Es “El País” quien le llama buhonero al presidente Rodríguez Z por presentar la economía española en Nueva York como la más sólida del mundo ante los neocon estadounidenses a los que halagaba mientras despreciaba a Berlusconi y Sarkozy porque, según decía, el ungüento de ellos es menos milagroso que el suyo.
Somos grandes, le dijo a aquellos bancarios –los banqueros no acudieron a oírlo-- con el optimismo patológico de quien exhibe una abultada cartera sólo llena de recortes de periódico, como el hidalgo español hambriento que se echaba migas por la barba para simular que había comido.
Mientras, las hermanas Dolores, 101 años, Concha, 92, y Rosario Benavides Cámara, 90, de Castellar (Jaén) deberán aguardar entre cinco y seis años, hasta 2013 ó 2014, para recibir las ayudas previstas en la Ley de Dependencia.
Para entonces tendrán un mínimo de 106, 97 y 95 años, pero es que gracias a Z todos viviremos más: como le ocurrirá a esas señoras que esperarán pacientemente un lustro para empezar a cobrar.
Quien debería pagarles es la Junta de Andalucía, pero no tiene fondos. El presidente Cháves no se atreve a denunciar que Z los prometió y no los entrega; pero tiene a Solbes para acusarlo de quedarse con esas dádivas del Ungido.
Casi todas las CC.AA. carecen de presupuesto para cubrir los compromisos sociales legislados por Rodríguez Z, igual que los ayuntamientos, que viven de la especulación.
Madrid, Valencia y Murcia van a denunciarlo por no facilitarles 3.000 millones de euros de gastos sociales que les adeuda: sus dirigentes, pesimistas y de derechas quieren el dinero que Z reparte por la ONU para que le den el Nobel de la Paz, que sería un orgullo para España. Envidiosos, acomplejados.
De los 48 millones de habitantes de Suráfrica 5,5 millones padecen sida, se infectan cada año 500.000 más y mueren diariamente 1.100, en buena medida porque Thabo Mbeki, recién dimitido presidente del país por conspirar contra el político que le sucederá, propagó la idea de que la enfermedad había sido creada por blancos para matar negros y que se cura con un remedio casero.
Ese es Thabo Mbeki, de 66 años, el sucesor de Nelson Mandela, padre de la lucha contra la segregación racial, presidente de 1994 a 1999 y líder del Congreso Nacional Africano (CNA) que pasó 27 años en las mazmorras del régimen del apartheid.
Mandela, de 90 años ahora y personaje venerado internacionalmente, no corrigió a Mbeki cuando tomó su relevo en 1999 y difundió sus pintorescas teorías sobre el sida, extraídas de internet.
Así, ordenó que los médicos trataran a los enfermos con Virodene, un derivado del disolvente industrial dimetilformamida porque dice que cura ese mal que, según cree, tiene menos que ver con la actividad sexual que con la pobreza.
Siguiendo su ejemplo numerosos surafricanos rechazan los preservativos o la contención sexual antes de mantener relaciones con quienes, incluso, presentan visibles síntomas del mal.
Esta suicida orientación sanitaria está posiblemente marcada por la sospecha hacia las intenciones de los blancos: dañaron tanto con el apartheid que ahora muchos africanos como Mbeki desconfían de su ciencia a pesar de haber estudiado, como él, economista por Sussex, en universidades europeas, especialmente británicas.
Todo indica que su sucesor será Jacob Zuna, 64, supuestamente víctima de la conspiración de Mbeki, otro activista antiapartheid que tuvo que dimitir previamente por corrupción, que también fue acusado violación, y que cree que para evitar el sida basta con ducharse bien: ¡Pobre África!
Cada vez que el PP gana solvencia al denunciar la incompetencia gubernamental, Mariano Rajoy comete una pifia que le da al desorientado Rodríguez Z un magnífico argumento para atacarlo y humillarlo.
Acaba de ocurrir con esa declaración tan poco meditada, que por mucho que matice ahora parece concebida para el suicidio asistido que nos propone Bernat Soria: “Hay 180.000 extranjeros cobrando paro mientras 20.000 españoles van a la vendimia en Francia”.
La frase trata de culpar a Z de esa falsa contradicción, porque todos saben que quien cobra el paro es porque ha cotizado antes a la Seguridad Social y ha cumplido con una legalidad que no estableció este Gobierno: viene de décadas atrás, y el PP la respetó, incluso mejoró, cuando gobernó durante ocho años.
Pero es que, además, Rajoy posiblemente sabe por qué hay españoles que van a la vendimia francesa. Y habla como creyendo que no cobran el paro o que no reciben subvención alguna.
No ha podido olvidar que el PP presenta el Plan de Empleo Rural (PER) creado en 1986 por Felipe González, como corruptela para que unos 200.000 jornaleros andaluces y extremeños voten al PSOE, aunque el mismo PP lo mantuvo durante sus dos mandartos.
Y sabiendo todo eso, hace como si desconociera que bastantes de esos 20.000 trabajadores temporales en Francia buscan un sobresueldo mientras siguen cobrando el PER.
La frase del presidente del PP más que xenofobia es torpeza suicida: muchos de los inmigrantes extranjeros que algún día podrán votar, inicialmente en las municipales, posiblemente son electores potenciales del PP.
Hay sondeos que señalan que los latinoamericanos y europeos del Este son mayoritariamente de derechas. Y los cultivan amorosa, y también demagógicamente, entre otros, Esperanza Aguirre y Alberto Ruiz-Gallardón, quienes deben pensar que su jefe es un mostrenco.
En varias calles colindantes con la Gran Vía de Madrid numerosos narcotraficantes trapichean entre basuras, botellas y vasos rotos, cajas, papeles, plásticos, envueltos por el hedor que brota de los portales que usan como evacuatorios y refugio de prostitutas que les acompañan.
A los vecinos sitiados que protestan contra esta agresión algunas oenegés les llaman racistas porque la mayoría de esa gente que vive entre la inmundicia que ella misma crea es extranjera.
Pero esa irritación y repulsión ciudadana no es necesariamente racismo, sino algo que podríamos llamar sucismo, sentimiento de rechazo a lo sucio.
De nuevo, las oenegés culpan de esa degradación a la sociedad española por no darles trabajos honorables. Pero otros inmigrantes los encontraron, y estos descubrieron pronto que narcotráfico y prostitución evitan el laboreo duro y constante.
Hay quien quiere ver a esas personas como si fueran el Buen Salvaje corrompido por esta sociedad. Falsa percepción: son como tantos de nosotros, que prefieren el dinero fácil delictivo al difícil honrado; y más si se han educado para aceptar socialmente la corrupción, como en tantos países del tercer mundo, o en cada día más numerosos ambientes españoles.
Sí, españoles, porque al margen de en poblados marginales y aislados, entre nosotros se da crecientemente este sucismo que no queremos ver porque el color de la gente es más blanco.
Obsérvense tantas escenas de botellón, rutas del bacalao y de movidas nocturnas en pueblos y ciudades españoles y se verá que el ambiente es cada día más parecido al de las calles anexas a la Gran Vía madrileña, con narcotráfico incluido.
