Cristianía, un monacato caminante

República y Mística Ecuménica: La forma más eficaz de vivir el Amor en la política.

20.06.14 | 08:49. Archivado en Autor, nuevo paradigma, contemplativos solidarios

Una de los síntomas de la fragmentación enfermiza de nuestro mundo es la separación, que han ido sufriendo (en nuestra mente y en nuestra cultura), las diversas dimensiones que constituyen la realidad, y la hipertrofia que tienden a alcanzar estas dimensiones disgregadas, al pretender ser únicas y excluir al resto de la realidad. La política, en la modernidad enfermiza, es una de esas dimensiones que se han hipertrofiado en la mente colectiva o individual. Todo se “politiza”, en el peor sentido de este término (todo se “ve” desde la óptica de la propia “secta” política o en términos de búsqueda del poder para los míos), en el discurso de algun@s, en especial, de los políticos profesionales. Pero la realidad es mucho más que “la política” y ésta termina, en algún momento, por descubrirnos que la política sola no nos realiza (no nos hace vivir en la realidad).

Para otr@s, “la política” es poco menos que “sucia”, poco espiritual o poco inteligente, pretendiendo vivir al margen de la misma, ya sea cultivando el propio interior o buscando los diversos placeres y divertimentos personales que nos evaden de la situación que viven los demás (y de la realidad). Ahora bien, antes o después, la política llama a nuestra puerta de diversas maneras: impuestos, recibos de la luz y el agua cada vez más elevados, el paro, injusticias laborales o sociales, las crisis económicas, etc… Que los privilegiados crean que pueden vivir al margen de lo político quizá sea algo comprensible, que lo hagan l@s trabajadores/as de a pie es, cuando menos, poco inteligente y, en ocasiones, un verdadero suicidio inconsciente… del que tomamos conciencia cuando descubrimos que los políticos han aprobado leyes que nos “perjudican” gravemente a nosotros o a quienes queremos…

La finalidad última de la política debería ser ayudar a alcanzar la realización del ser humano y no el utilizar al ser humano para sostén de sí misma; la política no puede ser, por tanto, autosuficiente. Es decir, sin perder su autonomía, la política debe reconocer también sus límites. Hay valores superiores a los bienes políticos (siendo estos necesarios). La persona (el amor-comunión) está siempre por encima de la política, y el núcleo de la persona es la vivencia del Amor, la experiencia de alcanzar la comunión con Todo y todos sin dejar de ser lo que somos; éste debería ser el fin al que todo nos condujera, también la política.

Ahora bien, no hay ser humano real al margen de la política, al margen de la relación y la sociedad. Sin dimensión política no hay ser humano que viva en la realidad y pueda alcanzar, con autenticidad, la experiencia del Amor (habrá en él un egocentrismo más o menos sutil y, por tanto, un amor y una humanidad empequeñecidos). Necesitamos un compromiso político para Amar realmente.

Esto supone que la política necesitaría reconocer la importancia de la espiritualidad (el arte de Amar, el arte de transcender el Ego) para evitar caer en el autoritarismo (autocentramiento en sí misma). Una democracia que no respete y promocione la vivencia de la espiritualidad, del Amor encarnado en la justicia, el valor de la persona, como comunión, sobre el egocentrismo del individuo o del Sistema, es un régimen totalitario que ha puesto al Sistema, o al Ego, por encima del Ser Humano.

Ahora bien, una espiritualidad que pretenda situarse al margen de la política, o pretenda anular su autonomía, es también una forma de alienación totalitaria; y de esto, por desgracia, tenemos muchos ejemplos en la historia de las religiones, que han hecho (y hacen) más política, en el peor sentido del término (búsqueda del poder) que verdadera espiritualidad.

Esta idea de que el Amor está por encima de la política, pero ésta es necesaria para vivir el Amor, es lo que intentaron expresar algunas culturas a través de la figura de la Monarquía. Se pensó que era bueno que alguien se situara por encima de las querellas partidarias, como símbolo de que la comunión y el Amor deben estar sobre el poder. Dante, por ejemplo, creía que era bueno que hubiera un monarca europeo que tuviera el poder (el Emperador) para que careciera de ambiciones personales o nacionales y pudiera actuar como árbitro y símbolo de la comunión en toda Europa.

