Blanca “lo legitimó como líder mundial”. Una maldad para recordar que Z mendigó este momento durante casi cinco años.
Debemos repudiar a los agitadores de masas que no alaban a nuestros gobernantes. Hay que aislarlos informativamente, como a Ciudadanos y UPyD, o censurarlos y cerrarles emisoras, como acaban de hacer en Cataluña con la COPE y Punto Radio.
Federico Jiménez Losantos y César Vidal, de la COPE, irritan a oyentes masoquistas con sus ataques al PSOE, los nacionalistas y a buena parte del Partido Popular.
Para información ejemplar, la SER: sólo persigue al PP y apoya al PSOE y a los nacionalistas; así, todos le pagan con nuevas emisoras, incluido el tembloroso PP.
Losantos hace afirmaciones por las que a veces lo condenan legalmente. Pero el poder quiere castigarlo más. Añora la Ley de Defensa de la República, de 1931, que penaba gravemente las informaciones que pudieran “quebrantar el crédito o perturbar la paz o el orden público” (Art.1.3).
"No estoy de acuerdo con su opinión, pero daría mi vida por su derecho a defenderla", decía Voltaire. Era el naciente liberalismo frente al “Ancien Régime”, al que están devolviéndonos porque callan a quien ataque las ideas autoproclamadas progresistas, aunque sean reaccionarias, o religiones, salvo la cristiana.
Cuando Voltaire pronunció la frase, los curas, hoy dueños de la COPE, eran el “Ancien Régime” que acosaba a los ilustrados.
Los liberales no perseguían a nadie, pero hay inquisidores de antaño que visten hábitos seudoprogresistas y nacionalistas que acosan ahora el librepensamiento.
Ejemplo: el socialnacionalismo catalán arremetió iracundo contra The Economist porque aireó su aldeanismo; cerraría el semanario británico, si pudiera.
Por menos expropiaron emisoras de Punto Radio, a pesar de que Luís del Olmo, enemigo de Losantos, era obsequioso con los socialnacionalistas.
Cristina Almeida condensó el subconsciente de estos falsos progresistas al decir que quemaría los libros de César Vidal y similares.
Nada de escandalosos incendios. Cierre de medios y reactivemos el Artículo.1.3.
Quienes resucitaron a Franco para hacerle perder la guerra civil y procesarlo como asesino destruyeron gran parte de la idea generalizada de la bondad republicana y la maldad absoluta del dictador.
Al desenterrar reiteradamente a Franco décadas después de su muerte no pudieron evitar que mucha gente joven se preguntara por qué en 1969, en la oprobiosa cárcel de Carabanchel, había solamente a unos sesenta presos políticos, y por qué el dictador murió de viejo tras 36 años de poder bastante tranquilo.
La resurrección de Franco para condenarlo nuevamente, alimentada por hijos de franquistas con complejo de Edipo, dibujaba los 36 años del dictador como tiempos de terror inacabable, cuando este duró desde 1939 hasta 1949, y luego fue atenuándose.
Y al acusar a Franco de genocida similar a Hitler, como hizo el juez Garzón, reaparecieron con fuerza las tesis compensatorias de Stanley G. Payne, Ricardo de la Cierva, César Vidal o Pío Moa, que culpan de la guerra al izquierdismo revolucionario.
Afirman que desde 1934 las revoluciones en Asturias y Cataluña iniciaron los sangrientos golpes de estado izquierdistas que incitaron el levantamiento franquista.
Una teoría que mucha izquierda quisiera silenciar: la socialista y exdirigente comunista Cristina Almeida, de importante familia franquista, reconoció que quemaría los libros de esos autores.
En esta situación, la mayoría de los españoles formados tras la Transición y la amnistía entre los beligerantes cree que los dirigentes de ambos bandos eran igualmente sanguinarios y que, por cobardía, comodidad o agradecimiento, pocos se opusieron a Franco tras la guerra.
Ahora, quienes han resucitado al dictador han perdido la nueva confrontación. Lograron que la República aparezca como un régimen insensatamente anárquico y Franco menos malo de lo que realmente fue: como reincidan lo harán menos malo aún.
Se convirtió en Washington. José Luís Rodríguez Z volvió “born again”, renacido espiritual tras entrar en la Casa Blanca. Saludado por Bush, se transmutó en neocon.
Aunque trate de cambiar su nuevo discurso ante sus compañeros de partido, ha vuelto proclamando con entusiasmo que EE.UU. es la patria de la libertad y de la justicia, quién lo diría cuando se sentó al paso de su bandera.
Debió aparecérsele Reagan en espíritu: alaba la reducción de impuestos y la absoluta libertad de mercado, tanto, que permite que mafiosos rusos se apoderen de Repsol, hasta ayer nuestra "campeona nacional", decía, como empresa estratégica.
Ahora, y a pesar de sus cinco años tratando de resucitarlo, se alegra de que la "memoria colectiva de la sociedad española" haya olvidado el 20N, cuando murió Franco.
Y resulta que, 33 años después, “Ya no queda prácticamente ninguna añoranza de él entre los españoles porque han comprobado lo bien que se vive en libertad, en democracia y juntos".
Lo que da a entender que, pasada una generación, el pueblo español ha superado cierto dolor –añoranza-- por la desaparición del dictador que lo oprimió durante 36 años, tras tres de guerra civil.
Creencia que merece un análisis sicológico. Porque sólo puede obedecer a la percepción de quien vivió bajo el franquismo una infancia y adolescencia agradables, a pesar del fusilamiento del abuelo paterno; claro que el materno era muy del franquismo.
Quienes sufrieron a Franco no dirían satisfechos que muchos españoles ya no lo añoran, porque con esas palabras reconocerían que no era detestado por todos.
Realmente, Z y su corte sólo son antifranquistas “born again”, renacidos. Relativistas que añoran inconscientemente algunas características de la dictadura, lo que los hace comprensivos con dictadores actuales, como los Castro y sus aliados, e incluso con los mafiosos político-comerciales cercanos al despotismo de Putin.
Al-Qaeda acaba de lanzarle a Barack Obama el insulto que mejor expresa el histórico racismo árabe al llamarle “esclavo negro”.
Y, que conste, de no ser tan poderoso, Obama sería despreciado con iguales términos en cualquier parte del Golfo Arábigo, donde califican así a prácticamente todos los negros.
Eso es lo que advierte uno de los periodistas árabes más conocidos del mundo, Abd Al-Bari Atwan, director del periódico londinense Al-Quds Al-Arabi, fundamental para entender los países islámicos. Además, es comentarista de medios como CNN y Al-Jazeera.
Atwan nació en un campo de refugiados palestino y afirma que desea que Irán destruya Israel: no es sospechoso de antiarabismo.