El sucismo no es racismo, sino rechazo a la actitud de estas gentes que agraden con sus hábitos, aunque si vemos a los españoles menos indeseables o los disculpamos porque son blancos, eso sí que es racismo.
En la Comunidad de Madrid la gente siente rechazo, indiferencia o admiración por su presidenta, Esperanza Aguirre, pero acepta mayoritariamente que ha conquistado su actual mandato ofreciendo servicios eficaces, especialmente sanitarios y de transportes.
Ante esta situación, el izquierdismo que dominaba la sanidad organiza contra ella campañas de agitación y propaganda, agitprop, en lugar de ofrecer mejores proyectos o el ejemplo de comunidades socialistas con servicios superiores.
Ahora acaba de iniciarse en Madrid una nueva cruzada encargada al director de cine Fernando Colomo: un corto en el que una trabajadora accidentada debe curarse a si misma porque ya no tiene sanidad pública.
Pocos madrileños creen esa propaganda de intención agitadora: numerosos enfermos de otras comunidades, incluidas las socialistas, huyen de la baja calidad sanitaria de sus regiones y tratan de que les atiendan en Madrid.
Más que agitprop para quitarle electores, ese corto parece una campaña desesperada para evitar que los votantes tradicionales de izquierdas se vayan masivamente con Aguirre.
Porque aparte de modernizar y mejorar los antiguos y famosos hospitales madrileños, ha creado en cuatro años ocho nuevos de competente administración privada, aunque siguen siendo públicos.
En esos hospitales hay menos huelgas, liberados sindicales, bajas falsas, corruptelas o sustracción de material, como en tantos centros de administración pública.
Los sindicalistas se manifiestan contra “la privatización de la sanidad”, pero los pacientes saben que la administración privada regenera la calidad de los servicios públicos.
“Es una reaccionaria: compra al electorado ofreciendo servicios privatizados”, protesta un sindicalista. Pues que pregunte a los pacientes.
Para recuperar Madrid en lugar de agitprop defensivo y que falsea hechos la izquierda debe ofrecer ejemplo con sus comunidades, con programas más creíbles que los de Aguirre y Gallardón, porque de seguir así terminarán siendo presidenta y alcalde perpetuos con mayorías búlgaras.
Hace solamente cuatro meses Rodríguez Z se atribuía los méritos de que España estuviera en la Liga de Campeones económicos, pero ahora culpa a Aznar y a los neocon estadounidenses de la crisis cuya existencia negaba.
El problema español no lo provocan ni Aznar, ni Bush, ni los llamados neoconservadores. Simplemente, vendemos fuera menos de lo que compramos y acumulamos un ruinoso y creciente déficit exterior. Gastamos a crédito lo que no tenemos y debemos pagar la deuda.
Rodríguez Z habla de los neocon y seguramente ignora de dónde viene y qué significa ese movimiento creado por antiguos trotskistas ansiosos por cambiar al mundo a través de la “revolución permanente”.
El neocon actual fue antes un progre trotskista infiltrado entre socialdemócratas en los años 1950: Z sigue ese pensamiento con su obsesión por moldear a las personas en lugar de gobernarlas bien.
En los 1970 muchos de estos trotskos se hicieron conservadores, misioneros de la democracia y el libre comercio, valores revolucionarios dentro de las sociedades atrasadas, dictatoriales o fanáticas.
En los últimos años los neocon estadounidenses trataron de modernizar el Oriente Medio forzando su democratización a partir de Irak, tras hacer caer a Sadam Hussein, pero, de momento, fallaron.
El triotskismo al estilo Z, perdido el norte de la igualdad y la fraternidad socialistas devorado por los nacionalismos, propugna la eliminación de valores absolutos sustituyéndolos por la autocomplacencia, el placer individual y una difusa solidaridad planetaria.
En ambos casos los trotskistas mantienen la revolución y la agitación ideológica permanentes, sean en la guerra, o en la medrosa paz de Z, que quiere crear el “hombre nuevo” con su Educación para la Ciudadanía Progre y con la ilusa Alianza de Civilizaciones que, terrible fracaso, ahorca homosexuales en lugar de casarlos.
Con la complicidad del matrimonio Kirchner, que dice eso de “para que aprendan los españoles”, y el desconcierto del embajador Rafael Estrella, viejo socialista andaluz, se tapan las crisis internas del país al grito popular de “¡Fuera gallegos de Argentina!
En algunos países latinoamericanos esa rabia antiespañola –gallego quiere decir español—ha venido a sustituir o a complementar el tradicional “¡Fuera yanquis!”, porque numerosas empresas de nuestro país han ocupado allí el lugar que abandonaron, cansadas, las estadounidenses: aunque no lo recordemos, las mismas que empezaron a sacar a España del tercer mundo ya en los 1960.
Mientras, Argentina, que poseyó elevada cultura y riqueza, creadas con ayuda de tantos emigrantes españoles, se ha empobrecido con su propia demagogia, su corrupción y violencia interna.
Pero culpa a la inversión española de la situación como en el caso de Aerolíneas Argentinas, resucitada y privatizada con capital español, y nuevamente arruinada por el Gobierno y los sindicatos peronistas que boicotearon a sus dueños “gallegos”.
Hay también resentimiento hacia otras empresas como Telefónica o Repsol, a las que se acusa, como hace desde Venezuela Hugo Chávez, pagador de la campaña presidencial de Cristina Kichner, de comportarse como neoconquistadores de América.
Ya dice la propaganda “antiimperialista” argentina que los españoles vuelven a ser genocidas aniquilando al continente y a sus nativos.
Debería recordarse desde España que, siendo imperio, nunca exterminó sistemática y planificadamente a nativos como hizo la Argentina desde la independencia y, especialmente, el general, después presidente, Julio Roca (1843-1914), en sus escalofriantes campañas contra los indios nativos diaguitas, abipones, mapuches y los malones pamperos, los sacrificados con mayor crueldad.
Argentina es hoy casi exclusivamente blanca, sin indios nativos. No por los conquistadores, sino por los genocidas argentinos ejecutores de una terrible violencia racista.
Van a excavar el terreno en el que asesinaron y sepultaron a Federico García Lorca, en el camino de Viznar a Alfacar, en Granada, recuperarán unos huesos humanos, pero habrán matado el mito del poeta sin tumba, que permanecía oculto en un trozo anónimo de un huerto, microcosmos de todo el planeta.
Federico García Lorca, tras ser fusilado a los 38 años el 18 de agosto de 1936 junto a un maestro y un banderillero era no sólo era el gran poeta español del siglo XX, sino el gran enigma sobre dónde reposa el mito y leyenda para quienes aman su genio.
Sólo Federico podría recrear en versos juguetones y estremecedores las emociones que se viven en donde está su cadáver. Quien va allí evoca sus terribles últimos momentos, pero también mil imágenes hermosas de sus poemas.
El lugar es como un santuario libre y frutal, misterioso y triste. La presencia del poeta lo domina todo, este árbol, aquella rama, una flor, ¿estará aquí o cien metros más allá, y hasta quinientos más lejos, hacia el Norte, no, al Este? Es igual: pensamientos difusos, dolor, ira, y algunos versos de Federico, dominan al caminante.
