El espectáculo de reproches mutuos que están dando Esperanza Aguirre y Alberto Ruiz Gallardón reafirma la Ley de Peter, recogida por Murphy: “Al ascender o tratar de hacerlo se descubre quien llega a su nivel ideal de incompetencia”.
Dos personas que se repelen por celos y deseo de sustituir a Mariano Rajoy, caso de que pierda las elecciones, demuestran que ya llegaron al máximo de sus capacidades y que como jefes del PP serían un peligro para sus militantes.
Aguirre es una magnífica presidenta de la Comunidad de Madrid a juzgar por sus resultados electorales tras cuatro años de mandato que le dieron un exorbitante triunfo sobre su contrincante socialista, Rafael Simancas.
Gallardón es un alcalde vencedor casi impúdico, dada la diferencia de votos con la que descalabró a Miguel Sebastián, el amigo impuesto por Rodríguez Z como gran paladín contra los populares.
Quizás Aguirre y Gallardón sean buenos ministros si gana Rajoy, aunque sus cargos actuales son mucho más vistosos y autónomos que cualquier gabinete.
Pero se acabó: han demostrado que su personalismo daña más al PP que la labor del PSOE, que aprovecha de esta división para proclamar que su partido es un saco de gatos enfurecidos.
Lo que no parece ser una interpretación correcta, porque Rajoy los laminó, dejándolos de momento fuera de la lucha por la sucesión: sabia y prudente sentencia.
Fue Rajoy, precisamente, quien parafraseó a Romanones al decir de ellos ya hace años “¡Qué tropa!”, porque esta rivalidad viene de muy atrás: ambos pensaban que el líder del PP no tenía futuro, lo que les empujaba a tirarlo por la ventana con gran dedicación.
Rajoy aguantó y demostró mayor sensatez que los dos juntos al impedirles que accedieran a su elevadísimo nivel ideal de incompetencia.
Lunes, 6 de julio
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