Y ha tenido la valentía de confesar hace unos días en la BBC que el racismo explica las conductas detestables, individuales y colectivas, de muchos árabes del Golfo, que los antropólogos occidentales pocas veces comentan para no ser tachados, ellos, de racistas.
En esas tierras por las que predicó Mahoma nunca le darían la ciudadanía a Obama, aunque fuera musulmán, asegura Abd. Los negros siempre fueron esclavos y la mentalidad dominante sigue viéndolos así.
Obama sería despreciado por los nacionales, henchidos de orgullo por el origen aristocrático que les da una genealogía, verdadera o no, de supuestos descendientes de Mahoma o de sus primeros seguidores: herencia y sangre que son base del sistema social arábigo.
De vivir allí sería uno más de los inmigrantes temporales africanos cuyas casas son contenedores metálicos de mercancías.
“Me duele decirlo, pero nosotros, los árabes, somos la encarnación del mayor racismo conocido”, afirmó Atwan ante la BBC.
Una misión fundamental de Obama, dice, será forzar a esos países a eliminar esa mentalidad medieval que ve en todo negro un “esclavo negro” al que es común llamarle también “perro inmundo”.
El Gobierno anuncia que endurecerá el Código Penal llamado de la Democracia, aprobado hace trece años estos días y presentado entonces como el más progresista del mundo.
Quienes protestaban contra su lenidad eran tratados como reaccionarios, opresores y franquistas, porque la ideología madre del Código era que el delincuente es una víctima social, cuyos crímenes, además, debían prescribir enseguida.
Esa legislación nació durante el último mandado de un Felipe González acosado por la corrupción de numerosos dirigentes socialistas y por el caso GAL.
Se acercaban las elecciones de 1996 y el ministro de Justicia, Juan Alberto Belloch, quería dejar como herencia histórica una reforma progresista y revolucionaria de la justicia, como las de 1848 y 1932.
Belloch, fundador de la organización minoritaria e izquierdista Jueces para la Democracia, será recordado por lo contrario: con su ley la víctima del delito resultó, casi, el delincuente, por lo que los gobiernos posteriores han tenido que reformar constantemente su articulado como se hará ahora por enésima vez.
El hoy alcalde de Zaragoza había empleado a su ayudante, la hoy vicepresidenta De la Vega, y a la mayoría socialista, para rechazar casi todas las enmiendas a ese Código que dejó a los ciudadanos inermes ante muchos crímenes, e incluso diluyó, prácticamente, la reincidencia.
Simultáneamente suavizó, por ejemplo, la pederastia. La reducción de cautelas facilitó indirectamente asesinatos como el de la niña Mari Luz Cortés.
Cada intento de mejora desde 1995 chocaba con gente de la escuela Belloch, que acusaba de reaccionarios dictadores a quienes denunciaban los graves daños que sufría la ciudadanía.
Ahora, De la Vega y sus pares tienen que endurecer las penas afirmando sin rubor que siempre habían propuesto estas reformas.
Y en ausencia de una oposición fiable, los ciudadanos aceptarán la falsedad
Conclusión de la reunión en Washington del G-20: China comunista, el islám árabe que debía rechazar el crédito como negocio, y quien defendía el socialismo, como Lula en Brasil, han consagrado el capitalismo como único sistema económico mundial.
Incluso lo apoya sin objeciones el supuestamente socialdemócrata Rodríguez Z, que abandonó su anunciado discurso gochista para seguir las propuestas neocon que defienden el liberalismo comercial y, especialmente, la reducción de impuestos.
En definitiva, el encuentro de este fin de semana rechaza crear un sistema financiero antineocon, como pedían previamente Z y las izquierdas tradicionales, y corona el capitalismo como base económica internacional.
Sólo se aplicarán algunas reformas, algo parecido al cambio de hasta tres jugadores en un partido de fútbol: el equipo sigue siendo el mismo y sólo se permutan futbolistas y algunas tácticas de juego.
Pero se siguen las reglas del deporte, en este caso las del capitalismo, según las cuales bienestar y progreso dependen de que las empresas privadas obtengan beneficios honradamente, no con estafas como las que han creado la crisis actual.
No hay una refundación del capitalismo, ni mucho menos la pintoresca revolución socialdemócrata que prometía Rodríguez Z y que supondría imponerle limitaciones al comercio y las finanzas, proteccionismo, más impuestos, e incluso economía planificada.
Todo se limita a corregir los aspectos más inmorales que han limitado temporalmente la sana expansión del capitalismo en la línea que solicitaba Hayek hace siete décadas.
Se corregirán y vigilarán los mercados de capitales, tan sólo para que no se conviertan en un negocio como el de la pirámide que, de seguir, arruinaría a numerosos países. Eso es todo.
Mientras, quienes anunciaban el Apocalipsis del capitalismo van sufriendo el suyo: en su angustiosa y dolorosa agonía ya no encuentran ni líderes, como le ocurre Izquierda Unida.
En la izquierda tomaron como gansada de la presidenta de Madrid, Esperanza Aguirre, su afirmación en TVE de que Franco había hecho política socialista.
¿Y si la provocativa afirmación fuera bastante cierta? Porque la política social de las dos primeras décadas del franquismo estaba más cerca del socialismo real que del capitalismo.
Recordemos que en los años 1930 las ideologías más expansivas en Europa se autoproclamaban izquierdistas, incluyendo las fascistas.
El PSOE defendía entonces la dictadura del proletariado y, aunque le asustaba, estaba fascinado por el éxito de la URRS; y los comunistas dependían directamente del Moscú estalinista.
El fundador del fascismo, Mussolini era un socialista radical, y los militantes de base del nacionalsocialismo-nazismo procedían del socialismo, del comunismo, del fascismo y del nacionalismo (como los actuales lepenistas y los socialnacionalistas regionales aquí).
Izquierdas tradicionales y fascismos, pues, rivalizaban con ofertas parecidas: economía planificada, estabilidad en el empleo, seguridad social, casas baratas, pensiones y educación universal.
Precisamente, la ausencia de esos objetivos definía el capitalismo de EE.UU., a pesar de afrontar importantes reformas sociales con el programa del New Deal (1933-1937) de Roosevelt.
Deberían analizarse desapasionadamente los paralelismos entre el comunismo y el socialismo de Largo Caballero, Negrín o Prieto, de un lado, y la doctrina falangista de Primo de Rivera, del otro, porque izquierda y lo que resultó ultraderecha atraían a militantes de base socialmente parecidos.
Franco aplicó parcialmente el “Estado Social Nacionalsindicalista” de la Falange, y creó un sistema de seguridades laborales que competían con las comunistas y que resultaron, finalmente, menos empobrecedoras.