Lo asesinaron porque había arremetido contra los caciques granadinos, más que por republicano u homosexual: así se mataba a la gente en aquellos tiempos de la más odiosa España cainita.
Pronto aparecerán los huesos. Unos mediópatas han decidido matar el mito y el misterio. Rodríguez Z, el juez Garzón y el historiador Ian Gibson se harán fotos con los restos, y esos huesos ya serán como los de cualquier otro asesinado y habrán perdido la poesía de lo arcano.
“Hay que honrar a los muertos”, dicen, pero la familia del poeta no quería, deseaba que no remataran al poeta sacrificando la leyenda para recuperar solamente un esqueleto.
Aunque le pongan el más hermoso túmulo del planeta, habrán acabado con el Lorca que era mitología y epopeya entre Viznar y Alfacar.
Vaya escándalo que se ha montado en España con la advertencia de Sarah Palin de que podría declararle la guerra a Rusia si atacaba o invadía a un país de la OTAN, alianza defensiva de 26 estados a la que pertenece España y a la que pretenden adherirse Georgia y Ucrania..
“Mujer peligrosa”, “Una belicosa”, “Imperialista y agresiva”, dicen los medios más cercanos al poder socialista, que, sin embargo, mantiene un barco de guerra en costas georgianas.
La caída de la URSS en los primeros 1990 hizo que varios de sus antiguos satélites quisieran protegerse del viejo opresor adhiriéndose a organización occidental: Bulgaria, Chequia, Eslovaquia, Estonia, Letonia, Lituania, Polonia y Rumania.
Cabe preguntarse si la OTAN debería haber acogido a esas naciones, pero desde el momento en el que España se mantuvo en la organización y no solicitó su salida es porque comparte los objetivos que marca, sobre todo, Estados Unidos, el garante final para todos los países miembros.
Que Palin recuerde que si Georgia es admitida en la OTAN debe ser defendida por los miembros de la Alianza es lo que ordena el Tratado del Atlántico Norte, aunque no guste que lo advierta la candidata republicana a vicepresidenta estadounidense.
De momento España es aliada de EE.UU. y esta mujer es la versión contemporánea de los políticos de su país Woodrow Wilson, en la I Guerra Mundial, Roosevelt y Truman, en la II, y, además, recuerda a Reagan, el que enterró el comunismo soviético.
Si somos pacifistas, seámoslo plenamente. Si queremos evitar que España se implique en ese peligro hipotético lo que tiene que hacer el gobierno de Rodríguez Z es retirarse de la OTAN a marcha ligera, como de Irak, y gritar “No a la guerra”.
La Iglesia Anglicana acaba de disculparse públicamente por haber rechazado hace 150 años las teorías evolucionistas de Charles Darwin, pero la venganza darwinista ha sido rápida: la “Royal Society” (RS), la Academia de las Ciencias británica, hizo dimitir a su director de Educación, el biólogo Michael Reiss, por defender la evolución, pero también el creacionismo.
Claro que Reiss, aparte de científico, autor de veinte libros y profesor en la Universidad de Londres, es pastor anglicano, función que conocía la nada espiritualista RS cuando le encargó dirigir su área educativa.
Reiss dijo en una reciente conferencia que los evolucionistas no deben despreciar a quienes, además de la evolución, apoyan el creacionismo, porque para él hay evidencias que compatibilizan la ciencia y la creación divina.
La prensa varió el sentido de sus palabras –reconoció The Times— al asegurar que había solicitado que se enseñaran conjuntamente evolución y creación, lo que provocó una reacción furibunda entre miembros de la RS que exigieron su destitución.
Tras la hostilidad de muchos cristianos a la evolución, ahora poco influyentes, han cambiado las tornas y los que persiguen a quienes resaltan los huecos físicos y especialmente metafísicos de su teoría son los darwinianos radicales.
Los evolucionistas más militantes son ya tan doctrinarios como los antievolucionistas anglicanos anteriores a Reiss, aunque no pueden explicar la existencia de un espíritu humano superior a la progresión de una ameba o de un mono.
Sorprendentemente, la Iglesia Católica, que persiguiera a Galileo por afirmar que la Tierra giraba alrededor del Sol, nunca prohibió los escritos de Darwin, acaba de convocar para marzo un congreso internacional en Roma bajo el lema: "Evolución biológica: hechos y teorías”.
El profesor Reiss podrá denunciar allí, ante el Vaticano, la inquisición darwinista, ¡quién lo diría!
Hasta en sus visitas oficiales José Luís Rodríguez Z trata de halagar a sus anfitriones exponiéndoles lo que desean oír, aunque sean desatinos.
Así, quien se define como laico y feminista asistió en Turquía a la ruptura del ayuno diurno,cena musulmana del principio del ramadán y, entre mujeres veladas, proclamó que “igual que se reconoció el antisemitismo como crimen contra la humanidad la islamofobia debe reconocerse como un crimen contra la humanidad".
¿Qué islamofobia, si el islam goza de libertad de predicación, culto y proselitismo en Occidente y nadie persigue a los musulmanes por serlo y nadie evoca las masacres que se cometen en nombre de Alá?
El antisemitismo, mientras, se difunde en numerosos países islámicos y puede concluir en algún Holocausto como el de seis millones de judíos bajo los nazis.
El islam se extendió por el mundo con guerras, y la islamofobia no es respuesta a esa violencia sino el rechazo exclusivamente intelectual a los principios de una fe que exige sumisión absoluta a Alá y obedecer normas árabes del siglo VII frecuentemente brutales.
Rodríguez Z no exigió ante su anfitrión, líder del islamismo gobernante y primer ministro turco Recep Tayyip Erdogan, que los países musulmanes abandonen sus violentas fobias a lo laico, laicifobia, a lo cristiano, cristianofobia y su antisemitismo, que generan sangrientas persecuciones y genocidios.
Tampoco se solidarizó en esa Turquía, teóricamente con libertad religiosa, con los 150.000 cristianos y judíos, algunos españoles, que sufren el creciente acoso de islamistas fanáticos.
No: Rodríguez Z, defendió el islam en tierras regidas por islamistas, olvidando a los perseguidos en ellas.
Reclamando castigar nuestras libertades de conciencia, ideológica e informativa como “crímen contra la humanidad”, Z recuerda a un “dhimmi”, el cristiano o judío en tierras musulmanas que para vivir paga tributo religioso y obedece a humillantes normas sociales para los herejes: esa es la famosa “tolerancia” de Al-Andalus de la que tanto hablan los filoislámicos.
Los racismos han sido los principales impulsores de la violencia en la historia de la humanidad y los enfrentamientos que se dan en Bolivia estos días tienen origen étnico además de económico.
Quien conozca Suramérica sabe que el racismo es un elemento principal en la vida cotidiana. Debe decirse, aunque escandalice: cuanto más “güero” y menos “indio” y “cholo” se sea, más fácilmente se triunfa en toda Latinoamérica. El ejército argentino exterminó prácticamente a todos sus nativos, más que el de EE.UU., algo de lo que evita hablarse y que no hábían hecho los conquistadores.
