A España parece que le queda poco para ser obligada a pedir un rescate global y no sólo bancario. Las consecuencias de un rescate de este tipo serán el sometimiento del país al gobierno directo de la burocracia europea al servicio de los intereses de los financieros, en especial alemanes, que buscan salvar su banca a costa de la explotación de los países del sur de Europa, como nos explica el economista Juan Torres en su artículo “Se ríen de nosotros” publicado en su blog en el periódico “Público”. Según parece, el rescate está claramente provocado por la inacción del Banco Central Europeo (BCE), controlado por Alemania, que ha arrojado a los Estados europeos a tener que lograr su financiación en los mercados privados dominados por el terrorismo financiero, como ha insinuado el propio ministro de economía español y otros miembros del PP como González Pons.
El rescate supondrá, de facto, la conquista del país por las oligarquías financieras mundiales, que explotarán a los ciudadanos españoles, para robar el dinero público, obligando a políticas de recortes sociales, y cubrir con él sus deudas privadas. Si esto ocurre, será la constatación del fracaso de las instituciones españolas actuales, desde la Corona pasando por los políticos, los sindicatos, los empresarios y el alto clero (cuyo excesivo silencio, ante la gravedad de la situación, clama al cielo), que surgieron del postfranquismo, a través de ese proceso que llamamos la Transición, y cuyo resultado final parece que va a consistir en la entrega del país a los capitalistas extranjeros y la esclavitud del pueblo a las oligarquías financieras.
¿Cómo hemos llegado hasta aquí?
A estas alturas ya nadie ignora el origen inmediato de la gran crisis que vivimos: la quiebra del sistema financiero mundial a causa de la difusión global de productos de basura financiera (hipotecas subprime) emitidos por los bancos norteamericanos. Ante esta grave situación, los gobiernos, endeudándose, dieron dinero a los bancos para que éstos, a su vez, concedieran créditos y dinamizaran la economía. Pero en realidad, con ese dinero, los bancos compraron la deuda de los Estados, presionándoles para que realizaran políticas más neoliberales, que les favorecían, reduciendo salarios e inversiones públicas. La consecuencia de ello, fue una caída mayor del consumo y el aumento del endeudamiento privado, lo cual agravó la crisis.
La errónea política de Zapatero es un ejemplo perfecto de esto que decimos: No supo ver la crisis, luego dio dinero apresuradamente a los bancos, que no dieron créditos sino que compraron la deuda del Estado, provocada por ellos mismos, y finalmente, tuvo que imponer medidas neoliberales, dictadas por las oligarquías financieras, traicionando a sus votantes.
En cuanto al actual gobierno del PP, sólo cabe decir que su ineptitud, la traición a sus votantes, sus errores en la gestión de la crisis, su entrega al capitalismo salvaje, su constante agresión a los trabajadores, etc… lo colocan ya cerca de la pérdida de toda legitimidad; de hecho, si se produce el rescate debería dimitir en bloque y convocar elecciones si le queda algo de ética.
Según el libro “Hay alternativas” de Navarro, Garzón y Torres, el crecimiento desmesurado del poder financiero parece que tiene su origen en los años 60 del siglo XX, cuando la sobreproducción, que caracterizó la época, llevó a invertir en la especulación y no en la economía productiva, que tenía menos rentabilidad. Así los financieros alcanzarían un enorme poder e influencia sobre los políticos, que concederán una libertad casi total al mercado financiero. Se organizó todo el sistema al servicio de la economía especulativa: la informática permitirá la realización de las operaciones financiera de un modo rápido y casi sin costes, los paraísos financieros permitirán que se acumule el capital sin dar explicaciones, se difundirá la ideología neoliberal y una cultura individualista y neoconservadora, difundida desde los ochenta en todo el mundo, a través de los medios de comunicación, en manos de la banca, que favorecerá el “no cuestionamiento” del modelo.
El neoliberalismo, que se centrará en disminuir la inflación (el exceso de dinero hace subir los precios y que el dinero tenga menos valor, y esto perjudica, claro, a quienes lo tienen, los financieros) provocará la bajada de los salarios y privatizará lo público. Así caerá la capacidad adquisitiva de la gente, causando el endeudamiento de familias y empresas. En España este endeudamiento ha sido especialmente grave debido al proteccionismo y favoritismo de que ha gozado la banca nacional y a las políticas neoliberales que ha forzado, las cuales han producido un gran endeudamiento privado y que las ganancias de la banca española hayan sido hasta tres veces más que las de otros países europeos, más ricos que nosotros. Los bancos españoles han pedido, y conseguido, que todos los sectores de la economía se liberalizaran cada vez más (excepto el suyo, claro) vendiéndose parte de las empresas públicas (especialmente en época de Aznar) a capital extranjero, lo que ha influido en la política interna española, de modo desfavorable a nuestros intereses.
