ESPAÑA: PRIMER PAÍS POSTMODERNO 3 (Románticos y postmodernos)
15.03.06 @ 10:31:16. Archivado en Filosofía, España
Seré breve. Mi tesis dirá que cuando la política débil se hace con el poder, es entonces cuando todas las categorías sentimentales y arcaicas del romanticismo se ponen en funcionamiento con la mayor fuerza. Verán que la cosa es simple, si despojamos este post de la verborrea filosófica. Veamos si podemos.
La postmodernidad ha dado paso a un tipo de hacer política que, como decíamos en otro post, se caracteriza por poner en tela de juicio las categorías políticas de la modernidad (soberanía, poder, frontera, nación, violencia), en orden a su "superación" mediante estrategias de gobierno abstractas que, al menos en apariencia, vayan más allá de la injusticia y la violencia que toda forma Estado constituyen. En este sentido, un concepto como nación sería la objetivación histórica de un proceso violento de etnoformación. La idea de patria sería una vinculación sentimental a la nación con Estado, es decir, al acto de violencia de nuestros mayores. Las minorías, que son la parte pequeña que la mayoría violenta ha marginado socipo-políticamente, debe ser "salvada" de la violencia de las masas... Y para qué seguir.
Pues bien, este tipo de política, incapaz de vincularse a las categorías de la modernidad, camina en la abstracción, pero, paradójicamente, tiene que habérselas con un tipo de ideario político, no sólo ajeno a la modernidad, sino reactivo y hasta arcaico.
Cioran dijo en cierta ocasión que el siglo XXI sería el siglo de los pueblos sin historia. Es cierto. Pero aquí sucede otra paradoja. Justo aquellos pueblos que carecen de una historia política real, son los que más apelan a la historia para legitimar un pasado político inexistente, no por la evidencia de lo inexistente, sino por la violencia ejercida por un poder tradicionalmente opresor que todavía oprime. Y ¡hete aquí que llegamos al nacionalismo vasco y catalán y el que sea!
En este estado de cosas, lo que sucede en la política española es que nos encontramos inmersos en tres estadios históricos de lo político:
1/-Los románticos: representados por los nacionalistas.
2/-Los modernos: representados por el pp.
3/-Los postmodernos; representados por el psoe.
El punto 3 es el realmente novedoso en el vivere político español. Y estamos viendo las consecuencias. Un gobernante que rechaza filantrópicamente las bases del poder en su discurso, por ser residuos y ficciones de legitimidad de la violencia histórica, tiene que habérselas con el grupo más arcaizante, justo con aquellos que pretenden revigorizar las categorías políticas (nación, soberanía, Estado) en una parte del territorio común. Es una situación muy curiosa. Así, por ejemplo mientras el Gobierno no considera importante una categoría como la de nación, los arcaicos aprovechan para arrogársela para sí mismos. Es decir, que aquellas cosas en las que el postmoderno no cree, cobran mayor vitalidad y actualidad porque el grupo reactivo a la modernidad, trabaja en política para ponerlas en funcionamiento continuamente y apropiárselas. De esta manera, observamos que el postmoderno queda encerrado en su propia inconsecuencia: cuanta más política hace al margen de las categorías de la modernidad, más fomenta el protagonismo y empuje de las mismas.
No he sido breve, como prometía al principio. ¿O quizás sí? Puede ser, pues la cosa merece una análisis más profundo, extenso y detallado. Pero éste que suscribe no da para tanto los miércoles 15 de marzo.
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Rafael Herrera Guillén
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