EL PP Y LA OPORTUNIDAD LIBERAL (2)
29.04.08 @ 16:45:00. Archivado en Política nacional, Artículos, libros (mis cosas en papel)
En el artículo anterior escribía que la nueva etapa que se ha abierto en el PP debería conducir a una actitud más “formal que material: es decir, más liberal”. Estas palabras un poco crípticas, procedentes de una deformación filosófica ya indeleble, querrían centrar ahora mi atención, porque del sentido de estos conceptos surgirá la petición de fondo, incluso la esperanza, que aquel artículo inspiraba.
La idea central es ésta: el PP necesita contener la pretensión de aquellas tendencias internas que pretenden seguir haciendo de este partido la imagen política de un ideario y moral particulares, difícilmente encajables con la visión de las cosas de la sociedad española actual. Esto no significa que deba abandonar sus valores; esto sería absurdo, pues un partido que no encarna valores es poco más que un club de naipes. De lo que se trata es de que los valores que encarna sean capaces de integrar el máximo número de corrientes sociales españolas de centro progresista, sin que por ello el partido quede desnaturalizado. A esto le llamo la oportunidad liberal del PP.
Así, por ejemplo, el PP precisa atender la dimensión cristiana de muchos de sus afiliados y votantes; pero eso no significa que él mismo se transforme en el partido del cristianismo en España. Del mismo modo, necesita reforzar a cuantos creen en la idea de España como nación, pero al mismo tiempo, no debería trasladar la imagen del partido político que azota a las regiones con una noción de la patria esencialista, poco coherente con el sentir mayoritario de la España contemporánea. Asimismo, debería reconocer las formas de vida familiar y social que sus bases consideran como idóneas, pero no debería convertirse en el adalid de la defensa de esas formas de vida particulares, porque los ciudadanos pueden decidir cómo vivir y fundar sus familias libremente, y se sienten atacados cuando algún partido pretende deslegitimar sus opciones de vida personales.
El PP tiene mucho camino por delante, pero es el único camino. Ha de ser muy consciente de que, por el camino de la moralización, el PSOE siempre le gana la partido, porque el PP no ha conseguido quitarse el tufo a polilla de las viejas costumbres que tanto disgustan a los ciudadanos. Mas, por otra parte, el PP tiene un potencial de modernidad del que carece el PSOE, siempre apegado al rancio pero eficaz electoralmente solidarismo. Sólo tiene que ser valiente y darle un espacio público relevante a ese potencial.
Tal vez todo esto es la cuadratura del círculo, pero a mí no me lo parece: basta con que el PP ponga de una vez en el centro de su acervo ideológico los valores liberales, que son siempre antes formales que materiales, es decir:
Que promueven la tolerancia y el respeto más escrupuloso con las creencias religiosas de los otros, y no hace jamás de las propias un modelo que determine al partido de cara al electorado;
Que cree en España como nación, pero al mismo tiempo no comulga con que la nación tenga que identificarse rígidamente con un determinado número de valores históricos, sino solamente con aquellos valores democráticos y constitucionales a los que nos ha llevado la historia;
Que tiene una determinada concepción de las buenas costumbres y la vida buena, pero por encima de su opción, considera superior a su propio gusto el hecho incuestionable de que cada cual puede y debe elegir libremente cómo se definen sus costumbres y cómo quiere vivir.
El PP debe hacer todo este juego de engranaje en el que puedan sentirse integradas tantos sus tradicionales bases como todos aquéllos que se muestran indecisos, porque consideran que, hasta la fecha, el PP ha pactado demasiado con determinados poderes históricos españoles, que han determinado sus posicionamientos políticos –tal vez con un alto coste. Por lo demás, el PP ha de jugar a futuro: y los jóvenes esperan que un gran partido sin complejos históricos les ofrezca algo más que el clientelismo moral y el buenismo infantil del socialismo. La cuestión que, al cabo, habrá de decidirse, se resume en esto: ¿Es Rajoy el futuro? Yo tengo mis esperanzas. Ahora necesito que alguien las cumpla.
Dicho queda.
Publicado en el diario La Opinión de Murcia el 25 de Marzo de 2008 y en Ciudadanos para el progreso el 27 del mismo
La polémica, agria y dulce, sobre la primera parte de este artículo AQUÍ
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Rafael Herrera Guillén
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