Pasado el tiempo, y con el desarrollismo de los años 1960, el franquismo fue renunciando al fascismo camino del capitalismo.
Sí: inicialmente la España de Franco era más parecida a la URSS que a EE.UU. Aguirre tiene bastante razón.
Hay un libro que debería leer Steven Spielberg para hacer una película portentosa sobre un inquisidor español del Santo Oficio que, tras torturar y matar inocentes, se une a quienes deberían ser sus nuevas víctimas para salvar a la humanidad del Anticristo.
“La verdadera historia del Último Inquisidor y el maravilloso Oráculo de la Vida” (EDAF) es el título de la última obra de José de Cora, magnífico escritor de novelas algunas mágicas, como esta, y autor de la columna “El punto Je”, que sorprende diariamente a los lectores de numerosos periódicos.
Creemos que el futuro del mundo se decide entre grandes líderes en las capitales mundiales, pero no: en numerosos lugares hay cuevas de Hércules en las que anónimos silentes y venerados santos han depositado saberes que anuncian acontecimientos definitivos para la humanidad.
Descubiertos, poseen fórmulas que pueden destruirnos como especie o alargar nuestra existencia. En 1789 la maldad estuvo a punto de dominar el planeta intentando apoderarse de los misterios ocultos en una cueva bajo la ciudad de Lugo, y ahora se acerca 2012, la fecha en la que, según el libro-oráculo Otz Chaim, va a repetirse aquel “Día de la Lluvia”.
Don Prímolo del Mercado nos salvó en el siglo XVIII, y lavó sus morbosos y terribles crímenes como inquisidor. Lo hizo con ayuda de sus sicarios y algunos perseguidos, entre ellos judíos toledanos, poseedores de saberes recogidos en el Otz Chaim, un misterio vivo que responde a quien tiene poder para interrogarlo.
La novela contiene una extraordinaria riqueza literaria, lingüística, histórica y cultural. Es una eclosión de imaginación con mil entradas, salidas y recovecos que la hacen fascinante, una de las mejores novelas mitológicas de los últimos años en cualquier idioma.
Obra que debes filmar, Steven. Anímate.
España iba a situarse en la vanguardia mundial de la lucha contra el hambre y en defensa de los derechos humanos, la mujer y los indefensos, según le prometía Rodríguez Z al electorado.
Por eso su vicepresidenta De la Vega viaja por África mimetizándose con el paisanaje: viste y baila como las nativas, y confraterniza con polígamos rodeados de esposas-niñas, como el capataz de un empresario ejemplar español en Níger.
Miquel Barceló pinta una cúpula para ensalzar la Alianza de las Civilizaciones de Rodríguez Z en un edificio de la ONU, en Ginebra. La obra, que costó veinte millones de euros, aporta cultura a la lucha contra el hambre, según un portavoz gubernamental.
También lo hicieron los 500 millones que le donó Z al exsecretario general de esa organización, Kofi Annan, para que promocionara su fracasada Alianza.
Mientras, España caía siete puestos, del 10 al 17, en la lista mundial de igualdad hombre-mujer del Foro Económico Mundial, por detrás de Sri Lanka o Lesotho.
Las ayudas gubernamentales anunciadas para los discapacitados no llegaban a las CC.AA., lo que convertía las promesas en propaganda.
¿España lucha contra el hambre?: Entre el 18 y el 22 de este noviembre se reúne en Roma la Asamblea de la FAO, agencia de la ONU para alimentar a 923 millones de pobres.
En sus comisiones participan 66 países de todos los continentes. Hay 13 europeos, pero España no aparece por ninguna parte, ni en la más humilde secretaría.
Claro que Rodríguez Z fue a Washington para sacar a los españoles del “rincón de la historia” en el que estaban, según De la Vega, y, además, para enseñarle al mundo socialdemocracia, igualdad hombre-mujer, apoyar a los dependientes y desvalidos, y para explicar cómo luchar artísticamente contra el hambre. Pero de nada de eso se atrevió a hablar y sólo bendijo a los Neocon.
José Blanco es el político más brillante del PSOE, tan lúcido que pese a carecer de carrera universitaria desmantela con sabiduría estratégica y táctica a quienes han superado durísimas oposiciones, como Mariano Rajoy, Registrador de la Propiedad.
Su inteligencia natural ha construido como secretario general del PSOE y presidente del Gobierno al osado e imprudente José Luís Rodríguez Z, parco en formación y luces.
Realimentando la mediocridad general consigue que millones de votantes crean que el desarrollo social español es obra de Z, cuyo único logro extraordinario ha sido llamarle matrimonio al enlace gay.
Sanidad, seguro de desempleo, pensiones y demás servicios sociales existían desde antes de que este Adán empezara a arruinarlos.
El ingenio de Blanco convence de que es socialista entregarle ingentes fondos públicos a los banqueros o apoyar en Cuba a los hoteleros españoles, negreros de obreros locales a medias con los Castro.
Durante el franquismo los socialistas extranjeros venían aquí a solidarizarse con los demócratas antirrégimen y denunciar a sus compatriotas empresarios que explotaban a los trabajadores españoles.
Los que apoyaban a aquellas empresas no eran los socialistas, sino comerciales de embajadas y comisionistas.
Ahora, José Blanco, sin cargo gubernamental, sino como vicesecretario general socialista, reconoce que acaba de viajar a Cuba para ayudar a los hoteleros. No a los demócratas cubanos, víctimas de una dictadura más larga y empobrecedora que la franquista.
El PSOE actual, pues, favorece negocios suplantando a los comisionistas y a los viajantes comerciales: lógicamente, obtendrá sustanciosos premios por esas intermediaciones.
El PSOE, que era socialista, español y obrero, podría llamarse ahora PCCNREON, esto es, “Partido Comisionista del Capitalismo y Nacionalista Regional, Entre Otros Negocios”.
Nacionalista Regional: por eso, hay entidades de crédito como la Caixa que le condonan sus multimillonarias deudas.
Aunque en España se la atribuyen a Aznar, la idea de crear una “Alianza de Civilizados” es de Tony Blair. La enunció al rechazar el hermanamiento de dictaduras y democracias que le proponía Rodríguez Z con su “Alianza de Civilizaciones”.
Z también le pidió infructuosamente que apoyara su propuesta de confiar en la ONU como el organismo multilateral que resuelva todas las crisis, incluidas las económicas.
Ahora Rodríguez Z no exige convocar el Consejo Económico y Social de Naciones Unidas, que debería estudiar el problema financiero mundial.
