Asesinos a sueldo, abuso de poder
Ninguna agresión sin respueta
Muerte al Estado y viva la anarquía.
Luego lo sintetizan en un hermoso coro final con un rimbombante:
¡ASESINOS! ¡ASESINOS!¡ASESINOS!
Es todo un éxito de superventas en las listas del top mantillo del que florecen sus rosaceas voces revolucionarias.
Yo, como tengo muy mal oído para la música antisistema, recomiendo más bien revoluciones como las de ese tema de Los planetas, titulado con aguda ironía "Ciencia ficción", en el que se afirma que van a hacer una superviolenta guerra
Cuidad vuestros negocios y vuestras familias porque vamos a mostrar vuestra misma piedad...
Porque seremos cientos por cada uno de los vuestros..."
cantan, y titulan: ciencia ficción...
Y también recomiendo la cívica actuación de Schopenhauer en cierta ocasión:
-"Señores -les dijo a los soldados del ejército al entrar en su casa-. Pueden ustedes hacer mejor su trabajo desde aquí.
Entonces les ofreció las ventanas de su azotea, desde donde los soldados se pusieron a disparar sobre la muchedumbre. No les quepa duda: yo cederé, invariablemente, mi azotea para detener a esta gentuza. Me pondré música, pediré a los policías que no hagan mucho ruido... Pero no se apresuren, amigos lectores, no les permitiría que disparan más que pelotas de agua, en una feliz fiesta de esas que recorren las parroquias castizas de la ibérica península.
Mañana, día 9 de diciembre, sale a la luz mi último libro, Floridablanca en la Guerra de la Independencia. Se trata de una edición, con una selección de textos y un estudio introductorio.
ÍNDICE DEL LIBRO:
Introducción
I. A modo de elogio
II. Vida de José Moñino y Redondo, conde de Floridablanca
III. Obra política
IV. Esta edición
V. Selección bibliográfica
Floridablanca en la Guerra de la Independencia
I. Documentos manuscritos relativos la Guerra de Independencia
II. Alberto Lista, Elogio Histórico del Serenísimo Señor D. José Moñino, Conde de Floridablanca, Presidente de la Suprema Junta Central Gubernativa de los Reinos de España e Indias.
III. Un texto póstumo de Floridablanca, Idea demostrativa de las verdades invisibles de la religión cristiana por las visibles del cielo y de la tierra.
IV. Descripción de los festejos públicos con que la muy noble y muy leal ciudad de Murcia solemnizó la inauguración del monumento y estatua levantada a su alteza el serenísimo señor conde de Floridablanca, el día 19 de noviembre de 1849
Estaba yo entrando en mi correo esta mañana. En esto que me asalta un ciberanuncio institucional en el que se me conmina a comprar con criterio en estas fiestas. Yo, que soy un malpensado, enseguida intuyo que el mensaje del anuncio es éste… «Soy el Estado y te robo, pero te informo de cómo debes evitar que otros, que no son tan buenos como yo, te roben»
Que el Estado tire el dinero es una cosa lógica, pues es de lo más humano invertir con buen corazón el dinero de los demás en proyectos de disciplinación moral y solidarismo social, y si además cae una cena que otra, pues mejor que mejor, pues bien comido el administrador político, bien invertido el dinero de las jibas de los ciudadanos (aquí debería ir un ¡ja!, pero ya lo ponen ustedes, que yo ahora no puedo)
Pues bien, me adentro en la web institucional y pronto me percato, con solo echar un rápido vistazo, de que es una de esas basuras visualmente infectas en la cual se trata al ciudadano como a un menor mental y se le ofrecen claves para ahorrar estas fiestas a través de una plástica amable, ñoña e infantil, para que, oh nosotros incautos ciudadanos, no nos dejemos birlar legalmente nuestra paga por esos ladrones malvados que nos ofrecen productos deseables y nos tientan con sus maléficas estrategias de marketing.
Y yo me pregunto, ¿con qué derecho y legitimidad moral, el Estado, que es el primer ladrón de la sociedad, se atreve a recomendarme a mí cómo debo hacer para gastar mi dinero, cómo debo planificar mi bolsillo? ¿Con qué derecho, ese ladrón de alma buena redistributiva que es el Estado, se atreve a quitarme a mí mi dinero para hipócritamente precaverme de que no me lo roben esos malvados que pretenden enriquecerse a base de trabajo, comercio y marketing? Pero qué pretenden, ¿cargarse el consumo? ¿Cómo es posible que aquel poder político que me arrebata y distribuye pésimamente mi dinero se atreva a darme recetas contra esos poderes económicos maléficosque me asaltan en cada escaparate? ¿Por qué no se meten ese paternalismo asqueroso por donde les quepa, ese paternalismo que va camino de anular hasta el más mínimo reducto de individualidad de esta sociedad decadente, en la cual todo, desde el derecho hasta la moral, están permanentemente sometidos a criterios solidaristas que cumplen al milímetro el resentimiento y la debilidad mental que con saña profunda denunció Nietzsche?
En definitiva, compra con criterio, imbécil, pero no te atrevas a vivir con tu criterio, que eso es de fascistas.
La verdad siempre está de parte de aquellos que, como el reptil, caminan por los días con la melancólica certeza de que el aire del tiempo es tan amable como el agua traslucida de un pasado que amanece a cada paso para ruborecer cada minuto del día presente. Porque cualquier tiempo pasado fue mejor, y basta, y esto hace del futuro un tiempo indescifrable, sin heroísmo excepto para quienes, solitarios extremos, ríen en secreto con el gesto de quien no tiene nada que ocultar (o no, vaya usted a saber...)
Daspilfarro y desarrollo, o cómo ser buena persona con cargo a los fondos humanitarios de las cuentas públicas, y cómo invertir en arte ad maior gloriam de la Alianza de Civilizaciones. Aquí, señores, aquí.
Cada cierto tiempo, un concepto, o incluso menos, una perífrasis terminológica, obtiene un éxito tal, que acuña en su seno una multiplicidad de significados y evocaciones que, finalmente, lo convierten en una herramienta blanda. Es entonces cuando muchos investigadores, desde los académicos hasta los primeros representantes de la divulgación política, se enfangan en definiciones para alzarse con el pez más gordo del río turbio del significado. Actualmente, este pescado escurridizo, este concepto retórico exitoso que lo explica todo porque no explica nada, es el pez “globalización”. Todo tiene el nombre de globalización y a todo se le incorpora el adjetivo global (incluso al título de este libro). Existen derechos “globales”, empresas “globales”, desastres climatológicos “globales”, incluso vidas que transcurren en entornos globales.
