El escritor y filósofo Francisco Giménez Gracia, hace un repaso al Ministro Gabilondo que merece la pena que lean completo. Comienza así:
Me refiero a don Ángel Gabilondo, fraile corazonista en su más tierna juventud; brillante profesor de Filosofía exquisitamente posmoderno en su madurez, y rector abajofirmante en el Círculo de Bellas Artes hasta su toma de posesión como ministro de Educación, con el encargo, se entiende, de rescatar el pecio del sistema educativo nacional. LEER COMPLETO
La que se nos viene encima como los socialistas logren ampliar a los 18 la edad de educación obligatoria. Que Dios nos pille confesados, y con el corazón sin decosntruir.
Dicho queda.
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Durante muchos años, los pequeños infiernos que se han venido gestando en las aulas, han sido, para la mayoría de los ciudadanos, lejanos problemas del profesorado. A este gremio, en todo caso, se le venía señalando como primer culpable de todos los males del sistema educativo. Si había indisciplina, insultos, violencia se interpretaba como una falta, no de los autores del mal, sino del profesor, al que se le reprochaba su incapacidad para aplicar el más perfecto modelo pedagógico. Luego, los resultados de Pisa cantaban, dejando a nuestro sistema educativo a la altura del betún. Sin embargo, la ciudadanía en general no reaccionaba. De hecho, nunca ha sido una cuestión de primer orden en una campaña electoral el endémico fracaso escolar de nuestros jóvenes. En los mítines, el problema de la educación no hacía mella en los responsables políticos ante la opinión pública. Sin embargo, hora es ya de decir y de insistir una y otra vez, hasta que quede bien claro, que el principal responsable político de que nuestros institutos se hayan convertido en una fábrica de pobres morales y materiales (pues la pobreza material es el futuro que espera a los jóvenes sin formación que se multiplican en la presente generación), el principal responsable político, decía, es el Partido Socialista Obrero Español.
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El próximo 7 de junio se celebrarán las Elecciones al Parlamento Europeo. Opinantes varios y políticos en su tinta se lamentan de que los ciudadanos voten en estas elecciones en clave nacional, en lugar de hacerlo con una perspectiva más integral, con mayor amplitud de miras. Su ideal electoral europeísta consiste en que los europeos, en lugar de salir al rellano de su casa, se asomen al balcón de Europa para decidir el sentido de su voto.
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Aquí van algunas citas literales de las mentiras de Zapatero sobre la crisis económica, desde 2007 hasta abril del 2009. Esa crisis que hoy sufren miles de familias y que segun el presidente nunca iba a llegar a España.

Tener memoria es crucial para que no nos sigan tomando el pelo.
No sé de quién es la culpa de esta crisis, pero lo que es seguro es que nuestro presidente o nos engañó o se equivocó, o sea, que o es un mentiroso o es un incapaz. No se sabe qué es peor. Pero quien se equivoca o nos miente no podrá sacarnos de esta dificil situación.
Dicho queda.
1. LA CRISIS NO EXISTÍA
ZAPATERO: “ESPAÑA ESTÁ A SALVO DE LA CRISIS FINANCIERA”.
“ESPAÑA HA ENTRADO EN LA CHAMPIONS LEAGUE DE LA ECONOMÍA
MUNDIAL”
25 de abril de 2007
Solbes: “Yo no veo afectado para nada el sector de la construcción. Específicamente,sigue funcionando igual, con una ligera desaceleración que permite ajustarse a una realidad que lógicamente va a exigir una demanda ligeramente inferior”
El documento completo Aquí
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Cuando un gobierno se encuentra en dificultades que ponen en tela de juicio su capacidad para gobernar, suele lanzar cortinas de humo que oculten tras una tela de cuestiones secundarias los problemas reales de la sociedad. El gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, a día de hoy, al verse incapaz de ofrecer soluciones creíbles a la situación económica del país, se ha propuesto lanzar sobre los problemas reales más urgentes una cortina lo suficientemente densa como para lograr desviar la atención general. Como los problemas de supervivencia de los españoles se agravan, Zapatero se ha propuesto lanzar un órdago inoportuno a la sociedad, que no soluciona nada pero que lo oculta todo, y para ello ha puesto a funcionar la máquina de “sus” expertos en vida y muerte, presididos políticamente por la cursi e inculta ministra de igualdad, Bibiana Aido. Y, en efecto, las conclusiones de los “expertos” en vida y muerte sobre una futura ley del aborto son una repugnante cortina de sangre para tapar la realidad del presente.
