En el pleno de control a la política económica del Gobierno en el que por primera vez todos los partidos, a excepción del PSOE, vapulearon a Rodríguez Z, el ministro de industria, Miguel Sebastián, se presentó sin corbata y se negó a ponerse una que le envió José Bono, el presidente del Parlamento.
En la España actual, Sebastián hizo un gesto revolucionario, de descamisado, como los seguidores de Evita Perón, y como se llamaba a si mismo Alfonso Guerra, aunque nunca se quitó la corbata en el templo emisor de leyes.
El gesto del ministro se debió a que la corbata es una prenda inútil, incómoda y calurosa. Cuyo nombre viene de los caballeros croatas que usaban unos pañuelos de colores para secar sudores de rostro y cuello.
Esa forma elegante de recoger fluidos corporales se convirtió en símbolo de distinción, contrapunto del pañuelo de arpillera plebeyo.
Pero, pensará Sebastián, donde hay aire acondicionado no se suda y la corbata es innecesaria. Cierto, pero rechazarla supone despreciar una fórmula de cortesía en ciertos medios sociales, algo así como negarse a decir “buenos días”.
Ni siquiera Stalin, los comunistas o los revolucionarios radicales, con excepción de los de cultura del lejano oriente, o de los de guayaberas-guerreras caribeñas, prescindieron de ella.
Aunque sí lo han hecho los actuales mandatarios iraníes en su Parlamento: mantienen las prendas occidentales y rechazan la corbata, lo que los hace parecer una asamblea de expresidiarios, porque el hábito hace al monje.
Y es que cada liturgia requiere sus alzacuellos: no pega traje y corbata en un concierto de rock, pero es obligatoria en la solemnidad de una gran orquesta.
Y si los diputados españoles imitaran a Sebastián pronto recordarían al venezolano Chávez y a su cuate, el presidente iraní Mahmoud Ahmadinejad.
Habló el "dandy" de Santiago ...
Cualquier pretexto es bueno para llamar la atención de la prensa. Es una norma marketiniana: No importa lo que digan de tí, lo que importa es que sepan escribir bien tu nombre.
La cazurrería, siempre es más fácil de cultivar que la cortesía y la elegancia. No digamos el intelecto. Pero tristemente, la vulgaridad es lo que "vende", si con ello se consigue llamar la atención.
Sábado, 30 de agosto
Emilio Castellote Madrid.
José Luis Palomera Ruiz
Antonio Javier Vicente Gil
Froilán de Lózar
Manuel Molares do Val
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Vicente A. C. M.
Doctor Shelanu
Lourdes Muñoz Santamaría