A los votantes de Barack Obama de la mayoría blanca estadounidense --las minorías raciales requieren otro análisis-- se les detecta fervor religioso y amor hacia este Mesías que rescatará EE.UU. del pecado, de la maldad, la belicosidad y el egoísmo.
Es el símbolo de lo políticamente correcto, ni blanco ni negro, multicultural, ejemplo del sincretismo religioso-secular, porque aunque se confiesa ferviente cristiano también fue educado en el islam y defiende, entre otras heterodoxias, el aborto, anatema para los puristas de ambas creencias.
Si se sigue hablando con esas personas que depositan su fe en Obama y se les pregunta por sus religiosidad se descubre que, mayoritariamente, Dios no les preocupa demasiado. Casi no hay entre ellos los "born again", los "nacidos de nuevo".
Si preguntamos lo mismo a quienes, también blancos, se proponen votar a McCain, observaremos que no lo tienen como un Mesías: pertenecen mayoritariamente a alguna iglesia cristiana y ya tienen uno, Jesús; pero dicen admirar a una buena sacerdotisa cristiana sin categoría divina, Sarah Palin, su candidata a la vicepresidencia.
Por eso, esta elección presidencial es más que un debate entre demócratas y republicanos. Es un combate entre creyentes. El electorado blanco es creyente, pero con diferente espiritualidad:
Una mitad ha sustituido a Dios por un hombre llamado Barack Obama al que diviniza, y la otra mitad está más cerca del Dios tradicional.
Tanto es así que, observemos los extremos, entre los fanáticos de Obama están los ateos más activos, y entre los de McCain, más bien de Sarah Palin, quienes ven en Obama como el Anticristo anunciado en el Apocalipsis.
Lo que permite deducir que muchas veces cuando deja de creerse en un dios se tiende a crear otro con virtudes y atributos parecidos: el caso de Z y de sus fervorosos creyentes españoles es paradigmático.
Lleva casi cinco años de mandato y sigue igual: le ha dicho al New York Times que teme que McCain gane las elecciones porque podría provocar una nueva guerra fría con Rusia, cuando el problema es Rusia, semidictadura que pretende resucitar su viejo imperio, que asesina periodistas e invade antiguas colonias, como Georgia.
Los diplomáticos españoles no saben donde esconderse tras la nueva ocurrencia de este Rodríguez Z cuya experiencia internacional antes de gobernar era la ruta León-Madrid, y viceversa.
Ya antes de ser presidente hizo su célebre sentada en un desfile militar ante la bandera de un aliado, EE.UU., lo que mostró su visión estratégica.
Recién elegido ordenó que la unidad española no combatiente en Irak huyera tras los atentados del 11 de marzo en Madrid.
Gran triunfo de Al-Qaeda, no por la retirada previamente anunciada por él, sino por la forma: desertó sin negociar un repliegue honorable ante los aliados que, aparte de EE.UU., eran la Europa comunitaria, menos Francia y Alemania.
Tratando de disimular la escapada, pidió en Túnez a esos países que huyeran también, pero nadie le hizo caso. Y lanzó su Alianza de Civilizaciones, copia de la creada años antes por los ayatolás iraníes entre risas sarcásticas de los países serios.
Se indispuso con Angela Merkel llamándole fracasada, despreció a Nicolas Sarkozy –nos envidia, dice-- frente a Ségolène Royal, y públicamente hace chistes zafios sobre Berlusconi.
Aislado, como se vio en la OTAN, en Bucarest, ni siquiera lo invita Francia, presidente actual de la UE, a la reunión comunitaria más importante sobre la crisis. Y ahora ataca a McCain como cuando jaleó a Kerry contra Bush.
Vista su clarividencia, podría ganar McCain y Z reafirmaría su figura entre demócratas sabrosones: Chávez, Morales, Correa, Ortega y los Castro.
Hasta la aparición en España del programa televisivo La Noria la muestra de periodismo basura más notable del mundo era “The Jerry Springer Show”, en el que aparecen los estadounidenses éticamente más indeseables en numerosas emisoras asociadas a la NBC.
Con Jerry Springer se descubren los instintos humanos más bajos, que al hacerse públicos ante todo el país provocan insultos y peleas entre los protagonistas y sus allegados o amigos, que supuestamente los desconocían, y que son secretamente invitados al plató.
Es un circo de “freaks” repulsivo en el que aparecen bestialismo, pedofilia, incesto o cualquier desviación cuyos protagonistas revelan a cambio de una sabrosa paga.