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Rubalcaba, en aquellos fatídicos días de infausta memoria, dijo algo que caló mucho entre los votantes: “No nos merecemos un gobierno que nos mienta” Y yo le doy ahora mismo toda la razón. No. No nos merecemos un gobierno que nos mienta, lo que necesitamos es un gobierno que se equivoque con la mejor intención por su parte.
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(El texto que sigue fue leído con motivo de la presentación de mi libro Un largo día. Globalización y crisis política, que tuvo lugar el martes, día 10 de febrero de 2009, en el Salón de Actos de la Biblioteca Regional de Murcia. Es una breve reflexión sobre el poder y su destino en el presente, que, de manera indirecta, pretende reflejar el sentido de mi propio libro a través del cuento de Melville)

Alfonso Galindo, Rafael Herrera, Enrique Ujaldón
El poder abandona el mundo cuando la mera fuerza se hace con el timón de un barco guiado sin espíritu. Ésta podría ser una de las más simples e inmediatas conclusiones que cualquiera puede extraer después de leer el cuento de Herman Melville, Benito Cereno… Pero antes de nada, dejadme que presente mis excusas.
Aunque quizás nada ensucia más la literatura que el saber profundo del crítico, yo quiero cobrarme mi parte y fingir esta tarde un rato el papel de escrutador de símbolos literarios. Al cabo, considero que es deber sagrado del filósofo repetir al milímetro todos los errores de sus antepasados más gloriosos. Desde Platón al menos, pasando por Maquiavelo, es obligación de todos cuantos aspiran a convertirse en pensadores políticos respetables, el cometer al menos dos equivocaciones imperdonables a lo largo de sus vidas: una, dedicarse algún tiempo a la literatura y la otra, salir escaldado de la política real. En cuanto a mí, que soy, por el momento, un tímido aprendiz, me conformo con los preparativos de este viaje hacia el error; pienso que será suficiente por el momento hacer de simple crítico literario con ínfulas filosofantes. Los presentes me perdonaréis, pues ya se sabe que, si con cuarenta años todavía se califica como joven a un filósofo, un hombre como éste que suscribe, debe presentarse ante el auditorio como infantil mozo del saber más viejo. Así, pues, el crítico en que me ido convirtiendo desde hace unos segundos comenzaba con estas palabras sobresalientes:
“El poder abandona el mundo cuando la mera fuerza se hace con el timón de un barco guiado sin espíritu.”
Aquéllos que habían sido sometidos, los negros, gobernaban el barco de Benito Cereno, el Santo Domingo, y lo hacían con toda la crueldad del resentimiento de quien ha sido esclavizado por la civilización. Y sin embargo, la fuerza bruta, que sólo quiere regresar al hogar inhóspito donde habita la fuerza bruta, no puede manejar el barco, y necesita la técnica de navegación de los dominados, de los blancos, a quienes desprecia, pero de quienes no puede prescindir mientras no les retornen a África. Así, pues, aquéllos que habían sido dominados, ahora dominaban el viejo mundo de los blancos; pero su orden era el del terror, el de la barbarie, el de la crueldad más sanguinaria.
Para el americano, para el hombre nuevo, ingenuo y fuerte, para el capitán Delano, aquel barco parecía, desde su primera visión desde la costa, como un monasterio destartalado por el demonio, pronto a desmoronarse por un precipicio ondeante de los Pirineos. Es entonces cuando, obedeciendo a las normas del mar (si es que hay normas en el mar), el capitán Delano sube a la nave desvencijada del pobre español, don Benito Cereno, para ayudarle. Yo no narraré los pormenores de la historia. Sólo diré que, para no levantar sospechas sobre el motín, los negros fingieron ante el hombre nuevo que subía a bordo, que todo estaba en orden, que ellos obedecían a los blancos (a quienes secretamente tenían amenazados de muerte), y que el penoso estado del Santo Domingo había sido producto de la furia del mar y de los vientos del Cabo de Hornos. El benefactor que acababa de subir a cubierta entra entonces en un mundo fingido de orden, en el que la fuerza bestial domina a una civilización sin espíritu para resistirse; a una civilización que encarna Cereno, y que, en el fondo, no merece perdurar, por el hecho simple de prestarse al fingimiento de un orden falso, impuesto por una fuerza sin normatividad, en lugar de preferir, en un último gesto de dignidad, caer muerto antes que dejarse dominar por la brutalidad.
