Creyentes y responsables

Profesionalidad, vocación y valores

25.02.10 | 07:01. Archivado en Ética profesional
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Juan ha sido, durante toda su vida, maestro de escuela y, a sus 80 años, en sus conversaciones sigue irradiando pedagogía. Se apasiona hablando de las cualidades que ha procurado cultivar: dedicación, autocontrol, respeto, comunicación, convivencia, confianza, cercanía, cariño, testimonio, paciencia, coherencia.

Se le iluminan los ojos cuando habla de su trabajo para ilusionar a sus muchachos; para hacer que disfrutaran de la lectura; que se interesaran por el mundo que les rodea y por el saber.

La educación es la fuente de la que emana el capital humano. Ese recurso intangible que constituye la más importante infraestructura de la que puede dotarse una sociedad.

¡Qué pena que, con frecuencia, los docentes no lleguen a sentir el aliento y la solidaridad de la sociedad por su esfuerzo! Ni antes ni ahora. Ni de la Administración, ni de los padres ni de la sociedad.

Juan me confirma que la expresión “pasar más hambre que un maestro de escuela” era cierta. Pero pese a la estrechez económica y a la falta de apoyo y reconocimiento social nunca flojeó en su vocación. ¡Con lo fácil que nos resulta, a otros, echar balones fuera y encontrar culpables a través de los cuales eludir nuestro compromiso y justificar nuestra apatía!

¿Podemos apelar a la responsabilidad de las Organizaciones si nosotros eludimos nuestras responsabilidades y renunciamos a nuestra vocación? ¿Si empezamos la jornada sin más ilusión que esperar la hora de salida?

Las Organizaciones responsables precisan de profesionales responsables y con vocación. Y los hay.

Juan es una persona con vocación que merece mi respeto y admiración. Y no es un personaje ficticio sino real. Seguro que tú también conoces gente con un perfil parecido. Personas que constituyen el referente de los profesionales responsables que necesitan las Organizaciones responsables. El pilar de la responsabilidad social. Personas que permiten vislumbrar un horizonte esperanzador por el que comprometerse. ¡Ánimo y adelante!


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Comentarios
  • Comentario por Pablo 28.02.10 | 23:51

    Personas como Juan, el maestro de escuela que presenta Alejandro, me hacen recordar una página de Unamuno en Del sentimiento trágico de la vida. Ponía el ejemplo del zapatero y los móviles que podía tener en su trabajo: mantener la clientela y ganarse el sustento; o ser el mejor zapatero de la ciudad, o incluso del reino; o, por último, desempeñar de tal modo su oficio que los clientes lo echaran de menos cuando se les muriera. Unamuno insistía en el pronombre "les" y entendía que desempeñaba su tarea por amor a los clientes y por amor a Dios en ellos.
    Esto significa que no tenía solo competencia en su menester, o una ética del oficio añadida a su competencia. Podemos decir que lo vivía como una vocación de servicio. Será más ardua la tarea del maestro o del profesor, pero el mayor grado de dificultad podría ser un nuevo estímulo para vivirla como vocación.

  • Comentario por María 25.02.10 | 13:35

    Estoy de acuerdo con todo lo que expresas en este artículo, yo que estoy próxima a la cuarentena he conocido maestros y maestras así, en mi familia cercana y en el colegio de Hijas de la Caridad en el que estudié, y que me aportaron mucho en mi desarrollo personal.

    Sin embargo, creo que ahora, en la sociedad actual, tan permisiva y tan carente de valores en general es mucho más difícil, pues los niños y niñas de hoy, en su mayoría, tienen acceso a todos sus caprichos, y el nivel de exigencia y disciplina ha decaído respecto a décadas anteriores.

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