Para entender la crisis boliviana, con regiones de mayoría indígena rebelándose contra el poder central también indígena debe recordarse que los aymara y quechuas del altiplano, que se autotitulan incas, gobiernan el país desde un enfoque étnico que no comparten los guaraníes, de áreas bajas y cultura nativa diferente.
Cuando Evo Morales impuso su visión aymara al resto del país, los guaraníes y los mestizos, que forman la tercera parte del la población, que habitan las tierras bajas y no necesitan mascar coca, protestaron contra esa situación en la que se gobernaba desde un etnicismo seudosocialista protegido, además, por Hugo Chávez.
Existe la posibilidad de que Bolivia se rompa en dos grandes partes: la del altiplano de Morales, pobre, de cultura cocalera y con el setenta por ciento de la población, y la rica en petróleo y gas de la zona “camba” o guaraní y mestiza.
Si existiera esa ruptura las beneficiarias serían las grandes corporaciones, incluidas las españolas, porque el indigenismo del altiplano, conocido como “colla”, propugna usos de raíces precolombinas y premodernas, mientras que los pueblos de los llanos en el oriente del país, los “camba”, son más cosmopolitas y abiertos a la modernidad.
La historia enseña que cuando se impone el nacionalismo étnico, siempre habrá etnias segregadas que se rebelan.
Bernat Soria, el ministro de Sanidad, quiere elaborar una ley que facilitará el suicidio asistido, mucho más que la eutanasia, lo que resulta un magnífico proyecto merecedor de todos nuestros parabienes.
Porque ayudará a morir a tanta gente y liberará de tantos gastos a la Sanidad que después nos sobrarán medios para atender al resto de los ciudadanos.
Dice Soria que ser dueño del propio cuerpo es socialista. Aunque luego su Gobierno nos impone leyes coercitivas: conducir con cinturón de seguridad y prohibición de fumar en lugares cuyos dueños decidan que son sólo para fumadores.
Pero aclaremos que esas restricciones tienen razones económicas, como ha sugerido el ministro del Interior, Pérez Rubalcaba: sin cinturón de seguridad muchos accidentados quedan parapléjicos y los gastos que generan son inmensos; los fumadores sufren infartos, enfisemas y cáncer, y deben ser sometidos a operaciones y tratamientos también muy onerosos.
Como debemos ahorrarnos esos dispendios, nos conviene que se mueran los enfermos crónicos y los discapacitados facilitándoles el suicidio asistido.
Que propagaremos y estimularemos entre quienes padecen depresiones por haber tenido enfermedades, accidentes, muerte de familiares, desengañados o quedan sin trabajo.
Son ciudadanos en momentos de desesperación que quieren morirse. Debemos aprovechar su estado anímico para que se maten enseguida, no sea que se vuelvan atrás.
Cultivando esos bajones nos libraremos cada poco tiempo de tres o cuatro millones de personas que sólo nos producen molestias y gastos, y que además se quejan muchísimo.
Luego, les extraeremos el “Soma” para dárselo a los supervivientes y lograremos “Un Mundo Feliz”, como el que imaginó Aldoux Huxley.
Hace años, Bernat Soria aseguraba que estaba creando otro mundo feliz con células madre embrionarias que curaban la diabetes. Por un bluff gemelo echaron de su universidad a un científico coreano. A él lo hicieron ministro.
Quienes protestan públicamente porque la Xunta de Galicia impone el idioma local en todas las actividades públicas mientras se excluye el castellano son una minoría, dice el presidente Pérez Touriño.
Extraña minoría: según un estudio de la Universidad de Compostela, casi el ochenta por ciento de los alumnos gallegos de ESO son bilingües, pero tienen como principal idioma el castellano.
Son gente que no se queja públicamente contra la desaparición del castellano de toda actividad pública porque no desea exponerse a las iras de quienes al tener el gallego como sagrada religión obligatoria, persiguen con santa ira a sacrílegos y herejes.
Sí protestan unos 300 empresarios del Club Financiero de Vigo, que generan un tercio del PIB gallego: han elaborado un comunicado contra las leyes lingüísticas que ahogan crecientemente su expresión comercial y empresarial, que para ellos son el castellano y el inglés.
Advierten que frecuentemente pierden directivos ideales para sus actividades porque los mejores no quieren ir a una Galicia en la que ellos y sus hijos serán sometidos a innecesarios condicionantes culturales e idiomáticos.
Qué lejos está Galicia de la verdaderamente céltica Irlanda, donde renunciaron al gaélico en la vida pública por el inglés: siendo más pobre que España pasó a ser una de las primeras rentas del mundo al atraer inversiones con al idioma de los antiguos opresores inglese.
Pero imaginemos que, como dice Touriño, quienes se quejan de la imposición oficial del gallego son una minoría. Bien: aunque sólo representara al cinco por ciento, tal minoría debería ser atendida y sus derechos, respetados.
Aunque resulta que no: esa “minoría” del ochenta por ciento de los gallegos, bilingües, con preferencia castellanohablante, debe someterse al patriotismo idiomático de una “mayoría” del veinte por ciento.
Los enfermos catalanes, gallegos y vascos van a darle ejemplo de patriotismo al mundo aceptando, como demandan sus ultranacionalistas, que sus médicos los atiendan no por sus conocimientos científicos, sino porque hablan los idiomas autonómicos.
Morir en manos de ignorantes autonómicos en lugar de vivir en las de forasteros es patriotismo, porque los titulados más incompetentes conocedores de las lenguas locales encontrarán plaza en los hospitales que, en esas comunidades, rechazarán a los sabios de otras regiones o países si son sólo castellanohablantes.
Heroísmo y patriotismo de los enfermos, que sucumbirán confortados porque sus médicos patrióticos, además, les recomendarán que pidan lápida también en su bella lengua local.
La medicina patriótica debe verse como superación revolucionaria del juramento hipocrático, como nuevo paradigma.
Exige la colaboración de políticos, médicos y contribuyentes y haber sido formado en el Espíritu Nacional para aceptar morir patrióticamente, con la alegría del héroe, mientras le entonan a uno el himno territorial.
La medicina patriótica aplicada se explica con porcentajes: en relación a la población española, por cada médico con idioma autonómico hay tres castellanohablantes, lo que supone que hay tres bobos estatales por cada bobo local, pero también tres sabios estatales por cada uno local.
Y en los concursos para obtener plazas deberían ganar los mejores, locales o estatales, con idioma autonómico o castellano, porque hoy hablan castellano prácticamente todos los pacientes.
Pero el idioma local se impone por motivos ideológicos, lo que nos dará muchos homicidios. Porque un médico bobo local desplazará siempre a tres listos castellanohablantes.
Así, nuestros patriotas locales podrán engendrar muchísimos tontos para darles trabajo como médicos sin competencia del exterior.
Pues seamos más patriotas aún: si tenemos más derecho al idioma autonómico que a la mejor medicina, volvamos a nuestros empíricos, entrañables curanderos.
