Cree en la Universidad

El Espíritu de puertas abiertas: Iglesia joven en salida

17.05.18 | 12:27. Archivado en Iglesia, Acción Católica

¿Iglesia del miedo?

La iglesia, como pueblo de Dios llena de gracia y de verdad, hoy se viste de fiesta porque está celebrando su nacimiento. Ella hunde sus raíces en el acontecimiento de Pentecostés cuando el Padre, por su Hijo, envía al Espíritu de la verdad y la vida a la humanidad. Los apóstoles reciben la fuerza del espíritu en un contexto de debilidad y de miedo. Las puertas cerradas, en medio del mundo, por temor. Y es en medio de ese mundo y esa debilidad cuando se abren las puertas y las ventanas por la fuerza del Espíritu, y lo que era realidad encerrada y asustada se convierte en iglesia en salida, apostólica, misionera. Hoy sigue siendo así. Cuando sentimos el miedo es porque nos centramos en nosotros mismos, nos autorreferenciamos, y nos da miedo la realidad. Nuestra debilidad y los sufrimientos del mundo nos alarman y buscamos seguridad y conservación. Pero eso es dificultad para anunciar el evangelio, para llevar la buena noticia al mundo, e impide nuestra propia realización como creyentes, apaga nuestra creatividad, no se abre al Espíritu. Celebrar Pentecostés es creer que “otra iglesia es posible”, que hemos de superar nuestros miedos para construir y ser la Iglesia de la confianza, la que se arriesga en la misión y en el ejercicio de la misericordia. La que se descubre como levadura en medio de la masa y lleva la alegría del evangelio.

Otro Espíritu es posible, el de la confianza

Celebramos que Cristo ha resucitado, la muerte ha sido vencida y el miedo, aunque conquistó algunas batallas, ha perdido la guerra. El Resucitado tiene el poder y la gloria, y cumple su promesa definitiva: nos envía su Espíritu. Espíritu de valor y confianza, de fortaleza y verdad, de amor y gracia. Es el Espíritu de la libertad, que arranca las puertas de los temores y las seguridades para abrir las ventanas del riesgo en el amor comprometido; del fuego que aviva la lucha por la dignidad y la posibilidad de la reconciliación del hombre herido y hundido con Dios pródigo y sanante, que nos da su compasión y su misericordia. Es el Espíritu que hace posible otro mundo, que nos lleva al cuidado de la naturaleza: la ecología que se hace comunión y se humaniza, frente al miedo del destrozo del universo y de los que lo habitan.

Es el Espíritu de Dios, del amor, de lo comunitario y lo común, del pueblo de Dios –laicado. En Él ya no es posible encerrarse, ha traspasado las puertas y los cerrojos afianzados, nos hace abiertos de corazón y de mente, frente a las reservas y las dudas del temor. Con sus dones, comprendemos que el universo es nuestra casa y nosotros no somos extraños en ella, que la humanidad no va al vacío de una existencia de la nada, sino a la Casa Común del Padre, y que la senda es la de los hermanos en la comunidad, para llegar al sentir del amor trinitario en su eternidad y su libertad absolutas.

Ahora es el tiempo de la comunidad en libertad, el tiempo del laicado, de los jóvenes

Somos la Iglesia del Espíritu Santo, del Espíritu de Cristo Resucitado. Ahora es el momento de acabar con todos los miedos y los temores para vivir eternamente desde la confianza. la Iglesia está llamada a abrir todas sus puertas y ventanas para que el Espíritu que ha recibido, se haga extensivo para todo el mundo y toda la creación. Este es el trabajo del laicado, de todos los bautizados, que tocados por el Espíritu, disciernen lo que el Padre quiere de este mundo y se meten en él como levadura, como sal, como grano de mostaza, como grano de trigo para ser «Iglesia en misión, en salida, compasiva, generosa, de perdón y sanación, de fuerza para los débiles y denuncia para los injustos y los inmisericordes», para llamarlos a la conversión de corazón. Y de un modo especial están llamados a ser portadores de este espíritu los cristianos más jóvenes, llenos de vida e ilusiones, ellos se merecen la autenticidad del evangelio y el reconocimiento de su importancia para llevar el evangelio. Jesús eligió a jóvenes y los llenó de protagonismo, confió en ellos, puso en sus manos el anuncio del Reino y los envió al mundo, para que superando todo miedo llevaran el amor y la misericordia. No podemos renovarnos como Iglesia apostólica en medio del mundo sin el laicado, sin el pueblo de Dios en corresponsabilidad, y especialmente hemos de priorizar el lugar de los jóvenes en el deseo de una Iglesia en salida. En sus manos está el presente y el futuro del mundo y la humanidad, sin ellos no habrá esperanza y el Reino no podrá avanzar. Dios cuenta con ellos y a ellos quiere enviar su Espíritu para alcanzar los retos de hoy.

Los retos del Espíritu a la Iglesia hoy
Los retos a los que le empuja el Espíritu a la Iglesia actual siguen siendo los de aquel Pentecostés primero:

- Abrirse a las sugerencias del Espíritu para tener un lenguaje nuevo, una lengua de luz y de verdad, de libertad y de justicia, de coherencia y entrega radical, que toque a los jóvenes y cuente con ellos.

- Llegar al hombre de hoy – especialmente a los jóvenes- y hablarle en su propio idioma, en su dolor y angustia, en su pobreza y cansancio, en su desnortamiento y agobio, para más allá de las diferencias y las divisiones implantadas, llegar a entender a todos y a ser entendida en su mensaje de amor y gracia.

- Le toca abrirse, como nunca, al lenguaje del ecumenismo y del diálogo interreligioso, en la verdadera libertad y en el deseo del encuentro de lo más humano y lo más digno. Ahora no estamos para distinguirnos, sino para salvarnos; para salvarnos todos los cristianos en Cristo y todas las religiones en el amor. Nos toca amar sin fronteras y sin límites porque es lo propio de nuestro Espíritu.

- La Iglesia, en su interior, hoy como nunca, se siente impelida por el Espíritu para vivir la diversidad de dones, ministerios y funciones atendiendo al bien común, sabiendo que es un mismo Dios el que obra todo en todos. Sólo así será una Iglesia creíble. Para esto hemos de unirnos y organizarnos como bautizados para llegar a todos los ambientes del mundo, la Acción Católica, en todos sus movimientos, es un signo concreto del Espíritu para la misión.

Pentecostés desea manifestarse hoy en todos los que hemos sido bautizados en el Espíritu de libertad, que ha vencido todos los miedos y los temores que hieren el corazón de lo humano. La Eucaristía, la liturgia de hoy, quiere prolongar el único Pentecostés del Resucitado. Por eso, una vez más, nos dará a comer su Cuerpo y su Sangre. Y así, nos da su propio Espíritu: para que no desfallezcamos en la misión y para que nuestra fuerza sea, aún mayor, que toda nuestra cobardía.


Niños con espíritu y vida...

14.05.18 | 12:29. Archivado en Acción Católica

Interioridad y trascendencia para los niños: Verdad y vida.

“Pues, ¿de qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si pierde su vida? ¿O qué podrá dar una persona a cambio de su vida? ” (Mc 8,34)


Recibid la luz de la vida…

De qué nos servirá que nuestros niños se elaboren -se formen- con la mejor cera del mundo en el cirio de sus vidas, si les falta la mecha del espíritu y del amor… Cuidemos a nuestros niños y favorezcamos su interioridad y trascendencia, para que lleguen al amor más puro y verdadero, a la autonomía más verdadera que se ejerce cuando uno puede darse totalmente porque se posee realmente, para que puedan arder en la llama de la bondad y la ilusión, con la alegría que nadie puede robar nunca. Caminemos, con ellos, hacia la libertad que se hace verdadera cuando nada ni nadie puede impedir que se entreguen amando porque han perdido todo el miedo a la muerte y a los que, con ella, amenazan ofreciendo seguridad a cambio. Nuestros niños se merecen la mejor luz y toda la gracia, acompañemos sus procesos para que puedan crecer en gracia y sabiduría delante de Dios y de los hombres.
La imagen puede contener: 2 personas, personas de pie, árbol, planta y exteriorEsta tarde gozaremos viendo su “museo del despertar”, ellos serán los artistas que nos muestren todas las huellas de sus pasos dados en este curso, despertando a la fe… será una fiesta de alegría, resurrección, ascensión y un adelanto de pentecostés.