Se conforma con ocupar media silla prestada por Francia –Holanda tiene otra media—en la reunión del G-20, organismo fundado bajo inspiración estadounidense y formado por el G-7 más Rusia, 11 países emergentes, la UE, los bancos Europeo y Mundial, y el FMI.
El convocante es George Bush, que acepta a Rodríguez Z en Washington solamente por complacer al Rey Juan Carlos, y quizás a algunos españoles.
Z espera ahora que Obama vea favorablemente sus anhelos de que EE.UU. deje de actuar unilateralmente y que confíe en el multilateralismo de la ONU.
Desconoce que para EE.UU. la ONU es una organización poco respetable, controlada en buena medida por sátrapas.
Por ejemplo, su Consejo de Derechos Humanos alberga a Cuba, Argelia o Nigeria, y le ha exigido a España que “no oprima” al País Vasco.
Cierto, el G-20 acoge a países totalitarios, como China o Arabia Saudita –Zapatero desconocía hasta ir a Washington que este último país pertenece al grupo—, pero teóricamente posee una eficacia operativa superior al saco de gatos de la ONU: está movido por intereses económicos comunes.
Quizás Obama, aunque apoye verbalmente a la ONU, funde alianzas de civilizados para ayudar a descubrir que democracia y capitalismo se necesitan mutuamente: empiezan a admitirlo incluso en China.
Aunque teóricamente Europa tendrá una sola voz a la reunión del G-20 en Washington del día 15, José Luís Rodríguez Z podría presentar en solitario una oferta que, sin duda, nadie rachazará.
Seguramente la tiene muy pensada y estará en la línea que le marcó hace poco a los españoles: consumir, consumir mucho para que le economía recupere su ritmo.
EE.UU. es el país más consumista del planeta. Pero sus políticos son comedidos con el gasto público: los electores los vigilan atentamente.
Antes de las elecciones Barack Obama sólo tenía un buen traje para grandes actos y su mujer compraba la ropa en las rebajas y por internet.
La derrotada aspirante a vicepresidenta, Sarah Palin vendió el avión privado del Estado de Alaska cuando la eligieron gobernadora, usado hasta entonces para recorrer un territorio tres veces y media más grande que España: quería mostrarse frugal con los dineros públicos.
Pero su partido, el Republicano, cometió un error en campaña electoral: invirtió 125.000 dólares, unos 97.000 euros, en ropa y arreglos para ponerla más guapa. Un dispendio que, tras conocerse, le costó muchos votos.
Una injusticia: el país más rico del mundo dominado por una sobriedad que viene sin duda de los puritanos del Mayflower: quizás Z deba demoler ese concepto religioso de que los representantes políticos pecan al consumir demasiado.
Podría explicar lo multiplicadores de riqueza popular que son sus viajes de compras a Londres en aviones del Estado, los 500.000 euros que gastan en arreglar el despacho los presidentes regionales, los 100.000 para el reposapiés de limusina de cualquier jefe taifa, la riqueza que produce blindar miles de coches Audi.
Obama debe saberlo: gastando como los políticos españoles reactivaría la economía. Además, los contribuyentes necesitamos rémoras, parásitos que nos limpien los fondos de los barcos, perdón, de los bancos.
La ignorancia gubernamental en asuntos internacionales llega al extremo de que su ministro mejor formado e informado, Pedro Solbes, pide que el G-20 invite a Washington a Arabia Saudita, ignorando que es miembro fundador de ese club a cuya reunión acudirá Rodríguez Z con silla francesa prestada.
Eran las 09,24 horas de este martes en el programa de Carlos Herrera en Onda Cero (minuto 20). Entrevistaban al vicepresidente. Tras justificar la presencia española en el G-20, Solbes nombró otros países que también deberían estar.
Hizo especial hincapié en Arabia Saudita, al que “se echa en falta”, dada su importancia económica. Es incomprensible que no esté, insistió.
Si Solbes desconoce que ese país es el miembro número uno del G-20, qué sabrá el resto del Gobierno, especialmente Rodríguez Z.
Lo que explica las sonrisas burlonas de dirigentes extranjeros, como Sarkozy, cuando el primer ministro español se ahuecó solemnemente para advertir que, además de España, debería estar en Washington “algún país árabe”.
Es lógico: no estudian, no reflexionan. Sólo tienen ocurrencias. Como la Alianza de Civilizaciones, exudación de Rodríguez Z tras visitar la ONU, en Nueva York, como él mismo confesó.
Deseó la paz universal, incluyendo Afganistán, levitó, y ahora su inspiración mística la estudian obligatoriamente militares, diplomáticos y escolares españoles: para predicarla quizás creó Educación para la Ciudadanía.
Las ocurrencias sustituyen la reflexión de equipos de expertos que deberían elaborar doctrinas duraderas de política nacional y exterior: Z tiene una iluminación y sus aduladores la aplauden, aún siendo una tontería.
Rodríguez Z, menos preparado que Solbes, da instrucciones extravagantes y ningún consejero o ministro se atreve a señalárselo: por eso, la diplomacia española es el hazmerreír del mundo civilizado.
No lo proclaman públicamente sólo porque sus dirigentes respetan al Rey, que es quien tiene que resolver los problemas que van plantando estos adanes.
Aznar también era un osado, aunque chulesco, y quizás por eso inspiraba más prevención que risas. En todo caso, pobre España.
----------------
G-20
HOLANDA TAMBIÉN ESTARÁ: es la séptima potencia financiera. Doce veces más pequeña que España y un tercio de su población. Sarkozy la ha invitado y ha dejado a España con media silla, que compartirá además con Chequia por sugerencia francesa.
El gran triunfo diplomático de Z...
Hijo de musulmán negro y de blanca-anglosajona-protestante, WASP, Barack Hussein Obama está rodeándose de asesores judíos igual que hicieron George W. Bush, Clinton y tantos otros dirigentes estadounidenses.
Su jefe de Gabinete, realmente más poderoso que el católico vicepresidente Joe Biden, es el congresista Rahm Israel Emanuel; su consejero económico más conocido es Joe Volcker, expresidente de la Reserva Federal, también judío, y su asesora de asuntos internos, la gobernadora de Illinois, Jennifer Granholm, tiene origen sueco y apellido hebreo; y hay bastantes más.
Resultará fascinante ver a Hussein y a Israel regir el país más poderoso del mundo, pero más didáctico será analizar por qué los dirigentes estadounidenses se rodean de judíos.
Los antisemitas lo achacan a la conspiración sionista de “Los protocolos de los sabios de Sión”, panfleto creado por la policía secreta rusa en 1903 para justificar sus pogromos, útil para el exterminio nazi de seis millones de judíos, y usado aún para justificar el odio a un pueblo más irreligioso que devoto.