La Historia nos ha enseñado que la Monarquía como instrumento para poner el Amor sobre el poder es escasamente eficaz, al menos, en la actualidad. ¿Quién controla al controlador si éste se corrompe? La Monarquía termina siendo, más que una realidad que genera comunión, un foco demasiado susceptible de ser atacado por la corrupción. Hoy lo que parece más eficaz para poder evitar la corrupción del poder es que haya la posibilidad de un control, desde las bases, de la autoridad, de forma que ésta pueda ser revocada si es mal utilizada. Por eso, hoy la Monarquía más que una solución es un problema. Una República, verdaderamente democrática, es sin duda mucho más eficaz para poder vivir ese Amor político, que exige que la autoridad esté controlada desde la base y sea susceptible de ser revocada.

En cualquier caso, no basta el control democrático si no hay una espiritualidad que sea el núcleo de la sociedad, transformando y sosteniendo el corazón de las personas, ayudándoles a salir del ego y a sentirse en comunión los demás y con toda la realidad. Una República sin espiritualidad, sin cultura transegoica, sin arte de Amar, seguirá siendo insatisfactoria para lograr que podamos realizarnos como seres humanos, como amantes, que es, finalmente, la meta de nuestra naturaleza.

La promoción de la espiritualidad es, por tanto, un tema que debe figurar entre los intereses fundamentales de la política que exigen los nuevos tiempos que están naciendo, tiempos que están dando paso a un paradigma más integral y menos reduccionista. Un paradigma que es consciente de la importancia de la espiritualidad.

Esto, por supuesto, no supone regresar a modelos teocráticos (tan alejados normalmente de la espiritualidad). Algunos piensan que la nueva espiritualidad que se debería promover desde una República moderna, que sea consciente de ser un instrumento para vivir el Amor y que quiera fundamentarse en un nuevo paradigma integral (aquel que incluye la espiritualidad como dimensión necesaria), sería puramente laica, pues consideran que la espiritualidad laica sería la espiritualidad común a todos. Creo que es cierto que la espiritualidad laica es, posiblemente, la que más enfatiza ese elemento común a todas las espiritualidades, pero eso no impide que sea un tipo de espiritualidad tan particular como la espiritualidad confesional. En el nuevo paradigma integral el pluralismo ha de ser un valor fundamental (si no, no será integral) y esto supone que todos los puntos de vista o perspectivas, que no sean enfermizas, puedan tener participación en él. Sería mejor, pues, tener una perspectiva espiritual ecuménica más que laica, un macroecumenismo, que se base en el diálogo y la integración (sin fusión) de las diversas espiritualidades (se llamen así o no, podemos llamarlas cosmovisiones también) laicas y confesionales. Pasaron los tiempos de los modelos uniformizadores (laicos o confesionales) así como de la fragmentación y la confrontación de cosmologías o espiritualidades, vienen tiempos de no-dualidad o trinitarismo, de unidad en la pluralidad, de armonía y diálogo dialogal entre los diferentes pero unidos.

Una República que quiera realmente promover el bien integral de sus ciudadanos ha de tener en cuenta la promoción de las diversas espiritualidades siempre que éstas no sean formas enfermizas (generadoras de violencia, confrontación, discriminación…). Y además intentará promover la “salud” de estas espiritualidades, esto es, la dimensión mística de las mismas. Esto en la práctica supondrá el promover a los grupos más sanos y democráticos dentro de los diversos grupos espirituales y religiosos, así como evitar la discriminación o el privilegio de algunas espiritualidades en detrimento de otras.