Habilidades y entrañas…

En medio de una sociedad que se va perfeccionando y especializando en habilidades, apostemos por la interioridad y la trascendencia de lo humano y lo personal. Usemos todos los posibles caminos para que no haya vacío en el interior de nuestros niños. Hay muchas cosas en la vida que no se consiguen por las habilidades, o mejor, hay muchas habilidades que no serán posibles si no nacen de entrañas profundas, auténticas y libres. Ya lo decía el Evangelio – y lo comprobamos en la vida- que lo que hace puro o impuro al hombre no es lo que llega de fuera, sino lo que sale de dentro, del corazón, de la sede entrañable en la que se fundamenta nuestro “yo” y se abre al “tu”.

En gracia y sabiduría: el absoluto

Todos nuestros niños tienen derecho al absoluto, abramos las puertas de su espíritu más profundo para que lo encuentren y se abracen a él con toda su libertad y autonomía. Ayer una señora ya mayor confesaba públicamente que había llegado tarde a la vida, a la contemplación de la vida, a darse cuenta del valor real, de la profundidad de lo que le rodea, para poder vivir en verdad. Había hecho muchas cosas en su existencia, pero había vivido muy pocas y se había perdido muchas, quizás el camino tuvo que ser así para descubrirlo. Le dijimos que bienaventurada ellas que había llegado a esa verdad, para no vivir en la mentira o en la superficialidad en estos momentos. Hagamos lo posible para que nuestros niños lleguen lo más temprano posible a la verdad de la vida, lo hagan con un proceso real cuidado y acompañado por nosotros. No los entretengamos con el mucho hacer y el poco vivir, vamos a darles armas y herramientas para vivir a fondo lo que son y lo que les rodea, que no se pierdan la vida. Que nuestro deseo de seguridad sobre ellos no les quite su libertad auténtica ni su amor verdadero.


Omella en Guadalupe, con la Iglesia extremeña

08.05.18 | 10:13. Archivado en Iglesia, Papa Francisco

Bienvenido a nuestra tierra e iglesia extremeña

Querido cardenal Omella:

Lo vamos a tener entre nosotros, invitado por su conocido Celso Morga, a quien le une ese sentimiento riojano, uno por nacencia y el otro por misión y entrega. Una vez más, como quien no quiere la cosa peregrinamos a Guadalupe. Seguro que estaremos “como en casa”, no podría ser de otra forma si se trata de celebrar el XXV aniversario de la constitución de la provincia eclesiástica de Mérida-Badajoz que tiene que ver bastante con la realidad de Extremadura y, por ello mismo, con la patrona, nuestra Señora de Guadalupe. Lo haremos como presbiterios de las tres diócesis extremeña, Coria-Cáceres, Plasencia y Mérida-Badajoz, nos presidirán nuestros pastores diocesanos, Francisco Cerro, José Luis y Celso. En esta ocasión viene a animarnos en la fe y en el sentido apostólico de nuestro ministerio el cardenal Omella, de estilo cercano y amicable. Seguro que nos hablará de cuestiones muy entendibles como que seamos pastores con olor a oveja, que nos encarnemos en la realidad de nuestras comunidades extremeñas, valorando las riquezas que nos configuran y sufriendo con los dolores y pobrezas de nuestro pueblo. Seguro que, como es cercano y vivo, se dará cuenta de la realidad simbólica a la que le hemos invitado, todo el presbiterio de las diócesis extremeñas, junto a todos nuestros obispos, con nuestra patrona de Extremadura, tenemos una mirada común y un deseo sencillo, que es caminar juntos como pueblo en la dirección del Reino de Dios y su justicia. La verdad que para que eso se haga realidad, ser pueblo al estilo de Jesús y su evangelio, no hacen faltan muchas declaraciones institucionales, ni ritos, ni siquiera proclamaciones solemnes, pero no estaría mal que se diera cuenta que sería un gesto eclesial digno de actualidad y de sensibilidad que eclesialmente lo que se refiere a Guadalupe formara parte de la jurisdicción de la provincia eclesiástica que sigue “peregrinando a Guadalupe como a su casa”, como no puede ser de otra manera. Será un día de fiesta, de fe, de unidad y de esperanza, porque aquí cabemos todos. ¡Viva la virgen de Guadalupe¡
PISTAS PARA EL DIÁLOGO: http://blogs.periodistadigital.com/cree-en-la-universidad.php/2017/09/08/la-joya-de-guadalupe-y-el-silencio-de-lo-2

José Moreno Losada.


Por pascua florida: comulgar y confesar

07.05.18 | 11:37. Archivado en Iglesia, Juventud, Lectura creyente

Confesar el dolor y comulgar la alegría…

Hoy ha vuelto a ser un día de contraste, de cruz y de resurrección, ¿Sabré expresarlo? Me levanté con hora relajada de sábado, con las noticias de la radio y el pensamiento en lo que iba a ser central en el día de hoy, la celebración de las primeras comuniones en mi parroquia con un grupo de diez chavales y después a compartir la mesa con familia de fe –Cordero / Toledo- en Mérida, pues Jesús también se acercaba por primera vez a altar, y yo lo siento y me alegro, como algo propio, por eso quería estar en su celebración. El sentimiento de entrada en la jornada era de satisfacción y de gozo por lo que iba a vivir en este sentido. Con esa disposición me acerqué por el barrio a una cafetería conocida a tomar un café y media tostada y gozar de la lectura del periódico en papel sin prisas, con el sabor agridulce con la noticia de la muerte, por accidente, ayer, de un joven de veinte años en Santa Marta, por donde había pasado una hora antes yo y mis compañeros que nos dirigíamos a Zafra para compartir reflexiones sobre el evangelio.

El cajero y el joven

Al salir me acerqué al cajero para obtener dinero en metálico, pues en la celebración en la que iba a participar el regalo que nos pedía el comulgando era que aportáramos un donativo para un proyecto educativo de niños sirios, que están en campos de refugiados, y yo quería ir con mi sobrecito preparado para colaborar con este gesto generoso y vivo de este querido pitufo, como le llamo entrañablemente. Estando en el cajero, un joven – que me dijo tener 33 años- me pidió un euro para comer algo, al decirle que estaba ocupado en ese momento, expresó que no quería molestarme y que esperaría todo el tiempo que hiciera falta para que yo lo pudiera atender. Al terminar mi operación bancaria, estaba allí a ver si atendía su ruego, y comenzamos la conversación que duró unos diez minutos hasta llegar a un comercio en la parte superior de la avenida, donde nos adentramos para adquirir lo que él deseaba, pero con la mala fortuna de que no había lo que era su deseo, un cono de helado que decía que costaba un euro, pero que contenía bastante azúcar y le aliviaba en su deseo.