Entonces Delano presencia un mundo imposible del que duda. Su sencillez bienintencionada le impide llegar a profundizar en la verdad de cuanto le rodeaba desde que subió a lomos de ese mundo desgarrado que era el barco de Cereno. Basta recordar el capítulo en el que Babo, el negro que se presenta como el más fiel servidor, afeita a su señor en presencia de Delano. Entonces, Cereno tiembla, febril, ajeno a cualquier recodo de pundonor, cuando su aparente fiel servidor le pasa la navaja por la mejilla. Delano no entiende la escena, pero el lector, para entonces, ya sabe que del barbero al degollador sólo hay un pequeño movimiento de muñeca. Aquel fiel servidor era el jefe del motín, a quien todos los negros seguían, y con el pequeño corte que hace a su señor, o tal vez deberíamos decir, a su esclavo, Benito Cereno, marca la señal que indica que él, y solamente él, tiene todo la fuerza sobre la vida y la muerte de los hombres.
Aquél que decide sobre el destino de los hombres de cubierta, Babo, sin embargo, no puede guiar a los suyos a tierra. Depende de un hombre sin espíritu, Cereno. Pero ¿acaso es posible la navegación cuando quien gobierna la nave es un espíritu débil forzado por la brutalidad? El Santo Domingo constituye un mundo absolutamente corrupto; un presente que no merece ser más que pasado... y, en última instancia, olvido. Es como un largo día cuyas tinieblas no inspiran más que pesantez y aflicción.
Quizás podemos fantasear con que el cuento narra la historia de dos Europas. Una vieja, destartalada, la del Santo Domingo, gobernada débil y aparentemente por Cereno, cuyo rumbo va directamente hacia la muerte; otra nueva, briosa, la del Bachelor´s Delight, bien guiada con justa autoridad por Delano, cuyo rumbo es el comercio de la ballena.
El caso es que, cuando Delano salva a Cereno, la memoria del mal lleva a Cereno irremisiblemente hacia su final. En cierto modo, Delano no rescata más que a un muerto. Aunque los dos bogan ya en el mismo barco, a salvo de peligros, sus destinos son completamente divergentes. Anclado en el pasado, Cereno tiembla de un pavor que le impide abrirse a cualquier futuro. Delano le anima a olvidar, pues sin olvido del mal y de la culpa no es posible la vida. Pero el capitán español está definitivamente perdido para el tiempo. Jamás podrá reconciliarse con el mundo, que es para él mal absoluto y espacio para la eterna melancolía. Delano le dice:
“…el pasado es pasado, ¿por qué moralizar sobre ello? Olvídelo. Mire, el sol ya lo ha olvidado todo, y el mar azul, y el cielo azul; ellos han pasado la página”
Ah, la vieja Europa, su poder es un fantasma, como la espada de Cereno, que sin hoja, simulaba autoridad mostrando el ostentoso brillo de una empuñadura de plata pegada a una vaina vacía. Una Europa que, en este largo día del mundo global, se quedó melancólicamente junto a los bárbaros que una vez dominó y ha cargado sobre su espalda todo el resentimiento y todo el odio. Sin embargo, esa otra Europa, que como Delano pasó de un barco a otro como quien cruza de una habitación a otra, con la naturalidad de quien conoce que el mundo debe ser habitable y mira hacia delante… Esa otra Europa, ¿es Europa?
Desprecio a Babo, porque él sólo es brutalidad – sólo un alma hecha de mesianismo y resentimiento puede compadecerse del sanguinario; desprecio a Cereno, porque él sólo es debilidad – sólo un alma tortuosa, como la de Carl Schmitt, puede sentirse identificado por aquel marino español; y no puedo encarnar la ingenua bonhomía del capitán Delano, porque soy demasiado europeo, demasiado viejo estoy tentado a decir, a pesar de mi confesa bisoñez filosófica. En todo caso, nunca he deseado emular a Babos, Cerenos ni Delanos; yo aspiro a ser ese personaje que es siempre el lector: un simple náufrago espectador del mundo.
Muchas gracias a todos.
Dicho queda.
Murcia, 9 de febrero de 2009.
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El 10 de diciembre de 2008 un atajo de anarquistas empachados de vida universitaria y resentimiento de sobremesa, provocaron graves disturbios en Madrid en solidaridad con el "compañero" de quince años muerte por un disparo de la policía en Grecia. Su estrategia es evidente: globalizar los conflictos sociales.
Cantaban cosas como estas:
Asesinos a sueldo, abuso de poder
Ninguna agresión sin respueta
Muerte al Estado y viva la anarquía.
Luego lo sintetizan en un hermoso coro final con un rimbombante:
¡ASESINOS! ¡ASESINOS!¡ASESINOS!
Es todo un éxito de superventas en las listas del top mantillo del que florecen sus rosaceas voces revolucionarias.