En los medios informativos políticamente correctos y progres españoles Barack Obama tiene tantos fans que gritan entusiasmados un españolísimo lema, “¡Obama, dales caña!”, naturalmente a los republicanos, pero sobre todo al PP, al que identifican con McCain y Sarah Palin.
Parecen ignorar que defiende la pena de muerte, que ahora apoya mantener las acciones militares de su país en Irak, que está pacificándose tras vencer a los terroristas de Al-Qaeda y a los asesinos radicales islamistas.
Pero los obamistas españoles se crean nuevos frentes igualitarios para desviar la atención de esta política netamente estadounidense: ahora quieren que, siendo afroamericano, por lo menos, humille a los WASP, blancos dominantes estilo Bush, a los que acusan de racistas.
Pero en España, en cuanto la gitana Pilar Heredia le hizo sombra en el Instituto de la Mujer al “antirracista” Zerolo, el jefe de los gays izquierdistas usó técnicas del Ku-Klux-Klan para destituirla y desacreditarla.
Como el diputado socialista andaluz públicamente antirracista que pedía cuando creía que no lo oían “¡Al puñetero moro este que lo manden ya a Marruecos, y con él a todos los demás!”.
Por otra parte, si Obama llega a presidente no va a gustar aquí su mandato, que será parecido al de cualquier otro predecesor: por ejemplo, bombardeará Irán si amenaza a Israel, reforzará la OTAN y el poder militar estadounidense, y considera chiflados a Morales y Chávez..
Cierto: se opone al proyecto de los republicanos de regular el aborto, que en EE.UU. esta liberalizado, pero entiende como matrimonio solamente la unión hombre-mujer, defendiendo simultáneamente los enlaces gays sin ese nombre de matrimonio ni la adopción de niños: lo que proponía la homófoba derecha española, mire usted.Y dice Leire Pajín que oírle es como oír a Rodríguez Z.
Como gane Obama, sus fans españoles quedarán chafados por su política nacional e internacional y nunca entenderán que si propropone el “cambio” es para que todo siga igual.
Coincidiendo con la Diada del 11 de septiembre, historiadores catalanes, gallegos y vascos, militantes nacionalistas de Galeuscat, han protestado contra los “intentos unificadores de la historia” del poder central y exigieron una visión del pasado más autonomista.
El problema es la verdadera historia española, tan centralista: Roma unifico la península y le llamó Hispania. En el Medioevo, catalanes, gallegos y vascos se apareaban con hermosas castellanas mientras hacían la Reconquista y fabricaban castellanitos.
Casados Isabel, reina castellana, y Fernando, rey de Aragón, que incluía Cataluña y lo que el expansionismo barcelonés llama “països canatalans”, la península se unificó nuevamente, remedando a los romanos.
Un hecho deplorable para los nacionalismos: casi todos los herederos de los principales linajes, tras múltiples cruces, terminaron en Cayetana Alba, los Medinasidonia y, por encima de todos, los Borbón.
Que conste: los Reyes pudieron haber sido otros si los austriacos hubieran ganado la Guerra de Sucesión de principios del XVIII.
Porque dos ramas familiares de la monarquía española, los Augsburgo y los Borbón, combatieron en guerra civil. Los nobles catalanes apoyaron erróneamente a los perdedores, los austriacos. Quizás por eso Barcelona no es capital de España.
En aquella guerra de Sucesión, el héroe de la Diada del 11 de septiembre de 1714 que se conmemora cada año, Rafael Casanova, no murió luchando por la soberanía catalana como cuentan con gran imaginación los nacionalistas.
Está perfectamente documentado que se hizo el muerto, se escondió y, amnistiado por Felipe V, ejerció la abogacía con aprovechamiento económico hasta su muerte, en 1743.
Para colmo, hay 208 madrileños Casanova y sólo 193 barceloneses: parece que han emigrado también.
Pero a los nacionalistas periféricos les molesta reconocer que su aristocracia, que es la base de su tradición e historia hasta casi el Siglo XX, vive en Madrid y sigue siendo dueña de sus mejores castillos y vestigios históricos. Una realidad humillante que se evita recordar.
Javier Bardem dice en la revista T-Magazine, escaparate de las tendencias de moda del New York Times, que gran parte de los españoles son estúpidos porque lo ven como un vendido a Hollywood, siendo él un desinteresado progresista.
A sus 39 años parece no saber que tal crítica viene de quienes lo odian por haberse hecho conocido en EE.UU., sus compadres de la “gauche divine” con camisetas del Ché bordadas en hilo de oro.
Su discurso al recibir el Oscar secundario por interpretar a un asesino de cara pétrea irritó a sus admiradores izquierdistas: cuidadosamente rehusó repetir en Hollywood el afamado “No a la guerra” suyo y de su madre, Pilar.
Javier aceptó con humilde agradecimiento el premio en el país que invadió Irak, ante cuya bandera sigue manteniéndose sentado, pomposamente simplón, José Luís Rodríguez Z.
Es que los Oscar no son los Goya. En Hollywood se llevan esmoquin, traje largo y buena educación, y en los Goya usan camisetas wife-beater (pega-mujeres) y se dan berridos inspirados en las películas nacionales.
Ahora, Bardem parece un vendido al Hollywood comercial-imperialista. Ya no hace cine progresista español, cuyas principales ideas son sexo, gritos y rayas de cocaína.
Por otro lado está la derechachona que condena a los Barden, a los que llaman titiriteros: así define a los artistas sostenidos con coimas del Gobierno, casi todos.
En su boicot antipatriótico esa derecha ha logrado que el cine español sea uno de los menos vistos del mundo; claro que quien comparte las ideas aparentemente progresistas de los cineastas escapa también de pagar por verlos.
Pobre Bardem, que sale tan guapo en New York-New York, sede capitalista de las oportunidades: por descubrir América, es envidiado, repudiado y degradado por sus excompadres zapateriles.
Terminará defendiendo a Sarah Palin.
Clara Sánchez Rodríguez y Jaime López Lamas son un matrimonio que, como tantos españoles, tuvo antepasados asesinados y desaparecidos en la guerra civil, hace setenta años.
Pero esos muertos no son hoy prioritarios. Lo que realmente acongoja cada instante a Clara y Jaime es la memoria histórica de su hija María, a la que mataron hace solamente cuatro años, cuando tenía 22.
En estos días se reabre nuevamente el caso de los muertos republicanos gracias al juez Garzón y a la Memoria Histórica unilateral de Rodríguez Z, inquietos por los ancestros del matrimonio, pero no por víctimas actuales como María.
Que caminaba por una calle de su ciudad, Lugo, cuando el coche a gran velocidad de un borracho se subió a la acera, la atropelló y la arrastró sin frenar decenas y decenas de metros.
El conductor acaba de ser condenado a dos años de prisión, pero no ingresará porque carecía de antecedentes: tendría que haber estado penado antes o haber matado dos veces para que lo encerraran.
Este es el verdadero y lacerante dolor: la vida de una hija, no el del distante pasado. Personas sufriendo la muerte del ser realmente cercano. Frente a ello, tipos borrachos, drogados o violentos que hieren, matan o asesinan y que siguen su vida alegremente, como el homicida de María.