Una confesión de dolor en la avenida

El camino por toda la avenida con sus paradas respectivas, fue una confesión en todo orden, para él y para mí, el de sus límites y yo de mi debilidad e impotencia ante su realidad. Hace unos meses había salido de la cárcel y estaba orgulloso porque no lo habían parado ni una vez para interrogarlo o llamarle la atención. Iba aseado, rompa limpia, bien afeitado, aunque se le notaba algo cansado y cierta ansiedad, pero muy controlada. Hablaba con precisión y educación, con respeto, sincerándose, pidiéndome si yo podía interceder para poder acceder a algún centro o tratamiento, porque había intentado acabar consigo mismo consumiendo droga sin límites, al salir de la cárcel con casi dos mil euros ahorrados. Sintió la muerte de su abuela unos meses antes de su salida como algo brutal, le destrozó quedarse sin esa referencia de ternura y de cariño. Tiene a su padre, pero es bebedor, alcohólico desde siempre. Él ha estado quince años en la cárcel, desde pequeño en la casa verde, a los dieciocho en dirección a la cárcel en Caminomorisco. El mismo se preguntaba y se respondía: “ si yo de pequeño en lugar de haber visto a mi padre bebido pegando a mi madre, hubiera tenido un padre que estuviera tranquilo y que leyera libros, posiblemente yo hubiera leído y hubiera elegido otro camino y tendría otra personalidad”. Llegó hasta segundo de la ESO y conserva el saber, no se ha destruido del todo, se busca a diario su dosis de droga –mezcla cocaína y heroína- pero también se preocupa de comer y cuidarse. Pero quiere dejarlo, quiere salir, no sé si realmente tiene fuerzas. Ahora ha estado con una chica que tiene carnet, trabajo, pero que también consume. Saca algo trapicheando y me cuenta cómo entre los propios negociantes de la droga los hay fieles y auténticos y los hay que engañan, adulteran y no tienen palabra. Me confiesa que, si él tuviera alguien que le acompañara, aconsejara… podría salir, porque él se esfuerza y se da cuenta de muchas cosas, aunque le dan una paga porque dicen que está algo mal de la cabeza, pero que él sabe muy bien lo que quiere. Me dice que se ha acercado a un organismo por la plaza alta para que le dieran acceso algún programa de reinserción y sanación, pero que le habían dicho que no había plazas. Me dice su nombre y su apodo, que es muy conocido en la ciudad y en mi barrio, que si yo le puedo conseguir algo –porque le hablo del centro hermano- que él estará dispuesto. Al final , al no haber el helado, le da igual que le dé el euro o no, se lo doy para que se compre el cornete en el mercadona, no sé si es que usará el papel que le envuelve para el consumo, pero en este momento no puedo no dárselo, confieso mi debilidad e impotencia. Acojo su confesión y reconozco mi culpa y mi pecado en una sociedad tan desigual y tan dura con unos y tan dulce con otros, y más cuando son niños y adolescentes. Reconozco en él a Cristo Resucitado, me ha hablado con una transparencia y calidez asombrosa, y ardía mi corazón como los de Emaús al encontrarse con Jesús en el camino. Esos diez minutos han acompañado todo mi día y lo hacen en mi reflexión y oración de la noche.

Los agraciados y amados

Al celebrar las primeras comuniones, ver a esos diez niños, después a Jesús en Mérida, tan llenos de gracia y de cariño. Al ver su gesto de generosidad presentando las huchas que durante estos meses cada uno ha estado llenando en sus casas, privándose de gustos y caprichos, para hacerle hoy un regalo a los que lo necesitan, en el día que todos les regalan a ellos, ellos quieren regalar a los otros. Al sentir cómo Jesús gozaba hoy, con su aportación al proyecto de los refugiados, teniendo la ilusión de poder enviar mucha ayuda a ese campo de refugiados e invitándonos a ser generosos no para él, sino para otros, porque él tenía todo, y le estábamos haciendo una fiesta muy bonita con muchos amigos y mayores. Recordaba la frase del joven en la avenida: “si yo hubiera tenido un padre que no pegara a mi madre, que no bebiera, que hubiera sido educado, que leyera libros…”. Y me venía al pensamiento como el papa Francisco entra en las cárceles diciendo a los presos que él no es mejor que ellos, que no sabe cómo hubiera sido si le hubiera tocado sus vidas y sus circunstancias. Por eso hoy he comulgado con la alegría de los niños y el amor de sus padres, pero me he confesado con el dolor de L.M. y llego a la noche con alegría y con dolor. Oro a Dios agradecido por los niños que hoy he acompañado en la celebración y en la familia de fe, y pongo a este crucificado viviente en el corazón del Padre, sintiendo que él me pide una mirada compasiva y misericordiosa con los que sufren. Al final asentí a su relato diciendo, en voz baja, que debía haber sufrido mucho en su vida, y él me dijo: “Padre, no se puede imaginar cuánto”. Me apretó la mano con cariño y me sonrió al marcharse.


Coffee break y oración: Por un trabajo decente

24.04.18 | 14:01. Archivado en Acción Católica

¿Una iglesia dormida? Una actividad despierta

Hace años, casi una década, que nuestra iglesia diocesana esta muda en lo que se refiere a la pastoral obrera. Quizá por la deriva de afirmaciones neoliberales –armas del demonio- que nos avisaban, con bombo y platillo, que”ya no existía la clase obrera”, sería porque todos éramos profesionales y clase media con sueldo fijo. Y todo eso con la que está cayendo. Por eso me alegra recibir información con un cartel dinámico, atrayente, de actividades eclesiales con motivo del día del trabajo, en la vigilia del uno de mayo, para el día 30 de Abril en la tarde y en la noche. Me alegra el formato, el mensaje y la iniciativa: coffe break -18,30 h- en el parque de san Francisco y vigilia-oración -20,30 h.-en la parroquia de Jesús Obrero, en el cerro de reyes, uniendo centro y periferia, secularidad y trascendencia, lo humano y lo divino.

Trabajo y dolor

Lo reflexiono en esta mañana en la que la portada del periódico HOY nos impacta con la muerte de un adolescente, que junto a otros de la misma edad, y tras subir videos en Facebook de su fechoría con un coche, habían volcado en un camino rural. Recuerdo que esta muerte se suma a muchas de jóvenes en horas de madrugada, tras haber estado de fiesta, aunque en este caso es consecuencia de un juego mortal de adolescentes amantes del riesgo y del peligro sin límites. Pero lo traigo a colación, porque no hace mucho una persona muy cercana a mi familia sufrió un accidente muy peligroso cuando trabajaba en la carretera limpiando los arcenes de malezas. Se empotró un vehículo contra el que los portaba a ellos, que iban poniendo las señales necesarias para su labor en la vía. Aquel día volvió a nacer y tras la baja correspondiente ha vuelto a ese mismo trabajo porque es lo que hay, aunque tenga preparación para otros trabajos que estarían más cerca de casa y menos peligrosos, pero nadie se lo da.No hay texto alternativo automático disponible. Poco después leía en el mismo diario un accidente de cuatro jóvenes de Guareña, que venían de Valdetorres de trabajar, habían realizado su jornada en una finca y volvían a casa, con su familia, pero también sufrieron un accidente y quedaron maltrechos, con la ayuda del helicóptero llegaron a los hospitales donde fueron atendidos y, si Dios quiere, mejorarán con la buena sanidad que tenemos. Me hace pensar el contraste entre las noticias, no todos los jóvenes sufren accidentes por fiestas o juegos, los hay que los sufren trabajando. El año pasado fueron un millón doscientos mil trabajadores los que sufrieron accidentes laborales en España y seiscientas dieciocho personas las que murieron por los mismos. Esto es un simple dato del mundo laboral. Imaginemos si entramos en aquellos que trabajan en condiciones no dignas, tanto de salud, como de dignidad o de salario y precariedad. Cómo podemos hablar de que no existe clase obrera y quedarnos tan tranquilos. Y más si pensamos en los que están sin trabajar, en Extremadura tenemos tantos por cientos de escándalo, y lo digo desde la universidad donde hay miles formándose, pero con mucha incertidumbre de su futuro laboral, y si esto ocurre con los formados que no pasará con el treinta por ciento de fracaso escolar.