Naturalmente, tampoco considero que el éxito de un término en una época determinada sea fruto de la mera casualidad. El concepto de globalización como tal evoca toda una serie de sentimientos y horizontes semánticos muy difíciles de reducir en una definición precisa. Es más, intentar esta definición puede resultar intelectualmente ingenuo. Aquí el sentido común y la creencia en un entorno significativo del concepto para la mayoría de las personas contemporáneas bastan para considerarlo un concepto determinante, al menos en su dimensión retórica. Sin más, globalización, en su sentido más descarnado y menos pretencioso, evoca en la mayoría de los hombres actuales el estado de cosas de la política mundial de principios del siglo XXI. Globalización significa lo mismo que incertidumbres actuales a nivel mundial para toda la humanidad. Dentro de unos años, se mirará hacia la primera década del siglo XXI y se tendrá la sensación de que todo cuanto lleva el término global o globalización forma parte de algo anticuado propio de los primeros balbuceos de un tiempo aún por definir.
La globalización se pasará de moda muy pronto. Se inventarán nuevas experiencias retóricas que referirán de manera igualmente difusa e imprecisa a las mismas incertidumbres universales del género humano. El concepto de globalización merece todo mi respeto, como concepto fetiche del presente, pero no mi interés. Lo utilizaré cuantas veces sea necesario, no por su profundidad analítica, sino por su pregnancia sentimental y elocuencia para los hombres y mujeres a quienes está dirigido este libro: mis contemporáneos. ¡Qué le vamos a hacer, uno es poco póstumo!
Vivimos días apasionantes; es decir, peligrosos. El final de la historia, que Fukuyama diagnosticó tras la caída del muro de Berlín, ha durado apenas 19 años, desde 1989 hasta 2008. En este sentido, sugiero que vivimos en un presente apasionante, porque no me cabe duda de que estamos asistiendo, otra vez, a un tiempo nuevo. Casi deberíamos acostumbrarnos a eso de ver nacer una época nueva cada veinte años. ¡Amigos, estrenamos mundo!
Si el alma vuela hasta los cielos sobre un carro alado,
¡Hasta donde llegará subida a lomos de una maravillosa vespa!...
¡Rejuvenezca el alma envejecida!
Los días 14, 15, 16, 20 y 22 de octubre tendrá lugar el
Ciclo de Conferencias
Sátira, risa e ironía. Lecturas sobre el humor,
organizado por la Sociedad de Filosofía y coordinado por Manuel Ballester y Enrique Ujaldón.
Mi conferencia será sobre el concepto de ironía en Kierkegaard, el jueves 16 de octubre a las 5’30. Les pego el calendario completo. Yo creo que vale la pena:
CALENDARIO Y CONTENIDO
-Martes, 14 de octubre
5’30. Gabriel INSAUSTI: AUDEN, W.H., Carta de año nuevo.
7’30. Manuel BALLESTER: PIRANDELLO, L., El difunto Matías Pascal.
-Miércoles, 15 de octubre
5’30. Enrique GALLUD JARDIEL: Recursos humorísticos en La tournée de Dios, de Jardiel Poncela.
7’30. Javier CORBALÁN: CSIKSZENTMIHALYI, M., Fluir: una psicología de la felicidad.
-Jueves, 16 de octubre
5’30. Rafael HERRERA: KIERKEGAARD, S., Sobre el concepto de ironía.
7’30. José Luis VILLACAÑAS: Kierkegaard, la posible tragicomedia.
-Lunes, 20 de octubre
5’30. Carlos CONCHILLO, Considéreme usted un sueño: Kafka y El castillo.
7’30. José Luis TASSET, Ensayo de una historia humorística de la filosofía.
-Miércoles, 22 de octubre
5’30. Enrique UJALDÓN: Cinismo, ironía y comunidad liberal: Antístenes y Rorty.
7’30. Juan José PADIAL, PLESSNER, H., La risa y el llanto
Cuándo: Del 14-10-2008 al 22-10-2008 Hora de Inicio: 17:30 Dónde: Biblioteca Regional de Murcia Organizador: Sociedad de Filosofía de la Región de Murcia Contacto: Tel. 968 363 498 Inscripción: Tel. 968 363 498
Se está celebrando la Feria Regional del Libro de Murcia, en la tradicional avenida de Alfonso X, el Sabio. La feria es Regional, pero no tiene nada de provinciana -fijo.
Se lo digo, a quien leyere, porque me comunican que acaba de salir mi último libro,
Un largo día. Globalización y crisis política,
y la editorial Tres Fronteras ha tenido la amabilidad de llevarlo, recien salido del horno, a su stand. Así que tengan cuidado si se hacen con alguno, porque están todavía calentitos.
Llevo tiempo interesándome por ese banco de pruebas histórico que es la UE, y una y otra vez me asalta la duda de si no será posible que el presente le haya dado la espalda ya a este proyecto a pesar de que todavía ninguno de nosotros, hombres y mujeres de principios del siglo XXI, nos hayamos dado cuenta.
Dicono di me,
che sono un bastardo, bugiardo e lo fanno senza un perchè...
Dicono di me,
che sono una strega drogata e truccata e piena di sè...
E dicono di me,
che sono una stupida frase da dire davanti a un caffè...
E invece no, nessuno sa.
E invece no, nessuno sa.
Che avrei soltanto l'amore per lei...
Per lei che ha il nome di un fiore, per lei...
Per lei..
Dicono di me,
che sono una stupida frase da dire davanti a un caffè...
Dicono di me,
che sono un serpente con ali da diavolo e un cuore da re...
Ecco perchè, nessuno sa.
Ecco perchè, nessuno sa.
Ecco perchè, nessuno sa.
Nessuno sa....
Che avrei soltanto l'amore per lei...
Per lei che ha il nome di un fiore per lei...
Per lei che è l'unica al mondo, per lei...
Per lei che è l'unica al mondo, per lei...
Ed ogni raggio di luna è per lei...
Ed ogni raggio di luna è per lei...
Lei...
Cesare Cremonini
Y el tradutore-traditore liberamente dice:
Dicen de mí
Que soy un bastardo, mentiroso que actúa sin sentido
Dicen de mí
Que soy una bruja drogada y tramposa y narcisista
Dicen de mí
Que soy una estúpida frase que se dice tomando un café
Pero no, es que nadie sabe…
Pero no, es que nadie sabe…
Que tan sólo tengo amor para ella…
Por ella, que tiene nombre de flor, por ella…
Dicen de mí
Que soy una estúpida frase que se dice tomando un café…
Dicen de mí
Que soy una serpiente con alas de diablo y un corazón de rey
He aquí porqué nadie sabe…
He aquí porqué nadie sabe…
He aquí porqué nadie sabe…
Nadie sabe…
Que tan sólo tengo amor para ella…
Por ella que…
Por ella, que tiene nombre de flor, por ella.
Por ella que es la única del mundo, por ella.
Y cada rayo de luz nace para iluminarla
Y cada rayo de luz nace para iluminarla
Ella.
La libertad vigilada es una contradicción en los términos. Para que la libertad pueda serlo, es una condición esencial que el ciudadano sea dueño y responsable de sus actos. Si hay un ciudadano que no es dueño de sus actos, un tercero deberá serlo por él, como en el caso de los niños. Si por el contrario, el ciudadano que no es dueño de sus actos es un adulto, entonces el Estado se hace cargo de él, apartándolo del resto de la sociedad para que no ponga a los demás miembros en peligro.