Desde la perspectiva global, la situación en la que nos encontramos ha sido descrita así por Jean Ziegler, vicepresidente del Consejo de Derechos Humanos de la ONU: “vivimos en un orden mundial criminal y caníbal, donde las pequeñas oligarquías de capital financiero deciden de forma legal quien va a morir de hambre y quien no”.
Y es que una de las consecuencias más graves de toda esta especulación mundial ha sido la subida del precio de los alimentos, que ha causado la muerte de centenares de miles de personas en los países del Tercer Mundo, al dirigirse los inversores llamados institucionales (hedge funds, fondos de inversión… los grandes especuladores) a especular en los mercados de materias primas y alimentos, acumulando alimentos básicos para que subiera el precio, sin importarles la muerte de seres humanos. Estamos hablando pues, de verdaderos crímenes causados por la especulación.
Hoy la situación planetaria en la que nos encontramos parece responder a lo que Jared Diamond entendió como “un colapso”, es decir, una crisis que puede poner punto final a una civilización. Para este autor son cinco los factores que pueden provocar el colapso de una civilización: Un grave deterioro medioambiental por las actividades humanas, un cambio climático, las acciones de vecinos hostiles, el abandono de vecinos amigos y la incapacidad de la sociedad de reaccionar ante los problemas. Todos estos factores podríamos verlos en la situación actual, a escala mundial.
La profundidad del mal
Ahora bien, si estamos ante un colapso de la civilización, el problema no se reduce a cuestiones materiales, técnicas, estructurales o económicas; la gravedad de la situación nos obliga a un replanteamiento de todo el sistema desde su raíz y en todas sus dimensiones. No nos basta conocer la ineficacia del sistema, sino también sus errores éticos y antropológicos, pues la solución que necesitamos debe abarcar estas dimensiones. Es la necesidad de dar una respuesta en profundidad, lo que hace que hoy la voz de los contemplativos, los especialistas en “profundidad”, sea fundamental.
En este sentido, tienen mucha transcendencia las denuncias del sistema, realizadas por numerosos contemplativos de todas las tradiciones espirituales, desde hace tiempo; como ejemplo reciente, podríamos señalar a la monja benedictina, y científica, Teresa Forcades, que ha sido una de las últimas contemplativas en declarar que el capitalismo no es ético. Su análisis del sistema capitalista denuncia en él tres mentiras: no es verdad que sea un sistema de libre mercado, pues el mercado está controlado por los grandes capitalistas que se ven beneficiados con muchos privilegios, frente a los pequeños capitalistas. No es ético poner como valor supremo el alcanzar el máximo beneficio sobre cualquier otra cosa y, por último, la desigualdad causada por la llamada plusvalía (trabajo del que se beneficia el capitalista sin que lo remunere) está alcanzando cotas de injusticia desmesurada.
Para Benedicto XVI, una de las raíces de esta falta de ética del actual sistema está en “el individualismo, que oscurece la dimensión relacional del hombre”. Y, por ello, la solución de los desafíos actuales sólo será pues posible “en la medida en que se refuerce la conciencia de que el destino de cada uno está ligado al de todos” (Discurso a las autoridades administrativas de Roma y el Lazio, 12-E-2012).
Hablamos pues de la necesidad de hacernos responsables de los demás, de enfatizar el valor de la ética de la responsabilidad, como hace ya mucho tiempo vienen pidiendo numerosos pensadores, entre los que destacaría a Levinas por su énfasis en la necesidad de hacernos responsables, cuidadores del otro.
Para muchas corrientes actuales de pensamiento (humanismo, psicología transpersonal, nuevas perspectivas científicas y filosóficas…) es necesario un cambio de paradigma que nos lleve más allá de la razón, que nos haga abrirnos a dimensiones más allá del ego y del racionalismo, no para abandonarlos, sino para integrarlos con el cuerpo, las emociones y la espiritualidad. Sólo integrando todas las dimensiones que somos podríamos dar la respuesta ética y efectiva que necesitamos, pues la hallaríamos no sólo desde la mente, sino con todo nuestro ser.