El corazón de la Iglesia: desde el obrero de Nazaret

La Iglesia ha sido siempre preclara en su doctrina social y en lo que se refiere al mundo del trabajo. Su pensamiento está bien refrendado en encíclicas de referencia trascendental ,desde León XIII hasta nuestros días. Los papas han sido adalides de estas reflexiones y reivindicaciones. La raíz del maestro Jesús de Nazaret nos entronca con la vida del trabajo y de la sencillez de lo humano en el deseo de unos derechos básicos que reconozcan la dignidad de la persona. Sin embargo cuesta, la conexión del evangelio con este mundo, la pastoral y evangelización del mismo. Hay algo que nos para y que nos hace dormirnos en los laureles en este campo. En nuestra diócesis hemos tenido sacerdotes muy preclaros que han trabajado en este campo, últimamente Jesús Martín, que falleció hace unos años, consiliario de la HOAC y la JOC, movimientos especializados de la Acción Católica en el mundo obrero. En estos momentos se está sembrando, desde aquella semilla suya, nuevos comienzos de estos movimientos en nuestra diócesis, y de esos lodos viene a nosotros esta actividad en la que están enlazados en red bastantes realidades eclesiales: Cáritas, Hoac, Joc, Jec, Profesionales cristianos, Confer, realidades del apostolado seglar…

Una ocasión de luz y presencia, de animación comunitaria

La invitación es clara, primero un acto de presencia pública en el parque san Francisco para hacer visible el mundo del trabajo y sus retos, necesidades, dolores, aspiraciones…Compartidos desde la vida en medio de la calle, de la plaza, llevando al centro de la ciudad lo que está en el corazón de millones de personas cada día y que apenas tienen voz. Después, buscando la trascendencia la motivación profunda del deseo de la justicia y de la dignidad que nace del evangelio de Jesucristo y que nos mueve a comprometernos juntos, a ser cristianos desde la justicia y el deseo de la fraternidad realizada en la construcción del Reino. Un reino en el que todos son considerados como imágenes vivas de Dios y hermanos ganados con la sangre de Jesús el crucificado, que ha resucitado y habita dentro de nosotros para que caminemos juntos y busquemos la verdad y la equidad que nos dignifica. Ni que decir tiene que será un café de luz y de gloria en medio de la calle, en el centro de la ciudad, en un parque emblemático que es de todos y para todos, como debe ser el trabajo. Después una oración encarnada en el vivir y el sentir, especialmente de aquellos que sufren y necesitan nuestra mano para seguir caminando por las sendas de la paz y de la justicia. Ese es otro reto que tiene nuestra iglesia diocesana, no tenemos nada del organismo “Justicia y Paz” que dinamiza en otras diócesis cuestiones de pastoral social y ciudadana. Hace unos días, varios centenares de bautizados de nuestra iglesia nos reuníamos en Villafranca, en una jornada de pastoral misionera, allí nos animábamos a ser iglesia en salida, a realizar una pastoral misionera, y aquí tenemos una primera oportunidad significativa. Participemos en esta actividad que quiere concienciarnos y ayudarnos a comprometernos unos con los otros, en el deseo del compromiso por un mundo del trabajo que sea según el Reino de Dios, y hagámoslo en medio de la calle con todos los hombres de buena voluntad, compartamos caminos y esperanzas, unidos al Espíritu del resucitado, en el que creemos y que nos aguarda en el Galilea del mundo. Nos esperamos y nos encontraremos.


Primera comunión:¿quebradero de cabeza?

20.04.18 | 12:37. Archivado en Iglesia, Lectura creyente

¿Qué se dice?

Hace unos días leía algo que es comentario común en la calle, sobre todo cuando llegan estas fechas de pascua y primavera y se acercan las celebraciones tradicionales de las primeras comuniones, en las que la mayoría -todavía- de nuestros niños y niñas se acercan al altar, rodeados de infinitud de elementos que los adornan por fuera y no sabemos si por dentro. La mayoría de estos elementos parecen ser quebraderos de cabezaque no tienen que ver nada ni con la COMUNIÓN ni con la SANTIDAD que deseamos para los niña/os. Todos los criticamos pero cuando llega la hora no sé que pasa que casi todos… aunque soy testigo de que hay quien no entra en el juego. Copio y pego lo recogido de un diario nacional:

Lo accesorio y , la mayoría de las veces, engañoso

“El mes de mayo está a la vuelta de la esquina, y con él llegan las celebraciones de la Primera Comunión. Según algunos estudios, cada invitado gasta una media de 70 euros en un detalle. El 44% opta por regalar dinero al comulgante; el 26% regala ropa y complementos, como medallas, relojes y pulseras; el 15% prefiere obsequiar con productos de última generación, y el 11% se decanta por los juguetes.
Entre los regalos materiales, lo más demandado siguen siendo los pendientes, el anillo, la pulsera y el reloj para las niñas, y los relojes, las medallas o cruces para los niños. A pesar de eso, las joyerías han registrado un descenso en los artículos de Comunión del 70% desde el año 2000. Además, si antes las ventas comenzaban varios meses antes de la celebración, ahora se espera al último momento.
Lo cierto es que hacer un regalo en este día tan especial siempre suele ser un QUEBRADERO DE CABEZA. ” -RECOGIDO DEL ABC en el que vuelven a ofrecer otros regalos también económicos, aunque dicen que no son materiales…anda que…- Frente a esta parafernalia de cosas accesorias y externas se nos puede ir lo fundamental.

Lo fundamental: ¿ Y que es la verdad?

Durante tres años en nuestra parroquia hemos ido acompañando en la iniciación cristiana a más de treinta niñ@s -normalmente son el doble-. Tres animadores han ido desbrozando poco a poco, la verdades fundamentales de la fe, intentando transmitirles la sencillez del credo en la iniciación Cristiana, aunque somos conscientes que la labor fundamental es la que se realiza en la iglesia doméstica que su propia familia. Tras estos tres cursos, en esta pascua, los catequistas les han preguntado a ellos pedagogicamente, qué es lo que creen y han descubierto en la fe a lo largo de este camino. Ellos se han expresado libremente y con soltura ante la pregunta trinitaria y eclesial. A partir de sus respuestas hemos elaborado su credo sencillo e iniciático, se ha hecho con los sentimientos y expresiones de los niñ@s que pronto se acercarán a la Eucaristía, en su proceso de iniciación en la fe y en la comunidad cristiana en la parroquia de Guadalupe -Badajoz-. Los sacerdotes, junto a toda la comunidad parroquial felicitamos a sus catequistas que le vienen acompañando hace tres años: Juan Carlos, María José y Marta. Y en ellos a todos los que están siendo acompañantes de otros niveles en el proceso, una veintena de personas que entienden de otros “quebraderos” de cabeza, de la entrega para que su interioridad esté iluminada y crezcan en sabiduría y gracia ante Dios y los hombres.
Su credo: el credo de la Iglesia, nuestro credo

"Creo en Dios Padre porque es el creador de todas las cosas y las personas
porque me ha dado a mis padres, mi familia y los amigos,
me ha dado la vida y me quiere.

Creo en Jesús porque nunca me abandona y me cuida,
Me da fuerza cuando estoy triste y me ayuda a perdonar,
Creo que se sacrificó por nosotros y sigue queriéndome aunque yo esté enfadado.

Creo en el Espíritu Santoporque me da paz y tranquilidad
Y cada vez que entra en mí, siento que se me limpia el corazón.
Creo que está en quienes nos enseñan,
y que gracias a la fuerza que nos da hace que seamos buenos,
queramos a los demás y sepamos compartir.

Creo en la Iglesia que es una gran familia, mi segunda familia
En la que puedo hablar con Dios y Jesús y que nos ayuda a ser cristianos
Creo en la Iglesia como la Familia de Dios de la que formo parte por haber sido bautizado.

Creo que cuando morimos vamos al cielo, pero no un cielo cualquiera, sino al CIELO en el que está Jesús.Y en el que nos encontraremos con las personas que han muerto y viven felices allí con Jesús.

Creo en el perdón, el amor y la paz".

Amén.

N.B.:

No los engañemos, nuestros niñ@s, hij@s, se merecen vivir en la verdad, aunque la emoción pretenda desviarnos.


Un grito resucitado: "POR ELLOS"

16.04.18 | 11:05. Archivado en Iglesia, Lectura creyente

“Por ellos”, grito de resurrección

La asociación “por ellos”, creada en Extremadura hace casi diez años, es entrañable y con ellos he pasado momentos de profundidad únicos. Hace unos días estuve en un encuentro regional en Mérida, reflexionando sobre el silencio y el dolor, referido a la elaboración del duelo de los hijos. Al terminar mi exposición les pedí, como en otras ocasiones, que entabláramos conversación, deseaba que compartieran el eco que estas ideas provocaban en ellos, al punto comenzaron a darse en lo profundo de sus sentimientos con una transparencia que para mí es novedosa y resucitada, por su verdad y su profundidad.