No me cabe duda: ya ha comenzado el declive político de Zapatero. Su estrategia política, basada en las dos “des”: Dinero y Derechos para todos, es inviable en tiempo de crisis.
La blogosfera son individuos tejiendo relatos, ha dicho Ballota, en el que quizás es uno de sus post más hermosos -y tal vez por ello, porque es muy bello, no puede ser real... o en todo caso, lo es sólo de una determinada manera.
Sí, su verdad radica en que la vida es siempre una sucesión de cuerpos por encima de los cuales se posa el sentido, que les hiere para abandonarlos. Sólo una es la verdad: "Cualquier tiempo pasado fue mejor", ese tiempo que guardan las piedras y nosotros miramos con la reverencia de quien se deja tocar por los días que jamás podrá vivir y que verdaderamente le superan y le hacen sentir su finitud: el pasado.
No estás solo. Cada vez somos más quienes nos expresamos sin remilgos en Europa. Únete al camino pedregoso contra lo políticamente correcto, el solidarismo y esa mala conciencia con que pretenden taparnos la boca los débiles del resentimiento. Amar Europa y nuestro mundo implica aplicarnos con furor un sí a nosotros mismos. No estás solo, amigo. Bruckner y otros estamos dispuestos a martillear, junto a ti, el fruto podrido de la mala conciencia europea.
Habrá que constituir una gran cadena de ayuda a todos los rebeldes del mundo islámico, moderados, agnósticos, libertinos, ateos, como la que apoyó en el pasado a los disidentes de Europa del Este. [...] Europa, si quiere construir un Islam laico dentro de sus fronteras, debería alentar estas voces divergentes, darles apoyo financiero, moral y político, apadrinarlos, invitarlos, protegerlos. No existe en la actualidad una causa más sagrada, más seria y que comprometa más la concordia de las generaciones futuras. Pero con una inconsciencia suicida, nuestro continente se arrodilla ante los locos de Dios y silencia o ignora a los librepensadores.
Pascal Bruckner, La tiranía de la penitencia
Europa no necesita más dioses. A Cristo lo metió en vereda. Ahora toca aplastar a Alah. Necesitamos retomar la máxima de acción de Voltaire:
¡Aplastad al infame!
es decir, a los supersticiosos, a los dogmáticos, a los enemigos del hombre, a los totalitarios de la sangre...
Caminaba por Roma, por los alrededores del Coliseo, entre turistas y transeúntes, en medio del ruidoso palpitar de la ciudad eterna… De pronto, una voz en la lejanía se acercaba con una cadencia monótona, como el aire seco y corruptor de un alma desértica. Al mismo tiempo, como una reacción decadente contra aquella voz, una brizna de historia pétrea cayó, lenta, ante mis pies desde lo alto del Coliseo. Poco después, una lluvia de polvo augusto de desplomó sobre mí como el llanto ruinoso de una civilización.
Entretanto, la voz, aquella voz del desierto, enjuta y sedienta, crecía… hasta que se impuso sobre todas las almas –y cuanto más se iba imponiendo en cada alma, más se desprendían las piedras colosales de Roma sobre mis pies. Miré a mi alrededor y ya no había turistas ni transeúntes –sólo una masa de gentes cubiertas, que se dirigían, como un solo cuerpo, al interior del Coliseo, para rezar. Yo me quedé en el exterior, implorando por que aquellas piedras beatíficas cayeran sobre mí para salvarme del dolor de vivir en una Europa vencida.
La historia de es maestra de los necios. Pero esto ya se ha dicho. Sin embargo, conviene repetirlo, porque las verdades, por el hecho justo de serlo, necesitan frecuentarse cada cierto tiempo para que no se conviertan en espuma devorada por el mar corruptor del tiempo.
La historia es hoy para Europa la primera condición de su posible saneamieto y resurgir, porque cada cual sólo puede tener sus propias virtudes, y no las del prójimo. Europa es vieja, y no puede tener las virtudes de los jóvenes. Su virtud es el ser vieja, es decir, el tener una larga memoria
José Ortega y Gasset
Yo pongo mi brazo y el alma junto al de aquéllos que se sientan hijos de los padres que aparecen en este vídeo:
Grecia, Sócrates, Cristo, Platón, Aristóteles, s. Agustín, s. Tomás, Descartes, Hume, Kant, Hegel, Nietzsche, Unamuno, Husserl, Heidegger, Wittgenstein, Ortega...
Eso es lo que somos nosotros. Esto es Europa. Tradición e inteligencia suma, la más alta, la única que, sin falso orgullo, puede decir de sí misma: esta que pisas es tierra vieja y superior espíritu.
No sabemos si el PP, hoy por hoy, está en las mejores condiciones para desarrollar su labor de oposición, pero de lo que no se puede dudar, es de que el PSOE le va a obligar a ello. Asimismo, el Gobierno es el principal beneficiario del período de reestructuración interna del PP, al menos en dos sentidos.
En primer lugar, las dinámicas internas de los populares están dejando las manos libres al gobierno socialista, pues los medios se están ocupando más del morbo de la crisis popular que de los graves problemas que nos afectan a todos. El Gobierno está saliendo indemne de los malos datos económicos, sin que esté llegando a la opinión pública una crítica resuelta sobre la nulidad previsible de las medidas de reactivación propuestas y de las mentiras preelectorales de Zapatero y Solbes sobre la gravedad de la situación. Por otra parte, los problemas de la justicia, que son de una perentoriedad manifiesta, y que podrían ser un buen bocado para la oposición, están saliendo totalmente gratis a un presidente cuya autoconfianza le ha llevado a mantener en el Ministerio de Justicia a un hombre que ha manejado con chabacana torpeza una de las huelgas en el sector que más daño han hecho al normal funcionamiento de la justicia de este país, que, por lo demás, es de por sí bastante poco normal.
En segundo lugar, el PSOE va a poner en marcha su maquinaria para intentar dirigir la labor de la oposición. Es decir, va a tomar la iniciativa para que el PP tenga que intervenir sin remedio, y además, lo haga de tal manera, que sus acciones de oposición expresen modulaciones retóricas poco acordes con la mayoría de la opinión pública. En este sentido, no cabe duda de que la nueva ley de libertad religiosa anunciada por la vicepresidenta Fernández de la Vega es todo un envite para que el PP entre al trapo.
Desconozco los términos de esta nueva ley, pero de lo que no me cabe duda es de que al plantearse ahora, el Gobierno no quiere tanto dar respuesta a una demanda social (que no existe), como influir, negativamente, en el proceso de renovación de la imagen pública del PP, cuyos sectores cristianos, ante las sospechas anticlericales de la nueva ley, van a presionar para que el partido reaccione contra cualquier proyecto que pretenda disminuir el trato privilegiado que disfruta la Iglesia Católica. Y no cabe duda de que nada resultará más dañino para la credibilidad de la renovación popular que enfangarse en cuestiones de religiosidad, que por muy justas que puedan ser, siempre terminan por proyectar una imagen ante los medios de antigüedad y clericalismo predemocrático, que los socialistas suelen administrar muy bien, apelando a toda la serie de prejuicios anticlericales de la sociedad española.
