Crónicas Bárbaras

Sebastián descamisado

06.07.08 | 19:05. Archivado en Actualidad
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En el pleno de control a la política económica del Gobierno en el que por primera vez todos los partidos, a excepción del PSOE, vapulearon a Rodríguez Z, el ministro de industria, Miguel Sebastián, se presentó sin corbata y se negó a ponerse una que le envió José Bono, el presidente del Parlamento.

En la España actual, Sebastián hizo un gesto revolucionario, de descamisado, como los seguidores de Evita Perón, y como se llamaba a si mismo Alfonso Guerra, aunque nunca se quitó la corbata en el templo emisor de leyes.

El gesto del ministro se debió a que la corbata es una prenda inútil, incómoda y calurosa. Cuyo nombre viene de los caballeros croatas que usaban unos pañuelos de colores para secar sudores de rostro y cuello.

Esa forma elegante de recoger fluidos corporales se convirtió en símbolo de distinción, contrapunto del pañuelo de arpillera plebeyo.

Pero, pensará Sebastián, donde hay aire acondicionado no se suda y la corbata es innecesaria. Cierto, pero rechazarla supone despreciar una fórmula de cortesía en ciertos medios sociales, algo así como negarse a decir “buenos días”.

Ni siquiera Stalin, los comunistas o los revolucionarios radicales, con excepción de los de cultura del lejano oriente, o de los de guayaberas-guerreras caribeñas, prescindieron de ella.

Aunque sí lo han hecho los actuales mandatarios iraníes en su Parlamento: mantienen las prendas occidentales y rechazan la corbata, lo que los hace parecer una asamblea de expresidiarios, porque el hábito hace al monje.

Y es que cada liturgia requiere sus alzacuellos: no pega traje y corbata en un concierto de rock, pero es obligatoria en la solemnidad de una gran orquesta.

Y si los diputados españoles imitaran a Sebastián pronto recordarían al venezolano Chávez y a su cuate, el presidente iraní Mahmoud Ahmadinejad.

2 comentarios


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Comentarios
  • Comentario por Picheleiro 07.07.08 | 15:07

    Habló el "dandy" de Santiago ...

  • Comentario por Bardenario 06.07.08 | 23:06

    Cualquier pretexto es bueno para llamar la atención de la prensa. Es una norma marketiniana: No importa lo que digan de tí, lo que importa es que sepan escribir bien tu nombre.

    La cazurrería, siempre es más fácil de cultivar que la cortesía y la elegancia. No digamos el intelecto. Pero tristemente, la vulgaridad es lo que "vende", si con ello se consigue llamar la atención.

Lunes, 28 de mayo

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