Ahora bien, una de las dimensiones fundamentales de lo humano es la autotranscendencia (V. Frankl), nos realizamos, cuando vamos más allá de nosotros mismos. De ahí, la importancia de abrirnos a una realidad mayor que nosotros, una realidad que es anterior a nosotros, y que nos constituye como lo que somos, una realidad que está por encima de lo que podemos conocer o dominar: el Misterio, Dios. Esto supone abrirse a la Realidad que es gratuidad y dejar de juzgarlo todo como si tuviéramos todos los datos para dar un veredicto, dejar entonces de controlarlo todo y de dominarlo todo. Salir del miedo a la fe, a la confianza en algo que no podemos ver o sentir, algo que nos transciende y nos ama.
Como recuerda el Papa Benedicto XVI: “El ser humano está hecho para el don, el cual manifiesta y desarrolla su dimensión trascendente. A veces, el hombre moderno tiene la errónea convicción de ser el único autor de sí mismo, de su vida y de la sociedad… La comunidad humana puede ser organizada por nosotros mismos, pero nunca podrá ser sólo con sus propias fuerzas una comunidad plenamente fraterna ni aspirar a superar las fronteras, o convertirse en una comunidad universal”. (Caritas in veritate n.34).
Este es el mensaje contemplativo de todos los tiempos: “sólo la gracia nos salva y sólo alcanzamos la gracia si estamos abiertos a ella” (Thomas Merton, Ascenso a la Verdad).
En definitiva, lo que hoy necesitamos es una fe en algo transcendente, en Alguien, diríamos los cristianos, que nos permita salir de la lógica del control y de la “autojustificación” egoicas a la del perdón y la reconciliación gratuitas. La lógica de la autojustificación (cada uno recibe según sus méritos) lleva a justificar la realidad de los pobres o de las víctimas como si fueran culpables, en último término, de su situación. La lógica de la fe supone que todo nos es dado gratis, que nadie tiene todo el control sobre su vida y que todos somos reconciliados más allá de nuestras acciones, por la iniciativa del Misterio que es Amor. Es el Misterio el que nos salva, no nosotros mismos, si bien nosotros hemos de abrirnos libremente a esa “salvación-reconciliación”.
La fe es un encuentro personal con el Misterio que se nos autocomunica y al cual nos abrimos libremente, transformándonos. Es gratuita y a la vez, necesita de nuestra colaboración. Para Raimon Panikkar, la fe, es ante todo una experiencia, una Praxis (una actividad que nos transforma), una ortopraxis, si bien tiene también un contenido (ortodoxia), en el caso cristiano, la aceptación de Cristo como aquél en el que se realiza la reconciliación de Dios y el hombre, y supone unas conductas nuevas (ética-moral), u ortopoiesis según Panikkar, que intentan fomentar esa comunión y reconciliación universales.
Para Aristóteles, la contemplación es la praxis o experiencia por excelencia, la experiencia contemplativa sería, por tanto, la forma más intensa de fe que podemos experimentar. Como dice Thomas Keating la contemplación es “el camino de la fe pura. Nada más” (Mente abierta, corazón abierto).
El Catecismo de la Iglesia Católica la describe así (n. 2713): “Es un don, una gracia; no puede ser acogida más que en la humildad y en la pobreza. La oración contemplativa es una relación de alianza establecida por Dios en el fondo de nuestro ser. Es comunión: en ella, la Santísima Trinidad conforma al hombre, imagen de Dios, “a su semejanza”.
Siguiendo esta idea, la transformación que necesitamos, para salir de la lógica del sistema, es hacernos uno con la Trinidad, expresándonos en lenguaje cristiano, es decir, alcanzar la no dualidad o hacernos Comunión con Todo y todos (Dios, hombre, cosmos) si nos expresamos en un lenguaje más inclusivo.
Para Thomas Merton, el mayor enemigo que tiene hoy el cristianismo es precisamente el modo de vida de la ciudad capitalista moderna, que impide la contemplación. No hay paz, tranquilidad y tiempo para conocer a Dios y amarlo, lo cual requiere oración y reflexión sobre mí mismo y sobre el Misterio. Por eso dirá que: “Lo único que puede salvar al mundo de un completo colapso moral es una revolución espiritual”. Y es que “la vida moral conduce a algo que va más allá de ella misma, conduce a la experiencia de unión con Dios y a nuestra transformación” (Thomas Merton, Ascenso a la Verdad).
