Creer, sin creérselo

“¿Qué es el hombre para que te acuerdes de él?” (Salmo 8,5)

29.04.17 | 13:47. Archivado en Historia de las religiones

Tanto los dos relatos de El libro del Génesis, que comentaba en la entrada anterior, sobre cómo llegaron a la existencia los seres humano como los trasmitidos con similar empeño por otras tradiciones religiosas, pese a sus contradicciones internas o a las que se ponen de manifiesto al compararlos entre sí, gozaron de amplia credibilidad entre los respectivos creyentes que los conservaban hasta que vio la luz la obra de Charles Darwin El origen de las especies. Después el panorama comenzó a cambiar.

El naturalista inglés tardó en atreverse a dar ese paso, temía las reacciones que la lectura del libro iba a suscitar. Alfred Russel Wallace, otro importante investigador, andaba perfilando una teoría similar a la suya. Al tener conocimiento de ello, se decidió a dar a conocer sus ideas. Tenía ya cincuenta años cuando el 24 de noviembre de 1859 el libro salió de la imprenta. En sus páginas expone la teoría de la evolución biológica a través de la selección natural y explica las razones científicas que le llevan a mantenerla. De tales principios se desprende que el surgimiento de los seres humanos ha de situarse dentro de la cadena evolutiva de la vida, larga y compleja. Y teniéndolos en cuenta fue posible explicar qué tipo de huesos eran algunos que se habían encontrado recientemente y muchos otros que fueron apareciendo posteriormente por casualidad o como fruto de excavaciones arqueológicas emprendidas con el fin de encontrarlos. Todos tenían algo en común, parecían humanos, pero al compararlos con los equivalentes de hombres y mujeres actuales se veía con claridad que presentaban diferencias muy notables.

Costó admitirlo, pero poco a poco los científicos fueron rindiéndose a la evidencia, se trataba de huesos humanos, pero no de humanos como nosotros, sino más antiguos, mucho más antiguos y de especies distintas a la nuestra. La teoría de la evolución ayudó a comprender por qué algo hasta entonces tan impensable era posible. Tal fue el caso de los huesos que habían sido hallados tres años antes de la publicación de El origen de las especies en el valle alemán de Neander, surcado por del río Düssel, cerca de Düsseldorf. Pero después ha habido y sigue habiendo muchos otros. Desde entonces se va perfilando el mapa de la evolución del género “Homo”. La tarea dista mucho de estar concluida, pero hoy en día es un dato científicamente adquirido que los "homo sapiens" no sólo no somos la única especie de ese género ni la más antigua, sino que tampoco somos obra creada directamente por la divinidad suprema ni tan siquiera por seres sobrenaturales de menor rango. Nos precedieron en la existencia otros muchos y distintos “homo”, que llegaron a ella, como ya hemos dicho, después de más de tres mil quinientos millones de años de evolución de la materia viva. Y algo, desde nuestro punto de vista, el de buscadores de los orígenes de la religiones, más sorprendente aún. Algunos de esos otros “homo” han dejado, junto a sus restos óseos, indicios que llevan a pensar que, aun siendo un tipo de animal distinto al que somos nosotros, también tuvieron creencias religiosas, a partir de las cuales configuraron su modo de vida. Es sorprendente. Antes que nosotros rezáramos, ya rezaron ellos.

¿Cuándo, por qué y cómo ocurrió?

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Comentarios
  • Comentario por mercedes 20.10.17 | 15:33

    Este Salmo siempre me llamó la atención.
    ¿Por qué no se va a acordar de nosotros ?.
    El nos pensó y nos crea , nos lanza a esta vidal...nbada fácil , por cierto ....y lo que no seria justo es que no se acordase de nosotros.

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