Jerry, 64, tras sacar lo peor de sus invitados, se mantiene al margen como el árbitro de un combate de boxeo y les pide mesura muy educadamente.
En España La Noria de Telecinco seguramente ha superado a Springer al transformar, no a lo más “freak” de España, que hay en abundancia, sino a un grupo de periodistas antes respetables, e incluso buenos profesionales, en “freaks” tan repulsivos como los invitados de Jerry.
Se quejaba hace unos días un periodista serio, Hermann Tertsch, de la degradación del periodismo español a través de ese tipo de programas y personajes. Cree que no hay nada parecido en una televisión europea. Cierto: la única comparación posible está en Chicago, donde graba Springer.
Produce melancolía ver a informadores de cierto mérito pasado, como Enric Sopena, María Antonia Iglesias o Miguel Ángel Rodríguez, que fue portavoz del Gobierno de Aznar, transformados en “freaks”.
Se tiran al cuello gritos e insultos, cabrón, fascista, drogata o así, y rápidamente montan trifulcas similares a las de Jerry.
Dinero: por cobrar tras cada programa, unos periodistas que parecían dignos son ahora tan repelentes ética y estéticamente que parecen venir del “The Jerry Springer Show”.
Hay una sensación que está generalizándose de que los poderes político, militar y económico de EE.UU. están en decadencia aunque el país conserve su capacidad creativa, científica, tecnológica y cultural.
Cayó el expansionismo comunista soviético bajo el peso económico-militar de Washington, pero renace la Rusia rica en materias primas chantajeando a los europeos y aliándose con los “nuevos socialistas” latinoamericanos que dirige Chávez.
Desde la desaparición de la URSS en 1991 y hasta el ataque a las Torres Gemelas, una década después, era inimaginable que cualquier Hugo Chávez, exgolpista y protector de los narcoguerrilleros colombianos siguiera gobernando Venezuela. Recuérdese: Fidel Castro se mantuvo en los años más difíciles solamente gracias al apoyo soviético.
En Bolivia, que sufrió 56 golpes de estado entre 1934 y 1985, era impensable la continuidad del presidente indigenista cocalero Evo Morales sin una clara debilidad o un desinterés estadounidense por su “patio trasero”.
Morales reta a parte de los bolivianos, pero también a un George W. Bush absorbido por la decadencia del dólar, la lucha contra el terrorismo islamista, y las guerras de Irak y Afganistán.
Rafael Correa, en Ecuador, o el sátrapa pederasta Daniel Ortega, en Nicaragua, entre otros, se enfrentan ostentosamente a un Washington que ni responde ya a sus insultos.
Son dirigentes que coquetean con Rusia y China, que entraron plenamente en la globalización capitalista, en la que ya compiten con EE.UU. Y que militarmente esbozan alianzas entre ellos y ese “patrio trasero” de EE.UU., mientras Irán se prepara sus armas nucleares islámicas.
A esta revuelta antiestadounidense no se les han unido los izquierdistas precavidos Lula da Silva, de Brasil, Michelle Bachelet chilena, o el peruano Alan García, pero aún así, Obama y McCain tienen que saber que uno de ellos heredará un poder en decadencia, pero también el país de la creatividad, el progreso y la democracia más longeva de la historia.
Era solamente un corte publicitario del Partido de los Ciudadanos, tres escaños en el Parlamento catalán, que pedía bilingüismo y recordaba que los niños sufren allí la imposición de un monolingüismo que veta el castellano, pero dos cadenas de radio rechazaron emitirlo en la región con un razonamiento engañoso: ataca al catalán.
Aún con ese boicot, cinco mil personas se manifestaron este domingo en Barcelona con el lema en catalán y castellano “No a la imposición lingüística en nuestras escuelas”.
La censura de las cadenas Onda Cero y Punto Radio, es un acto que podría violar el contrato que ambas mantienen con la sociedad española que les ha concedido el derecho de emisión.
Porque esa autorización, aún siendo administrativa y democráticamente discutible, le impone a los concesionarios que respeten la pluralidad ideológica de los ciudadanos siempre que no incurran en delito.
Claro que esas concesiones del espacio radioeléctrico las hacen los gobiernos, nacional y regionales, y no con neutralidad, sino a quienes se les pliegan y les hacen propaganda.
Pero hemos pasado de la propaganda, acto positivo a favor de la ideología dominante, a la censura de las ideas de la oposición, como son las de Ciutadans-Ciudadanos de Catalunya-Cataluña.
Y lo que parece una pequeña anécdota es un atentado a la libertad informativa y a la política de todos los ciudadanos, y no sólo de los del Partido de los Ciudadanos.
