En varias calles colindantes con la Gran Vía de Madrid numerosos narcotraficantes trapichean entre basuras, botellas y vasos rotos, cajas, papeles, plásticos, envueltos por el hedor que brota de los portales que usan como evacuatorios y refugio de prostitutas que les acompañan.
A los vecinos sitiados que protestan contra esta agresión algunas oenegés les llaman racistas porque la mayoría de esa gente que vive entre la inmundicia que ella misma crea es extranjera.
Pero esa irritación y repulsión ciudadana no es necesariamente racismo, sino algo que podríamos llamar sucismo, sentimiento de rechazo a lo sucio.
De nuevo, las oenegés culpan de esa degradación a la sociedad española por no darles trabajos honorables. Pero otros inmigrantes los encontraron, y estos descubrieron pronto que narcotráfico y prostitución evitan el laboreo duro y constante.
Hay quien quiere ver a esas personas como si fueran el Buen Salvaje corrompido por esta sociedad. Falsa percepción: son como tantos de nosotros, que prefieren el dinero fácil delictivo al difícil honrado; y más si se han educado para aceptar socialmente la corrupción, como en tantos países del tercer mundo, o en cada día más numerosos ambientes españoles.
Sí, españoles, porque al margen de en poblados marginales y aislados, entre nosotros se da crecientemente este sucismo que no queremos ver porque el color de la gente es más blanco.
Obsérvense tantas escenas de botellón, rutas del bacalao y de movidas nocturnas en pueblos y ciudades españoles y se verá que el ambiente es cada día más parecido al de las calles anexas a la Gran Vía madrileña, con narcotráfico incluido.
El sucismo no es racismo, sino rechazo a la actitud de estas gentes que agraden con sus hábitos, aunque si vemos a los españoles menos indeseables o los disculpamos porque son blancos, eso sí que es racismo.
racismo es cuando en los jardines de pereda hay una hilera de prostitutas negras con sus proxenetas y la policía (local) aparcada a 50 metros de ellas, sin embargo te paran a tí porque no señalaste a la derecha en una rotonda a pesar de que ibas recto. Racismo es que haya unos gitanos trapicheando a plena luz del día en un banco callejero y la policía local riñe a tu hijo (español y blanco) porque tiene los pies encima del banco más abajo de la calle. Racismo es que nos quedemos sin camas en los hospitales por culpa de que los inmigrantes NO siguen las instrucciones del médico para curarse de TB, y por ello les ingresan para cerciorarse de que siguen el tratamiento. Racismo es que en la universidad de cantabria, facultad de medicina, de golpe y porrazo hayan reservado el 50% de las plazas para extranjeros quienes entran con solo su nota de bachillerato, sin embargo a los españoles se les exije selectividad y con una nota del 8,7 para entrar, y suma y sigue.
Lo mismo pasa con muchos inmigrantes que van en el Cercanías, son las 7 de la mañana y el hedor es insoportable. No se trata que huelan a Hugo Boss, sino que se laven y laven la ropa. Como decía el comentarista anterior, es la conducta inapropiada la que produce el rechazo.
Una cosa es rechazar a una persona por su raza y otra muy diferente es rechazarla por su conducta. El rechazo a los gitanos, por ejemplo, en el 99% de los casos no es una cuestión de racismo, sino de conducta. Yo los tuve como "clientes" en el hospital donde trabajaba y cada vez que ingresaba un gitano grave, el vestíbulo se llenaba con unas 500 personas y las limpiadoras recogían cada día unas diez bolsas de basura. Había escupitajos en el suelo, chicle, envoltorios de chucherías, envases de todo tipo de bebidas, papeles, etc. Además si el enfermo tenía mal pronóstico, amenazaban de muerte a las enfermeras si se morías. Se negaban a aceptar las normas de visitas del centro y si no los dejabas pasar, te amenazaban. Tenía que estar un coche de la policía nacional de guardia las 24 horas del día.
En resumen, la conducta inapropiada produce rechazo venga ésta de quien venga.
Viernes, 21 de noviembre
Juan Luis Calbarro
Manuel Molares do Val
Enrique Zubiaga
Vilagarcía na Rede
ADIÓS AYER
Vicente Torres
Juan Ramón Moscad Fumadó
José López
Santiago Barnuevo
Juan José Miralles