El éxito de los judíos estadounidenses es el reverso de odio que provocan entre gentes acomplejadas, envidiosas y resentidas, que necesitan culpar de sus fracasos a quienes triunfan intelectual o económicamente en una misma sociedad.
Ese éxito se debe exclusivamente al constante estudio y esfuerzo que se transmiten de generación en generación desde hace milenios.
Su mayor preparación, imaginación y competitividad fustiga envidias entre vagos e inútiles. Pero en sociedades ingeniosas como la estadounidense, son motores del progreso.
Y son útiles en toda circunstancia: siempre dieron científicos como Einstein, o grandes pensadores como Karl Marx y los Hermanos Marx.
Aunque los judíos del futuro, con ética de estudio, talento y trabajo similares, serán los asiáticos del Extremo Oriente. Que además son muchísimos.
La guerra civil española produjo un millón de exiliados, algo así como el tres por ciento de la población de entonces, pero ahora mismo el terrorismo etarra y el nacionalismo han enviado al exilio a 200.000 vascos, casi el diez por ciento de los habitantes de Euskadi.
Proporcionalmente, tres veces más exiliados que los de la guerra civil, lo que ocurre con el apoyo cómplice o cobarde de buena parte de los naturales del esa comunidad.
Pero también de toda España, donde se muestra solidaridad con cualquier perseguido en lugares lejanos mientras cerramos los ojos ante el sufrimiento de los compatriotas a los que matan en atentados y someten a un terror permanente en una tierra en la que muchos presumen de vivir bien y confortablemente.
No: allí vive horriblemente mal quien no se humilla plegándose al nacionalismo. Pero no queremos saberlo, aunque nos lo cuente el director de cine bilbaíno, Iñaki Arteta, quien tras el terrible “Trece entre Mil” centrado en los asesinados y sus familias, estrena ahora “El Infierno Vasco”, impresionante y conmovedor documental sobre los actuales exiliados.
Veamos a la gente solidaria: ni uno solo de los cantantes o compositores de mayor fama quiso colaborar con esta película que recoge la vida de 27 seres perseguidos por los criminales o por el odio y desprecio de los nacionalistas.
Artistas que imitaban las cejas circunflejas de Rodríguez Z, pagados con dinero público, que le regalan flores a los etarras, se negaron a entregarle una canción a las víctimas.
Pero no solo ellos. Este es un país amedrentado y cobarde: Arteta solamente ha conseguido que se estrene la película en ocho cines de toda España. En ocho, contados.
Lo que hace recordar a los alemanes que decían desconocer el horror de los campos de exterminio, pero que presumían de su país como una gran potencia económica: ocurre ahora mismo aquí.
------------------
AFGANISTÁN
Entre las numerosas Crónicas Bárbaras en las que se analiza la guerra de Afganistán, esta, de abril de 2006 podía reescribirse hoy, cambiando tan sólo la cantidad de soldados, unos 800 ahora.
O esta, más reciente.
En realidad, la mayoría de las 89 que señala el buscador Rollyo de este blog.
-------------
MARAGALL
La crónica del pasado 28 de octubre, titulada Maragall franquista se quedó muy corta al describir las relaciones entre el franquismo y las fuerzas vivas de Cataluña, por ejemplo, en 1960, como puede verse aquí.
Es de esperar que La Vanguardia no retire esta página y otras similares, como ha hecho algún periódico con las que dejaban ver las privilegiadas relaciones de furibundos antifranquistas actuales con el viejo régimen, en algunas de las cuales aprecían con uniformes de Falange.
Le debo la referencia a la página Heterodoxias.
-- Os dije que lo lograría, que iba a estar en Washington aunque fuera en la silla del secretario de Sarkozy. Habrá una veintena de discursos pomposos, entre ellos el mío, y Bush ordenará qué debemos hacer. Vale. Pero saldré sonriendo en muchas fotos y en las televisiones mundiales, quizás cerca de Obama.
-- Jefe, que le pagaremos carísimo a Francia el reclinatorio que nos presta. Más que Carlos IV al gabacho Napoleón, que terminó invadiéndonos…
-- Desconocía esa historia. Pero no me vengáis con tonterías del pasado.
-- Recuerda que la frase más famosa del filósofo hispano-estadounidense George Santayana dice: “Los que no pueden recordar el pasado están condenados a repetirlo”.
-- No, esa genialidad tiene que ser de Suso de Toro. O de Philip Pettit, mi extranjero predilecto en cuyo honor seguramente Sarkozy me prometió una “Petite, Petite Chaise”. ¿Qué significan esas palabras?
-- “Silla pequeñita”, jefe. Por la que los franceses nos exigirán que cedamos nuestro protagonismo en Latinoamérica y/o facilitarle allí la penetración de sus empresas.
-- Lógico: quien algo quiere, algo le cuesta. Yo estaré en Washington, que es de lo que se trataba, aunque sea de “Petite Chaise”.
-- Es que Sarko quiere que le concedamos a su país los mejores contratos, exige que le compremos su tecnología y armas, y que no le hagan competencia las empresas españolas.
-- De acuerdo, pero yo estaré en las fotos de Washington, que de mí no se ríe Bush.
-- Muy bien, jefe. Pues seremos aún más satélites de París.
-- Mejor París que Washington. Paris bien vale una silla. Además, estoy pensando encargarle nuestros asuntos a los diplomáticos franceses. Con las CC.AA. abriendo sus embajadas mundo adelante, especialmente la catalana y vasca, ya estamos bien representados.
“Avon llama a su puerta”, dice el anuncio de la empresa estadounidense que presume de que sus vendedoras casa por casa son económicamente independientes y de ayudar a los países del tercer mundo.
España debe serlo porque, según Avon, tiene hospitales mal dotados a los que les dona unidades de mamografía, lo mismo que hace en China y otros países pobres.
Se lo dijo al New York Times la presidenta y directora ejecutiva de Avon, Andrea Jung, una asiática orgullosa de la independencia económica que logran sus 5,5 millones de vendedoras en casi todo el planeta.
Es común ver a España como parte del tercer mundo en los media estadounidenses. Tras los primeros años de la transición, los políticos españoles volvieron do solían: a españolear mundo adelante sus querellas navajeras, que se añaden publicitariamente a la imagen tópica de toros, guerra civil, boina y garrota.
Mientras, otros países europeos con peor historia se conocen por su elevada producción científica o intelectual.
Plácido Domingo, Rojas Marcos, Valentín Fuster, Antonio Banderas, Gasol o Ferrán Adriá cambian algo la percepción de la vieja España tercermundista, pero la política nacional unida al país retratado por Hemingway y los tópicos hacen que se vea a los españoles más dominados por las pasiones que por los intereses generales o el intelecto.