Necesitamos pues tener una experiencia contemplativa, si bien, el poder alcanzar esa experiencia está hoy muy obstaculizado por el modo de vida que el sistema nos impone a la mayoría. Esta es una razón más, y no pequeña, para intentar cambiarlo. Vivimos en una verdadera barbarie, que podríamos identificar con eso que Pablo VI denominó una situación de “subdesarrollo” humano.
Para Pablo VI, lo que necesitamos hoy, para poder iniciar esa revolución espiritual y social que anhelamos, es plegaria y acción comprometida, un compromiso que nace de la experiencia de contemplación: “La oración de todos debe subir con fervor al Todopoderoso, a fin de que la humanidad, consciente de tan grandes calamidades, se aplique con inteligencia y firmeza a abolirlas. A esta oración debe corresponder la entrega completa de cada uno, en la medida de sus fuerzas y de sus posibilidades, a la lucha contra el subdesarrollo”>.(Populorum Progressio n.75).
La experiencia contemplativa nos lleva a comprometernos en el cambio personal y social con una lógica diferente a la del sistema, que busca la retribución (darle al otro su merecido). La lógica contemplativa une la justicia (entendida en la Biblia como ponerse siempre de parte del más débil) con el amor: combatir el mal y salvar al “supuesto” malvado, no buscar su destrucción, respetar su dignidad y su reincorporación a la comunión con todos, a la vez que impedir que el mal se propague.
Así lo explica Benedicto XVI: “Los hombres, destinatarios del amor de Dios, se convierten en sujetos de caridad, llamados a hacerse ellos mismos instrumentos de la gracia para difundir la caridad de Dios y para tejer redes de caridad…la justicia es la primera vía de la caridad… Por un lado, la caridad exige la justicia, el reconocimiento y el respeto de los legítimos derechos de las personas y los pueblos. . Por otro, la caridad supera la justicia y la completa siguiendo la lógica de la entrega y el perdón”. (Caritas in veritate n.5-6)
Levinas y Paul Ricoeur hablan también de esta necesidad de unir justicia y amor en nuestro compromiso.
¿Cómo actuar aquí y ahora para combatir la dictadura del sistema y caminar hacia un mundo nuevo?
Creo que debemos recordar cómo actuó el cristianismo en sus orígenes para combatir la injusticia del sistema romano. Se trata, en primer lugar, de dar origen a comunidades que vivan ya ahora, desde una lógica distinta, la lógica contemplativa, y cuyo modo de vida fomente, a su vez, la experiencia espiritual. Las comunidades cristianas contemplativas y comprometidas con la justicia pueden ser una alternativa al sistema aquí y ahora. Ahora bien, comunidades que no se encierran en sí mismas, que buscan el cambio para todos y que colaboran con todos y todas las otras comunidades que van en la misma dirección.
Comunidades con un profundo espíritu ecuménico, interreligioso, y comprometidas con el cambio social.
- Como inmediato, Ziegler nos sugiere apoyar las políticas que buscan potenciar el crecimiento más que combatir el déficit. Se trataría de apoyar políticas al estilo de Obama o Hollande, que buscan incrementar las inversiones públicas, los salarios, la protección social, combaten la desindustrialización… sabiendo que estos dirigentes no pueden realmente actuar con libertad, pues el sistema está dominado por el capitalismo financiero y no por los políticos. Es, por tanto, necesario seguir pidiendo un cambio mucho más profundo de la sociedad.
- Ziegler y Forcades son partidarios de que iniciemos una Huelga General Indefinida y no violenta para hacer caer a los gobiernos al servicio del sistema e intentar sustituir los viejos líderes corruptos por nuevos líderes más éticos. Como señala Forcades , una Huelga es una medida democrática, si bien, puede suponer un alto coste, por lo cual sería necesario que la sociedad se organizara en grupos de solidaridad, mediante la constitución de asambleas y comités de huelga plurales, que coordinaran la acción y ayudaran a soportar el desgaste económico que supondría para la población. Si tuviera un alto seguimiento es difícil que pueda ser prolongada, pues ningún gobierno podría aguantar más de un mes o dos con una contestación social elevada. La ventaja es que la organización necesaria para llevar adelante la huelga pueden ser ya el germen de un nuevo modelo de organización social más democrático y solidario.
