Lo que es bueno para España es bueno para Europa
18.05.09 @ 13:18:52. Archivado en Política nacional, Política internacional
El próximo 7 de junio se celebrarán las Elecciones al Parlamento Europeo. Opinantes varios y políticos en su tinta se lamentan de que los ciudadanos voten en estas elecciones en clave nacional, en lugar de hacerlo con una perspectiva más integral, con mayor amplitud de miras. Su ideal electoral europeísta consiste en que los europeos, en lugar de salir al rellano de su casa, se asomen al balcón de Europa para decidir el sentido de su voto.
Esta visión del asunto revela muchas cosas. Por ejemplo, que estos intelectuales euro-entusiastas anhelan una conciencia europea de la cual, al parecer, ellos son los depositarios, mientras el resto de pueblos europeos son algo así como una pintoresca maraña de paletillos nacionales que no han ascendido a las altas cotas del horizonte máximo europeo. Entiendo su posición, aunque en el fondo bebe de una tradición política que entronca con parte de aquella modernidad estatal que exige un demos europeo, demasiado intelectual y abstracto, para construir una gran Europa.
Sin embargo, mirando las cosas con cierto realismo, considero que, no solamente no está mal que la gente vote en las elecciones europeas en clave nacional, sino que es muy positivo que lo haga así, y es mucho más sensato de lo que muchos creen. Se podía proponer un axioma muy simple: Lo que es bueno para España, es bueno para Europa. Y además, sería beneficioso que se extendiera a nivel europeo. Que cada europeo se diga a sí mismo: “Lo que es bueno para mi país, es bueno para Europa”. Y si no lo es, pues entonces que los políticos, los sabios de Europa y los sociólogos cosmopolitas se pongan manos a la obra para que lo sea. En tal sentido han intervenido Ulrich Beck, con su artículo La crisis pide a grito una nueva Europa (El Mundo, 24/04/09) y Felipe González, en ¿Un nuevo pacto para Europa?(El País, 01/05/09). Pero los europeos sencillos hacen muy bien en desconfiar de los augures de la novedad. Resistirse a lo nuevo es la mejor manera de que lo nuevo nazca fuerte y cuando debe, que casi nunca es cuando piensan los intelectuales.
No nos engañemos. A día de hoy, esta actitud de mirada pequeña significa también hacer Europa. Y lamentarse de lo contrario es, en el fondo, confesar que lo que es bueno para Europa no implica por sí mismo que lo sea para el propio país. Pues el axioma no funciona a la inversa, a pesar de que es lo que sugieren algunos. Y no puede serlo. Pretender que la gente tenga una visión de las cosas más abstracta, que se eleve por encima de la dureza de la realidad diaria, para ascender al alto grado de comprensión de sociólogos y sabios es una solemne estupidez. Al votar lo más sensato es pensar: Quien puede sacar España de la crisis no puede ser distinto a aquél que pueda contribuir a sacar a Europa de la crisis.
Entonces, en conciencia, vote usted al partido de su nación que más confianza le inspire, pues, no lo dude: “Lo que es bueno para España, es bueno para Europa”... o debiera serlo. Pero eso sí, vote usted.
Dicho queda.
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Rafael Herrera Guillén
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