Apoyemos o no las ideas de esa organización, al igual que las del UPyD de Rosa Díez, silenciadas ambas en los medios cercanos al Gobierno central y al socialnacionalismo de la Generalitat, censurar ese pensamiento opositor muestra unos poderes ejecutivos y, en el caso de las radios, empresariales, de peligrosísimas tendencias fascistas o, si se prefiere, fascistoides.
Estamos dejando que sólo los periodistas deportivos comenten la pequeña guerra civil desatada en Barcelona el pasado domingo cuando los Boixos Nois, aficionados radicales del Barça, atacaron con bengalas a los del Espanyol.
Hacen falta también los análisis políticos. Porque aquello no fue una agresión de unos espectadores a otros, algunos de los cuales podrían haber muerto, sino la violencia del nacionalismo excluyente contra un supuesto enemigo, otro nacionalismo.
Fue el acto bélico de un grupo no poco numeroso que se cree el representante genuino de Cataluña contra otro más débil.
Débil, e incluso buenista: para congraciarse con el catalanismo, en 1995 rebautizaron el club como Espanyol eliminando la histórica ñ del Español.
Y la situación debe verse como la de una tribu con una ideología política que se expresa mayoritariamente en catalán atacando a otra porque todavía habla mayoritariamente castellano.
Este asalto tribal tienen todas las características de las guerras civiles y muestra el estado de ánimo de ciertos grupos sociales, los más fanatizados y activos, y que hostigan aún sabiendo que pueden matar.
El fútbol es solamente el medio que facilita el enfrentamiento. Incluso en Sevilla o Madrid hay un embrión de guerras civiles entre tribus deportivas rivales, que serían sangrientas si esas regiones fueran independientes.
Ocurre en el País Vasco, con las guerras históricas entre los equipos de Bilbao y San Sebastián, y en Galicia, con los odios entre Vigo y A Coruña ocultos tras sus dos clubes.
Todo esto demuestra que hay un estado de ánimo cultivado por las tribus que generan los nacionalismos.
Y que podría terminar, aunque se erradique la violencia de los estadios, con una guerra civil entre los de la misma ideología nacionalista matándose por demostrar quién ama más a la patria.
Como los islamistas que rivalizan matándose unos a otros para demostrar quien de ellos es más fiel a Alá.
En las primaveras, época de abono de las tierras de labranza, todo el campo chino huele a heces humanas.
Se recogen en unos evacuatorios públicos a los que acuden los campesinos, el 43 por ciento de los 1.335 millones de habitantes de este país veinte veces más grande que España.
Debe hacerse esta descripción para que se entienda por qué pueden ocurrir las contaminaciones de los alimentos, como la leche envenenada con melamina: el verdadero peligro chino es que estamos ante una sociedad de agricultores que vivió muchos siglos con hambre y que ahora participa de la globalización comercial.
China es mezcla de medioevo agrícola y modernidad capaz de poner un ser humano en el espacio. Un país que vivió siglos de hambrunas y muerte, especialmente con la Revolución comunista, pero que con ella recuperó un cierto orgullo tras ser humillada por los occidentales y los japoneses desde mediados del siglo XIX.
Muerto Mao Zedong en 1976, Deng Xiaoping, que ya desde 1960 decía que “no importa que el gato sea blanco o negro, sólo que cace ratones”, ordenó en 1981 lograr a cualquier coste las “cuatro modernizaciones”: económica, agrícola, la científica y tecnológica y la de la defensa nacional.
Ahora, el Partido Comunista controla la política y la economía capitalista. Vende barato, y la Guardia Civil compra allí sus uniformes.
Hay pocas reglas, especialmente sanitarias. Quien envenena a la población, como el caso de la leche contaminada, posiblemente será fusilado como lección general, siempre que no sea miembro prominente del Partido.
Ahora, recordemos que las contaminaciones son fácil secuela de las dictaduras: sólo las regulaciones de la UE evitaron que se repitieran en España casos como el de la colza, con 700 muertos y 20.000 incapacitados.
Es “El País” quien le llama buhonero al presidente Rodríguez Z por presentar la economía española en Nueva York como la más sólida del mundo ante los neocon estadounidenses a los que halagaba mientras despreciaba a Berlusconi y Sarkozy porque, según decía, el ungüento de ellos es menos milagroso que el suyo.
Somos grandes, le dijo a aquellos bancarios –los banqueros no acudieron a oírlo-- con el optimismo patológico de quien exhibe una abultada cartera sólo llena de recortes de periódico, como el hidalgo español hambriento que se echaba migas por la barba para simular que había comido.