En el caso del cristianismo, en especial del catolicismo, sería importante el apoyo a una reforma dentro de la Iglesia en una dirección más democrática y mística. Lo ideal sería, desde luego, que la propia institución diera pasos en la dirección de la reforma, como parece querer hacerlo el Papa Francisco, que ha denunciado la corrupción y “carrerismo” que se da, en demasiadas ocasiones, dentro de la institución eclesial. Como pedía el Vaticano II es bueno que la Iglesia renuncie a ciertos privilegios, aún obtenidos legítimamente, para que el Evangelio no se vea oscurecido por el aferramiento excesivo al poder. Creo que el que perdiéramos poder (y privilegios) sería una gran noticia y un gran bien; y mucho mejor si esto lo hacemos voluntariamente, antes que tenga que ser la sociedad quien termine quitándonos la confianza que un día nos otorgó.

Las sociedades avanzan, no siempre de un modo rectilíneo, hacia modelos menos autoritarios, más socialistas y más democráticos, no patriarcales, más ecológicos y espirituales. Esto se hace así porque se descubre que son modelos mejores o más sanos que los anteriores. Estos cambios nacen, pues, de un aumento del nivel de conciencia de la humanidad. Por desgracia, las religiones, en ocasiones, permanecen ligadas a modelos de conciencia anteriores, identificando lo que es una visión propia de un nivel de conciencia menos desarrollado, con la esencia del mensaje y la experiencia que esa religión quiere vivir. La labor más importante hoy en las religiones es mantenerse fieles a su núcleo original e intentar vivirlo en los niveles de conciencia más inclusivos y desarrollados que se manifiestan hoy. Esto, por ejemplo, es lo que hace necesaria una reactualización del mensaje cristiano hoy para ser fieles a su esencia y no a las formas con que se revistió en los niveles de conciencia anteriores.

¿Cuáles serían los cambios necesarios en el catolicismo para que pudiera ser una espiritualidad válida y sana que ayudara a construir esas nuevas sociedades con mayor nivel de conciencia y justicia que las actuales?

Para la Teología de la Liberación, una de las formas más “integrales” o “desarrolladas” de la teología actual, el cristianismo es, ante todo, un camino de “liberación integral”, de “salvación” del ser humano, individual y colectivamente; se ha recuperado así la perspectiva soteriológica que es propia del cristianismo original y que constituye un núcleo que no debe desaparecer en el cristianismo del tiempo que sea (el cristianismo es una experiencia, una transformación existencial y social, un acontecimiento, no una ideología). Liberación en la Historia y más allá de ella, liberación que es una “recuperación” (tras el “oscurecimiento” de la misma en los orígenes de la humanidad y del individuo, el llamado “pecado original”) de la verdadera naturaleza del ser humano, naturaleza divino-humana, recuperación de nuestra imagen y semejanza con Dios, como dice la espiritualidad cisterciense siguiendo el lenguaje de la patrística cristiana.

La Liberación cristiana tiene pues tres dimensiones:

- Liberación del “pecado”: “Salida” de nuestra fragmentación, nuestra separación y división con los demás, con el Cosmos, con nosotros mismos, con Dios o el Misterio; salida de nuestro egocentrismo para vivir desde nuestro verdadero yo, que es persona o comunión con Todo y todos sin dejar de ser único. El cristianismo es un “Don” de lo “alto”, una Gracia más allá de lo creado, una realidad sobrenatural que debe encarnarse, hacerse historia, ser acogido por nosotros , un Don y una tarea nuestra, ambas cosas. El cristianismo es una mística política, uniendo lo transcendente y lo inmanente, lo personal y lo social, en una perspectiva no-dual. El cristianismo no es una ideología religiosa, una moral o un conjunto de ritos, aún siendo éstos elementos que sirven para expresar el don de la Gracia en la historia si no se absolutizan o hipertrofian. Cuando se reduce el cristianismo a una dogmática, a una moral, a una liturgia éste resulta disminuido y exangüe, a punto de convertirse en una “idolatría”, una forma “satánica” de religión, tal y como aparece descrita en los Evangelios, al presentarnos a Jesús liberando o sanando a los “endemoniados”, que eran personas deshumanizadas por las ideologías religiosas, como explicaba el teólogo Juan Mateos. Siguiendo a René Guenon podríamos decir que una tradición espiritual sufre un ataque “antitradicional” cuando se convierte en una realidad mental e ideológica, y termina corrompiéndose por completo, cuando sufre un “ataque contratradicional”, es decir, cuando se convierte en una pura idolatría que pone a la religión y sus intereses por encima de las personas. Curiosamente suelen ser los tradicionalistas (pero no sólo ellos) quienes corrompen con más facilidad las religiones, creyendo defenderlas. La historia de Jesús es clara en denunciar esta acción “antiespiritual” y “corruptora” de los “hiperreligiosos”.

