Por incitar sexualmente a los hombres hay áreas del mundo islámico en las que las mujeres se convierten en tiendas de campaña negras con mínimos agujeritos para ver, pero también en algunas zonas cristianas, como México, les advierten de que no deben provocar a los machos desbocados con los que se cruzan.
Las autoridades católicas mexicanas acaban de pedirle a las mujeres que no usen minifalda porque enervan a los hombres. Claro que hace unos años un juez español atribuyó la violación de una chica a que usaba esa prenda.
Ahora, y coincidiendo con los JJ.OO. la máxima autoridad religiosa saudita, el jeque Abdelkarim Al Jodair, ordenó que se prohíban los maratones de chicas porque, dice, para ellas correr es “seguir los pasos de Satán”.
“La labor de la mujer es estar en casa, cuidar a sus hijos, preparar a las futuras generaciones y vigilar que se cumplan los principios y moralidades islámicos”, afirma.
Eva, la manzana, los vegetales que nos acechan sin saberlo. Por eso no le prestamos atención a una de las principales razones de la derrota de Al-Qaeda y del creciente triunfo del Gobierno iraquí y de los estadounidenses en las zonas sunnitas de Irak, antiguamente fieles a Sadam Hussein.
Numerosos jefes tribales sunnitas han dado orden de matar a los miembros de la banda terrorista, pero no porque amen mucho a su nuevo régimen o a los americanos.
No. Aunque machistas, lo son menos que los terroristas, cuya visión del temperamento lascivo de la mujer los llevó a asesinar a centenares de ellas por comprar pepinos y otros vegetales cilíndricos y cónicos, tan comunes en la alimentación.
Segun Al-Qaeda las mujeres los quieren para acciones pecaminosas que merecen la muerte, y por ahí ya no pasan sus viudos.
Vivo en una isla y en bastantes de nuestras playas se tolera el nudismo y en todas se permite el topless, nunca he sentido ninguna provocación en esos lugares, pero en la ciudad es otra cosa: a veces hay blusas "convenientemente abiertas",heraldos de la silicona, pantalones bajos que informan que debajo no hay unas bragas de algodón sino un tanga sintético, minifaldas que suben y bajan a voluntad. En realidad un espectáculo destinado a no se que función social o de mercado
Calimero de mi vida, creo que has entendido perfectamente lo que quería decir, pero resulta más facil echarlo a chanza. Por si no lo hubieraras cazado del todo lo de MIRAR, se refería a que mientra nosotras caminabamos con esfuerzo y lucha por nuestra identidad de persona de pleno derecho, sin importar a que sexo se pertenece para avanzar, vosotros, o por lo menos una mayoría miraban nuestros avances, sin plantearse dode se estaban quedando ellos, cuando en realidad, repito lo que ya dije en mi comentario anterior, vosotros los hombres aun teneis pendiente la liberación del machismo impuesto. Y nada, chico a mandar que "p´a " eso estamos
Ana, tienes razón, los hombres somos unos mirones. Pero te digo una cosa, si los hombres nos juramentáramos para no miraros, vosotras haríais lo imposible para que volviéramos a hacerlo. La naturaleza humana es lo que tiene.
En cuanto a los árabes, nunca han sido mi modelo, y considero que están atrasados y reprimidos, sobre todo las mujeres. Sin embargo, veo que mucha gente lo mismo les ataca por cosas como la que se trata en el artículo, que les adora y están deseando que se vengan todos para España. No deja de ser curioso...
Mire usted por donde, a mí lo del pepino, ni se me había ocurrido. Qué atrasada estoy. Las mujeres del Islam tambien harán su propia revolución, no lo duden, pero serán ellas, de hecho, me consta, que ya la están haciendo. Con lo dificil que lo teniamos las españolas con el Nacional Catolicismo. Mucho camino nos falta aun por recorrer, solo falta que los hombres no se nos queden mirarando y... ponganse, tambien a caminar que vosotros aun teneis pendiente la liberación del machismo impuesto
Ana Rodríguez
Como musulmana le doy toda la razon.
Jueves, 20 de noviembre
Manuel Molares do Val
Enrique Zubiaga
Vilagarcía na Rede
ADIÓS AYER
Vicente Torres
Juan Ramón Moscad Fumadó
José López
Santiago Barnuevo
Juan José Miralles
Francisco Rubiales