Yo, como tengo muy mal oído para la música antisistema, recomiendo más bien revoluciones como las de ese tema de Los planetas, titulado con aguda ironía "Ciencia ficción", en el que se afirma que van a hacer una superviolenta guerra
"Seremos cientos por cada uno de los vuestros...
Cuidad vuestros negocios y vuestras familias porque vamos a mostrar vuestra misma piedad...
Porque seremos cientos por cada uno de los vuestros..."
cantan, y titulan: ciencia ficción...
Y también recomiendo la cívica actuación de Schopenhauer en cierta ocasión:
-"Señores -les dijo a los soldados del ejército al entrar en su casa-. Pueden ustedes hacer mejor su trabajo desde aquí.
Entonces les ofreció las ventanas de su azotea, desde donde los soldados se pusieron a disparar sobre la muchedumbre. No les quepa duda: yo cederé, invariablemente, mi azotea para detener a esta gentuza. Me pondré música, pediré a los policías que no hagan mucho ruido... Pero no se apresuren, amigos lectores, no les permitiría que disparan más que pelotas de agua, en una feliz fiesta de esas que recorren las parroquias castizas de la ibérica península.
Dicho queda.
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Estaba yo entrando en mi correo esta mañana. En esto que me asalta un ciberanuncio institucional en el que se me conmina a comprar con criterio en estas fiestas. Yo, que soy un malpensado, enseguida intuyo que el mensaje del anuncio es éste… «Soy el Estado y te robo, pero te informo de cómo debes evitar que otros, que no son tan buenos como yo, te roben»

Que el Estado tire el dinero es una cosa lógica, pues es de lo más humano invertir con buen corazón el dinero de los demás en proyectos de disciplinación moral y solidarismo social, y si además cae una cena que otra, pues mejor que mejor, pues bien comido el administrador político, bien invertido el dinero de las jibas de los ciudadanos (aquí debería ir un ¡ja!, pero ya lo ponen ustedes, que yo ahora no puedo)
Pues bien, me adentro en la web institucional y pronto me percato, con solo echar un rápido vistazo, de que es una de esas basuras visualmente infectas en la cual se trata al ciudadano como a un menor mental y se le ofrecen claves para ahorrar estas fiestas a través de una plástica amable, ñoña e infantil, para que, oh nosotros incautos ciudadanos, no nos dejemos birlar legalmente nuestra paga por esos ladrones malvados que nos ofrecen productos deseables y nos tientan con sus maléficas estrategias de marketing.
Y yo me pregunto, ¿con qué derecho y legitimidad moral, el Estado, que es el primer ladrón de la sociedad, se atreve a recomendarme a mí cómo debo hacer para gastar mi dinero, cómo debo planificar mi bolsillo? ¿Con qué derecho, ese ladrón de alma buena redistributiva que es el Estado, se atreve a quitarme a mí mi dinero para hipócritamente precaverme de que no me lo roben esos malvados que pretenden enriquecerse a base de trabajo, comercio y marketing? Pero qué pretenden, ¿cargarse el consumo? ¿Cómo es posible que aquel poder político que me arrebata y distribuye pésimamente mi dinero se atreva a darme recetas contra esos poderes económicos maléficosque me asaltan en cada escaparate? ¿Por qué no se meten ese paternalismo asqueroso por donde les quepa, ese paternalismo que va camino de anular hasta el más mínimo reducto de individualidad de esta sociedad decadente, en la cual todo, desde el derecho hasta la moral, están permanentemente sometidos a criterios solidaristas que cumplen al milímetro el resentimiento y la debilidad mental que con saña profunda denunció Nietzsche?
En definitiva, compra con criterio, imbécil, pero no te atrevas a vivir con tu criterio, que eso es de fascistas.
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Daspilfarro y desarrollo, o cómo ser buena persona con cargo a los fondos humanitarios de las cuentas públicas, y cómo invertir en arte ad maior gloriam de la Alianza de Civilizaciones. Aquí, señores, aquí.
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La vida no es posible sin olvido. No descubro nada. Nietzsche ya lo dijo en numerosas ocasiones y Borges hizo su versión con Funes el memorioso.
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La libertad vigilada es una contradicción en los términos. Para que la libertad pueda serlo, es una condición esencial que el ciudadano sea dueño y responsable de sus actos. Si hay un ciudadano que no es dueño de sus actos, un tercero deberá serlo por él, como en el caso de los niños. Si por el contrario, el ciudadano que no es dueño de sus actos es un adulto, entonces el Estado se hace cargo de él, apartándolo del resto de la sociedad para que no ponga a los demás miembros en peligro.
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