Pero este trapo clerical que el Gobierno ofrece a la oposición, puede resultar una gran oportunidad para el PP si consigue trasladar a la opinión pública una imagen moderna del asunto y lo aborda con convicciones liberales, en lugar de hacerlo desde las creencias particulares cristianas de algunos de sus dirigentes y militantes. Es por ello por lo que el PP, ante el trapo clerical que le va a lanzar el PSOE, debería mostrar todas sus bazas renovadoras, o de lo contrario, si, en lugar de convicciones de madurez democrática, se dejan traslucir ante los ciudadanos profesiones públicas de fe personal, por sinceras que puedan ser, cada gesto popular será interpretado en cámara como casposa reacción.
El PP, naturalmente, debe tomarse su tiempo para conseguir la mejor de las cohesiones posibles y ganadoras; pero la cuestión es que, en política, el presente tiene urgencias que no esperan. Así, pues, el PP, insisto, puede tomarse su tiempo, pero la política española no puede permitirse ese lujo. Además, el PSOE está ahí, autoconfiante, para tentarle a salir al ruedo de su juego.
La cuestión es complicada porque sólo con un buen equipo podrán los populares hacer una buena oposición que sintonice con la ciudadanía, pero, sin embargo, la conformación de este equipo ganador debe tener la virtud de la oportunidad, es decir, de estar listo cuanto antes, porque el juego democrático lo exige, y lo que es más importante, no espera. Un buen equipo a destiempo, no será un buen equipo, porque para entonces, las acciones previas de la oposición podrían haberlo deslegitimado antes de su nacimiento. Rajoy necesita tiempo; España no lo tiene.
-Hay que ser verdaderamente un exaltado para funcionar con un esquema mental, según el cual el centro político y el conservadurismo moderado se identifican con los intereses perversos y creados de un ente superior llamado Prisa con una capacidad suprema para manejar los hilos de este país.
-Hay que ser verdaderamente un exaltado para pensar que hay un grupo de héroes de la libertad, dispuestos a sacrificar su alma para defender unos principios contra ese malvado poder.
-Hay que ser verdaderamente un exaltado para no darse cuenta de que, en todo eso, hay más de negocio y cuotas de mercado, que de valores políticos y principios morales.
-Hay que ser verdaderamente un exaltado para ponerse de parte de un negociante de la palabra, contratado por una empresa, frente a un político legítimamente elegido, arrasadoramente elegido por la capital, y que milita en el mismo partido que uno vota.
-Hay que ser verdaderamente un exaltado para creerse ciertas teorías de la conspiración, porque para que fueran verdad, se necesitaría un poder tal para el engaño, sólo proporcional al del demonio subido aquí desde los infiernos.
Pues bien: los votos de los exaltado son tan necesarios como los de los moderados. Y uno, yo mismo, hemos hecho el exaltado muchas veces. Pero en esta vida hay que rectificar, y saber que no es enemigo aquel que fortalece nuestro barco. Y quien arrasa en unas elecciones, fortalece a su partido, y por ello merece respeto, y quien siembre el veneno de la traición, desde los micrófonos, para corromper las almas, debiera ser pasto de nuestra más inteligente ignorancia.
Julio Martínez Mesanza es uno de mis poetas españoles contemporáneos predilectos. Un alma conservadora y sensible que piensa en español, nos hará más que disfrutar al leerlo. Su primer libro lo tituló Europa, magistral, como sus Trincheras.
Y además de poeta, tiene un blog, donde esparce su talento. Vean una muestra:
Te diré que vivimos en una pequeña y estrecha península. Durante la noche, un tercio de nosotros hace guardia sobre el muro, porque, a pocos pasos, hay otra ciudad, la amenazante ciudad de los bárbaros, que son muchos y muy violentos. Dos ciudades contiguas o la misma ciudad partida en dos, como quieras. La única manera de sobrevivir teniendo en cuenta nuestra inferioridad es convertir en neurosis la disciplina. Cada uno de nosotros sabe lo que tiene que hacer y cuándo, y cada uno repite mecánicamente eso que tiene que hacer. El ritual es la defensa de nuestra libertad. El peligro siempre está ahí, a las puertas, pero la exactitud reiterada de nuestros movimientos parece poner una segunda barrera entre nosotros y los bárbaros. A nuestras espaldas, la confiada ciudad; más allá, el mar y sus inseguros caminos, que son nuestra única vía de escape. Delante de nosotros, los bárbaros y, a sus espaldas, la tierra, la inmensa tierra firme que no podemos pisar.
España es "una potencia en solidaridad". Esto lo dijo Zapatero el 18 de noviembre del 2007 en Málaga, en una hermosa arenga ante los trabajadores del mundo (de dentro y de fuera de España, quiero decir, lo cual viene siendo el mundo). Ahora lo ha repetido la Vicepresidenta De la Vega, con ese tono peculiar en el que las melosas palabras se le pegan a un cielo de la boca enjuto y seco de enjundia solidarista.
Montesquieu teorizó, británicamente inspirado, sobre la división del poder, que dividió en los consabidos tres poderes: legislativo, ejecutivo y judicial. Después, andando el tiempo, con la irrupción de las masas en la democracia, Orson Welles confeccionó el diagnóstico fílmico de un asunto que ya preocupó hondamente a Tocqueville, el de la opinión pública y la multitud de pequeños periódicos que circulaban por los pueblos más perdidos de América. El cuarto poder había entrado en escena: la prensa. Y hoy, en algún lugar de esta bendita Europa, desde su reluciente ordenador, alguien escribe que ya ha llegado el quinto poder: las asociaciones cívicas libres y liberales en red.
Dos son los elementos que deben guiar a todo partido político democrático: principios firmes y pragmatismo democrático. De la interrelación de esos dos elementos depende, en buena medida, el éxito o el fracaso de un proyecto político.
En el artículo anterior escribía que la nueva etapa que se ha abierto en el PP debería conducir a una actitud más “formal que material: es decir, más liberal”. Estas palabras un poco crípticas, procedentes de una deformación filosófica ya indeleble, querrían centrar ahora mi atención, porque del sentido de estos conceptos surgirá la petición de fondo, incluso la esperanza, que aquel artículo inspiraba.
A K
Yo quiero ser ese soldado que se queda en su posición atándose las botas cuando el resto del ejército se disuelve y huye del enemigo. No quiero ser el héroe insensato que se cuadra como una columna sobre sus pies a la espera de que el enemigo le pase por encima como una brizna entre la tormenta. No. Lo que yo quiero es sentir cómo se aproxima el enemigo, mientras refuerzo mis pies, como a quien nada le importa que el próximo paso sea ya el último. Entonces me destruirán, pero yo habré vencido.
Las crisis son épocas de incertidumbres. Pero también se pueden considerar como un tiempo de nuevas oportunidades. Las crisis, en un espíritu noble, suelen ser la ocasión para salir victorioso y fortalecido de las inclemencias de la vida. Es más, sin momentos críticos, los hombres no podrían disfrutar de ese juego en el que la vida rebosa fuerza y que se suele llamar libertad. Por tanto, una crisis es incertidumbre porque es también una oportunidad.