- Liberación social: El centro del mensaje de Cristo es el Reinado de Dios, la construcción en la historia de un modo nuevo de sociedad y comunión humana en igualdad, fraternidad y libertad, cuya realidad no se limita a la historia sino que tiene continuidad más allá de la misma hasta la eternidad. En los Evangelios Jesús presta mucho mayor atención a lo que hoy llamaríamos “moral social” que a la moral personal. Los pobres y su liberación integral son el centro del mensaje cristiano. La denuncia de la injustica de los ricos y recuperar esta centralidad de los pobres es fundamental para ser fieles a Cristo y su Evangelio. Esto supone, en lo concreto, poner el peso en la denuncia del capitalismo salvaje en el que vivimos; la Iglesia no puede ser aliada de los sectores poderosos que generan injusticias como lo ha sido (y sigue siendo en ocasiones), en especial, su jerarquía. Hoy Evangelio, socialismo y democracia son aliados naturales, formas de humanización integral, que es la meta del mensaje cristiano. Aquí todavía hay mucho que avanzar.
Pero la situación de injusticia, por desgracia, no se da sólo fuera de la Iglesia. Para la teóloga Teresa Forcades: “el clericalismo es el problema fundamental” en la Iglesia actual. Es decir, el que el sacerdocio ministerial se haya dejado de entender, en la práctica, como servicio a las comunidades, para ejercerse como un poder sobre las comunidades cristianas en manos del clero. Esto es un paso muy peligroso, que aleja de la tradición cristiana e introduce la acción “antitradicional” (antiespiritual) en la Iglesia. Además, este sacerdocio se ha reservado sólo a varones, asumiendo modelos patriarcales, ajenos al estilo de Jesús. Esto es injustificable hoy, como ya muchas Iglesias cristianas aceptan.

El modo de ejercer el magisterio en la Iglesia hoy está muy alejado, en ocasiones, de cómo debería ser realizado siguiendo la tradición cristiana. El magisterio no se puede ejercer sin escuchar a la Palabra y a la comunidad de cristianos de base, como si fuera un poder al margen de la misma, que tiene el clero. Sin escuchar el “sensus fidei fidelium” no puede hablarse de que haya magisterio, y tampoco este magisterio se consolida si no es “recibido” por los fieles, como ocurre hoy con numerosos temas de moral sexual que la comunidad cristiana no ha aceptado a pesar de las posiciones del magisterio actual.
Toca una profunda democratización de la Iglesia, un modo nuevo de ejercer el sacerdocio ministerial, así como un acceso al mismo de la mujer, cuya posición actual en la Iglesia es de discriminación escandalosa. Cuando algunos dicen que la Iglesia no es una democracia y tienen razón, pero, no porque sea menos que una democracia, sino porque debe ser más democrática que una democracia. Lo que no es, en ningún caso, es una monarquía autocrática, algo a lo que la actual institución (desde un punto de vista formal) se parece demasiado.