Ellos quieren vida para nosotros

Un padre de Zorita me habla de corazón y me sobrepasa en una afirmación transcendente: “Pepe, cuando estabas hablando yo no te escuchaba a ti, estaba oyendo a mi hijo, a todos nuestros hijos animándonos a vivir lo que tu planteabas, a mirar la vida y escucharla con la atención, la conciencia y la fecundidad que la propia realidad tiene para nosotros, llamándonos a abrir nuestras ventanas y puertas vitales para no encerrarnos en nosotros mismos, en nuestra pena o dolor entregados a la esterilidad”.

Sólo se escucha desde el silencio

Otro señor de Pueblo Nuevo, junto a su esposa, afirma que en su duelo han conocido a la gente verdadera, a aquellos que se acercaban y no les hablaban, sino que se silenciaban y les escuchaban sin reparo y su querer darle respuestas. Ahora, ellos han conocido la pérdida del marido de su vecina y van allí, todas las tardes que pueden, sólo para escucharla y ven la cara de satisfacción de esta mujer. Sólo desde un silencio es acogida se hacer la verdadera escucha que sana.

El silencio y el dolor, lugares de amor

Una madre de Villanueva de la Serena, confirma que la muerte te hace sensible y viva a realidades que, antes se daban, pero no entraban dentro de ti. Pone como ejemplo a otra señora de su mismo pueblo, cómo cuando murió su hijo –estando ella en un duelo muy reciente por la muerte del suyo-, sin conocerla, se plantó en su casa simplemente para estar con ella y escucharla en el mismo dolor. Desde ella se incorporó a esta asociación y este camino de vida que están compartiendo a partir de la muerte. Se trata de una sensibilidad que conoce desde el sentimiento profundo, en el silencio y el dolor se gestionan las amistades y las relaciones más profunda.

Nada como el silencio compartido en el amor

Así lo confirma otro padre pacense, expresando que, en lo vivido con su hijo, recuerda como momentos esenciales y vitales aquellos que compartieron en medio de la naturaleza en silencio, buscando por ejemplo espárragos, alejándose uno del otros, volviéndose a encontrar, descansando juntos, volviendo a caminar y regresando serenos y alegres llevando a casa lo que cada uno había encontrado pero unidos en mismo manojo o maceta. El silencio vivido en la serenidad y en la paz… como aquellos abuelos, sentados en la puerta de la calle al atardecer, cada uno en su silla, ven irse el sol sin decirse nada, porque todo está dicho y el amor sigue vivo, vivo.

Cuando el dolor se transforma el amor, signo de curación

Otra madre se hace eco que cómo la meditación le está ayudando a entrar en la reconciliación con su dolor, que está notando como en su interior el dolor se está transformando en amor. Aunque hay algo que todavía se le resiste, siente mucha envidia y pena cuando ve a otros de su edad, en sus amigos o propios familiares, que disfrutan de sus nietos en el parque. No lo puede remediar, le queda todavía mucho en este camino de silenciarse y acogerse en el dolor.

Cuando el dolor se abre a la entrega

Un padre se une en este momento y confirma esa sentencia de que el duelo no está acabado hasta que comienzas a vivir acercándote a otros y dejándote afectar por su dolor, llevándole consuelo y vida, más allá de mirarte tu propio ombligo y tu propia pena. Cuenta la parábola que a él le abrió los ojos en esta asociación y que se la contó otro padre: Un señor le insistía a Dios que le permitiera ver a su hijo fallecido, aunque sólo fuera un minuto, para ver cómo estaba… insistía, insistía y Dios, por su pesadez, se lo concedió. Se abrió una ventana y comenzaron a aparecer jóvenes fallecidos, con paz y serenidad, todos portaban unas velas, pero unos las tenían encendidas y otros apagadas. Apareció su hijo, y lo vio bien, habló con él… pero vio que su hijo llevaba la vela apagada y le preguntó por qué él la llevaba apagada, el hijo le respondió: Papá, todos los días en la mañana la saco encendida, pero al poco rato, tú con tus lágrimas me la apagas. El coordina y se compromete en una asociación de Alcohólicos y ahí es donde más ha crecido como persona.

Lo más humano del dolor

Y termina una señora mayor que hace ya tiempo que murió su hijo confirmando que todos los que estamos aquí no tenemos dudas de que ahora somos mucho más humanos y sensibles de lo que éramos. Nuestros ojos están más abiertos, nuestros corazones más vivos, nuestra esperanza más comprometida, y nuestros lazos de relación muy sinceros y cariñosos.

Seguir amando y viviendo: Por ellos.

Acabamos con un ejemplo muy sencillo como el de la cinta en la empresa que si va muy ligera es imposible poder actuar en ella y hacer las cosas bien, para intervenir hay que levantar el acelerador, y así en la vida. Y sólo parando y haciéndonos conscientes, sin huir de nosotros mismos, de la realidad, de nuestros sentimientos y abriéndonos a la comunidad, podemos encontrarnos con nosotros mismos, con los demás, con la vida en general, y sólo así podremos reencontrarnos con nuestros hijos de un modo nuevo y verdadero más allá de la mentira de la vida, en la verdad que nos llena de sentido, aunque todavía cubiertos de dolor y de ausencia. Al comenzar la comida, Alejandro, nos recordó que faltaba el ritual principal: alzar la copa todos juntos y, en un solo grito, brindar con claridad y amor POR ELLOS.

Está claro que en Pascua no cabe otro grito que el de la vida y el amor, “por ellos”, hoy con sabor a resucitado.

José Moreno Losada


Cambio de tercio y últimos cuartos: Yo me confieso

09.04.18 | 13:29. Archivado en Lectura creyente

Descenso sereno y pausado…

Lo de cambiar de tercio me parece muy interesante porque es como reconocer etapas vividas y la que queda por vivir, Dios mediante. Han sido dos tercios interesantes y únicos para mí como se puede suponer, de esos que nos hacen únicos y originales en medio de un mundo marcado por lo cíclico de la naturaleza y la rutina de lo mundano, donde todo parece igual e inexcusable. Ahí en medio de esa realidad, he vivido la linealidad de mi persona y de mi historia junto a otros, en espiral pero con dirección, con punto de partida y horizonte de llegada. Ahora la mirada contemplativa, en el silencio de lo vivido, me hace adentrarme en mi historia como templo de la vida y de la verdad, de luz y de gracia, de gozo y sentimientos.

Tener la verdad y vivir en la mentira…

Por eso al llegar a este punto, necesito hacer discernimiento para encarar lo que he de vivir de aquí en adelante. Recuerdo que hace unos días estuve en el centro hermano, donde se alojan transeúntes, personas sin hogar, y al salir conversé con un señor, sexagenario también, que me contaba algo de su vida. Llevaba varios años deambulando, en la calle, de albergue en albergue, y quería parar ya, detenerse y recobrarse. Me decía que él había tenido una vida muy normalizada y buena, con su esposa, sus hijos, y que al fallecer la esposa se hizo cargo de todo y siguió adelante como pudo. Después murió otra hija, y al final cuando más o menos crecieron todos, se desorientó vitalmente y se había perdido totalmente, la conclusión con la que acababa su relato me dejó marcado: «yo, teniendo la verdad, he vivido en la mentira». Me gustaría a mí, al entrar en este tercio nuevo, gastarme mis últimos cuartos bien gastados, emplearlos en la verdad y no en la mentira. De alguna manera esa tentación es constante en lo humano, el tener o atisbar la verdad vitalmente y sin embargo mantenernos en la mentira existencialmente.

La verdad original: me han querido

Por eso quiero recoger alguna verdad fundamental de lo vivido para salir de la mentira y adentrarme más en la verdad de lo último y lo profundo en mi propia persona y vida. Así creo que el primer tercio de mi vida me mostró algo sencillo y fundamental, ahora que lo miro con más distancia: la fuerza se realiza en la debilidad, somos lo que otros nos aman y nos hacemos en la relación del verdadero afecto que nos hace únicos y distintos. Lo más grande no está a los ojos del mundo, ni de los que mandan o tienen el poder, sino de los que te hacen deshaciéndose: padres, abuelos, hermanos, tíos, vecinos, maestros, amigos, pueblo, parroquia… Y todo esto se hace en lo oculto y lo anónimo de los rincones del mundo: Granja de Torrehermosa, Badajoz, el Seminario, Cheles, Olivenza, San Jorge, Olivenza, Universidad… Ahí se hace tu nombre y tu persona en el encuentro con muchos nombres y con muchas personas. Por eso soy el que soy y tengo la riqueza interior que tengo.