Hace escasos días hemos asistidos a uno de esos hechos históricos que pasan sin pena ni gloria por los telediarios, pero que constituyen acontecimientos de gran transcendencia histórica. Y es que, como sabemos, la opinión pública suele nutrirse con una papilla compuesta de inmediatez, que sirve para mantener entretenido al auditorio democrático, en un acelerado proceso de consumo noticiario a la remanguillé. Tenemos tantas ganas de devorar la actualidad a tiempo real, que a menudo perdemos lo realmente importante de nuestro tiempo.
Tras la jornada electoral de ayer, podemos extraer una conclusión: el socialismo y la izquierda han sabido unirse en su causa común: gobernar España e impedir que el PP lo haga alguna vez. Esto es perfectamente legítimo. Mi conclusión es bien antipática: todos aquéllos que nos consideramos liberales deberíamos hacer un esfuerzo de realismo.
Esto… qué les iba a decir yo, amigos míos… ¡Ah, sí! Que lo dejo. Que adiós muy buenas… Sí, pacientes lectores, debo despedirme ante ustedes y ante mí mismo… Hoy confieso ante su generosa mirada, ante sus ojos atentos a las cuitas del intelectual que fui… hoy confieso y proclamo a boca llena (de jamón ibérico) que abandono mi condición de intelectual.
Me dijo el sábado mi amigo Ch.: "Pero si no escribes, cacho cabrón". Y lleva razón, toda la razón: últimamente escribo poco (al menos en público). Y sin embargo, uno tiene la sensación de que hay que hacer purgas de silencio. No hay nada más patético que esos opinadores de tres al cuarto que forman la opinión pública, que viven de halagar auditorios...
Pues bien, Sr. Ch., tiene usted razón, escribo poco últimamente -y por eso ahora trascribo el post que no iba a escribir. Ahí va:
El post que no iba a escribir.
Ayer vi el debate, como casi todo el personal. No les quepa duda, tengo una opinión. Una pista: desconfío de los políticos simpáticos que hacen gala de una excesiva bondad, porque siempre sospecho que a lo único a que aspiran en política es a extender su vanidad en forma de grasa moral a toda la sociedad, a lo único que aspiran es a todo, a hacer de éste su mundo mejor, pero a costa de que se lo sufraguen los ciudadanos. Pues como todo el mundo sabe, yo detesto a las buenas personas.
Del debate, uno tiene la sensación de que España va por un lado y yo por otro. ¡Qué es esa gilipollez de esgrimir argumentos sobre quién ha ganado el debate! No es más que morralla periodística, para entetener a esos pobres diablos llamados ciudadanos, los cuales, para que sientan satisfecha su sed de política, les endilgan basura de opinión bien refrita con los aceites sucios del interés partidista. Personalmente, creo que Rajoy estuvo mejor que Zapatero, pero eso da igual, porque la mayoría de medios, como perros rabiosos, en seguida se ponen a ofrecer encuestas-basura para cambiar y construir la realidad que más beneficio la mano del amo que les da de comer.
Debo decirlo: Zapatero estuvo a su altura; Rajoy estuvo Rajoy, pero como dijo el gran Umbral, Rajoy es demasiado fino e irónico para una ciudadanía poco capaz para reconocer la inteligencia, y más dada a la simpatía y la bondad huera.
Una cosa les digo, y extremadamente grave: mi fe en la democracia comienza a tambalearse en la misma medida en que mi creencia en el republicanismo liberal se fortalece.
Seré abstracto. Es la única manera de que, desde la primera palabra, los lectores ahítos de carnaza desistan de leerme. Hace ya tiempo que he pergeñado el arte de seleccionar a mis lectores. A menudo fracaso, y lo tengo bien merecido, por pedante. Yo no escribo para satisfacer al auditorio; escribo, más bien, porque me suele dar la gana, y porque sueño con ir encontrando, con esfuerzo y tiempo, algunas personas de las que pueda aprender. Y de hecho, ya he encontrado muchas... Ya sólo me falta encontrarme a mí mismo, pero siempre ando dando rodeos, como un perro alrededor de su rabo, para esquivar ese gesto presente pero siempre esquivo que es uno mismo.
CONVERSACIÓN SOBRE CUESTIONES DE LIBERALISMO ESPAÑOL (3)
-IVÁN GARCÍA. Con todo, la transición del Sempere ilustrado al Sempere netamente liberal (aunque no sé si conscientemente liberal) se produce de forma acelerada y dramática, a raíz de la invasión napoleónica que tú has denominado como la Sattelzeit española, más o menos coincidente con ese intervalo de tiempo, apenas un siglo entre 1750 y 1850, donde según Koselleck se configuran las nuevas coordenadas socio-políticas de la Modernidad, y que a su vez concuerda con la propia vida de Sempere y Guarinos (1754-1830). Centrándonos en ese año de 1808, vemos cómo Sempere se ve obligado a tomar partido, y lo hará por el bando francés, aunque en el fondo lo de menos es a quién apoyar mientras ese quién, piensa Sempere, sea capaz de instaurar el nuevo orden que requiere el nuevo tiempo. ¿No será, entonces, esta indiferencia política, casi podríamos decir que anti-re-publicana, carente de todo contenido doctrinario, la causa de sus desavenencias posteriores con los regímenes sucesivos (no lo olvidemos: Sempere sufre dos exilios), en una época especialmente convulsa, tratando siempre de justificarse ante la nueva autoridad?
-RAFAEL HERRERA. Bueno, es que la obra de Juan Sempere tiene un componente negativo muy fuerte. Como sabes, él pensaba que era esencial un poder muy enérgico capaz de aniquilar los errores y los privilegios del pasado. Sólo tras esta labor negativa se podría llevar a cabo toda suerte de proyectos de reforma. Lo que choca es el carácter desapasionado y conservador en un hombre cuya obra contiene un potencial tan destructivo, sobre todo en materia histórica. Rodrigo Fernández-Carvajal consideraba a Sempere un mero burócrata sin alma política. Yo no lo creo, porque pienso que el alma política también puede hallarse en posturas de intervención práctica no excesivamente elaboradas desde un punto de vista político-normativo. Es más, si me apuran, creo que un exceso de teoría política es la mejor manera de hacer de la política un salón de locos y diletantes. Tocqueville nos previno contra los excesos literarios de los filósofos. Asumo este diagnóstico, a pesar de ser un filósofo –o tal vez justo porque lo soy.
-IVÁN GARCÍA. Un ejemplo de la facilidad con que Sempere podía dirigir su pensamiento hacia una dirección (política) u otra, cambiando apenas unos nombres por otros, lo tenemos en el libro donde, aun así, quizá podamos descubrir al Sempere más resuelto y franco. Nos referimos a las Observaciones sobre las Cortes y sobre las leyes fundamentales de España, cuya edición crítica tú mismo has preparado también para Biblioteca Nueva. Hazme un resumen de la intrahistoria de este texto.