- Liberación Personal: Para muchos, Cristo es el modelo del hombre libre y, por ello, el cristianismo es una experiencia de liberación personal, de ejercicio de la autodeterminación y liberación de las esclavitudes interiores que impiden que vivamos lo que somos, que nos aceptemos con amor, que nos amemos y seamos canales de amor y libertad para los demás. W. Reich es uno de los que ha señalado, con más acierto, la situación enfermiza a la que conduce la influencia autoritaria sobre la conciencia de las personas que es utilizada, en muchas ocasiones, por las ideologías y religiones para obtener poder sobre la sociedad. La culpa irracional, la represión y el control de las conciencias son el origen de lo que él llamó la “peste emocional”, el establecimiento en las personas de un odio hacia ellos mismos ,que se convierte en odio (más o menos camuflado) hacia la vida y hacia los demás. Es en el ámbito de la “moral personal” donde se ha hecho más daño a las personas en este nivel emocional. Muchos son los que han sufrido esta agresión que les ha dañado en su ser más íntimo, dificultándoles poder vivir lo que son. Hoy, por desgracia, hay que seguir caminando hacia una liberación emocional y personal en la Iglesia. En concreto, parece cada vez más insostenible la rigidez de la Iglesia ante muchos temas de moral personal. La actitud, que condena sin verdaderos matices ( o sólo retóricos), la homosexualidad, las relaciones sexuales fuera del matrimonio, el uso de los medios anticonceptivos, el divorcio, el aborto, la eutanasia, la reproducción asistida… está muy alejada de la “posición media” que caracteriza al catolicismo. No se trata de decir que todo comportamiento en estos ámbitos es ético pero tampoco de “cerrar” o declarar inmoral toda acción que acepte que puedan darse situaciones éticas en las que sea posible aceptar el divorcio (llamémoslo como lo llamemos), el anticonceptivo, la eutanasia, las relaciones homosexuales, etc… Hans Küng, junto con muchos otros teólogos, como el obispo anglicano Spong, llevan mucho tiempo aportando soluciones equilibradas y matizadas en muchos de estos temas, que hacen ver la rigidez y autoritarismo que caracteriza las propuestas oficiales. No se trata de un deseo de llevar la contraria a “lo oficial” sino de toma de conciencia del daño que supone a las personas el generarles una culpa irracional y de lo enfermizo (y peligroso para todos) que puede ser el resultado de esa actitud. Aquí todavía la iglesia tiene que hacer una profunda conversión y petición de perdón a muchas personas (y a ella misma).

Estamos asistiendo al nacimiento de una Nueva Conciencia, una nueva cultura y una nueva sociedad, por todas partes los modelos recibidos hacen aguas; no se trata de “tirar niño con el agua sucia”, muchas de las cosas recibidas son válidas, sólo hay que encarnarlas en el nuevo paradigma pluralista, integral, trinitario o no dual de conciencia que está naciendo, manteniendo lo esencial y desechando lo que es fruto del tiempo y es accidental. Caminamos hacia un mundo más democrático, más socialista, humanista, ecológico y espiritual. Y la aportación de los cristianos y cristianas es fundamental. De ahí la necesidad de profundas reformas en nuestra institución y en nuestro magisterio eclesial. Los nuevos tiempos ya están aquí y por todos los lados gritan: Podemos!... Y es verdad… podemos cambiar a mejor y lo vamos a hacer. Ese es nuestro compromiso, como generación, con Jesús, con la historia y con la humanidad. Podemos.


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Comentarios
  • Comentario por Sergio Podadera Moya 19.01.17 | 10:55

    Totalmente de acuerdo en que no hay que cerrarse sin más a todo ni abrirse sin más a todo. Una vez dicho esto, el tema de la homosexualidad es uno que conozco tan bien que sin ningún género de dudas puedo decirte que no, que el progresismo no tiene absolutamente ningún tipo de razón cuando afirma la pretendida normalidad de estas relaciones y defiende cosas como el matrimonio gay o la adopción gay. No olvidemos que hay muchos tipos de dogmatismo, muchas formas de soberbia y muchas formas de eludir el debate con la realidad enclaustrándose en una torre de marfil ideológica que posee (o eso cree) la verdad absoluto. La curia vive en una torre de marfil. El chachi- progresismo moderno TAMBIÉN. Y se gasta una soberbia moral no menos escandalosa, por muy lleno de buenas intenciones que esté.