Mientras, las hermanas Dolores, 101 años, Concha, 92, y Rosario Benavides Cámara, 90, de Castellar (Jaén) deberán aguardar entre cinco y seis años, hasta 2013 ó 2014, para recibir las ayudas previstas en la Ley de Dependencia.
Para entonces tendrán un mínimo de 106, 97 y 95 años, pero es que gracias a Z todos viviremos más: como le ocurrirá a esas señoras que esperarán pacientemente un lustro para empezar a cobrar.
Quien debería pagarles es la Junta de Andalucía, pero no tiene fondos. El presidente Cháves no se atreve a denunciar que Z los prometió y no los entrega; pero tiene a Solbes para acusarlo de quedarse con esas dádivas del Ungido.
Casi todas las CC.AA. carecen de presupuesto para cubrir los compromisos sociales legislados por Rodríguez Z, igual que los ayuntamientos, que viven de la especulación.
Madrid, Valencia y Murcia van a denunciarlo por no facilitarles 3.000 millones de euros de gastos sociales que les adeuda: sus dirigentes, pesimistas y de derechas quieren el dinero que Z reparte por la ONU para que le den el Nobel de la Paz, que sería un orgullo para España. Envidiosos, acomplejados.
De los 48 millones de habitantes de Suráfrica 5,5 millones padecen sida, se infectan cada año 500.000 más y mueren diariamente 1.100, en buena medida porque Thabo Mbeki, recién dimitido presidente del país por conspirar contra el político que le sucederá, propagó la idea de que la enfermedad había sido creada por blancos para matar negros y que se cura con un remedio casero.
Ese es Thabo Mbeki, de 66 años, el sucesor de Nelson Mandela, padre de la lucha contra la segregación racial, presidente de 1994 a 1999 y líder del Congreso Nacional Africano (CNA) que pasó 27 años en las mazmorras del régimen del apartheid.
Mandela, de 90 años ahora y personaje venerado internacionalmente, no corrigió a Mbeki cuando tomó su relevo en 1999 y difundió sus pintorescas teorías sobre el sida, extraídas de internet.
Así, ordenó que los médicos trataran a los enfermos con Virodene, un derivado del disolvente industrial dimetilformamida porque dice que cura ese mal que, según cree, tiene menos que ver con la actividad sexual que con la pobreza.
Siguiendo su ejemplo numerosos surafricanos rechazan los preservativos o la contención sexual antes de mantener relaciones con quienes, incluso, presentan visibles síntomas del mal.
Esta suicida orientación sanitaria está posiblemente marcada por la sospecha hacia las intenciones de los blancos: dañaron tanto con el apartheid que ahora muchos africanos como Mbeki desconfían de su ciencia a pesar de haber estudiado, como él, economista por Sussex, en universidades europeas, especialmente británicas.
Todo indica que su sucesor será Jacob Zuna, 64, supuestamente víctima de la conspiración de Mbeki, otro activista antiapartheid que tuvo que dimitir previamente por corrupción, que también fue acusado violación, y que cree que para evitar el sida basta con ducharse bien: ¡Pobre África!
En varias calles colindantes con la Gran Vía de Madrid numerosos narcotraficantes trapichean entre basuras, botellas y vasos rotos, cajas, papeles, plásticos, envueltos por el hedor que brota de los portales que usan como evacuatorios y refugio de prostitutas que les acompañan.
A los vecinos sitiados que protestan contra esta agresión algunas oenegés les llaman racistas porque la mayoría de esa gente que vive entre la inmundicia que ella misma crea es extranjera.
Pero esa irritación y repulsión ciudadana no es necesariamente racismo, sino algo que podríamos llamar sucismo, sentimiento de rechazo a lo sucio.
De nuevo, las oenegés culpan de esa degradación a la sociedad española por no darles trabajos honorables. Pero otros inmigrantes los encontraron, y estos descubrieron pronto que narcotráfico y prostitución evitan el laboreo duro y constante.
Hay quien quiere ver a esas personas como si fueran el Buen Salvaje corrompido por esta sociedad. Falsa percepción: son como tantos de nosotros, que prefieren el dinero fácil delictivo al difícil honrado; y más si se han educado para aceptar socialmente la corrupción, como en tantos países del tercer mundo, o en cada día más numerosos ambientes españoles.
Sí, españoles, porque al margen de en poblados marginales y aislados, entre nosotros se da crecientemente este sucismo que no queremos ver porque el color de la gente es más blanco.
