La pequeña felicidad (un regalo de navidad)
27.12.07 @ 20:46:36. Archivado en Filosofía
Cuando los Reyes Magos nos dan la espalda, los hombres civilizados nos hemos empeñado en buscar con denuedo un sustituto menos misterioso que de alguna manera compense la pérdida: el amigo invisible. Y así fue que esta Navidad mi amigo invisible me ha regalado un par de libros de Marquard, con los que, indirectamente, me ha invitado a hacerme yo mismo invisible, recluido en algún rincón en el que, con pausada lascivia, oculto del pasar ruidoso de los días festivos, devorar las palabras siempre refrescantes, irónicas y conservadoramente razonables del filósofo alemán menos alemán que ha dado el siglo XX (y larga vida en el XXI).
Comparto ahora con ustedes, mis festivos e invisibles amigos, un momento de mi lectura, y les advierto de que leer a este tipo es la forma más parecida de conversar con un amigo. Eso sí: debe usted practicar ese arte complejo que es siempre cerrar un libro delicioso. A mí me basta el olor del día o el despotismo del pensar pausado y solitario para callarle la boca a cualquier libro.
Ahí va la perla:

"porque vivimos en este mundo, en el que los males acosan y con los que nada se puede hacer, aquella humilde y precaria felicidad que logramos es irrenunciable."Odo Marquard, Felicidad en la infelicidad
Sean ustedes felices, porque no serlo, a pesar de todo, es algo tan estúpido como no sentir el dolor del tiempo. La felicidad pequeña, la única humana, tal vez es la forma más sensata de racionalidad.
Dicho queda.
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Rafael Herrera Guillén
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