-RAFAEL HERRERA. Las Observaciones sobre las Cortes y sobre las leyes fundamentales de España es uno de mis libros predilectos, no de Sempere, sino en general. Creo que en sus apenas cincuenta páginas se condensa la más breve y demoledora interpretación de la historia de España. Me satisface mucho haber editado esta obra. El libro, además, según las catalogaciones, se consideraba perdido. Yo pude encontrar un ejemplar en la Universidad de Navarra catalogado como anónimo. Fue, sin duda, el momento más feliz de aquellos años de investigación. Es un libro escrito en la difícil encrucijada de la Guerra de Independencia. Sempere había luchado junto a los liberales de Granada. Una vez entra el ejército francés en la ciudad, jura a José Bonaparte. El libro lo escribió a petición de la Junta Central, pero sólo lo publicó bajo el gobierno josefino. Esto da una idea del cruce de incidencias en que debió gestarse el librito; y justo por ello, admira tanto el carácter tan agresivo contra la historia de España que posee. Quien deplora el presente, a menudo suele idealizar el pasado. En el caso de Sempere fue justo al contrario: porque odiaba su presente, despreció sin reservas el pasado que lo originó. Creo que esta lección contra la melancolía política es una enseñanza universal.
-IVÁN GARCÍA. En dicho libro se comprueba el alcance real de la propuesta anti-historicista de Sempere y Guarinos, si no me equivoco el rasgo más característico de toda su obra. En mi opinión, su propuesta responde a dos intenciones: 1) para erradicar aquellos factores que secularmente han disminuido las capacidades del pueblo español, éste (el pueblo español) no puede falsificar su propia historia y ver éxitos donde sólo empezaban a asomar los fracasos, y 2) la historia de España, lamentablemente, no puede ser más que magistra vitae negativa para el presente, un presente que tiene que buscar en sí mismo las razones para legitimarse. En este sentido, ¿cómo respondió el tiempo de Sempere a sus advertencias? Y, por último, ¿cuál sería la lección de Sempere que tú extraes para nuestro presente?
-RAFAEL HERRERA. La redacción de un libro no tiene mucho sentido si el escritor no tiene como objetivo interpelar a sus contemporáneos. La figura y la obra de Sempere es el centro del libro, esto es evidente, pero el objetivo subterráneo, que espero que cale en los lectores, es actualizar al anti-historicismo, que tanto daño nos ha hecho y continúa haciendo. Estoy de acuerdo con la síntesis que haces del pensamiento de Sempere. La frase “magistra vitae negativa” ha hecho cierta fortuna, y lo celebro, porque encierra el sentido último del pensamiento de Sempere, pero también del mío. La historia de España no puede ser la maestra de nuestra propia vida. O al menos, la única lección que podemos extraer de su estudio es que no debemos repetirla. La historia de España fue la historia del error. Tal vez acertamos una sola vez: en el olvido reconciliador de la Transición. La responsabilidad de los hombres del presente era custodiar este olvido con un sentido crítico para evitar que la revisión esencial de ese olvido, cuando se produjera, no se convirtiera en revanchismo, sino en un acto común de comprensión. No estoy seguro de que la comprensión de la historia deba hacerse por ley, porque la reconciliación y la revisión de la historia debe ser obra de la sociedad y de la cultura. Cuando lo hace el poder, todo se llena de reservas y desconfianzas. El poder no tiene derecho a la historia porque el pasado es patrimonio exclusivo de los ciudadanos.
CONVERSACIÓN SOBRE CUESTIONES DE LIBERALISMO ESPAÑOL (2)
-IVÁN GARCÍA. Aclarado esto, vemos que en tu libro, Sempere reconoce rápidamente y con lucidez cuáles son los males endémicos que, entrando en el siglo XIX, han frenado el desarrollo político y social de la nación española, a saber: unos poderes intermedios (Nobleza e Iglesia) que miran exclusivamente por la satisfacción de sus privilegios estamentales, un concepto exagerado de hidalguía incrustado en las mentes populares, que no cede además por causa de una educación deficiente, y, sobre todo, una falta de voluntad política (del Rey abajo, ninguno...) para salir del marasmo intelectual y económico al que parecían haberse acostumbrado aquellos españoles. Sin embargo, ¿acierta Sempere con sus reformas? ¿Cómo no ver que era pedir demasiado a un rey con “temor a gobernar” (hablamos de “aquel desgraciado Rey” –en palabras de Sempere- que fue Carlos IV) que se convirtiera en la fuerza motriz de los cambios deseados?
-RAFAEL HERRERA. Estoy de acuerdo con este análisis. Pero fíjate: la prueba de que las reformas que proponía Sempere eran las que efectivamente necesitaba España reside en que, todas ellas, con el tiempo, se fueron aplicando a lo largo del siglo XIX. Así por ejemplo, la desamortización de Mendizábal tiene un claro precedente en los proyectos de Sempere. Incluso me atrevo a decir, aun a riesgo de cometer un anacronismo, que el olvido sobre el propio pasado que Sempere pedía a sus contemporáneos finalmente se produjo en la Transición Española. Nietzsche vio que el olvido es una categoría esencial para la vida. Sin olvido, la vida acumula demasiada experiencia. Eso fue la historia de España que culmina en la Guerra Civil: un exceso de pasado. Pues bien, desde sus primeras obras, Sempere supo que España no podría seguir adelante si persistía en su empeño de cargar con el fardo de una historia llena de errores. Y naturalmente, tienes razón, Iván: ¡cómo iba a acometer tales reformas un rey que, en el fondo, no quiso reinar! Esto explica que Sempere se desesperase con la falta de contundencia de los liberales del trienio contra los poderes tradicionales.
-IVÁN GARCÍA. Según tu perspectiva, el handicap que tiene Sempere para hacer frente a la nueva realidad que emerge implacable ante sus ojos, radicaba en la falta de utillaje conceptual adecuado, de manera que todas sus ideas de renovación quedaron, cambiando el dicho, como vino nuevo en odres viejos. El caso es que desde hacía más de un siglo recorría toda Europa la nueva teoría que podía dar cauce a las demandas crecientes de dinamización social: era el tiempo del contractualismo. Tú confirmas que Sempere no era contractualista y que se encuentra más cercano a posicionamientos de corte tradicional (o conservador), como el de David Hume. Mi pregunta, por tanto, es: ¿en qué medida podía avanzar Sempere en su planteamiento teórico sin recurrir –antes o después- a tesis contractualistas? ¿Por qué no acude a ellas?