Obsérvense tantas escenas de botellón, rutas del bacalao y de movidas nocturnas en pueblos y ciudades españoles y se verá que el ambiente es cada día más parecido al de las calles anexas a la Gran Vía madrileña, con narcotráfico incluido.
El sucismo no es racismo, sino rechazo a la actitud de estas gentes que agraden con sus hábitos, aunque si vemos a los españoles menos indeseables o los disculpamos porque son blancos, eso sí que es racismo.
En la Comunidad de Madrid la gente siente rechazo, indiferencia o admiración por su presidenta, Esperanza Aguirre, pero acepta mayoritariamente que ha conquistado su actual mandato ofreciendo servicios eficaces, especialmente sanitarios y de transportes.
Ante esta situación, el izquierdismo que dominaba la sanidad organiza contra ella campañas de agitación y propaganda, agitprop, en lugar de ofrecer mejores proyectos o el ejemplo de comunidades socialistas con servicios superiores.
Ahora acaba de iniciarse en Madrid una nueva cruzada encargada al director de cine Fernando Colomo: un corto en el que una trabajadora accidentada debe curarse a si misma porque ya no tiene sanidad pública.
Pocos madrileños creen esa propaganda de intención agitadora: numerosos enfermos de otras comunidades, incluidas las socialistas, huyen de la baja calidad sanitaria de sus regiones y tratan de que les atiendan en Madrid.
Más que agitprop para quitarle electores, ese corto parece una campaña desesperada para evitar que los votantes tradicionales de izquierdas se vayan masivamente con Aguirre.
Porque aparte de modernizar y mejorar los antiguos y famosos hospitales madrileños, ha creado en cuatro años ocho nuevos de competente administración privada, aunque siguen siendo públicos.
En esos hospitales hay menos huelgas, liberados sindicales, bajas falsas, corruptelas o sustracción de material, como en tantos centros de administración pública.
Los sindicalistas se manifiestan contra “la privatización de la sanidad”, pero los pacientes saben que la administración privada regenera la calidad de los servicios públicos.
“Es una reaccionaria: compra al electorado ofreciendo servicios privatizados”, protesta un sindicalista. Pues que pregunte a los pacientes.
Para recuperar Madrid en lugar de agitprop defensivo y que falsea hechos la izquierda debe ofrecer ejemplo con sus comunidades, con programas más creíbles que los de Aguirre y Gallardón, porque de seguir así terminarán siendo presidenta y alcalde perpetuos con mayorías búlgaras.
Hace solamente cuatro meses Rodríguez Z se atribuía los méritos de que España estuviera en la Liga de Campeones económicos, pero ahora culpa a Aznar y a los neocon estadounidenses de la crisis cuya existencia negaba.
El problema español no lo provocan ni Aznar, ni Bush, ni los llamados neoconservadores. Simplemente, vendemos fuera menos de lo que compramos y acumulamos un ruinoso y creciente déficit exterior. Gastamos a crédito lo que no tenemos y debemos pagar la deuda.
Rodríguez Z habla de los neocon y seguramente ignora de dónde viene y qué significa ese movimiento creado por antiguos trotskistas ansiosos por cambiar al mundo a través de la “revolución permanente”.
El neocon actual fue antes un progre trotskista infiltrado entre socialdemócratas en los años 1950: Z sigue ese pensamiento con su obsesión por moldear a las personas en lugar de gobernarlas bien.
En los 1970 muchos de estos trotskos se hicieron conservadores, misioneros de la democracia y el libre comercio, valores revolucionarios dentro de las sociedades atrasadas, dictatoriales o fanáticas.
En los últimos años los neocon estadounidenses trataron de modernizar el Oriente Medio forzando su democratización a partir de Irak, tras hacer caer a Sadam Hussein, pero, de momento, fallaron.
El triotskismo al estilo Z, perdido el norte de la igualdad y la fraternidad socialistas devorado por los nacionalismos, propugna la eliminación de valores absolutos sustituyéndolos por la autocomplacencia, el placer individual y una difusa solidaridad planetaria.
En ambos casos los trotskistas mantienen la revolución y la agitación ideológica permanentes, sean en la guerra, o en la medrosa paz de Z, que quiere crear el “hombre nuevo” con su Educación para la Ciudadanía Progre y con la ilusa Alianza de Civilizaciones que, terrible fracaso, ahorca homosexuales en lugar de casarlos.
Martes, 7 de octubre
Raúl González Zorrilla
Pedro Fernández Barbadillo
Vicente A. C. M.
Carlos Corral
Antonio Javier Vicente Gil
Carlos H. Echevarría
Jesús Montesinos
ADIÓS AYER
Lisardo Ugidos
José López