Aceptemos la búsqueda de los asesinados por los franquistas exigiendo también investigar a la otra parte, donde se masacró con no menor brutalidad en tantos Paracuellos, como reconocen ya los historiadores neutrales.
Pero que los políticos no revisen las leyes sobre los crímenes de ahora mismo, y que se dediquen apasionadamente a hechos de hace siete décadas, es una infame y sádica elección de prioridades que humilla y empeora el dolor de las víctimas actuales.
En cualquier momento puede ocurrirle a los soldados españoles lo que a los diez franceses que cayeron en una emboscada el pasado agosto en Afganistán: los talibanes los mataron y se pusieron sus uniformes para aparecer fotografiados en Paris Match.
Aquí no se sabe qué haría el actual Gobierno si algunos de los 700 soldados españoles destinados allí sufrieran muerte y humillación similares.
Rodríguez Z lo niega, pero estamos en guerra. Guerra de supervivencia. Contra unos fanáticos medievales que pretenden deconstruir un mundo a su imagen y que aportan bases para quienes se han propuesto destruir nuestra civilización. Ya nos tienen bastante amedrentados.
Para impedir el avance de esa ola oscurantista, uno de cuyos impulsores es Al-Qaeda, y que esperan conseguir armas nucleares, la OTAN, con autorización de la ONU, arrojó del poder a los talibanes.
Fuerzas armadas de numerosos países acudieron para cooperar con el nuevo gobierno, reducir la miseria afgana y lograr la paz, pero con pocas fuerzas y medios: por ejemplo, España debería tener allí, al menos, 5.000 soldados para la reconstrucción y como combatientes, según cálculos aliados.
Los talibanes están envalentonados por la debilidad numérica de sus enemigos. Saben que los occidentales están divididos y que temen a ciertas opiniones públicas que, sin reflexión, exigen “No a la guerra”.
En Afganistán se sitúa el futuro de Occidente como civilización. Si triunfa el talibán, literalmente “estudiante” del Corán, preparémonos para lo peor.
Si le pasa a los españoles como a los franceses deberíamos estar seguros de que nuestro Gobierno responderá con la misma gallardía que París: redoblando la lucha.
El carácter presuntamente bondadoso y pacífico de Rodríguez Z ofrece poca confianza. Y si huye en cuanto le sea posible, nosotros también deberíamos escapar despavoridos, pero de España.
A Sarah Palin, 44, tuvieron que pasársele por la cabeza las palabras eugenesia y aborto cuando a finales de 2007 supo que iba a tener un hijo con síndrome de Down.
Y el pasado marzo, con toda la información a su disposición, anunció su decisión de tener a Trig “como una bendición de Dios”.
La gobernadora de Alaska y ahora candidata republicana a la vicepresidencia estadounidense, con cuatro hijos, había quedado nuevamente embarazada con 43 años, una edad de riesgo.
Frances Galton, primo de Charles Darwin, creó en 1883 el término “eugenesia”, una filosofía social que defiende la mejora de los rasgos hereditarios mediante varias formas de intervención.
Razonaba que si la evolución mejora a las especies y crea una racional, los racionales pueden mejorar la evolución.
Al aceptarse científicamente que había seres más o menos evolucionados, se unieron romanticismo y nacionalismo y surgieron el Superhombre de Nietzsche o Sabino Arana, precursores, aunque no únicos, de Hitler.
El fundador del nazismo propugnaba perfeccionar los arios cruzando sus mejores ejemplares, el dominio de los pueblos inferiores, y el exterminio de judíos y gitanos.
La eugenesia nazi desacreditó durante muchos años la idea de un perfeccionamiento científico de la especia humana, pero no evitó que, sin usar la palabra maldita, fueran produciéndose avances científicos eugenésicos.
Porque en realidad practicamos la eugenesia cada día, pero no nos atrevemos a reconocerlo. Los test e intervenciones prenatales son una forma de eugenesia, y están legal y en ocasiones religiosamente tan aceptados que permiten abortar nonatos como Trig.
Sarah Palin no quiso practicar la eugenesia estando embarazada, algo que escandaliza a muchos supuestos progresistas que exigen ya igual perfección que Hitler y que ven la involución, aunque ocultándolo, en personas con síndrome de Down.
Compañeras/ros del Partido: necesitamos urgentemente ideas para atenuar ante la opinión pública el hundimiento de nuestra credibilidad, por lo que convocamos un concurso que premiará a los ganadores con jugosas asesorías como la del padre de la ministra Aido/a.
Comienzan a descubrirse los engaños de la campaña electoral. Prometimos riqueza y pleno empleo, y ahora se arruinan en cadena las empresas del país, creando paro y pobreza crecientes.
La inseguridad mata en los hogares, en las calles, e incluso la imprevisión en los transportes. La delincuencia asusta, la irritación hace violentas a personas tranquilas. Estamos quedando sin presupuesto y no sabemos qué hacer.
Afortunadamente contamos con un juez amigo que suele ayudarnos desviando la atención de las desgraciadas. Resucita la represión franquista con éxito mediático, aún abandonando la justicia urgente, como los soplos a etarras. Un abnegado. Pero sólo es noticia temporal reiterativa, con recorrido limitado.
Tenemos en cartera la orden internacional de detención de Bush, Blair y Aznar, más estruendosa periodísticamente que la de Pinochet. Pero nuestro hombre debe reservarla para cuando estemos con el 20 por ciento de paro: neutralizará las protestas populares.
El problema es qué lanzar entre ahora mismo y esa acción de juez. Necesitamos muchas ideas nuevas. Como la de nuestro antiguo periódico amigo metiendo opiniones de los lectores sobre el embarazo de la ministra de justicia francesa y el desmentido de Aznar de su paternidad.
Observad la brillantez de Bibiana Aído/a, que cuando sale la noticia del escandaloso incremento de gratificaciones de su padre y de una docena más de cuates del Partido: la oculta anunciando una nueva ley del aborto, a ver si el PP monta escándalo.
Necesitamos iniciativas así. Grandes ideas de camuflaje. Presentaos al concurso. Recordad los premios: grandísimos sueldos, funcionarios perpetuos y vuestras hijas, ministras.
Cuando los políticos detectan la indignación ciudadana por una ola de delitos odiosos, solemnizan su superioridad moral sobre el populacho advirtiéndole que no deben cambiar las leyes “en caliente” para evitar elaborarlas con “espíritu vengativo”.
Siempre ocurre igual. Esos políticos se van de vacaciones y, entre tanto, un juez sin medios deja en la calle a un peligrosísimo pederasta que matará a una niña, y otro pederasta multirreincidente saldrá de la cárcel para, tres días después, volver a violar a otra niña.
No quieren legislar en caliente, pero manipulan a las víctimas y a la opinión pública: recién encontrado el cadáver Mari Luz Cortés, hace seis meses, José Luís Rodríguez Z se rodeó de cámaras de televisión para prometerle al padre de la asesinada inmediatas medidas contra los pederastas. Pero Z fuese, y no hubo nada.
Mientras, el juez que no envió a la cárcel al pederasta, logra un expediente en el que el Poder Judicial lo exculpa por su exceso de trabajo. Conclusión: pagamos impuestos para lujos de políticos vagos, en lugar de para la justicia.