Esa es la España que seguramente imaginan Brack Obama y su equipo de asesores, que analizan con igual frialdad, mirando para los intereses de su país, a aznaristas y zapateristas, aunque estos últimos vean al presidente electo como un futuro amigo.
El Real Instituto Elcano acaba de hacer un estudio sobre la imagen española en EE.UU. y dice que ahora se diferencia menos que hace diez años de otros países occidentales. Quizás, pero Avon sigue donando mamógrafos.
Y Z, tras tanta soberbia, malas formas y hostilidad, finalmente tiene que darle las gracias a Bush por dejarle ir a Washington. Bush generoso, claro, por la mediación del Rey.
Los amigos del académico y catedrático de Historia Moderna de la Complutense, José Alcalá-Zamora y Queipo de Llano, lo conocen como “Dos Españas”: es nieto de Niceto Alcalá-Zamora, presidente de la II República desde diciembre de 1931 hasta mayo de 1936, y de Gonzalo Queipo de Llano, el general franquista.
Su abuelo paterno murió en el exilio, en Buenos Aires, en 1949, y el materno entre grandes honores en Sevilla, en 1951.
“Dos Españas” es republicano y, con 69 años, atleta maratoniano. Acaba de publicar en ABC un artículo, “Golpistas fueron todos”, en el que advierte que, “al menos desde el 7 de abril de 1936, la República de 1931 estaba fuera de la ley”, y que “si a unos les llamamos golpistas (Franco y su 18 de julio) no debemos dejar de dar ese calificativo a los otros, que lo fueron más temprano”.
Reproduce un escrito de su abuelo, víctima del primero de los golpes de estado parlamentarios lanzados por el Frente Popular (FP), ganador minoritario de las elecciones de febrero de 1936.
Tras destituir a Alcalá-Zamora, el FP invalidó ilegalmente actas y comicios provinciales hasta fabricar una mayoría desde la que asaltó los poderes judicial y constitucional para crear un estado sovietizante.
“Dos Españas” no afirma, como algunos historiadores revisionistas, que la República ya no era una democracia desde 1934. Comienza a ser totalitaria con el golpe de estado contra su abuelo, dice.
José Alcalá-Zamora se queja de la falta de formación crítica de los españoles porque aceptan cualquier disparate de “analfabetos y payasos mediáticos” de talante progresista que sólo ven buenos y malos.
“Que se juzgue a todos como criminales de guerra o que se indemnice a todos”, afirma su artículo apuntando al exhibicionismo desenterrador de Baltasar Garzón.
Se diría que ahora todos los habitantes de este planeta quieren ser estadounidenses. Por eso en los cinco continentes se hicieron fiestas tras la elección como presidente de EE.UU., de Barack Obama, ejemplo vivo de la generosidad y grandeza de sus conciudadanos y de su presente tolerancia racial, cultural y política.
Desde lo políticamente correcto se pueden resaltar sus promesas buenistas. Pero no deben ocultarse sus advertencias imperiales como Comandante en Jefe del ejército más poderoso del mundo, defensor de los intereses de su país y de sus aliados.
Al margen de su discurso de cambio que alegra conciencias bondadosas e idealistas, Barack Obama usa profusamente cuatro palabras clave en sus discursos: patriotismo, sacrificio, unidad y Dios.
Por representar la minoría racial afroamericana, aunque realmente sea mulato según el idioma castellano, parece emplear esas palabras con más énfasis que cualquier político blanco, como para demostrar que podría llegar a ser un tipo tan duro como Bush, aunque más inteligente.
Patriotismo, como expresión de amor incondicional hacia su país, cuyos intereses defenderá con todas las fuerzas que y medios que crea necesario; sacrificio de todos los estadounidenses para volver a poner la nación muy por delante de las demás; unidad, nada que ver con España: pide que demócratas y republicanos defiendan juntos su patria.
Y, finalmente, Dios: Obama dice que Dios inspira los ideales de libertad, democracia y caridad que caracterizan a su país. De momento habla más de caridad que de solidaridad.
Caridad como sentimiento espiritual, no como justicia, un pensamiento virtuoso, de púlpito. Comprenderlo es fundamental para analizar su carácter y el de las gentes de su país.
Su mensaje está muy alejado del europeo, crecientemente agnóstico, menos en Polonia. Y el movimiento de creyentes que ha creado, producto de adoración popular hacia su figura, junto con su propio espiritualismo visionario, perdone usted, son bastante inquietantes.
La limusina de Benach, el palacete de Touriño, los faraónicos edificios de Gallardón y Chaves, los 4.000 euros diarios que cuesta el pisito de Rodríguez Z, no el palacio de la Moncloa cuyo presupuesto es otro, están denunciándose demagógicamente como malversación de nuestros impuestos.
Quienes protestan alegan, además, que según Cáritas en España ya hay casi nueve millones de pobres y la penuria crece tan rápidamente que muchas familias que fueron de la clase media buscan comida entre desechos de los supermercados.
Nuestros políticos viven lujosamente, se hacen casas multimillonarias, viajan en limusinas Audi último modelo y se corrompen fácilmente. Cierto. Pero es por nuestro bien, para enriquecer el país.
Sólo desde la torva envidia española puede negarse la gran labor multiplicadora de riqueza de nuestros próceres y, naturalmente, próceras.
Observemos los millares de coches oficiales, porque hasta el último funcionario de quinta tiene uno: salieron de fábricas que emplean a muchos obreros. Cuantos más coches haya así, despedirán a menos y mantendrán los puestos de trabajo.
Crear y sostener la limusina de Benach, como la de tantos políticos de todas las administraciones, requiere trabajadores directa o indirectamente en fábricas, asfaltados, transportistas, gasolineras, talleres de alineamiento; personal que, sumado, seguramente supera las mil personas.
Multipliquemos mil personas más o menos por, pongamos solamente, 10.000 coches oficiales con funcionario dentro y tenemos diez millones de puestos de trabajo relacionados con él, mientras ya hay en paro 2,8 millones de trabajadores, y el mes que viene, tres millones.
Pronto, nuestros políticos darán de comer a casi cuatro veces más trabajadores que parados, y entonces, ¿cómo afearles sus dispendios?
Sumemos ahora millares de albañiles para sus palacios, camareros, pescadores, mariscadores, agricultores, ganaderos, carniceros, cocineros –porque comen bien, ellos y todos sus allegados--, incluso periodistas que escribimos para desmontar los ataques que les lanzan--, en fin, todos los que vivimos interrelacionados con los políticos, que quizás somos millones.
Seamos bien nacidos: ¡Gracias, filántropos!
