En Italia recientemente un gato recibió una herencia de diez millones de euros. Alguien dirá que la dueña podía hacer con su dinero lo que quisiera, pero aun cuando legalmente eso sea así a mí me rechina y me interpela.
El asunto no es nuevo, ya que en otras ocasiones han aparecido noticias en los medios de comunicación referidas a cuantiosas herencias dejadas para el disfrute de sus mascotas.
Intentando comprender el comportamiento de esas personas recuerdo un proverbio indio que recomienda "Antes de juzgar a una persona camina 3 lunas sobre sus zapatos".
Al procurar adentrarme en la piel de esa persona, para conocer y analizar sus circunstancias, entiendo que puede tratarse de animales que brindan no solo compañía sino que trasmiten afectividad. Conozco, de hecho, situaciones de personas enfermas cuya mascota es un soporte emocional importante. Pero ¿hasta dónde la importancia del animal en la vida de la persona acompañada?
En mi opinión hay que diferenciar la relación que puede ligarnos a un animal de la que mantenemos con una persona. Y no podemos comparar el trato dado a uno y otro. Equipararlo puede ser, en opinión de muchos sicólogos, un comportamiento patológico.
Me preocupa que limitemos nuestras relaciones sociales y pretendamos sustituirlas por un animal; que creemos con un animal un vínculo excesivo, haciéndolo el centro de nuestra vida, de nuestras decisiones y de nuestras posesiones; que antepongamos el bienestar del animal al nuestro; que prescindamos de los vínculos con seres humanos; que seamos sensibles al dolor de los animales pero ajenos a los problemas de hambre, violencia, salud o soledad que rodean a millones de personas.
Mientras estos últimos problemas sigan existiendo me parecerá inmoral el trato de favor dado a los animales. Y mientras siga habiendo problemas sociales que piden ¡a gritos! estructuras sociales más justas y comportamientos personales más solidarios me seguirá rechinando que se priorice el trato de favor a los animales sobre el de las personas.
Tal vez la ausencia de un alma racional favorezca este tipo de vínculo. O tal vez sea la ausencia de malicia en nuestro caso reflejada como producto de nuestra naturaleza caida.
En todo caso se trata un vínculo afectivo válido pero notablemente incompleto, en comparacion con el que se establece entre dos personas, en donde el grado de compromiso es mucho mayor
Solo comparar el cuidado de un animal con el cariño de una persona me parece inaceptable
Yo tampoco entiendo a gente que sobreprotege a su mascota y es un ogro con sus familia, amigos o vecions
Querido Alejandro, creo que todo es cuestión de sensibilidades,
En una isla casi desierta, en la que hay un hombre, un cerdo, un árbol frutal, ¿qué es lo más importante?.
¿Qués es más importante, el pez grande, o los peces pequeños de los que se alimenta?.
Vivir en libertad nos permite crear y organizar nuestra escala de valores, de sentimientos, y de sensibilidades, y lo que creo que es muy importante, poder elegir entre todo ello, yn hasta cambiar de opinión.
El comentario de Alejandra García parece indicar que posee una gran sensibilidad hacia los animales, y que le preocupa su sufrimiento en este mundo.
A mí no me agrada el sufrimiento de los animales, pero creo que soy más sensible al sufrimiento humano, que a los otros sufrimientos, reales o posibles.
También creo que el amor, que es propio las personas, es capaz de reconducir las sensibilidades, y de rechazar el trato cruel hacia otras especies vivas de la naturaleza.
Lunes, 28 de mayo
Julián Moreno Mestre
Juan Fernandez Krohn
Asoc. Humanismo sin Credos
JC Rodríguez, A Eisman
Josemari Lorenzo Amelibia
Movimiento Rural Cristiano
Angel Moreno
Francisco Margallo
Antonio Aradillas
Jose Gallardo Alberni