La verdad adquirida: he querido querer

El segundo tercio me ha mostrado la grandeza de los proyectos en los que uno cree y por los que da la vida. No estamos en el mundo para escaparnos sino para encarnarnos desde lo que somos y lo que hacemos, sabiendo que, aunque se pierdan algunas batallas, no se termina la guerra, y aunque se ganen algunas, hay que tener cuidado de no perderse uno en lo que parece que ha ganado, porque la tensión de lo que queremos ser y vivir permanece en lo profundo, más allá del éxito. He vivido intensamente, en el pueblo y en la iglesia, he amado, he sufrido, he gozado, he luchado, he perdido, he ganado… y ahora el corazón lleno, lleno de nombres a los que puedo dar gracias y a los que, en muchos casos, he de pedirles perdón. En esta tensión es donde el absoluto se me ha ido desnudando y abriéndome a la verdad que tiene fuerza para sacarme de toda mentira y alumbrarme en el camino. Un absoluto que se me hace referente en Jesús de Nazaret.

Y ahora sólo quiero VIVIR en verdad…

Y ahora, ante el último tercio, cuando celebro agradecido, parece que tengo algunas luces, por lo vivido, algunas intuiciones vitales, pocas pero verdaderas, a ver si soy capaz de mantenerme en ellas: la victoria está en lo pequeño y lo gratuito; la riqueza viene por la donación; los otros son mi absoluto y mis hermanos; fuera los miedos; adelante los deseos más profundos; matrimonio con el silencio y la serenidad; fuera juicios, viva la compasión; desnudarse y desposeerse es el camino para la libertad y lo definitivo; es tiempo de júbilo y de gracia en lo pequeño y en lo diario. Ahora quiero, como me decía el otro día mi maestro de la escuela del pueblo que vino a confesar para encontrase en paz con Dios en su enfermedad, porque el cristianismo era para él una verdad de sentido, encontrarme también con ese Dios Padre y ponerlo en el lugar que le corresponde en mi vida. Me gustaría, volver como el hijo pródigo, para vivir esta etapa más unido a Él, gastarme los últimos cuartos en su generosidad, y poder decirle, con verdad de corazón, como en tu casa y contigo en ningún sitio. Si te dicen otra cosa Dios mío, te aseguro que hay que mucho de mentira, porque fuera del amor no hay vida. Y yo, teniendo la verdad, me gustaría no vivir este tercio en la mentira.


Aleluyas de lo diario -Gonzalo y su luz-

05.04.18 | 09:51. Archivado en Iglesia, Acción Católica, Juventud, Lectura creyente

Lo sorprendente en lo diario

En el tiempo pascual me sobrecoge la riqueza de la luz que nos sobrepasa y nos da la vida. El resucitado que vence la oscuridad y el miedo, viene por el camino de la luz y de la alegría, y lo hace desde lo pequeño, en lo diario, ahí se hace sorprendente. Yo quiero estar atento para que no se me escapen esos haces de luz de lo diario en los que me abraza y me alegra de un modo inesperado. Así fue ayer con Gonzalo y su luz, sacramento de resurrección.

Gonzalo me saluda

Estaba yo sentado en la mesa de la cafetería de la facultad, periódico del día en una mano y café en la otra, se acercan por detrás y me llaman la atención con cariño e ilusión: es Gonzalo. Resultado de imagen de gonzalo aexpainbaLo conozco de la Parroquia donde suele ir a la eucaristía con sus padres, un joven que se forma en AEXPAINBA – asociación de padres para la integración en Badajoz- y que ahora está haciendo, junto a otros compañeros de distintos lugares, un curso de formación muy interesante en la facultad de Educación. A la vez se prepara sus oposiciones para trabajos de la Junta que son reservados para personas con distintas capacidades, aunque últimamente estaba más preocupado con la prueba del MIR de su hermana.

Resurrección y luz en la cúpula

En el saludo le falta tiempo para decirme dónde ha estado esta semana santa y lo bien que se lo ha pasado: en Roma. Inmediatamente saca su móvil, se dirige con agilidad al Dropbox donde tiene cientos y cientos de fotos y se pone a compartirlas conmigo. Son fotos preciosas de su caminar por Roma, casi todas de detalles de luz y vida, de color y gracia, de grandeza y de pequeñez, de arte y de paisajes… no se le ha escapado nada. También me explica que en la capilla Sixtina estaba prohibido tomar fotos. Entre todas las fotografías destaca una que me seduce, es una cúpula con su vidriera traspasada por la luz del sol, una claridad que parece penetrar amando y curando la oscuridad con la gracia de la vida. Le felicito por todo y en especial por las fotografías y por esta que me en amora y le falta tiempo para enviármela y que sea también mía.

Me dejo traspasar por lo ordinario y lo sencillo de Gonzalo

Yo, me callo y silencio para acoger este momento, este haz de luz resucitada en su rostro, su sonrisa, su alegría, sus ganas de contármelo, compartirlo… y no puedo menos que acordarme de los apóstoles que tras ver a Jesús necesitaban contarlo, volver a la comunidad para que los demás se alegraran con su alegría. Me ha contagiado su vida y su luz, ha sido como el sol que entra por la ventana para dar vida y luz en el interior, como esa fotografía que él me muestra orgulloso.

Se ha dejado ver en favor de él

Me quedo pensando que muchos habrán estado en Roma estos días, él hablaba de muchedumbres en la plaza del vaticano, pero creo que su sentimiento y su forma de contarlo es único, y reflexiono cómo en la pascua habría muchos judíos y extranjeros por aquellos lugares de la tierra de Israel, pero sólo algunos tuvieron el gozo de sentir cómo el resucitado se hacía ver en favor de ellos, no hay duda que Gonzalo es uno de ellos en el hoy que estamos. Me alegro en lo profundo de la alegría que me ha transmitido Gonzalo y me quedo con ella – y su fotografía- como una señal sorprendente y sencilla del resucitado, a pie de calle, en el desayuno cotidiano y diario en la facultad. Gracias Señor por la luz de Gonzalo, por dejarte ver por él y poder yo contemplarlo radiante y luminoso, traspasado por la alegría de contarlo.

Y no sé por qué me siento invitado a escuchar esta canción que os propongo para interiorizar:


Iglesia: ¿En el templo o en Galilea?

03.04.18 | 12:31. Archivado en Iglesia, Papa Francisco, Acción Católica, Lectura creyente

Del templo a Galilea...

“No sabemos dónde lo han puesto…Él debía resucitar de entre los muertos”

La muerte ha sido vencida y la tumba ha quedado vacía, Jesús el Señor de la vida, no ha sido retenido por el sepulcro ni por la losa que lo cubría. Los que quieran encontrarlo en el pasado no lo verán, encontrarán un vacío, porque algo nuevo ha ocurrido y la historia ya sólo tiene un horizonte que es de vida y de luz, él ha resucitado y nosotros también resucitaremos.

Llamados a dejar los sepulcros y quitar nuestras losas:

La cuaresma –el camino de la vida- nos va descubriendo en nosotros y en nuestro mundo, en la vida real de cada día, todas las oscuridades de nuestra sociedad, así como nuestros límites y ataduras personales, ahí están nuestros sepulcros y nuestras vendas. Todo aquello que nos condiciona y obstaculiza nuestra libertad y la de nuestros hermanos, las que hacen sombras de muerte y nos enredan en tinieblas de tristeza y ansiedad.

Hoy la buena noticia del Evangelio nos habla de la victoria de Cristo sobre nuestra muerte, no está en el sepulcro, no está atado por las vendas, llevado hasta allí por el pecado y la ceguera de lo inhumano, ahora por el amor del Padre ha sido trasladado el Reino de la vida y de la luz. No se ha ido, no lo han robado, ha resucitado y está con nosotros de un modo nuevo, sin muerte ni ataduras. Ya nada ni nadie podrá pararlo ni impedir que su amor nos transforme y nos libere.