----------------------
"El infierno vasco", de Iñaki Arteta, se estrenará, por el momento, en cines de nueve ciudades españolas.
A partir de hoy, 7 de noviembre, viernes, podrás verla en
Madrid (Cine Paz), Barcelona (Cine Alexandra), Bilbao (Multicines), Vitoria (Cine Florida), Valladolid (Cine Casablanca), Albacete (Cine Candilejas), Gerona (Cine Albéniz), Santander (Cine Los Ángeles) y Pamplona (Olite).
Solicitamos tu apoyo para propagar este mensaje entre tu entorno para así paliar en alguna medida la ausencia de recursos que nos impide invertir en las acciones de comunicación y publicidad que hoy en día necesita la promoción de una obra audiovisual.
Esperamos que el éxito de audiencia permita mantener la película en la cartelera y contribuya a que podamos continuar en la misma línea de denuncia produciendo nuevas películas.
Gracias de nuevo por tu apoyo
Leize Producciones
Visita www.elinfiernovasco.com
Ni una sola de las 114 azoras con las 6.236 aleyas del Corán decreta la lapidación a la que sometieron hace unos días a Asha Ibrahim Dhuhulow, de 14 años, quien tras ser violada fue acusada de adulterio por sus violadores y ejecutada por orden de un tribunal islámico somalí.
Ante hechos así muchos musulmanes y supuestos progresistas occidentales aseguran que el Corán, el libro sagrado de los musulmanes, no establece ese castigo ni es más cruel que la Biblia judía.
Pero los judíos no están obligados a obedecerla en todos sus extremos, y el cristianismo, al añadirle el Nuevo Testamento con la figura del Jesús, tornó crueldad por amor, aunque los cristianos desobedecieran frecuentemente esa doctrina.
El caso de Asha Ibrahim Dhuhulow y de tantos asesinatos religiosos que se dan en los países musulmanes se atribuyen a costumbres bárbaras de algunos pueblos, alegando que el Corán no los ordena.
Pero el islam, además del Corán, se basa en un compendio sagrado inseparable, los Hadices, o dichos de Mahoma recogidos por personas cercanas al profeta y convertidos en doctrina.
Hay decenas de millares. Son como refranes aplicados a todo lo divino y lo humano. Con ellos y las exégesis de estudiosos islámicos, más la tradición, se forma la Sunnah: ahí es donde aparecen el peor machismo, las crueldades y los castigos brutales; hasta los terroristas islámicos acuden a la Sunnah para autojustificarse.
Finalmente, y con la unión del Corán y la Sunnah, surge la Sharía o Ley Islámica, más o algo menos brutal según las diferentes escuelas o sectas que la aplican, aunque para pequeños conflictos ocasionalmente resulte útil.
A la niña Asha le aplicaron la Sharía vigente entre los fanáticos islamistas somalíes. La exdiputada holandesa y exmusulmana también somalí Ayaan Hirsi Ali conoce bien estas historias, porque ella fue testigo y víctima de ellas.
Al divulgarlas comete islamofobia, crimen que para muchos musulmanes radicales llega a merecer la muerte.
Pero también para supuestos progresistas occidentales la islamofobia es un delito tan grave que debe ser perseguido legalmente, igual que el antisemitismo --que llevó a los judíos al exterminio--, como propuso Rodríguez Z en Ankara, durante su reciente estancia en Turquía.
Querido José Luís: Gracias por tu adhesión a mi causa y a la de mi Patria. Me alegrará darte la oportunidad de inclinar respetuosamente tu cabeza ante mi bandera en la Casa Blanca cuando te invite a visitarme.
Tengo algunos asuntos que tratar contigo. Junto con un pequeño consejo final, te anticipo los fundamentales:
1.- Necesito que envíes más tropas españolas a Afganistán; aunque dentro de dos años ya no habrá los soldados americanos en Irak, sino que estarán en Afganistán, espero, entretanto, el apoyo de nuestros aliados, y España deberá dárnoslo. Sabes que he prometido reforzar nuestra ofensiva en ese país, y en Pakistán, bases de Al-Qaida.
2.- Esas tropas no se retirarán ante cualquier revés. Deben combatir y no esconderse en campamentos dedicados solamente a su autoprotección.
3.- No deberías culpar a mi país de la gravísima crisis económica española. Cuando vuestra situación iba bien te atribuías el éxito. Estabas en la Liga de Campeones. Pero dependías de los capitales baratos que circulaban por el mundo gracias a nuestra desastrosa política financiera. Gozaste de ella, pero cuando enfermó le afeas que no te siga manteniendo. Debes recordar que España es uno de los países de la OCDE con peor formación académica, capacidad de innovación y productividad.
4.- Tu amigo Hugo Chávez dice públicamente que él, como indio, le “envía señales al negro”, que soy yo. Deben ser señales de humo o de tam-tam. Esto de ser presidente negro tiene un valor grandioso en EE.UU. Pero fuera debe vérseme como el Comandante en Jefe de la nación más poderosa y con mayores intereses de todo el mundo. Que no se olvide.
Consejo personal que anunciaba al principio.- El color de los demócratas es azul, el de los republicanos, rojo. Si me aprecias, no presumas tanto de rojo, o hazte republicano.
Senador McCain: si gana usted las elecciones los progresistas españoles denunciaremos airadamente al pueblo estadounidense por manipular las encuestas y las votaciones, tras anunciar que apoyaría a Obama y no a usted un blanco, white trash WASP.
Presumen ustedes de más de dos siglos de democracia, dicen que dan oportunidades a todos sin importarles su origen, pero demuestran ser fascistas y racistas rechazando a un presidente negro.
Hablemos de sus guerras: por fin van ganando la de Irak, que era reaccionaria. Pero esperábamos que en Afganistán, donde tenemos soldados españoles, gracias a Obama la invasión se volvería progresista, carácter que justificaría también sus prometidos ataques a centros nucleares de Irán y a los terroristas islámicos en Pakistán.
Pero si usted gana, y aunque sólo cumpla las amenazas de Obama, protestaremos contra el reaccionario imperialismo americano manipulado por los neocon, culpables de los males mundiales, como dice Rodríguez Z.
Tiemble, McCain: nuestros periodistas tertulianos y las vanguardias proletarias, UGT y CC.OO., llamarán a gigantescas manifestaciones antiyanquis. ¡No tolerarán que ustedes, racistas, rechacen a un presidente negro!
Nuestros partidos políticos se sumarán a las repulsas, incluyendo el PP, que dice ser obamista aunque secretamente lo apoya a usted.
El PP trata de engañarnos: intimidado por la marea progresista española, quiere ser más progre, incluso, que la madre de lo políticamente correcto, la izquierda estadounidense, que toma a Obama como mal menor. Porque lo obamiano está, objetivamente, a la derecha del PP: sólo hay que analizar sus propuestas para comprobarlo.