Y otro pederasta, en Astillero, Santander, atacaba a una niña tres días después de salir de prisión, tras reincidir abusando de niños en 1980, 1983, 1986, 1990, 1999, 2000, 2002 y 2003.
Ocho detenciones, reincidencias por gravísimos delitos, y siempre, a la calle. Pero los políticos no pueden legislar en caliente, no vaya a ser que estén histéricos y se excedan estableciendo castigos.
Pero sí legislan en frío: el vigente Código Penal, de 1995, suavizó la calificación y castigo de la pederastia, lo que hace pensar que alguno de sus redactores pensaba en si mismo, por si lo detenían.
Realmente es para sospechar de esta gente, de sus hábitos e intenciones.
La ministra de Defensa ha presentado un grupo de mujeres militares de los distintos cuerpos y armas con motivo del vigésimo aniversario de su entrada en unidades de combate, aunque antes también servían en destinos auxiliares, como la sanidad.
Las uniformadas entre las que se colocó con orgullo Carme Chacón tenían aire marcial y presencia atractiva, a la vez que enérgica. Se les nota la profesionalidad, Una de ellas es la mejor piloto de cazabombardero de su promoción de hombres y mujeres.
Ahora hay unas 15.500 mujeres militares, el 12,3 por ciento de las Fuerzas Armadas, una por cada ocho varones. Entrenadas para matar y morir. Al menos una ha caído ya en situación bélica en febrero de 2007 en Afganistán.
La imagen de las militares españolas no debería verse como exótica. Al margen de amazonas o guerrilleras, la mujer armada es figura perenne. La guerra tiene grandes diosas, Palas Atenea en Grecia y la sabia Minerva, en Roma. Nacen con casco, escudo y lanza.
En China se incapacitaba la vocación y facilidad batalladora de la mujer menguándole con vendas los pies, hábito mantenido hasta bien entrado el siglo XX.
No todos los militares opinan que las mujeres son capaces de combatir como los hombres: “Les falta agresividad y tienen menos potencia física. Las misiones especialmente violentas son para los hombres”, dice el secretario de la Asociación Española de Militares (AME), el coronel de Infantería José M. Pairet, quien sin embargo apoya que haya mujeres “en los puestos para los que estén más capacitadas”.
Quizás la ministra Bibiana Aído o Aída proponga llamarles miembras, pilotas, militaras o soldadas, siendo la soldada es el sueldo del soldado. Y a las oficiales querrá darles la categoría de oficialas, como las costureras.
Nuestro presidente de Gobierno aseguró hace poco tiempo que los que hablan de una España en crisis son antipatriotas.
Pues quienes afirman ahora algo peor, que estamos ante una gravísima recesión, con crecimiento enloquecido del desempleo, además de antipatriotas son traidores y desestabilizadores.
En esta situación, los buenos españoles deben salir contra los vendepatrias. Deben obligarse a refutar con indignación las críticas nacionales y extranjeras, como la del Financial Times, que afirma que España va a sufrir una gravísima involución económica.
Tal vaticinio tiene que ser una falsedad fruto de su visión pesimista y envidiosa de la brillante política económica de José Luís Rodríguez Z, al que, sin embargo, acusa de no haber previsto ni actuado contra la crisis.
Estos informes apocalípticos se han agudizado desde que el primer ministro dijo que España superaba a Italia, que pronto alcanzaría a Francia y enseguida a Alemania.
Tiene que dolerle mucho al Financial Times que Z ni siquiera hubiera nombrado al Reino Unido, sede de este periódico que le tiene manía a España. Es que el Financial Times es tan supercapitalista que no soporta que Z represente la vanguardia mundial de la socialdemocracia.
Sí. En Londres hiere muchísimo que ahora lideremos el mundo, además de en progreso económico, en la lucha por la igualdad, la paz, contra el hambre, y en la instalación de molinos de viento.
Lo de los molinos encorajina especialmente a quienes tienen viento, sólo fresco, y que siempre defendieron intereses egoístas, mientras que nosotros repartíamos riqueza en América y África, aunque hora lo niegue el compañero Chávez.
Crisis, recesión, desempleo, secesionismos: son inventos de la prensa inglesa, rabiosa por nuestra superioridad socialdemócrata eólica.
José Luís Rodríguez Z y Mariano Rajoy plantean dudas sobre su inteligencia política que debemos examinar basándonos en la fuerza de sus ideas y en sus iniciativas como hombres de Estado.
Desgraciadamente, ninguno de ellos ha planteado algo nuevo que mejore la vida de los ciudadanos porque legislan sobre lo que ya han creado esta u otras sociedades europeas.
Por ejemplo, mejoran la asistencia a los mayores, algo ya aprobado hace mucho por izquierdas y derechas de otros países, o aceptan la unión legal de homosexuales, uno llamándole matrimonio y el otro exigiendo un nombre que no afecte al concepto de familia tradicional.
Nada nuevo, pero gran parte de la población cree que inventan, especialmente Z, lo ya inventado. Santa candidez, heroica credibilidad.
Aquí los únicos pensadores que tienen algo que ver con la política son alguno de Ciudadanos y Fernando Savater, fundador con otros intelectuales de UPyD, pero de los líderes socialista y popular nunca salió una idea novedosa.
Bueno, la frase anterior podría ser errónea porque Z ha tenido dos creaciones originales que igual el tiempo demuestra que son geniales y las copia el mundo entero.
Son innovaciones estratégicas que cambian el sentido de lo militar: si ya el pasado nos traía la figura del general castrense, él ha creado ahora al general músico y a los generales bomberos.
Juntos, y como aportación a la paz universal, pueden desfilar por zonas conflictivas con marchas militares contraincendios,
Rajoy es menos imaginativo: sólo aportó sus hilillos de plastilina que salían del hundido Prestige. Aunque sus análisis estratégicos, internacionales y de España, son lustrosos símiles toreriles, futbolísticos, boxísticos y ciclistas.
Estudiados ambos, deberá analizarse también nuestra inteligencia y buen sentido ciudadanos, porque los elegimos y hasta los reelegimos.
Si vamos a hacer la revolución bolivariana en toda Indoamérica tenemos que cerrar los medios informativos privados por su labor disolvente y por engañar al pueblo enfrentándolo a nosotros.
Compañeros: nos proponemos construir el Socialismo del Siglo XXI y es intolerable que los medios informativos rechacen nuestra lucha. Contra ellos debemos usar todas las armas necesarias.
Cuba pudo hacer la revolución porque cerró los periódicos, algo que de momento no podemos repetir nosotros impunemente porque heredamos las legislaciones liberales y reaccionarias de las democracias burguesas.
Aquí estamos, hermanos de Venezuela, Bolivia, Ecuador, esperemos que Nicaragua y toda Indoamérica, en nuestra lucha contra los burgueses representados por la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), que acaba de denunciar que en nuestros países perseguimos la libertad de expresión y a los periodistas. Se ampara en que también denunciaba a Franco, a Pinochet y a todas las dictaduras.
