Creer, sin creérselo

“¿Qué es el hombre para que te acuerdes de él?” (Salmo 8,5)

29.04.17 | 13:47. Archivado en Historia de las religiones

Tanto los dos relatos de El libro del Génesis, que comentaba en la entrada anterior, sobre cómo llegaron a la existencia los seres humano como los trasmitidos con similar empeño por otras tradiciones religiosas, pese a sus contradicciones internas o a las que se ponen de manifiesto al compararlos entre sí, gozaron de amplia credibilidad entre los respectivos creyentes que los conservaban hasta que vio la luz la obra de Charles Darwin El origen de las especies. Después el panorama comenzó a cambiar.

El naturalista inglés tardó en atreverse a dar ese paso

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“Del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás” (Gn 2,17)

07.04.17 | 00:45. Archivado en Historia de las religiones

El fenómeno religioso, decía en la última entrega, es algo muy reciente no sólo en la historia de la universo o en la historia más corta de la vida en nuestro planeta, sino incluso en la historia menos extensa aún de los animales que tienen cerebro y son capaces de emitir sonidos para expresar algún tipo de sentimiento o para transmitir algún tipo de información. De ahí que el otro día terminara mi reflexión diciendo que si la divinidad existe y tiene algo que ver en todo esto “prisa, lo que se dice prisa, no tuvo en ser reconocida, adorada y obedecida”. Desde que cobró forma el sistema solar hasta que en la Tierra alguien creyó en su existencia y le rindió culto transcurrieron, se dice pronto, en torno a cuatro mil quinientos millones de años.

Ahora bien, aunque sólo se remonte a hace varios cientos de miles de años, la historia del origen y del desarrollo de las religiones es al menos tan sorprendente como la historia de la ciencia y de la técnica. Y no dista de ellas tanto como a veces se cree. Por sorprendente que pueda parecer, en muchos aspectos dista más de los relatos en los que las diversas religiones concretas narran cómo fue su comienzo y por qué etapas ha ido pasando.

En los relatos, por ejemplo,que ocupan los primeros capítulos de El libro del Génesis la divinidad creadora, designada unas veces con el nombre de ’Elohim y otras con el de Yahveh ’Elohím, no esperó cuatro mil quinientos millones de años para darse a conocer y mostrar cuál es su voluntad. Muy al contrario, nada más crear al ser humano le hace notar su presencia y le dice qué normas de conducta ha de respetar.

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“Al principio creo ’Elohim los cielos y la tierra” (Gn 1,1)

02.03.17 | 01:55. Archivado en Historia de las religiones


Comentaba en la entrega anterior que, debido a la doble funcionalidad de los credos religiosos y de los sistemas morales asociados a ellos, tratar de modificarlos se convierte en una tarea sumamente compleja y arriesgada, pese a lo cual, decía, hay momentos en lo que se convierte en un empeño necesario y digno de elogio, pues trata de hacer que el curso de la historia religiosa de la humanidad avance hacía modos más depurados de entender y de afrontar el misterio de la existencia o, dicho de otro modo, el misterio de Dios.

Hablar de estos temas, aunque no salte a la vista, también es hablar de “temas actuales”

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“Nosotros le hemos oído decir: Yo destruiré este templo”

14.02.17 | 01:42. Archivado en Historia de las religiones


La historia de las religiones es una historia de cambios y de resistencia a los cambios. Pero es también una historia de idas y venidas, según que los renovadores avancen, sean frenados o, después de haber ganado terreno, pierdan los baluartes que habían logrado tomar y transformar. En esta incesante contienda no todos los que gritan “¡¡Nos quieren quitar la fe!!” lo hacen por los mismos motivos. La indignación y el miedo que hay tras su clamor no surgen en todos ellos por idéntica causa ni con idénticos fines.

Hay quienes ciertamente lo que perciben como problema es el cambio concreto que los reformadores les dicen que debieran llevar a cabo. Pero hay también quienes lo que detectan como problema es algo muy distinto,

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"Saulo, Saulo ¿Por qué me persigues?"

28.01.17 | 17:51. Archivado en Secularizacion y Mundo moderno


En el párrafo final de mi última entrada hacía una afirmación contundente: "A diferentes cosmologías, diferentes teologías". E inmediatamente añadía un comentario: "Y desde hace varios siglos sabemos que la cosmología no es como creyeron que era ni los judíos, ni los asirios… ni ningún otro pueblo de la antigüedad". Con estas palabras esperaba lograr que a la mente del lector viniera un pensamiento que no estaba contenido expresamente en ellas: Si la cosmología no es como se creyó que era, si es diferente, también tendrán que ser diferentes las teologías que se elaboren teniendo en cuenta la imagen que hoy tenemos del cosmos.

Hay personas a las que el simple enunciado de esta posibilidad, el mero hecho de concebir la idea y proponerla y, más aún, los intentos de articularla en formulaciones concretas les sacan de su calma espiritual. Se indignan contra quienes desarrollan tales conductas y tiemblan ante la perspectiva de verse obligadas a poner en duda la certeza y la conveniencia del credo que profesan y de la moral que practican.

¡¡Nos quieren quitar la fe!! Es su grito de guerra. ¡¡Nos quieren quitar la fe!! Es su grito de pánico.

Movido por un ardor de ese tipo, angustiado por un miedo de esa naturaleza, el fariseo Pablo de Tarso galopa hacia Damasco. Quiere detener y llevar presos a Jerusalén a los cristianos helenistas de esa ciudad porque proponen un modo de entender a Yahveh y una manera de amoldarse a sus designios distintos al modo y a la manera que enseñan las autoridades religiosas judías. Quiere que les impidan hablar, quiere que les impidan seguir creando incertidumbre teológica y moral con sus reflexiones. En el relato, probablemente legendario e idealizado, de aquella aventura que transmite Lucas en los Hechos de los apóstoles, el futuro apóstol, tras caer del caballo, cegado por el resplandor de una luz venida del cielo que lo envuelve, escucha una voz: “Saulo, Saulo ¿por qué me persigues?” (Hechos 9,3-4). Es, según Lucas, Jesús el que le habla y lo que con esa pregunta le viene a decir es: ¿Por qué quieres impedir que mis seguidores de Damasco hablen de Dios como yo hablaba? ¿Por qué quieres impedir que mis seguidores de Damasco vivan y enseñen a vivir la religión judía de una manera distinta a la que propugna el Sanedrín en Jerusalén?

Aunque los detalles concretos de la narración tengan más de literatura que de historia, la situación que describe no acontecía entonces por primera vez, ni fue la última ocasión en que tuvo lugar. Es una constante en el devenir religioso de las especies del género “homo” que han elaborado credos y sistemas morales asociados a una determinada imagen de la divinidad Situados en sus respectivos paisajes y condicionados por sus diversas circunstancias, los innovadores y los perseguidores jalonan cada momento evolutivo de la historia religiosa de la humanidad,es decir, de la historia religiosa del homo sapiens, pero, también desde mucho antes, de la historia religiosa del homo neandertalensis, y es posible que incluso de la historia religiosa de alguna otra especie del género homo, más antigua aún.

Hace varios siglos, a partir del renacimiento europeo, empezó uno de esos momentos evolutivos. Su profundidad teórica y su extensión geográfica son enormes. Hay quienes creen que debido a ello peligra la existencia no sólo del cristianismo sino la de todas las religiones en general. Claman asustados. Y claman llenos de ira y de pánico: “¡La secularización y el laicismo avanzan! ¡Es terrible! ¡Debemos frenarlos! ¡Debemos sacar de escena a quienes los promueven!
Hay, en cambio, quienes consideran que lo que en realidad ocurre es que se abre ante nosotros la posibilidad e incluso el deber de depurar y hacer más hondos nuestros credos. Hay quienes están convencidos de que, precisamente desde una sincera espiritualidad, esa es la apasionante tarea que ha de ser emprendida y llevada adelante por los seres humanos en estos tiempos que corren. Yo comparto tal punto de vista. Creo que tal empeño puede dar, ya los está dando, frutos buenos para la humanidad. Por eso vuelve a tener sentido dirigir a quien considera peligrosos y dignos de represión a cuantos comparten estos planteamientos una pregunta similar a la que según los Hechos de los apóstoles escuchó Pablo: ¿Por qué les persigues?