Ahora, en confianza, y para congraciarnos: decimos que votaríamos a Obama, pero aquí ningún negro pasaría de concejal. Aunque sería una exótica muestra cultural, como el pigmeo disecado que tuvieron hasta recientemente en Bañolas, Gerona, al que no querían retirar las autoridades: era muy turístico.
Nosotros aprendemos progresismo del admirado compañero Fidel Castro: casi la mitad de los cubanos son negros, pero para dirigir el país sólo pone a blancos. Los negros, de guardaespaldas.
Si fuera cierto que buena parte de la paz mundial depende de acuerdos entre árabes e israelíes en Oriente Próximo, la posible presidencia de Barack Obama en EE.UU. ofrece las mismas esperanzas que Reagan, Bush padre, Clinton y Bush hijo.
Sin embargo, Obama goza del apoyo del 57 por ciento de los judíos y, sorprendentemente, del casi cien por ciento de los árabes estadounidenses, pese a que para él Israel es la única democracia estable del área y un bastión de occidente.
El candidato, de familia paterna musulmana proárabe, al menos de momento es proisraelí, como los principales políticos estadounidenses, especialmente su candidato a vicepresidente, Joseph Biden.
Ambos recuerdan la pasada relación palestina con el terrorismo antes de la desaparición de la URSS, en 1991, y temen la infiltración creciente en esa sociedad de organizaciones integristas islámicas nacidas tras el triunfo de Jomeni en Irán, en 1979.
Aunque los líderes palestinos de Al-Fatah están enfrentados a los religiosos, especialmente de Hamas, que se han apoderado de Gaza, para Obama el problema más difícil es Jerusalén, capital de Israel desde la guerra de 1967.
Pero ni siquiera EE.UU., su principal apoyo, instaló su embajada en aquella ciudad en 1999, como acordó el Congreso.
Ni Clinton, ni Bush cumplieron ese compromiso, y sistemáticamente han aplazado la medida por “razones estratégicas”. John McCain promete cumplirla si llega a presidente.
Y parecía que también lo haría Obama tras afirmar el pasado junio que Jerusalén era la capital indivisible de Israel. Pero enseguida titubeó y dijo que era necesario encontrar un consenso palestino-ísraelí, aunque no aceptaría partir la ciudad en zonas.
Por tanto, y aparentemente, todo será igual en las relaciones EE.UU.-Israel-Palestinos, con Barack Obama haciendo lo mismo que sus antecesores: patrocinando vistosas negociaciones de paz.
Están haciéndole creer a los españoles que es indispensable que Rodríguez Z esté en Washington en la cumbre del G-20, el 15 de noviembre, cuando nuestro delegado será José Manuel Durao Barroso, el político y economista portugués actual presidente de la Comisión Europea.
Porque él representará a los países de la UE en la reunión convocada por Bush para los miembros del G-20, en la que se propondrá cómo salir de la crisis financiera, y ello aunque Sarkozy sea presidente semestral del Consejo de Ministros europeo y miembro del G-7.
El políglota presidente europeo es humanista y técnico. De envidiable curriculum académico: licenciado en Derecho en Lisboa, economista por la Universidad de Ginebra, fundada por Calvino, y exprofesor en la gran universidad jesuita para formar diplomáticos, Georgetown, en Washington D.C.
Podrá explicar en español, francés, inglés y portugués, y seguramente en algún idioma más, la experiencia española tras los casos Rumasa y Conde-Banesto, y la imposición del control del Banco de España sobre las entidades financieras años antes de que gobernara Z.
Precisamente, por no haber tenido Rumasas visibles, Wall Street y el mundo se llenaron de ellas. La crisis actual es su resultado. Pero igual que España arregló sus dificultades, el capitalismo avanzado reparará las suyas.
Con la última ocurrencia de Z de viajar a Washington vivimos una ola patriotera que desconoce quiénes son los países del G-20 convocados: los siete ricos de siempre, más Rusia; once emergentes de todos los continentes, incluyendo uno árabe, y la UE como bloque, representada por Barroso.
España, nueva rica, nunca estuvo en el G-7 --Rusia sólo es una invitada de ese grupo--, y tampoco puede pertenecer a los emergentes. Pero la representa la UE.
Quizás Z, aunque apoyó para presidente europeo a Barroso, lo rechace porque fue el primer ministro portugués anfitrión de Bush, Blair y Aznar en las Azores, la coartada zapateril permanente.
La fórmula más sencilla y genial de luchar contra el hambre en el mundo, y qué grave error es no haberla popularizado antes, es que se cultiven patatas donde carecen de alimentos.
Esta idea convertida en noticia surgió en España, donde casi no se divulgó, por lo que se conocerá gracias a un amplio artículo del pasado domingo en las páginas internacionales del New York Times.
Las grandes hambrunas actuales, o las históricas en países como China o la India, donde hace pocos años mataban a millones de personas, podrían haberse evitado si en lugar de grano, que exige terrenos muy concretos, muchos cuidados y que se pierde fácilmente, se hubieran cultivado patatas, que crecen masivamente en casi todo tipo de tierras y permanecen comestibles muchos meses.
Las ayudas que las organizaciones caritativas internacionales envían a los lugares donde hay hambre o se muere de ella, actualmente en África, son casi siempre harinas o granos poco cultivables en aquellos lugares y rápidamente perecederos.
El problema se agrava con el uso creciente de granos como biocombustible, lo que ha elevado su precio: el ecologismo verde, aunque no lo quiera, está siendo un arma para el genocidio de pobres.
Si con campañas formativas se enseña a cultivar patatas donde se pasa hambre, enseguida se dispondría allí de un alimento básico, y se necesitará menor ayuda alimentaria internacional. El tubérculo, además, ayudará a alimentar al ganado.
E igualmente importante, los habitantes saldrían de la postración con la que el hambre los somete para hundirlos más.
Estas ideas, cuenta NYT, se presentaron hace unos días en un congreso internacional en el centro de investigación vasco Neiker-Tecnalia (Vitoria), administrado por el Gobierno regional, pero perteneciente a la red española de investigaciones agrarias, aunque su web tapa bajo muchas páginas su vinculación al Estado.
Lunes, 28 de mayo
Vicente Torres
Manuel Molares do Val
Juan Fernandez Krohn
Pedro Fernández Barbadillo
Vicente A. C. M.
Antonio Cabrera
Miguel Torres Galera
Carlos Ruiz Miguel
Josep Carles Laínez
Raúl González Zorrilla
Rufino Soriano Tena
José Pómez