Los medios de comunicación aportan pocos datos para el optimismo y muchos argumentos para los profetas de catástrofes. ¿Podemos hacer otra lectura de nuestra sociedad? ¿Hay signos de esperanza?
Juan XXIII expresaba su “pleno desacuerdo con los profetas de desdichas que anuncian siempre catástrofes” Y añadía “No hay razón para tener miedo; el miedo no puede provenir más que de la falta de fe”.
En nuestra sociedad hay signos manifiestos de que progresa la conciencia ética en determinados sectores sociales, en los que se ha desarrollado la percepción de que no todo está permitido y que no todo lo permitido es justo. Emergen valores que se consideran irrenunciables para la convivencia humana y compromisos con los mismos.
En ese contexto de luces y sombras no podemos encerrarnos en una interpretación de la realidad catastrofista. No debemos refugiarnos en el pasado ni cambiar la esperanza por la nostalgia, buscando seguridades en actitudes fundamentalistas.
En un mundo en ebullición achacamos todos los problemas a la crisis de valores y tiramos toda nuestra esperanza por la borda. Pero ¿no tenemos que reconocer que nuestro compromiso y testimonio cristiano es demasiado poco expresivo? ¿No radican aquí los argumentos de los pesimistas y los detractores?
En esta situación que nos ha tocado vivir no basta con grandes afirmaciones ni con palabrería sino que se nos pide un verdadero testimonio de vida. Porque no se puede vivir sin esperanza pero no se puede vivir solo de la esperanza.
Hay que seguir esperando y creyendo que las cosas pueden ser de otro modo. Vivir a contracorriente, si es preciso. Pasar por tontos, pero esperanzados y capaces de ver más allá de los rostros agrios y sarcásticos de los listos de este mundo.
En este mundo occidental, en el que creemos tener de todo, hay muchas cosas que cambiar. Pero empezando por nosotros mismos. Por revisar “con esperanza” nuestro posicionamiento y compromiso en ese mundo. Los valores que nos sustentan; nuestros compromisos; nuestro proyecto vital.
La fe del buen Papa Juan antes mencionada habría que inyectársela en vena a los pusilánimes, los escépticos, los pesimistas y los tristes. Porque con actitudes catastrofistas no vamos a resolver los problemas del mundo.
Debemos los cristianos hacer explícito el gusto apasionado por estar en este mundo aun no siendo de este mundo. Por actuar como ciudadanos que hacen suya la ética y los comportamientos responsables y actúan en consecuencia. Especialmente en nuestro mundo occidental, donde el ser humano, creyendo tener de todo, le falta sin embargo lo que puede ser más importante: su razón de ser, para qué vivir y hacia dónde caminar en su proyecto vital.
Ante la ceniza que acabamos de recibir como inicio de la Cuaresma tomo de mi primo Pablo unas preguntas incisivas: “¿qué sentimientos, qué expresiones, qué actitudes y conductas de mi vida diaria debería poner en la pira y reducir a cenizas? ¿Qué renacimientos puedo pedir a Dios que se originen en mí, o se susciten en mi familia, mi comunidad, mi entorno?”
Ojalá esta reflexión se traduzca en medidas concretas para renacer de las cenizas y contribuir a hacer una sociedad más justa, responsable y solidaria. Porque “sería triste pasar por la vida sin pena ni gloria, es decir, sin ser camino de muerte y resurrección”.
Díselo a Rouco y compañia, a ver si son capaces de habalr en positivo de algo
Seria bueno que dejaramos de ser catastrofistas y miraramos el lado positivo sembrando esperanza
Lunes, 28 de mayo
Julián Moreno Mestre
Juan Fernandez Krohn
Asoc. Humanismo sin Credos
JC Rodríguez, A Eisman
Josemari Lorenzo Amelibia
Movimiento Rural Cristiano
Angel Moreno
Francisco Margallo
Antonio Aradillas
Jose Gallardo Alberni