-RAFAEL HERRERA. Sempere es un hombre fundamentalmente pragmático. Sentía una profunda aversión por las abstracciones filosóficas. Ésta era una reacción normal, habida cuenta de que España era la tierra de las abstracciones escolásticas, llenas de ingenio pero perfectamente inútiles. La dimensión normativa de su pensamiento depende de su pesimismo antropológico. Como Hume, Sempere considera que es muy poco probable que el hombre natural fuera capaz de establecer pactos de cesión de poder. Más bien, él consideraba que el hombre natural, si nada se lo impedía, se dedicaría a dominar a otros hombres, en una dinámica que nunca se reduciría al momento contractual. Pero fíjese que autores algo posteriores a Sempere, y plenamente liberales, como Constant, sienten también poca simpatía por el contractualismo. En el caso de Sempere, creo que él se limitó a reconocer que el poder existe y se ejerce siempre hasta el final, mientras que no haya otro poder que lo limite. Cualquier poder aspira a la totalidad. Esa es una de sus máximas. En este sentido, las tesis contractualistas no formaban parte de las necesidades reales, porque de lo que se trataba no era de hacer disquisiciones sobre el hombre natural, sino de reconocer al hombre real, ese hombre que usa el poder indiscriminadamente, y sobre el cual debe intervenir la ingeniería estatal. Él desprecia el contractualismo como cosa de filósofos y poetas. Y llevaba razón.
-IVÁN GARCÍA. El Sempere ilustrado, o dicho de otro modo, el Sempere más alejado del Barroco y de todo su montante categorial (con la idea política nuclear de «Destino», a la que ahora, en un tiempo neo-barroco, algunos vuelven a mirar) es, de acuerdo contigo, el Sempere que acierta a ver en la economía la salvación de la Política, lo que en, cierta manera, introduce a Sempere en la senda del liberalismo que comienza a abrirse paso en el ámbito anglosajón por esas mismas fechas. Werner Sombart, en Lujo y capitalismo, contrasta la célebre hipótesis weberiana, pero no cita, extrañamente, la Historia del lujo de Sempere. Sin embargo, este libro es digno de atención por la inusitada estrategia que sigue para eludir, o mejor, encajar el lujo y el consumo dentro de la moral católica.
-RAFAEL HERRERA. A mí también me parece que la Historia del lujo de Sempere constituye un hito en la exposición de las dificultades que el catolicismo tuvo siempre para pactar con las fuerzas capitalistas del mundo moderno. Cuando uno lee Lujo y capitalismo, de Sombart, se da cuenta de hasta qué punto es importante el libro de Sempere y Guarinos. A pesar de no citarle, muchos de los argumentos del clásico alemán están ya anticipados por el español. Es éste un tema apasionante, porque explica muchos de los errores y atrasos que ha sufrido España a lo largo de su historia. Para Sempere era evidente que la economía sólo podría recuperarse de su atraso si el poder público, no sólo no castigaba, sino que fomentaba el lujo, porque sin consumo no era posible ni la producción ni el comercio. Pero frente a estas necesidades, la mentalidad católica española se resistía a aplicarse a la actividad económica, que consideraba indigna desde el inútil noble hasta el orgulloso hidalgo. En España nadie quería trabajar, porque todos querían salvar su alma, si me permites que simplifique un poco la cuestión.
El siguiente texto es la trascripción de una conversación epistolar con Iván García, mi buen amigo de la universidad de León, que tuvimos allá por noviembre pasado. La excusa inicial era debatir sobre un libro que acababa de publicar. Pronto la conversación derivó (subterráneamente) hacia lo que de verdad nos importaba: analizar, indirectamente, el contexto político español pasado y presente. La conversación es extensa. Por ello, la iré publicando en varias partes. Creo que puede ser útil ahora que se cumplen 200 años de la Guerra de Independencia Española.
Naturalmente, Iván y yo queremos evocar con estas palabras aquella fértil noche leonesa en que el buen vino dio libre curso a las palabras, y recordar especialmente a los amigos apasionados por la lengua alemana y el buen periodismo que aquella noche conocí.
CONVERSACIÓN SOBRE CUESTIONES DE LIBERALISMO ESPAÑOL (1)
IVÁN GARCÍA. Para empezar, una pregunta comprometida: ¿le ha hecho justicia la perennidad a Juan Sempere y Guarinos, una perennidad en la que él cifraba su esperanza, ya vencido por el tiempo que le tocó vivir? Y tu libro, ¿le hace justicia?
-RAFAEL HERRERA. Cuando preparaba los materiales para el libro, me impresionó mucho aquella frase de Juan Sempere a la que te refieres: “La perennidad me hará justicia". Creo que es la última esperanza que le queda al intelectual que reconoce en sus fracasos acumulados la prueba más evidente de que sólo los hombres del futuro podrán hacerle justicia. El protagonista de este libro, desde luego, no fue un hombre afortunado. En su biografía se cruzan todos los males de la España del XVIII y el XIX. No fue feliz porque, sencillamente, en aquella España nadie decente podía serlo. Es una figura apasionante, porque detrás del frío y desapasionado reformista, se esconde una vida en la que se cruzan todos los odios de la España del momento. Fue amigo y enemigo de liberales, afrancesados y reaccionarios. Esto, sin duda, hizo que su obra no fuera reconocida por nadie de su generación inmediata. En este sentido, considero que esa esperanza en la posteridad, plena de orgullo y desesperación, estaba fundada en la conciencia sobre la ingratitud con que los españoles solemos pagar el esfuerzo más valioso y generoso de nuestros intelectuales. Es un lamento que, por desgracia, se repite en muchos de nuestros escritores y artistas.
En cuanto a la segunda parte de tu pregunta, desde luego que es comprometida. Yo abordé mi labor con la conciencia de que formaba parte de esa perennidad en la que Juan Sempere y Guarinos puso sus esperanzas de justicia futura. No me toca a mí hacer un diagnóstico sobre si Las indecisiones del primer liberalismo… le hace justicia a Sempere, pero de lo que no me cabe duda es de que “los lectores impartirán justicia”. A su decisión me pliego, sea cual sea su veredicto.
-IVÁN GARCÍA. Dime, ¿quién era Sempere y Guarinos? Y ¿qué te llevó a detenerte en la figura de este personaje?
-RAFAEL HERRERA. Juan Sempere y Guarinos fue, ante todo, un hombre preocupado por la modernización de España. A mi modo de ver, desde sus inicios ilustrado-reformistas hasta su final confluencia con el despotismo retrógrado de Fernando VII, pasando por su colaboración con los liberales, Sempere siempre fue un hombre preocupado por España. Es impresionante la variedad de campos que trató en sus obras: historia, derecho, gusto literario, educación, lujo, economía, política…
En cuanto a cómo llegué al personaje, es una historia simple. Mi mentor y desde entonces amigo, José Luis Villacañas, me habló de un tipo de Elda, cuya magnífica obra apenas había sido estudiada, y me sugirió si quería encargarme. Lo acepté. Juan Sempere y Guarinos es un regalo que me hizo José Luis.
-IVÁN GARCÍA. ¿Por qué crees, entonces, que alguna historiografía ha presentado al personaje como un tipo oportunista, político sin vocación, arribista y mudable? ¿Qué parte de verdad hay en ello y cuánta se debió a sus circunstancias vitales?