“Os sacaré de vuestros sepulcros”

Será Él, quien con la fuerza de su Espíritu, nos sacará de nuestros sepulcros y nos liberará de todas nuestras ataduras, para que seamos libres como Él es libre. Por eso hoy es día de alegría y de fiesta, nos llega la buena noticia de su resurrección y, en ella, la nuestra propia, estamos ganados para la libertad y la vida, ahora ya podemos ser hombres nuevos por la fuerza de su Espíritu. La misión es sencilla, sólo nos toca buscarlo de corazón allí donde él quiere dejarse ver a favor nuestro. Nos da indicaciones precisas: “No busquéis entre los muertos al que vive” e “id a Galilea”, allí se “dejará ver a favor nuestro”. No está porque Él debía resucitar de entre los muertos.

No busquéis entre los muertos

El Cristo resucitado no nos llama a compromiso en primer lugar, sino más bien a liberarnos de todo aquello que no da vida, que nos sumerge en un mundo irreal y falso, aunque pueda aparecer revestido de religiosidad y seguridad. Salir de:

Una Iglesia encerrada sobre sí misma, autorreferenciada, que se agota en su propio ser y no se abre a los hermanos.
Un culto separado de la vida, donde los ritos ahogan los signos verdaderos y el calor de la vida trascendente.
Una moral de mandatos que condenan, que no salvan a los que los exigen y no liberan a los que los cumplen, condenando a los pobres y los sencillos.
Una desconexión de la esperanza en la vida eterna de la vida real y diaria propia y de los demás, que impide la tensión verdadera del amor y la comunión entre todos por la construcción de un mundo mejor.
Una educación y transmisión de la vida, a nuestros niños y jóvenes, centrada en el éxito, el poder, tener, y el individualismo, frente a la corriente del amor que se hace en la entrega y el riesgo del sentido a favor de los otros.
Una visión pesimista y condenatoria de la realidad social, política, económica, religiosa, que fuera del amor, la considera sin esperanza ni posibilidades

Cristo nos llama, será nuestra fuerza, para salir de esos sepulcros y esas vendas porque no nos dan la verdadera vida, porque nos agotan y no nos plenifican. El será nuestra fuerza porque ha vencido ese tipo de mundo con su amor y su fidelidad al Padre. Por eso nos invita a volver por nuestros caminos a vivir la realidad en otras claves de luz y de esperanza.

Id a Galilea:

A comunidades de vida fraterna – Parroquias, movimientos, comunidades de vida, grupos, voluntariados-, donde nos cuidemos, acompañemos con ternura y afecto, y todos nos hagamos cargo de la realidad comunitaria, abriéndonos a los que más nos necesitan y los que son los primeros destinatarios de la buena noticia del Evangelio por su sufrir y ser pobres.
A celebraciones familiares, cargadas de vida y se sentimientos de la vida ordinaria de la comunidad, en las que la Palabra de Vida nos llene de significado nuestra propia existencia y lo que vamos viviendo en lo diario de nuestros pueblos, calles, trabajos, relaciones…que nos animen a un compromiso de transformación y esperanza.
A los verdaderos sentimientos de las bienaventuranzas –moral de vida e ilusión-, sabiendo descubrir cómo en nuestras casas, en las familias, en la calle, en nuestros trabajos, todos los días hay personas que son bienaventurados y trabajan porque los otros sientan su cuidado, su entrega, su cariño, para que sean más felices.
A la implicación por favorecer la justicia y la igualdad en nuestra tierra, como signo real y eficaz del Reino de los cielos que Jesús ha prometido, y al que sabemos que llegamos sembrándolo en la tierra de cada día.
En los portadores de optimismo y buena noticias para el mundo, desde una educación en los valores del amor y la fraternidad universal para nuestros niños y jóvenes, sabiendo que es posible avanzar hacia la plenitud por los caminos propios de la levadura insignificante y del grano de mostaza pequeño.

“Se dejará ver a favor nuestro”

No hay duda de que si volvemos por nuestros caminos de la vida conducidos por el Espíritu, en la comunidad de los seguidores de Jesús, el se dejará ver y lo tendremos vivo en nuestro interior, será nuestra fuerza y viviremos como hombres nuevos, seres del resucitado que viven en libertad y caminan sin miedo en la entrega porque saben que el que esté dispuesto a entregarse, en su nombre, ganará la Vida. Sólo entonces comprenderemos su mensaje y los que nos ha dicho: “Estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo”


Homilía en la vigilia pascual

01.04.18 | 22:13. Archivado en Iglesia

LUZ, PALABRA, AGUA, PAN

Vivimos en esta noche santa la victoria de la vida sobre la muerte, celebramos el encuentro glorioso del hijo crucificado con el Padre de la gloria en la vida eterna abierta por la resurrección por la fuerza del Espíritu. En la vigilia celebramos y vivimos el paso definitivo –no hay vuelta atrás- , la frontera de la oscuridad, del silencio sin sentido, de desierto y la sed, del hambre de la vida ha sido transformada en la gloria de la Luz, de la Palabra, del Agua viva, del Pan del amor eterno. Ellos son los cuatro elementos fundamentales de nuestra celebración.

Que exista la Luz:

El mundo que habitaba en tinieblas, la humanidad que cerraba los ojos a la realidad, tocada de la ceguera de la injusticia (confusión, desigualdad, violencia, hambre, división...) La que se mostraba indiferente ante los acontecimientos y los sufrimientos de los hermanos, que no analizaba las causas y las consecuencias de lo que vivían y ocurría en el vivir diario, ahora ha entrado en otra luz. Ahora los ciegos ven, porque Jesús de Nazaret, el crucificado resucitado ha sido respaldado por el Padre en el Espíritu, porque Dios no quiere la muerte, es el creador de la vida. Los bautizados en Cristo tienen una mirada nueva la que se aprende en el corazón de la compasión y de la misericordia. Aprendamos a mirar la realidad con los ojos de Cristo, con sus sentimientos, dejemos que la vida nos hable y que Dios nos salve en la realidad de lo diario. Agradezcamos la vida que es un don gratuito del Padre.

He oído el grito de mi pueblo:

Cuando existe el dolor no hay mayor desgracia que no poder decirlo y no ser escuchado por nadie. El silencio del dolor, de la muerte, de la desgracia, del fracaso, de los límites, en la soledad total se hace infierno… Dios, en la resurrección del crucificado, ha roto con ese silencio, ha escuchado el grito de su pueblo, de la humanidad y ha lanzado la promesa de la esperanza frente al miedo y la soledad, ya nadie estará solo, no habrá sordera ni mudez, la Palabra del Padre por el Espíritu, entrará en los corazones para llevar una palabra de aliento y de ánimo. El resucitado estará todos los días con nosotros, con los sufrientes de la historia, pensemos y abramos nuestro oído y nuestro corazón a los que sufren hoy. Ahí se revelará el verdadero rostro de Dios, del crucifado que los resucitará, y en los que sufren nos abrazará para siempre: “Venid, vosotros benditos de mi padre porque…” Esta es la noche en que se ha quebrantado la indiferencia y han renacido los que se dejan afectar por el grito de lo humano. Seamos compasivos.

Oíd sedientos todos, acudid por agua:

Una humanidad sedienta: rotos por el ritmo de vida, por los objetivos marcados, por las superficialidades de la existencia, sentimos una sed inagotable y no encontramos la fuente de la vida. Las personas no se sienten felices, consumimos fármacos para nuestra tristeza y nuestra infelicidad. Nuestro mundo se diagnostica de enfermedad del sin-sentido, de la ansiedad agotadora. Lo tenemos todo pero no somos nada. La noche de resurrección abre la fuente del agua de la vida, Cristo quiere darnos su Espíritu, derramar sobre nosotros un agua pura que nos purificará de todo lo que nos ata y nos aprisiona, para respirar en la libertad de los que han encontrado un sentido de la vida en la generosidad y en la entrega, la que nos hace salir de la muerte de la seguridad y de la autorreferencia. De nuestro interior saltará la fuente del agua de la vida eterna, si incorporados –bautizados- a Cristo dejamos que su Espíritu guíe nuestra vida en lo diario, notaremos que donde hoy hay miedo y sequía, nacerá el vergel de la comunión y la valentía de la alegría profunda. Señor dame de tu agua.