Nostros somos diferentes. Revolucionarios. No basta que hayan estado contra esas dictaduras militares si también rechazan el socialismo, nuestra etapa superior.
Somos indigenistas y queremos revivir las costumbres e idiomas precolombinos porque nuestros ancestros nativos, tenían sociedades instintivamente socialistas hasta que llegaron los españoles..
Se nos oponen los medios de comunicación de la SIP, que quieren sociedades burguesas como las europeas o las norteamericanas, y que aseguran que la palabra caníbal viene de indio caribe..
Además, esos medios son mayoritariamente privados y por tanto defienden una visión comercial del mundo, mientras que los revolucionarios debemos tomar ejemplo de Gramma, diario de los cubanos, o el Juventud Rebelde, en el que escribe el eternamente joven y rebelde compañero Fidel.
Abajo la libertad de prensa burguesa y capitalista. Debemos perseguir y cerrar todo medio privado, incluyendo internet, si se opone a nuestras revoluciones.
Volvamos al pasado precolombino pero dotados de armas modernas. A la prensa burguesa, plomo.
John McCain ha escogido como compañera de candidatura a una “All American Girl”, una chica guapa y briosa, pionera en el lejano Norte de las que creen necesario mantener el viejo espíritu de la “generosa y buena América”.
Sarah Palin, 44, la idealizable "Girl next door", la chica de al lado, es una de esas mujeres estadounidenses que tanto impactaban a los españoles que las conocían. Todas parecían estrellas de cine y fabricadas en serie, pero con virtudes comunes y caracteres distintos. Seres tan espectaculares y, además, tan inteligentes y libres, que asombraban a Julio Camba hace casi un siglo.
Empezaban como cheerleaders en el instituto, estudiaban lenguas clásicas o economía en la universidad, se emborrachaban y se drogaban, pero, probado todo, volvían a la familia tradicional, contaba el gran periodista viajero del siglo XX.
Ahora son menos amas de casa; ejercen sus carreras y a la vez siguen teniendo hijos: sus servidoras latinoamericanas les hacen el trabajo monótono.
Sarah Palin es así. Como tantas triunfadoras, hizo dos carreras, periodismo y ciencias políticas, con una beca de las que se le conceden a las finalistas en los concursos de belleza.
Miss Alaska pageant-aspirante fue alcaldesa de pueblo y después gobernadora de un Estado tres veces y medio mayor que España y de 700.000 habitantes, al que limpió de la corrupción de sus antecesores, republicanos y demócratas.
Cazadora y pescadora en los últimos confines, es esquinal consorte. Siendo Heath, ha tomado el apellido Palin de su marido, nieto de una nativa Yupik.
Enemiga del aborto ha elaborado una ley que protege legalmente el enlace gay, aunque negándole el nombre de matrimonio.
No rechaza el evolucionismo, pero quiere que el creacionismo se enseñe también como posible explicación a los enigmas irresueltos en teoría evolutiva.
Y desea explotar el mar de petróleo sobre el que nada Alaska, lo que reduciría su precio, también en España: ¡qué reaccionaria!
George Steiner, profesor de Cambridge admirado en todo el mundo, ha generado un vivo debate entre los teóricos de los nacionalismos españoles por afirmar en una entrevista que sus ideologías provocan separatismos, como en Bélgica, que pueden llevar a la violencia, como en los Balcanes.
De hecho, sospecha que estimular las diferencias idiomáticas podrían generar odios étnicos, y se manifiesta desconcertado por su posible influencia en la persistencia de ETA: “El vasco es tan misterioso, muy raro, muy poderoso. Quizá por eso a alguna de esa gente le resulta imposible aceptar el mundo exterior”.
Sin embargo, Steiner justifica que se estudie en catalán en las universidades catalanas porque “es un idioma importante, con una literatura impresionante”.
Pero no en gallego: “No me lo compare con el catalán”, menosprecio que ha provocado el despecho de los nacionalistas gallegos que admiraban a Steiner.
En sus reacciones ante los medios informativos estos nacionalistas le recuerdan la literatura medieval y la importante lista de autores aparecidos desde el siglo XIX hasta hoy.
Cierto: quizás Steiner desconozca la importancia de Curros o Castelao y sepa mucho de Maragall o Fuster, pero para hacer tal afirmación debe saber que todos los gallegos reconocidos como grandes de la literatura universal escribieron en castellano.
Como la última y mejor Rosalía, Pardo Bazán, Valle, Camba, Flórez, Cela, Torrente, o buena parte de Cunqueiro.
Los nacionalistas deberían preguntarse por qué, llegado cierto punto, los que empezaron en gallego se pasaron al castellano, incluyendo a Rosalía la diosa literaria gallega.
Pero es que, además, las universidades que usan idiomas autonómicos siempre carecerán de la bibliografía imprescindible para cualquier materia, que sólo aparece en castellano u otros idiomas internacionales, situación que ninguna voluntad ni ley nacionalista cambiará.
Tampoco en universidades catalanas, pese al favorable prejuicio de Steiner, que necesitan castellano e inglés, básicamente, para todo estudio valioso.
La política estadounidenses es muy diferente a la española, al extremo de que sería impensable ver a Rodríguez Z competir con Rajoy ante el cardenal Rouco por demostrar cuál de los dos es más religioso, al contrario de lo que hicieron Obama y McCain rivalizando sobre quién tiene más fe ante un predicador evangélico y la televisión.
Las diferencias se acrecientan, además, porque unos administran un imperio del que los otros forman parte.
Pero hay algo común entre demócratas estadounidenses y socialistas españoles: su resentimiento contra George W. Bush.
El diputado popular Jorge Moragas, invitado a la convención demócrata que consagró a Obama, fue presentado erróneamente como socialista y recibió un mensaje en tono confidencial del presidente de los demócratas, Howard Dean: “Por favor, dale un saludo a Zapatero de mi parte, pero no te olvides, ¡eh! A Zapatero le gusta Bush menos que a mi, que ya es decir, !ja, ja ,ja!"
Ese guiño de Dean puede afectar a Obama. Porque Moragas ha divulgado la frase en un gesto malvado de aparente ingenuidad, aunque Z se sienta halagado al saber que el líder demócrata conoce su nombre.
Rodríguez Z es solamente un aliado poco fiable para los estadounidenses, y su imagen sentado, despreciando su bandera en un desfile militar, entre gente respetuosamente en pie, es una afrenta para la mayoría de ellos.
La confidencia permite que un simple anuncio republicano dirigido a los hispanos –cuyos electores registrados son muy patriotas—pueda tomar una foto de Dean con Obama, ponerla junto a otra de Z repudiando su bandera, y añadirle este pié: “Así son los amigos de Obama”.
El elector quizás no sepa quién es Z, pero sí el significado del gesto, y su voto, acaso demócrata, podría irse hacia McCain.
Lunes, 28 de mayo
Vicente Torres
Manuel Molares do Val
Juan Fernandez Krohn
Pedro Fernández Barbadillo
Vicente A. C. M.
Antonio Cabrera
Miguel Torres Galera
Carlos Ruiz Miguel
Josep Carles Laínez
Raúl González Zorrilla
Rufino Soriano Tena
José Pómez