Crónica Internacional

China erige dos estatuas como exaltación del nacionalismo

19.04.07 | 09:18. Archivado en Países

(PD/EFE).- China, amante de las obras públicas faraónicas con fines propagandísticos y nacionalistas, ha inagurado hoy con gran fanfarria una estatua ciclópea a orillas del Amarillo que se aleja de la simbología comunista y está dedicada a dos emperadores, todo un símbolo del giro de Pekín hacia sus viejas tradiciones.

La estatua en honor a Huangdi y Yandi, héroes legendarios y supuestos fundadores de la civilización china, es además la segunda más alta del mundo con 103 metros. Ushiku Amida Buda (en Ushiku Arcadia, Japón) es considerada la estatua más alta del mundo con 120 metros.

Después de décadas erigiendo grandes estatuas de Mao Zedong, China ha decidido dedicar la mayor estatua del país a Huangdi -el Emperador Amarillo- y Yandi, dos reyes legendarios a los que los chinos consideran padres de su civilización.

Una espectacular ceremonia a orillas del río Amarillo (también considerado cuna de la cultura china), que ha contado con dragones voladores manipulados por control remoto, ofrendas florales y fuegos artificiales, ha servido para recibir a la nueva estatua, con la que la cercana ciudad de Zhengzhou espera atraer el turismo.

Cubierta con niebla artificial

Miles de maestros de tai-chi y niños que estudian kung-fu junto al cercano templo de Shao Lin, así como batallones en perfecta formación de policías, soldados, enfermeras y líderes comunistas, han dado a la ceremonia el carácter masivo habitual en un superpoblado país como el chino.

Los chinos, siempre dispuestos al más difícil todavía en este tipo de acontecimientos, han sorprendido con una original puesta en escena: la estatua y todos los alrededores estaban cubiertos con niebla artificial y llegado el momento, ésta se ha disuelto por arte de magia, presentando al mundo la gran obra.

Se trata de un doble busto de cemento reforzado, cubierto con sillares de piedra blanca, en el que sobresalen las caras angulosas y esquemáticas de los emperadores Yandi y Huangdi, en realidad caciques de tribus prehistóricas que fueron deificados por dinastías posteriores para insuflar orgullo nacional.

Para ello, y para dotar a la figura imperial de un carácter casi mágico, a Yandi y a Huangdi se les atribuyeron inventos como la medicina y la música tradicionales, la brújula y el calendario lunar.

Veinte años y 23 millones de dólares (17 millones de euros) ha costado la obra, que fue sufragada por gobiernos locales y provinciales de China así como donaciones de empresarios y personalidades chinas o de origen chino en EE UU, Canadá o Singapur.


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