Id a Galilea, allí lo veréis y comeréis con El:

El pan sin comunidad se hace duro como la piedra, no hay quien lo coma, solo sirve para tirarlo, es el pan que se come pero no da la vida, sino la muerte, como el que comieron nuestros padres en el desierto. El mundo muere de hambre no por falta de pan, sino por no saber partirlo en comunidad. El resucitado es el crucificado que ha partido el pan en la mesa para hacer una comunidad que llega hasta la vida eterna. En esa mesa, junto a los apóstoles, estamos sentados nosotros y nos alimenta, ya resucitado, para que sepamos construir una mesa redonda como el mundo, un lenguaje nuevo, una esperanza universal. Esta es la noche en la que el Pan se ha hecho de vida eterna y el que lo coma no tendrá hambre jamás y será alimento para todos sus hermanos en la entrega comprometida por la fraternidad verdadera. En este pan que comulgamos está Cristo Resucitado, el que nos promete la vida eterna y nos envía a la misión de llevar la alegría –Aleluya- a todos los hombres de la tierra, que desea que la buena noticia –Evangelio- se anuncie a todos los pobres.

Aleluya

Nuestra noche, se ha vestido de luz, la palabra nos ha llegado al corazón, nos hemos sentido renovados en el agua del Espíritu que colma nuestra sed de plenitud, y vamos a comer al Crucificado que ha resucitado y se deja ver en favor nuestro para que nadie nos pueda quitar la alegría de la resurrección, nuestro aleluya. Cristo ha resucitado y nosotros estamos alegres, muy alegres, porque tenemos la Vida. Y nos queremos esconderla ni guardarla porque es de toda la humanidad, somos hermanos. Vayamos a Galilea y lo veremos, allí nos espera.


"Remover entrañas..." - Día de San José-

19.03.18 | 13:50. Archivado en Iglesia, Acción Católica, Lectura creyente

“Removerse por dentro… la figura de José

Hoy festividad de S. José, me regodeo en la figura de mi patrono y dejo que entren dentro de mí hechos de vida que me ayuden a festejarlo con profundidad. Lo hago con el marco de la paternidad también celebrada al hilo de su persona en la relación con Jesús, de quien fue padre putativo –de ahí lo de PePe-. Esa figura evangélica que sobresale por no sobresalir, por actuar en lo callado, buscando facilitar las cosas haciéndolas lo más amables posible para los otros, evitando el sufriry facilitando lo agradable de una relación sincera y entregada sin pedir nada a cambio. Me viene a mi interior anécdotas de ayer mismo que se mueven dentro de mí pidiendo reflexión y contemplación orante y creyente.

El grano de trigo y la casa de Gloria

Ayer el evangelio nos proponía reflexionar sobre Jesús ante su muerte, la forma de entender su vida y abrirse al riesgo sintiendo peligrar su vida por aquellos que no le aceptaban y no querían saber de su reino de amor y de paz. Tan sencillo como siempre Jesús hablaba del vivir y del morir con la parábola del grano de trigo, esa observación tan profunda y tan natural. Si el grano no cae en tierra y muere no da fruto, pero si se entierra y muere da mucho fruto, y la aseveración radical y real de que el que quiera guardar su vida la perderá y el que esté dispuesto a entregarla la ganará para siempre. Un lenguaje entrañable más que lógico y amoroso más que comercial.

Y al hilo de este evangelio y de la homilía que había de pronunciar me abrí a lo que el día me propiciaba. Ir más temprano a la parroquia porque el maratón-video- podía después jugarme malas pasadas con los recortes de circulación, café en hospital Clideba que era lo que estaba abierto por mi zona, encuentro con jóvenes que van a celebrar su matrimonio en junio y vamos a preparar su celebración con cuidado y mimo para que sea desde la vida, y camino a la residencia de mayores a celebrar la Eucaristía. La imagen puede contener: 1 persona, sonriendo, gafas e interiorAllí antes de comenzar, me saluda con cariño Gloria –sacristana de lujo- que agradece a Dios profundamente sus noventa y dos años, me cuenta que la vida es lo de cada día, que ella no vive del recuerdo de su casa como muchos, que no la olvida pero no tiene pena, porque la vida no es la casa, sino tu persona y tienes que buscar lo que a la persona más le conviene. Ahora su casa es la residencia y da gracias a Dios por todo lo que en ella le facilita la vida y se la conserva con tanto cuidado. Este detalle me sirve para iniciar la homilía en la parroquia, me sirve como punto de partida: dejar la casa para tener más vida y poder darla.

Una homilía del vivir y del morir

En la homilía hago referencia al guardar la casa o entregarla, vivir de una manera o de otra, facilitar y servir. La propuesta de Jesús es sembrar cada día con fecundidad, hacer lo que hacemos pero con consciencia, porque lo importante no es lo que hacemos sino cómo lo hacemos, desde qué amor y qué filosofía, así vivimos y vamos aprendiendo a morir esperanzados. Aludo a experiencias de vida de la propia parroquia en la que vemos personas que saben vivir y morir al mismo tiempo, que dan la vida en lo cotidiano: acogida de los mayores cuando son dependientes, madre con sus tres hijas, padres de los usuarios de Aspaceba y Apnaba, profesionales dedicados con alma y vida a sus labores, personas que piensan en los demás y tratan de facilitar al máximo la vida de los que les rodean, ricos en relaciones entrañables y sinceras, transparentes y cálidos, serenos y amables, profundos y silenciosos… granos de trigo que se entierran, se pudren y dan fruto en abundancia para que otros coman el pan de la vida.

El eco: un grano de trigo… parábola viviente

Tras la eucaristía, aun sin desvestirme de las ropas litúrgicas, un señor quiere hablar conmigo aunque sea un minuto, entramos en el despacho y allí en el silencio escucho el eco del evangelio como no podría imaginarme. Las palabras que he dicho, le han removido por dentro y no puede marcharse sin compartir su oración. Su historia familiar le hace evidente la parábola evangélica, su padre es ese grano de trigo que silenciosamente, cae en tierra, muere y da fruto. Nunca pensó en él mismo, fue el nudo de toda su familia, con hermanos y primos, su esposa enfermiza fue siempre cuidada por él. El hijo, siendo único, a los 20 años ya estaba fuera por motivos profesionales y tardó en volver más de 20 años. Cuando se hicieron mayores y notaron debilidades, organizó todo para estar en una residencia y no ser carga para el hijo, dada la enfermedad de la madre. Los dos fueron ingresados en el hospital al mismo tiempo, agravados en su enfermedad, y recuerda perfectamente cómo el padre pidió ir a la habitación de la madre, allí la besó y se despidió de ella, diciendo que eran la última vez que se veían, en la vuelta a su cama le dijo a su hijo que no se preocupara, ya nos vamos, estate tranquilo. A los dos días falleció él, dos días después su esposa. Nunca podrá olvidarlo.

Continuar la parábola y el sentido, morir para vivir

Ahora le toca, vivirlo a él, tiene que acompañar a su esposa en una enfermedad depresiva que lleva ya más de cuatro años, ahora tiene que ser él el grano de trigo, facilitar, enterrarse, alegrar, acompañar, animar, sostener, sufrir, pasear, esperar, confiar, ser referente para sus hijos que a veces no tienen la misma mirada, como él no la tenía hace muchos años. No puede no hacerlo, siente la necesidad de perpetuar el sacramento de su padre, él es fruto de esa entrega paterna y quiere ser así como su padre, alguien entregado en vida, que piensa más en los demás que en sí mismo y que le da sentido a su vivir diario entregándose de corazón, con entrañas, con las mismas que hoy se le han removido al escuchar el evangelio y recordar vivamente las entrañas de su padre querido.

Feliz día del padre a todos. Y sigo con mi cantinela: “lo que dice el evangelio no es verdad porque lo diga el evangelio, sino que el evangelio lo dice porque es la verdad en la vida”. Y nunca olvidaré a mi padre partiendo el pan en la mesa a trozos para nosotros, como si fuera su vida, y cogiendo siempre él el ultimo.


Martes, 18 de septiembre

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