  • Comentario por Ramón Hernández Martín, Asturias 15.12.14 | 11:58

    ¡Bendito e inocente monje! Me pareces una linda mariposilla atraída por el encanto de la lumbre, sin apercibirte siquiera de que las llamas queman. Cuando lo descubras, será desgraciadamente tarde y, ojalá me equivoque, morirás abrasado.
    Por lo demás, no castigues tanto la potente y bella lengua española y aclara los conceptos antes de lanzarlos al aire a ver cómo caen y se colocan en un discurso intrincado y farragoso. ¡Es tan bonito ser claro y llamar cada cosa por su nombre! Si quieres hablar de valores, aclárate primero sobre qué son y cómo interactúan y se modalizan, máxime si pretendes potenciar un valor con otro. Lo que haces en este post no es, a mi criterio, más que una mezcolanza indigesta, una ensoñación pseudomística. Claro que "podemos" hacer muchas cosas, entre ellas, renunciar a criterios serios y tragar sapos. Nene, caca, el fuego quema.

  • Comentario por Ars 13.11.14 | 23:36

    Vaya bodrio!

  • Comentario por Jorge 08.11.14 | 01:26

    Ay José Antonio! Mucha teoría, investiga la relación "podemos"-"bolivarianismo" y ve bien lo que pasa en Venezuela: escasez de electricidad, comida, gasolina ¡sí en Venezuela!, medicinas, violencia etc. Cuidado el remedio no resulte peor que la enfermedad.

  • Comentario por anonimus cristianus 02.11.14 | 00:49

    Señor Señor con estos monges proponiendo la república y planteamientos de extrema izquierda en artículos ininteligibles uno ya acaba perdiendo hasta la fe. De verdad que Jesus fue mucho mas sencillo. Porqué complicarlo tanto?

  • Comentario por Longino 22.09.14 | 15:48

    Los nuevos tiempos ya están aquí y por todos los lados gritan: Podemos!...
    Está clara la intención del articulista, los cristianos tenemos que votar a un partido pro-abortista, homosexualista y marxista...

  • Comentario por Antonio 12.09.14 | 15:07

    Muy interesante el artículo.

    Yo no veo mezcla por ningún sitio, sino más bien integración, como bien dice.

    En cuando al comentario de Rick Deckard... Si eres republicano, por qué te disgusta la república... Parece que el que tiene un empanada mental no es ya el autor del artículo...

  • Comentario por Fer 21.08.14 | 15:34

    Excelente artículo. Salvo alguna cuestión matizable, estoy de acuerdo con lo expuesto.

  • Comentario por Rick Deckard 23.06.14 | 18:23

    Querido mío, la empanada mental que tienes es digna de una película de Cecil B. de Mille. ¿Solamente puede ser buen cristiano aquel que abrace la república? Pues lo llevas claro. Yo soy republicano y te digo que es una soberana estupidez. Además, ¿qué tipo de república? Venezolana, Estadounidense, Austríaca, Francesa, Italiana... ¿Con o sin primer ministro? ¿De 4, 5 ó 7 años? ¿A 2 vueltas electorales? ¿Con votos electorales por circunscripciones? Porque si es con 2 vueltas, adiós a tus aspiraciones... en la primera vuelta desaparecerían tus amigos. No sabes de lo que hablas cuando me asocias a la república con no sé que tontería de movimiento cristianoide de pacotilla. Eres más inocente que el asa de un cubo, majete. Ya me sé lo de querernos colar a los cristianos lo de que Jesucristo era marxista o algo parecido. Y bueno, lo de que caminamos hacia un mundo más socialista... es de nota. Ni en tus mejores sueños, hijo. Mezclas la espiritualidad con la política... y eso ya te describe...

  • Comentario por Juan Carlos 22.06.14 | 19:39

    Jodeeeeeeeerrrrrrrrr!!!!!! No me he enterado de nada, y eso q lo he leído dos veces...

  • Comentario por Enrique 22.06.14 | 11:38

    Articulo sectario y vomitivo donde los haya: si los cristianos piensan así mejor me hago budista

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