- Ziegler nos anima también a los españoles a negarnos a pagar la deuda, ya que dice: “es odiosa e ilegítima… se ha creado… por la delincuencia financiera y la corrupción política”. Se trataría de realizar una auditoría de la deuda, como se ha hecho en Ecuador, que detectara los casos de corrupción y de falta de ética en la misma, atendiendo sólo a la deuda justa.
En cuanto a la dirección final hacia la que dirigir todo el proceso creo que tiene que ver con caminar hacia un modelo de sociedad más social, más ecológica, más espiritual y más democrática. Más social, imponiendo la planificación económica realizada por la sociedad y no por el mercado ni por la burocracia , nacionalizando los bancos y las grandes empresas bajo el control de los trabajadores, y manteniendo la propiedad privada de pequeñas empresas y cooperativas, controladas por la sociedad. Más ecológica, cambiando el modelo productivo basado en la sobreproducción y el consumo, por modelos más respetuosos con el medioambiente. Más democrática, caminando hacia un modelo de democracia más directa y autogestionaria, en el que los políticos no puedan hacer cosas para las que no fueron elegidos ni votados. Y, por último, más espiritual, apoyando un modelo cultural basado en el cuidado y desarrollo del hombre, más que en el control o el castigo, fomentando una cultura más cooperativa y menos competitiva, menos logocéntrica y más espiritual, más plural y menos uniformadora.
En definitiva, lo que los contemplativos de hoy nos dicen es que la única alternativa al sistema neoliberal sacralizado, en el que vivimos, es abrirnos al Misterio y a la solidaridad con las víctimas del sistema, practicar una mística de los ojos abiertos, que no se evade de las responsabilidades políticas y éticas, sino que las asume como elementos intrínsecos de la propia experiencia espiritual.
Una mística que genera la esperanza de que es posible salir de este modelo de sociedad si, además de poner todas nuestras fuerzas en lograr “otro mundo mejor”, nos apoyamos el Alguien más allá de nosotros, en Dios o el Misterio, buscando, a la vez, la justicia, la reparación del dolor causado, y el amor, la reconciliación final de víctimas y perseguidores, la paz mesiánica, en la que el león y el cordero pacerán juntos y las lágrimas de todos serán consoladas.
Ojalá estos sufrimientos actuales sean los dolores del parto de un mundo nuevo más justo y más contemplativo.
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¡ojala sea verdad¡¡¡ que este sea un periodo de cambio, de muerte para renacer nuevo y renovado, una sociedad de verdad más justa. Comparto casi al completo el articulo pero no logro imaginar la forma de llevar a cabo este cambio, necesitamos alguien totalmente verdadero sin mancha que nos guie y nos convenza
Por desgracia nadie entiende que es necesario partir de cero, y la solución está en la agrosilvicultura autosuficiente, las ciudades son un engaño, son incapaces de garantizar el bienestar de sus habitantes, la agrosilvicultura garantiza el bienestar de todos. Las personas creen que no se puede vivir sin todo cuanto les ofrecen las ciudades y están equivocadas, sin todo ello se vive mejor y no se arrasa el planeta.
Desgraciadamente no hay quien entienda esto.
Los políticos han llevado a España al borde de la ruina económica y moral. Los ciudadanos tenemos que pagar la fiesta perpetua en la que han vivido.
No podemos permitir que nosotros, gente de bien, tengamos que pagar la insensatez y el saqueo continuo al que han sometido a la sociedad española.
Los políticos corruptos no sólo han esquilmado económicamente España, nos han robado nuestra propia dignidad, nuestro futuro y el de nuestros hijos.
Por todo ello es muy importante que firmes la petición de endurecimiento de las penas de prisión para los políticos corruptos. De esta manera contribuiremos a que situaciones como las que estamos viviendo no se vuelvan a repetir en el futuro.
Enlace para firmar: http://www.avaaz.org/es/petition/Endurecimiento_de_las_penas_de_carcel_para_los_policos_corruptos/?cQXzYcb
Jn 4:7-42 Es la hora. Este Tiempo es Nuestro Tiempo ( http://www.motherofallpeoples.com/ )
Muy bueno. Gracias por este escrito, que merece el gozo de ser leído.
Miércoles, 22 de mayo
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Asoc. Humanismo sin Credos
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