-RAFAEL HERRERA. Así es. Sempere y Guarinos es un tipo que no ha inspirado muchas simpatías entre los pocos estudiosos que se han acercado a su obra. Es más, yo en alguna ocasión, medio en broma, medio en serio, suelo decir que nunca habría sido su amigo. Sin embargo, mi intención siempre fue entender, más que juzgar, al autor. Y finalmente, puedo decir que sólo es posible emitir un juicio sobre sus cambios de posicionamiento, si comprendemos que Sempere no tuvo una sensibilidad política definida, a pesar de disponer de una firme comprensión de los males y las reformas necesarias de España. Él, en el fondo, se pasó toda la vida suspirando por que un gobierno poderoso se hiciera con las riendas de España sin deudas con ningún viejo poder. Es decir: él, fundamentalmente, quiso que España renunciara a su pasado y para eso, debía contar con un gobierno sin tradición. Por eso se enfadó tanto con los liberales; porque no supieron aprovechar la oportunidad de romper con nuestra historia. Por otra parte, tengo la sensación de que los hombres de hoy, que disfrutamos de una total libertad de expresión y pensamiento, no tenemos demasiado derecho a criticar a unos hombres que cada vez que expresaban una idea, se exponían a sufrir verdaderas represalias por parte de los azarosos gobiernos… Es curioso que muchos hombres de hoy, que no arriesgan casi nada al ofrecer su palabra al público, y que en muchas ocasiones hasta escatiman esa palabra para no perder lo más mínimo, juzguen con tanta severidad a aquéllos que nos precedieron, que se jugaban vida y hacienda cada vez que intervenían públicamente.
-IVÁN GARCÍA. No obstante, tu monografía, a diferencia de la deJuan Rico Giménez, no sigue la trayectoria vital de Sempere más que para orientar su pensamiento cronológicamente, y a veces ni siquiera. Dado que lo que ha prevalecido en tu libro es el componente político y conceptual, ahondemos en él. Pero antes, ¿podrías especificar en qué consiste la metodología de la “Begriffsgeschichte” (Historia de los conceptos) y por qué consideras que se adapta especialmente bien al propósito de este trabajo?
-RAFAEL HERRERA. El libro de Juan Rico sobre Sempere es un buen trabajo historiográfico. A mí me ha servido mucho para orientarme en Las indecisiones… . Aunque, es cierto, mi libro aborda la figura del liberal desde una perspectiva más centrada en la filosofía y la ciencia política. Aún así, bajo este enfoque siempre intenté conservar la dimensión existencial de la obra, porque, de otro modo, no podrían entenderse ciertas características de su pensamiento, como por ejemplo toda la serie de autocensuras y cambios semánticos que introdujo Sempere en su Historia del Derecho español para tratar de agradar, inútilmente, a los reaccionarios que derrocaron el trienio liberal.
Sobre la metodología histórico-conceptual, creo que es la mejor herramienta para curarnos de los prejuicios de la historia de las ideas. Sin ánimo de ser muy exhaustivo, pienso que una de sus lecciones más significativas es que los conceptos con los que los hombres intentamos captar la realidad contienen una virtualidad potencial inabarcable, irreductible, y que justo por ello nos sirven tanto para orientarnos en el mundo como para no reducir nuestra capacidad de experimentar ese mundo que, inútilmente, tratamos de recluir en conceptos. Los conceptos describen el mundo, pero al usarlos, también interfieren en él para cambiarlo. Creo que, por ello, es una metodología muy potente para abordar el período de la ilustración al liberalismo español, y en general cualquier período de crisis en el que las certezas semánticas tradicionales se pierden. No obstante, acabo de terminar un libro en el que trato de analizar, entre otros asunto, las posibilidades de la historia conceptual para analizar nuestro presente, que es también un tiempo de crisis. Espero que cuando se publique, responda mejor a esta pregunta.
He llegado a una pequeña conclusión, de esas que a uno le parecen particularmente reales. Hoy caminaba por una ciudad, por un tramo que hace algunos años frecuentaba... Siempre me cruzaba con un vagabundo muy ordenado, que tenía, entre sus pertenencias, hasta un pequeño mueblecito con figuritas invariablemente ordenadas. Aquellos años, en televisión se dio la noticia de que aquel hombre murió de frío un invierno. Hoy he repetido el trayecto. Ahora es otro el hombre que, enroscado en una manta, como una figura de miseria que muestra la tenacidad de la vida... ahora ese otro hombre ha ocupado el espacio de aquel otro con quien me cruzaba. Hoy he pasado a su lado, lo he mirado, y he llegado a esa conclusión que, ya les digo, me ha parecido insoportablemente real: También se hereda la intemperie.
Exiliarse del exilio tiene muy poco que ver con regresar al hogar, porque, no nos engañemos, el hogar queda clausurado, definitivamente, cuando le damos la espalda y nos alejamos de él hasta perdernos en el horizonte, un horizonte que se abre para cerrarnos el camino de regreso. Es entonces cuando la vida se torna leve, grácil, libre, pero también insegura, hostil, extraña. Quien prueba las mieles del desarraigo ya no puede volver a disfrutar con ingenuidad de las dulzuras añejas del hogar. Su destino será el extrañamiento y esa forma de melancolía que idealiza la tierra materna lo justo, sin demasiadas ilusiones, pero con firmeza.
Tengo una certeza: si debo escoger entre un loco entero y un medio loco, elegirè indefectiblemente al loco entero. Por qué? Muy sencillo, porque no hay nada màs peligroso que la insania mental mezclada con la argumentacion logica. En este sentido, podria decirse que el termino medio en cuestiones de mal es siempre la peor de las elecciones posibles -en el medio està siempre la no-virtud (con permiso de Aristoteles... y sin él tambien).
Es inherente al sistema de partidos que los auténticos talentos politicos se revelan en rarisimas ocasiones, y aun es màs raro que las cualidades especificamente politicas sobrevivan a las maniobras mezquinas de la politica de partido con sus exigencias de autenticas técnicas comerciales.
Hannah Arendt.
Alguien no ha sabido venderse en las mezquinas maquinaciones de su partido y amenaza con estar de saldo...
No se les puede dejar solos, amigos. Me voy fuera del país, y me lo dejan hecho unos zorros. Leí con estupor estuprado que Rajoy se había deshecho de Gallardón como quien tira a la papelera un azucarillo amargo. Además, el presidente del PP afirma que ha tomado la mejor de las decisiones posibles.
Por razones en modo alguno ajenas a mi voluntad, me encuentro ahora en Italia, en una de cuyas universidades estoy investigando sobre cuestiones de filosofía política que me permitan redactar, algún día, un libro acerca del proceso de unión europea. Es mi intuición que la suerte de la futura Europa dependerá de nuestra capacidad para construir una constitución política plenamente consciente de las nuevas dimensiones conceptuales que están por venir. Y esto no lo podremos hacer si no somos capaces de defender con energía un horizonte normativo irrenunciable, vinculado a los valores liberales del individuo y del imperio de la ley, de la crítica y del diálogo.
El martes, día 9 de diciembre de 2008, a las 20 horas, se presentó en la Biblioteca Regional de Murcia, Floridablanca en la Guerra de la Independencia. Me acompañarán Antonio González Valverde, José Luis Villacañas y Francisco Guillamon.
Actualización (11.28)Se hacen eco de la presentación en: