Cree en la Universidad

Ad resurgendum cum Christo

29.10.16 | 22:25. Archivado en Iglesia, Papa Francisco, Investigación, Docencia

“De la anécdota a la norma”

"Para resucitar con Cristo": bonito título para un documento cristiano al recordarnos dónde está el horizonte de vida para nosotros, los que creemos en Jesús de Nazaret, el hombre que pasó por la vida haciendo el bien, el crucificado que, tras ser sepultado, fue resucitado. Pero está visto que nuestro mundo busca la polémica y, a veces, hasta la gracia de cualquier posibilidad periodística.

Recuerdo dos anécdotas sencillas y graciosas, una lejana en el tiempo y otra muy cercana. En mi pueblo, Granja de Torrehermosa, ha habido personas entrañables y muy ligadas en afecto al terruño. Uno de ellos fue el querido Pascasio que, desde su emigración a Madrid, siguió con el alma pegada a nuestro pueblo y, en su jubilación, dio la vida por darle realce en todos los lugares. Comentaban que su deseo era que, al morir, sus cenizas fueran extendidas desde lo alto –no sé con qué medio– por nuestras tierras. La gente, al morir este paisano, decía que a ese terrerno habría que ponerle coto porque, si no, al comer las ensaladas de lechuga, no íbamos a saber si nos estábamos comiendo también a Pascasio.

La otra es de ayer. Mi amigo Diego, me manda un whatsapp, en el que me escribe: «Mi mujer dice que, de ninguna manera, cuando yo muera voy a seguir en casa, que ya está bien; y ahora se ve que mi hijo, que recientemente ha estado en Roma, ha conseguido que el Papa saque esta norma de que por los campos tampoco. Así que, por narices en el camposanto…».

Fuera de bromas, lo que plantea esta nota orientadora es bastante sencillo. Quiere decir que la idea más básica es que las cenizas del difunto, por regla general, deben mantenerse en un lugar sagrado, es decir, en el cementerio o, si es el caso, en una iglesia o en algún lugar con jurisdicción eclesiástica. ¿La razón? Los cristianos hemos heredado de los judíos la práctica de la oración y las ofrendas por nuestros difuntos, y es una formar de mantener nuestra relación viva con ellos en una comunión que va más allá de la muerte en orden a nuestras creencias. Porque éstas no son solo de inmortalidad del alma –idea filosófica¬–, sino de resurrección de los muertos. Es decir, nosotros aguardamos la resurrección universal, nueva creación que implica toda la realidad creada (naturaleza y humanidad en su conjunto), y a la que accedemos, desde la muerte, no de modo individual sino personal y colectivo.

Nuestra antropología no es dualista, hablamos del ser humano como realidad integral. Desde ahí viene el respeto y la consideración a los restos o despojos de nuestro cadáver. No porque sea necesario para la resurrección, en la que hablamos de novedad absoluta en continuidad con la persona, pero no con un elemento material o celular, ya muerto y transformado, cuestión claramente solventada desde los primeros momentos de la patrística cristiana. La relación con los cementerios y los modos de enterrar a los muertos ha venido más por la relación de afecto, recuerdo y el deseo de comunión en la oración. Por eso se advierte de la posibilidad de que la práctica de la desaparición de las cenizas lleve consigo el olvido, y esta orientación «puede ayudar a reducir el riesgo de sustraer a los difuntos de la oración y el recuerdo de los familiares y de la comunidad cristiana», como dice la nueva instrucción.

Por otra parte, ha sido un modo de mostrar respeto y veneración a los antepasados y de no olvidar la historia, muchas veces escrita en todas las culturas desde los enterramientos humanos. Al considerar este elemento material del recuerdo desde sus restos, de alguna manera nos dice la instrucción que «se evita la posibilidad de olvido, falta de respeto y malos tratos, que pueden sobrevenir sobre todo una vez pasada la primera generación, así como prácticas inconvenientes o supersticiosas». Además, lo que prohíbe el documento, con toda razón, es que los familiares de una persona que haya expresado su voluntad de ser cremado y sus cenizas esparcidas «por razones contrarias a la fe cristiana», soliciten las exequias religiosas porque le serán negadas, lo cual se entiende –no por prohibición y rechazo, sino por respeto y coherencia con el deseo y la voluntad del que fallece que debe ser respetada–. Otro tema es que la familia o la comunidad quieran rezar juntos y celebrar sacramentos en memoria de su persona, pero no las exequias frente a su voluntad.

En el fondo, también está el deseo de expresar con esta práctica algo fundamental para el pensamiento cristiano: que es la realidad de la singularidad del ser humano en medio de todas las demás criaturas, en lo que se refiere a su dignidad y valor absoluto, para los cristianos imagen de Dios. Los cristianos, inspirados por el Evangelio, consideramos que el hombre tiene un lugar único, como ser almado y encarnado, en medio del mundo, en la historia, y nos comulgamos con las ideas naturalistas sobre el círculo de la vida, donde el cuerpo humano, en su sentido antropológico, es considerado nada diferente a otra materia física. En este sentido, el Vaticano ha decidido aclarar su «posición antropológica desde esta costumbre cristiana de enterrar a los muertos y recomienda insistentemente que los cuerpos de los difuntos sean sepultados en cementerios u otros lugares sagrados».

Por cierto, a mí no me disgustaría descansar en un columbario, en un lugar de culto comunitario y que, ante mis cenizas, otros oraran y reflexionaran «como se pasa la vida y cómo se llega la muerte, tan callando». Porque, a veces, nos matamos en el deseo de callar la muerte cuando es un lenguaje estructural de lo humano, somos mortales. De todos modos y para acabar con anécdotas, mi abuelo Maximino decía que, después de muerto, como si lo querían llevar en una caja de sardinas… Cosa que no hicimos, claro, y cada vez que vamos a su tumba, donde también están nuestros padres, mis hermanos y yo rezamos con mucha devoción y nostalgia entrañable.

José Moreno Losada. Profesor de Escatología.


Tras los pasos del Papa Francisco (Universidad e Iglesia)

De universidad a universidad: Communio

Hace pocos días participaba en el rito de iniciación del curso con la investidura de doctor en medio de la comunidad universitaria de Extremadura. El acto tenía su solemnidad, se trataba, según decía el ritual, de título académico que ultimaba un proceso escolar que comenzó cuando era un niño que abría muchos los ojos y se ilusionaba aprendiendo cosas muy sencillas con el buen maestro del pueblo allá en Granja de Torrehermosa. Ahora, era el rector de la universidad quien te abrazaba reconociendo el camino realizado en la investigación y aprendizaje y pidiéndote fidelidad para que este saber fuera realmente universitario, pedía que entrara en la obediencia a la verdad de la vida, del saber, del aprender y del enseñar. Pero lo fundamental era el carácter comunitario y universal del saber en el ámbito de lo universitario, y en concreto de la universidad de Extremadura. Curiosamente al investirme se sonrieron el rector, el arzobispo de Mérida-Badajoz y el presidente de la comunidad extremeña. Me gustó que mi investidura provocara la misma sonrisa en los tres.

Hoy, con las maletas preparadas y con cierta inquietud, me dispongo a salir de viaje y volar para la Universidad Pontificia Católica de Quito en Ecuador. Universidad en la que hace pocos meses estuvo el Papa Francisco y con su decir sencillo y profundo dibujó claves fundamentales del ser universitario tanto desde una perspectiva humana como cristiana. Allí resonó con fuerza su mensaje, que lo era para todas las universidades y para todos los universitarios, entre los que me incluyo. Nos daba líneas tan importantes como éstas:

-Seamos files al Dios de la creación y sigamos la sensibilidad del Génesis: Cultivemos y cuidemos la creación, la naturaleza, la vida, la humanidad.
-No usemos la universidad para estar por encima de los demás: no doctoreen, no utilicen el estudio como un peldaño para subir sobre los demás. El estudio es un verdadero privilegio que les llama a ser más solidarios, a tener más responsabilidad sobre el mundo.
-Hagan una universidad y un estudio encarnado, que toque la realidad, que sea crítico y comprometido con los problemas de nuestra sociedad y nuestro mundo.
-Abran los ojos a la realidad y busquen una cultura de la vida, de lo humano, de la inclusión y no de la exclusión y del descarte.
-No olviden nunca estas cuestiones fundamentales: ¿Para qué estudiamos? ¿Qué necesita la tierra de nosotros? ¿Qué necesitan nuestros hermanos, especialmente los más pobres y heridos de la historia.

En la universidad de Extremadura, llevo veinte años acompañando procesos de vida de estudio, de docencia e investigación. La pastoral universitaria nos ha movido con estas claves de las que habla el Papa Francisco, con ese deseo de una universidad y un estudio con dimensión ética, encarnado, comprometido, entregado, solidario, comunitario, felicitante. De ahí nació un grupo de innovación didáctica preocupado por el desarrollo de las competencias éticas en las universidades y en sus universitarios. Ese trabajo me llevó al bautismo de adentrarme en un trabajo de tesis doctoral acerca de ese camino recorrido, para darle carta de ciudadanía en el ámbito de la investigación y presentamos el trabajo: “El estudio con-sentido. Motivación de los estudiantes extremeños y el bien interno de las profesiones”. Todo un proceso que hoy es el que me tiene con las maletas – y el Dropbox repleto- para ir a otro lugar, a miles de kilómetros, para compartir este proceso de vida y de servicio que nos ha sido regalado para que lo regalemos. La redes posibilitarán el encuentro de profesores de acá con los de allá en diálogo y complementariedad.

No podía decir que no a la invitación de la Universidad Pontificia Católica de Quito cuando me invitaron, después del ver el trabajo de pastoral universitaria y de desarrollo de la ética que estábamos llevando a cabo en una universidad pública española. Nuestra experiencia, es un tesoro que no nos pertenece es universal, es de todos y tiene que estar libre y gratuito, porque hemos de dar gratis lo que hemos recibido gratis.

Dos han sido para mí los benefactores que me han propiciado este proceso y que me lanzan a este viaje entre universidades que se hermanan en el deseo de lo justo y lo digno, del crecimiento de lo ético en su interior. Me refiero a la comunidad universitaria, a la que prometí obediencia ritualmente en la investidura de doctor, y mi comunidad eclesial de Mérida-Badajoz que fue la que me dio el encargo de vivir mi ministerio desde esta realidad universitaria, como campo de lo bueno y de la grandeza de la justicia y la esperanza. La Iglesia me pidió que me insertara y encarnara para realizar una labor ministerial en esta comunidad y al servicio de lo humano, creo que lo he intentado.

Hoy me siento gozoso de este viaje, que no es nuevo para mí porque eclesialmente ya fui al Perú -en diez ocasiones- a realizar docencia teológica; tengo alegría porque me siento enviado por esas dos comunidades que para mí se entrelazan y se complementan en servicios mutuos: la Iglesia y la universidad. Y lo hago dirigiéndome a ese campus pontificio, que hace poco se sintió comunidad con el Papa Francisco en sus aulas, donde el ser universitario y el carácter ministerial , servicial, de la Iglesia se funden en una sola realidad. Yo me siento parte de esa unidad y de ese sacramento, de ese ecumenismo de saberes y de deseo de una verdadera ética que mire a la tierra y a los hermanos. Gracias Universidad de Extremadura, gracias Iglesia de Mérida-Badajoz.
José Moreno Losada.
Sacerdote y profesor de la UEx.


¿Operación kilo en la universidad?

09.12.14 | 10:36. Archivado en Iglesia, Acción Católica, Investigación, Docencia

"¿Un kilo o "el" kilo?

Hace unos días fui a conocer a Miguel, acaba de nacer hacía horas, había pesado unos tres kilos - 3,400 me corrige su padre- y estaba precioso. Ahora ante la Navidad que se acerca se me ocurre pensar cuánto pesaría Jesús al nacer y me imagino que también rondaría los tres kilos. E irónicamente pienso que Dios echó sus “tres kilos” a favor de la humanidad. Os explico a qué viene este pensamiento poco decoroso.

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Extremadura y su pobreza hoy

20.11.14 | 09:34. Archivado en Iglesia, Acción Católica, Investigación

EXTREMADURA Y SU POBREZA

Mi abuela, cuando las cosas estaban muy claras en algún asunto delicado, solía decir: “Aquí no hay más chinches que la manta llena”. Algo así nos ocurre en estos días en Extremadura cuando se está presentado el primer informe regional de la Fundación Foessa sobre la realidad de la pobreza y la situación de las familias extremeñas afectadas.

Sería de bobos querer seguir hablando de Extremadura con el recuerdo de los conquistadores de antaño, y obviar –silenciar- la realidad cruda que estamos viviendo. En los últimos días, en escritos y avatares agrios, se ironizaba sobre la afirmación de “una Iglesia pobre en una tierra pobre”, como si fuera una victimización sin sentido: una obra de un pesimismo demagógico intencionado.

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Ética civil y universidad

27.10.14 | 10:16. Archivado en Investigación, Docencia

¿Ética en la universidad?

Desde la universidad pública de Extremadura

La universidad se encuentra en periodo electoral. Ya están con los motores disparados los dos candidatos a rector con sus equipos correspondientes, de facultad en facultad, con sus discursos, programas objetivos de eficacia y gestión. Seguro que ambos quieren hacer la mejor universidad posible, con la mayor calidad. En la calidad me pregunto cuáles son los elementos fundamentales que consideran propios de una universidad: gestión, docencia, investigación, aplicación. Esto conlleva criterios económicos, sociales, culturales, políticos, etc.

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“Tejada Vizuete, humanista, académico y católico universal”

17.05.14 | 18:08. Archivado en Iglesia, Investigación, Docencia

Ha muerto un sacerdote pacense, Francisco Tejada Vizuete, de Granja de Torrehermosa. Paisano, amigo, hermano. El hijo de un albañil en familia de albañiles, y de Josefa, la dulcera, el hermano de Emilia, aprendiz de carpintero hasta sus dieciséis años. Un hombre del renacimiento, sacerdote y culto. Hoy oración por él, mañana le acompañaremos en un adiós sentido en nuestro pueblo, lo despediremos en la plaza que lleva su nombre desde donde, en la serenidad y en la amplitud, se puede contemplar la grandeza de la torre llena de firmeza que sirve de nombre y de identificación para todos los que hemos vivido a su sombra. Plaza que antes era de homenaje y admiración, ahora será para el recuerdo de la historia de uno de los hijos de esa Torrehermosa.
Me vienen palabras y sugerencias de vida y personalidad al recordar al paisano y compañero Francisco:

Granjeño, hijo, hermano, tío, carpintero, Seminario, Presbiterio, Comillas, Universitario de Sevilla y Extremadura, Sacerdote, Diocesano, Doctor, Teólogo, humanista, Misiones, Profesor, Canónigo, Museo catedralicio, Extremeño universal, Académico, Investigador, Guadalupano, Mariano, Artista, Escritor, editor, Músico, Historiador, Bibliotecario, Académico…conversador, ingenioso, alegre, cantor, renacentista, sabio... genio y figura¡

Son muchos los pueblos y lugares extremeños que ha conocido y en los que ha aportado y de los que ha hablado o escrito: Granja, Azuaga, Berlanga, Ahillones, LLerena, Villagarcía, Zafra, Badajoz, Mérida, Jerez de los Caballeros, Fuente del Arco, Trasierra, Los Valles -Santa Ana y Matamoros- , Aceuchal, Barcarrota, Guadalupe,Alburquerque, Fregenal, Fuentes de León, Segura de León, Fuente del Maestre, Villafranca, Ribera del Fresno, Olivenza, Almendral, Nogales,Trujillo, .. Se que faltarán muchos más de los que he anotado, cada uno piense aquellos que él sabe que fueron tocados y queridos para él.

Pero si yo tuviera que destacar algún elemento que para mí ha sido sobresaliente en él o que más he admirado en su persona, ha sido su forma de entender y vivir la relación fe, cultura y arte. Amante de la eclesiología del Vaticano II y de las claves de Evangelización, aportadas por la Evangelli Nutiandi, supo ser un hombre de fe y cultura siendo capaz de superar esa ruptura que siempre acecha a la relación Iglesia-Mundo.

Asentado sobre sus bases filosóficas, teológicas, bíblicas, recibidas en vendaval de novedad y esperanza en la transformación de Comillas, enraizado en una formación jesuítica profunda y abierta, ha sido un sacerdote capaz de amar al pueblo, de prestar servicios encomiables en el horizonte de la pastoral de misión y de evangelización a nivel nacional, de servir una antropología teológica de calado humanista y abierto. Pero sobre todo ha sido capaz de vivir su ministerio entendiendo la cultura enraizada en la fe y y ésta enraizada en aquella. Desde su formación universitaria secular y laica en Sevilla y más tarde en la de Extremadura, es un ejemplo claro de cómo la fe se incultura y produce belleza, gracias, verdad, luz, esperanza y amor; y al mismo tiempo la cultura evangelizada aporta a la fe una racionalidad humanizadora y de encuentro, de purificación y de verdad. En su vivir se ha empapado de todo lo que en la historia otros descubrieron y nos transmitieron, ha gozado de la sabiduría auténtica, se ha dejado seducir por ella en todas las versiones, y así ha dado fruto que permanecerá y que hará que otros puedan seguir gustando de la fuente de una verdad, que es inagotable, siempre fresca, transmitida y novedosa a la vez, sin necesidad de rendirse ni entregarse nada más que a la verdad y a la luz en la que el amor se hace verdadero y justo.


Transfiguración de la universidad

16.03.14 | 21:56. Archivado en Investigación, Docencia, Juventud, Lectura creyente

“Universidad comprometida y transfigurada”

Vinimos de lejos… de tiempos, lugares, experiencias, ideas, creencias, opciones, inquietudes, diversos y distintos, hemos estado juntos en Sevilla con un título bien sencillo “universidad comprometida”. Un congreso en dos fases, como la doble cara de una sola moneda, el viernes en la facultad de psicología de Sevilla, toda una jornada floreada con experiencias de encuentro entre la universidad y la sociedad. Profesores y miembros de la comunidad universitaria exponíamos trabajos de investigación y acción en conexión con la sociedad y los movimientos sociales: en barrios, centros culturales, campamento dignidad, renta básica, arte y ética, ecología, sensibilización y pobreza, democracia y política… Talleres de trabajo para interpelarnos y preguntarnos qué es lo que nos ayuda a encontrarnos con lo social, a hacer universidad y ciudadanía a la vez, y qué es lo que lo obstaculiza. La cuestión central es volver a pensar la universidad, que no es otra cosa que volver a creer en la utopía de una sociedad de corazón humano y justo. Los conceptos que se revelaron como fundamentales en aquella experiencia colectiva de lo social y universitario fueron sorprendentes: espiritualidad, comunidad y bien común. Me sorprendía positivamente que la demanda fundamental y la fuente central de lo que necesitábamos en la universidad para acercarnos a la sociedad y ser lo que la universidad debería ser, servicio al bien de lo común, pasara por una espiritualidad de la bondad basada en la justicia, en la profundidad de lo humano. Y de igual manera me provocaba satisfacción el sentido de comunidad que se ejercía y se vivía en esta experiencia de congreso, como instrumento y herramienta, para poder permanecer en la ilusión de que otra universidad es posible, porque otra sociedad es necesaria.

La jornada siguiente, el sábado, nos abrían las puertas un centro social ocupado en la barriada de San Bernardo. El lugar ya nos hablaba de la dirección de ese encuentro, allí se movía una sociedad alternativa que cuestiona principios que se han institucionalizado como señores del saber, de la verdad, del conocimiento, de la economía, de la política, de lo justo, lo bueno, lo bello y lo legal; y han acabado adueñándose de la universidad. Desde la austeridad máxima, sin más dogma que el encuentro de lo humano en el respeto de la igualdad, los movimientos sociales en sus fichas presentaban sus demandas a la universidad. Nuevamente era sorprendido por la revelación de las demandas, éstas no eran las que se podían esperar: conocimiento, saber, aplicación, tecnología… no; se pedía el encuentro, la búsqueda común, el descubrimiento mutuo. No se pedía que la Universidad diera nada a la sociedad, sino que se diera ella misma, que se socializara y se hiciera ciudadana.

Unos pensaban que para ello habría que repensar todo de nuevo, incluso la misma universidad, que tendría que nacer de nuevo con radicalidad. Para este nacimiento de lo alto, se imponía la reconstrucción del paradigma en el mismo concepto de saber, conocimiento e investigación. No ha de ser un poder de nadie la posesión de ellos, sino una búsqueda que debe nacer de lo humano, para considerar que es más verdad, más saber y más camino todo lo que es más humano y da más vida común y encuentro, aunque sea lo más pobre, débil, cercano a la vida de cada día y de la calle. Para estos pensadores el saber no tiene condición de superioridad, sino de servicio, y ha de emerger de la vida de cada día y de los que la sostienen. El título y el currículum es el de la justicia y del humanismo para hacer historia y pueblo en la fraternidad de lo universal. Hay solo un saber y una verdad que pertenece a la comunidad y que la construye el pueblo en la experiencia de lo comunitario. Todo, incluida la universidad, sólo tendrá sentido desde esa clave única: “la universidad que no sirve, no sirve para nada”, aunque tenga toda la excelencia que ella misma quiera concederse en unos estándares de calidad arbitrarios desde el éxito que excluye y separa.

Estábamos también, los que compartiendo el espíritu, la comunidad y el deseo del bien de lo común entendíamos que toda esa utopía la estamos intentado vivir desde lo diario de las aulas y de las facultades, aunque sea de noche. Es más entendíamos que el propio encuentro del congreso -y los que lo formábamos- estaba siendo el signo sacramental de una red universitaria que ya está naciendo y está siendo levadura, grano de mostaza y sal en medio del mundo enredado y herido, a la vez que necesitado de esperanza y de luz. Nos sanaba, animaba e ilusionaba esta experiencia y encuentro que ya marcaba datos de otra excelencia y de calidad, que nos sabe a superior aunque sea en otros cánones, que hoy por hoy tienen que abrirse caminos en la concepción de la realidad. Sabemos de nuestra pequeñez y de sensación incluso de marginalidad, pero creemos en lo que tiene de verdadero, de evangelio de lo diario y de la vida que nos confirma en la fe de la universidad que queremos y soñamos.

Hubo tiempo para concluir, plantear retos y abrirnos, en abanico y en abrazo, a seguir hacia adelante en el camino emprendido. Un camino de futuro abierto en dos bandas una de pensamiento y de replanteamiento de saber, del conocer y del quehacer de la universidad, así como de la ciudadanía que debe presidir todo el nuevo paradigma de la verdad y del bien de lo común. Todo ello como respuesta a la nueva sociedad y humanidad que quiere nacer y resurgir en este momento de la historia, sabiendo que no estamos sólo en época de cambios sino en un cambio de época. Y por otra lado el seguir, día a día, como las termitas -dentro del sistema. que aceptando la vivencia de lo común en la realidad establecida, ya vamos viviendo y demandando otro modo de hacer la cosas que es posible y facilita la transformación y la transfiguración de lo pequeño y lo diario, de todo aquello que nos es cercano, como camino hacia lo último y lo utópico. Y esto aún a sabiendas de que el horizonte y el marco de lo general está dañado y necesita una conversión de estructuras que se resiste y que es necesario también con radicalidad, aunque nosotros no nos veamos todavía con la fuerzas del David que ha de vencer a Goliat con la honda de un pensamiento totalmente nuevo, al que aspiramos y con el que soñamos en la noche de una sociedad y una humanidad que sufre dolor y pasión.
José Moreno Losada. Profesor Colaborador. Facultad de Educación.


"Un epílogo soñado"

22.01.14 | 14:12. Archivado en Acción Católica, Investigación, Docencia

"ESTUDIAR POR EL AGUA"
“No se ha hecho la sociedad para la universidad, sino la universidad para la sociedad” o “La universidad que no sirve, no sirve para nada”

Si el quehacer propio de un epílogo tiene como objeto fijar en la mente de quienes leen, mediante pocas palabras, aquello de lo que se ha tratado y de lo que se les quiere convencer, considero que para los lectores de esta obra ha quedado clara la máxima anterior.

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Acabo de robar…

“Lo que hemos palpado…”

Ha sido en la churrería esta mañana. Mi café, mis churritos –no me critiquéis por favor- , y el periódico. Llego a la tribuna y me encuentro con un titular “Futuros maestros”, ya me engancha; lo había enviado para su publicación en nombre de Jesús Sánchez y lo tenía leído, pero me siento sorprendido y me alegro de que otros puedan disfrutar de este bien que algunos ya hemos disfrutado. Considero que merece la pena. Lo vuelvo a leer pausadamente, relamiendo el espíritu positivo y narrativo de una realidad que deseamos que sea esperanzadora… y no resisto la tentación de arrancar la hoja, considerando que ya es el final de la mañana y van a cerrar la cafetería –también se lo digo al servicio que es amable y agradable como siempre-.

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"Menos concertinas y más cooperación"

11.12.13 | 15:15. Archivado en Iglesia, Investigación, Docencia, Lectura creyente

IDEAS PARA UN MINISTRO...
El otro día, nuestro ministro presionado por el clamor unánime frente a las "concertinas" nos pedía a todos sugerencias que fueran mejores que las concertinas para evitar la inmigración ilegal. En ese contexto mi querido amigo Paco Zamora -Profesor de Ingeniería en la universidad de Extremadura, militante de profesionales cristianos-, que estaba en una estancia en la UCA en Managua, nos hacía esta reflexión que se publicó en el diario regional de Extremadura, y que sirvo para la reflexión de todos:

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"Somos cuerpo"

26.11.13 | 11:27. Archivado en Investigación, Docencia, Lectura creyente

“El sanador herido”

La última vez que fui operado me puse en manos de mi amigo Jesús Salas con una confianza total. Ahora es él el que va a ser intervenido por otro colega. El sanador va a vivir en sus carnes aquello para lo que él está muy preparado, una intervención sobre el estómago, pero como decía Cela no es lo mismo estar “dormido que estar durmiendo”, a Jesús le toca mañana ser operado, dejarse hacer para estar mejor. Acaba de enviarnos vía facebook un vídeo de la intervención que va a sufrir. Su cuerpo requiere ser conducido y transformado para que la salud sea mejor y su calidad de vida mejore, o al menos no peligre, ya que el corazón ha dado sus avisos alguna vez. Esta situación me hace reflexionar de cosas que cada día toco en la antropología, tanto filosófica como teológica, y que en estos días están siendo praxis directa en este amigo cirujano:

- No tenemos un cuerpo sino que somos cuerpo. Nuestro modo de ser y relacionarnos es encarnado y mundano, a la vez que social y comunitario. Nada puede ser sin nuestro cuerpo, por ello su cuidado es cuidado de nuestra propia persona. Es nuestra persona la que necesita la mirada salvífica y positiva de nuestro ser corporal, y a favor de ella tenemos que entrar incluso en el riesgo y en dolor, siempre con la visión del parto que va a dar lugar a un mejor vivir y por ello ser. Jesús lo hace en un momento interesante de su vida donde él se adentra en muchos caminos de introspección y de crecimiento interno y humano. Seguro que este paso va a contar a favor de esa persona que él quiere ser a fondo y con radicalidad.

- El cuerpo es lugar de encuentro para la fraternidad y la comunidad. Todos dependemos de todos y tenemos nuestras minusvalías y discapacidades. Lo decía el otro día una madre de un niño con autismo, en la parroquia, al presentar a la comunidad el quehacer desde cáritas en torno a los centros de dependencia y minusvalías que lo rodean: “todos dependemos y tenemos nuestras minusvalías”, necesitamos de los demás. Ahora Jesús, que siempre está solucionando problemas de cirugía –en concreto de estómagos- para otros se pone en manos de sus compañeros, confía en ellos, como un paciente más. Nuestra corporeidad es lugar de encuentro y de fraternidad, en la que somos según sumamos y nos servimos unos a otros. Desde ella entendemos la necesidad de ser unos para los otros.

- Dios ha puesto en nuestras manos la creación y nuestra corporeidad para que seamos cocreadores con él. El progreso no es azar es mandato y consejo del Padre que ha puesto en nuestras manos todo para que lo cultivemos y lo guardemos con cariño familiar. La sanidad está siendo un espacio para la creatividad y la colaboración del Padre que quiere que tengamos vida en abundancia. Ese hospital, en el que Jesús ha sido encargado de coordinar la dirección médica varios años, es lugar de cocreación donde se siguen haciendo los milagros del evangelio: los ciegos ven, los cojos andan, las heridas se curan, los estómagos se reducen, los tumores se arrancan… los órganos se trasplantan y todo con la gratuidad de lo público y lo comunitario. Mañana las manos de los cirujanos colaborarán con Dios a favor de Jesús, como él lo viene haciendo hace muchos años entrando día a día en el quirófano con la voluntad de dar vida y de liberar de dolencias y males a todos los que lo sufren.

- Con la esperanza de que, tras el proceso, su dolor y dificultad, sin duda volveremos a encontrarnos en el abrazo y en la mesa compartida desde la alegría y la fiesta de la vida . Desde el cuerpo celebramos y festejamos la vida. No faltará el buen vino ni la enjundia de la denominación de origen de Extremadura con la que tantas veces Jesús nos ha regalado. Por eso oramos al Padre con la confianza total de que mañana estará en las manos y en el corazón de todos lo que unidos a ti queremos vivir este momento: en los cirujanos y demás técnicos, en la familia, los amigos… Tú que has sido manos y corazón de tu tocayo y amigo Jesús de Nazaret para curar y sanar, no hay duda que vas a ser bendecido y abrazado por Él en esta experiencia y te enriquecerá una vez más con esa contradicción de la que él tanto sabe: “Cristo siendo rico, se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza”… tú siendo médico vas a ser paciente y seguro que, desde tu experiencia pobre y humilde, saldrás enriquecido para seguir enriqueciéndonos con tu entrega humana y profesional a todos.
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UN ESTUDIO CON-SENTIDO

30.10.13 | 10:29. Archivado en Acción Católica, Investigación, Docencia, Juventud

"Tesis doctoral desde y para la vida"

Mis trabajos de encarnación en la universidad están pasando ahora por hacer un trabajo de investigación sobre la motivación de los alumnos para el estudio y el bien interno de las profesiones a las que aspiran. Está siendo una experiencia de verdadero encuentro con la realidad en su profundidad, con la realidad del mundo juvenil universitario. La verdad que es algo en lo que me va la vida hace mucho tiempo, y especialmente en los cuatro últimos lustros en los que mi dedicación más directa ha sido la pastoral universitaria. Ahora se trata de darle formato científico a la vida, al quehacer de esta pastoral entrañable.

Establecer y relacionar las claves de vocación, estudio, bien interno, compromiso, justicia, participación, ética, utopía, ciudadanía… se convierte en algo apasionante y misterioso cuando queremos darle voz al interior intentando no manipularlo ni sesgarlo a nuestra medida ni a nuestro juicio. La tarea no ha comenzado ahora, más bien lo que hago en estos momentos es darle una forma nueva en el ámbito de lo universitario, yo que siempre me he movido en lo docente y en el acompañamiento ministerial, ahora tomo como reto el formato de la investigación para poder asentar también en este ámbito lo que es nuestro quehacer cotidiano, y así ser fieles al ambiente en el que dialogamos y queremos provocar el encuentro de lo humano, lo creyente y la cultura.

Siempre he participado, dirigiendo o colaborando, en asignaturas de este calado en el campus, tanto en la facultad de ciencias, como la de Económicas y la de Medicina. Hace unos años colaboro con una asignatura de Voluntariado y acción social, que se promueve en Medicina, coordinada por José María Vega, titular de Física Médica, que ha sido varios años delegado de Cáritas Diocesana en nuestra diócesis. En dicha asignatura se trata de adentrar al alumno en la realidad de pobreza y su tratamiento, tanto a nivel teórico como, sobre todo práctico, conociendo realidades de compromiso con los débiles de la sociedad, y desde ahí se les ayuda a conectar Universidad y pobreza. A mí me han encomendado siempre abrir esta materia planteando la reflexión acerca de la relación “Estudio y Persona”, de fondo ese slogan tan versátil: “Dime porqué, cómo, qué y para quién…ESTUDIAS, y te diré….quién ERES”.

Últimamente han desaparecido estas materias opcionales de libre configuración, y sólo quedan alumnos de últimos cursos de carreras largas como los de sexto de medicina que no tienen cubiertos sus créditos opcionales correspondientes. Eso provoca que queden algunos aislados, y que en este curso se hayan matriculado dos nada más en esta materia. Pero nosotros que creemos que por uno hay que ir a donde sea, hemos decidido impartirla y hacerlo de otra manera. Fiel a este compromiso el otro día recibía en mi despacho a los alumnos y juntos hicimos la reflexión de rigor: tu estudio por qué, qué, cómo, para quién… y la posibilidad de enlazar estudio, persona y bien interno de la profesión, así como opción por un mundo justo comprometido con los débiles del mundo. Se llevaron las ideas, los datos, el diálogo… y tocaba rumiarlos. Hoy encuentro un correo con una reflexión de Iván, que me interpela, y sigue iluminando mi deseo evangélico de avanzar en el servicio de favorecer un estudio más humanizador y solidario, incluso desde el ámbito de la investigación, con una futura-espero que cercana- tesis doctoral.

Deseo compartir con vosotros su reflexión:
“El sentido del estudio en el ser humano es más importante de lo que pensamos. Vivimos inmersos en un mundo de falsedad donde lo importante es el dinero y la posición social reinando una atmósfera déspota y envidiosa. Los objetivos del estudio en la sociedad están muy mal marcados, pasando la formación de los valores humanos a planos subterráneos. La competitividad de estudios está muy presente entre nosotros, y destaca más una cifra numérica que un buen hecho social o un camino humano que dé ejemplo. En la esfera universitaria, aquella utopía falsa, normalmente no hay un contacto directo con los profesores donde se realice una transmisión directa de valores; ni tampoco hay una mesa de debate abierta a la confianza ni a las necesidades éticas de la vida.

El camino de formación en la universidad deja mucho que desear en este aspecto, y deja muchas piedras en la carretera de la vida. Desde mi punto de vista, la mesa universitaria no tiene las cuatro patas estables, sino que la pata correspondiente a los valores morales cojea bastante. También es verdad que en la universidad se multiplican los contactos sociales, se estimula la intercomunicación entre distintos peldaños profesionales con distintas personalidades y capacidades de adaptación humana. Es imprescindible también que nosotros, los estudiantes, tengamos la intencionalidad de aportar leña a la hoguera de la sabiduría social, solidaridad y felicidad para que nunca deje de calentar y arropar a aquellas personas que se les va congelando la vida debido a los riesgos de exclusión. Se debe aprender incluso a compartir dicha hoguera con los demás y a trabajar en equipo, otro aspecto inestable.

En definitiva, me hago una serie de preguntas como broche final a este escrito: ¿Hasta qué punto sirve toda la formación recibida? ¿La dirección y sentido que caracterizan al estudio son correctos, o hay un problema de enfoque? ¿Estamos preparados para afrontar problemas de cualquier índole de acuerdo a nuestro aprendizaje? ¿El estudio que se hace es permeable o impermeable a la vida?”

José Moreno Losada-


Miércoles, 17 de octubre

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