“¿Has entrado en los depósitos de la nieve?”

11.01.17 | 22:10. Archivado en Fenomenología de las religiones

Concluido el ajetreo de las fiestas navideñas, continúo añadiendo entregas a este cuaderno de viaje.

No abandono todavía el Libro de Job. Hoy, sin embargo, lo usaré de vehículo mediante el cual adentrarnos en otros territorios. Fijamos nuestra atención en las preguntas que Yahveh, según el autor del poema, hace a Job en medio de la tormenta. Una lectura pausada y atenta de las mismas revela detalles muy dignos de ser tenidos en cuenta. Son en total ochenta y cuatro. Ocho, aunque se presentan en forma de interrogación, son en realidad reproches que Yahveh dirige a Job. Es el caso de la primera y de la última, que son idénticas:

“¿Quién es ese que arroja sombras sobre mis designios con palabras sin sentido?” (38,1; 42,3)

Las setenta y seis restantes, también con cierto aire de reproche, buscan sobre todo conseguir que Job

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“Hablé, y no entendía, de maravillas mayores que yo, y no lo sabía”

30.12.16 | 15:48. Archivado en Metodología teológica

Nombrado como ʼEl o como ʼEloah o como Šadday o como Yahveh, Dios finalmente acude a los requerimientos de Job y le hace oír su voz desde el fragor de una tormenta.

¿Quién es ese que arroja sombras sobre mi conducta con discursos vacíos de sentido?
Cíñete los lomos cual varón; voy a preguntarte y tú me instruirás.” (38,2-3)

Y eso es lo que hace, eso es todo lo que hace. Formula a Job una larga lista preguntas, preguntas que éste no puede contestar pues desconoce las respuestas. Pero lo interesante es que ninguna de tales preguntas es de tipo expresamente filosófico o teológico. Todas son preguntas sobre el universo físico, sobre su origen y sus dimensiones, sobre algunos de los fenómenos que se dan en él, sobre las criaturas que lo habitan.

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¡He aquí mi firma! ¡Respóndeme Šadday!

21.12.16 | 18:19. Archivado en Metodología teológica

Inició hoy la aventura de escribir este blog,este cuaderno de viaje. La emprendo lleno de gratitud hacia José Manuel Vidal, director de RD. Él me ha ofrecido la posibilidad de hacerlo en tiempos difíciles y, sobre todo, extraños de mi trayectoria como sacerdote y como profesor de teología en el seno de la Iglesia Católica. Aquí contaré historias, hablaré de cosas que he ido aprendiendo a lo largo de mi vida y compartiré con quienes lean estas líneas algunas de mis reflexiones sobre el complejo mundo de las creencias y de las prácticas religiosas. Me gustaría captar su atención y, también, ojalá, al menos de algunos, obtener su aprecio.

Creer, sin creérselo” ¿Por qué este título?

Antes de contestar a esta pregunta quiero hablarles de Job. Del Libro de Job. O más en concreto, de una sección del mismo, del Poema que ocupa la mayor parte de sus capítulos.

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Acerca de Jesús Mª López Sotillo

28.11.16 | 12:32. Archivado en Acerca del autor

Nací en Madrid, el 1 de enero de 1954, pero tengo raíces rurales. Mis padres, siendo muy jóvenes, procedentes de Valdesaz, un pequeño pueblo de Guadalajara, llegaron a la capital para ganarse la vida.

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