Cree en la Universidad

Conciencia, consciencia, en el presente

02.12.18 | 21:10. Archivado en Iglesia, Acción Católica, Lectura creyente

(Revisando y profundizando nuestros proyectos de vida)

Un año más nos hemos adentrado juntos en un quehacer que puede parecer extraño al mundo, y quizá también en más de un ámbito eclesial, el grupo de revisión de vida de profesionales cristianos de acción católica hemos revisado nuestros proyectos personales de vida y acción. Hemos empleado un fin de semana para trabajar en común nuestras vidas en aquellos aspectos que consideramos fundamentales en orden a proyectar y vivir nuestra propia existencia haciéndonos cargo de nuestra historia, encargándonos de nuestra persona, profesión, familia, ciudadanía, vida de fe… buscando la profundidad y la riqueza de lo integral.

Hemos estado en Betania, unas dependencias que las hermanas clarisas tienen en la dehesilla de calamón y que ofrecen con generosidad a personas que quieran hacer silencio y profundizar en sus vidas. Para nosotros ha sido un lugar de paz, comunión y vida fraterna. No solo nos reunimos para realizar una actividad sino para adentrarnos como comunidad de fe en lo que realmente nos importa a cada uno y a todos en conjunto, la vida.
Normalmente llevamos nuestra reflexión elaborada. Miramos nuestros objetivos y proyectos de años anteriores, nos ponemos en situación y analizamos nuestro presente. Pasos dados y cuestiones que hoy son retos y exigen discernimiento personal y compartido. Yo mismo abrí mis cuestiones para dar comienzo al encuentro, tras una oración agradecida en la que tomamos conciencia de la presencia de Dios, en quien creemos y confiamos. En nuestro grupo se encuentran profesionales de distintas ramas: empresario, docentes de universidad, instituto, educación infantil, ingeniero informático, médico, gerente de empresa, y yo sacerdote. Cinco casados y dos con hijos. Todos con menos de cuarenta, excepto yo que ando ya por el último tercio vital. Allí vamos desgranando nuestras reflexiones sobre las dimensiones fundamentales de nuestras vidas y lo fundamental que en este momento nos estamos planteando existencialmente.

Este año si tuviera que destacar palabras claves que han estado presentes y nos han calado de unos para otros serían las de conciencia, consciencia y presente. Conciencia en el sentido de seguir ahondando en nuestras vidas y en nuestras experiencias diarias vitales, familiares, profesionales, sociales en orden a descubrir lo bueno, lo verdadero, lo noble, aquello que de verdad nos llena y nos dignifica, tanto hacia nosotros mismos como en la relación con los otros. Pero para ello aparecía como necesidad fundante de nuestra personalidad, la conquista de vivir en la consciencia de lo que somos y hacemos. Asumir el protagonismo de nuestra vida y de nuestras acciones desde lo profundo, sabiendo entrar dentro de nosotros mismos antes de realizar la vida de cada día y sabiendo gustarla y elaborarla después de haberlo realizado. Ese difícil ejercicio de saber silenciarnos, o lo que es lo mismo, de estar en cada momento haciendo lo que estamos haciendo con toda nuestra persona, centrados de verdad y unificados para que lo que hacemos sea desde lo profundo, con verdadera consciencia. Y a esta clave se unía el deseo de saber vivir el presente, de no entregarlo a un pasado añorado o culpable, y de no hipotecarlo con un miedo adelantado de futuro, por lo que vaya a suceder. No, queremos un presente que sea capaz de agradecer o sanar el pasado, pero sin atarse a él, y que fecunde un futuro equilibrado, que avance sin miedo en creatividad y autenticidad. Un presente real y satisfactorio, donde nuestro yo avance en la construcción de una identidad querida y nunca acabada, abierta y entregada. Una personalidad que sienta y viva todo lo que le acontece, salud y enfermedad, alegría y tristeza, éxito y fracaso, soledad y compañía… y que de todo sepa aprender y ganar, con la disposición de riesgo y pérdida que lleva ensayar nuestra historia, sabiendo que es definitivo y único lo que parece puro ensayo.

Desde ahí aparecían aspiraciones de vida y gracia:

-El sacerdote deseaba más amor al evangelio y a Cristo para ser mejor servidor.
-El médico, tras su reciente oposición, se encamina a seguir haciendo de sus pacientes verdaderos protagonistas de su vida y de su salud, incluso de sus tratamientos, porque todos tenemos poder de sanar y de sanarnos. Le llama tratar a sus pacientes con los mismos sentimientos de Cristo.
-El ingeniero quiere arriesgar para salir de la comodidad de una rutina que da seguridad, pero estanca, para abrirse horizontes de creatividad, cuidando las relaciones ya adquiridas que no son de usar y tirar.
- A Los profesores de universidad no les llena ya cualquier investigación por muy de altura que sea, desean una investigación aplicada que tenga que ver con lo humano y lo ético, con lo que más necesita nuestra sociedad.
- La maestra le inquieta tener un espíritu vivo y profundo para encender la llama en los pequeños y seguir avanzando desde su identidad de compromiso con los más pobres.
- Los de empresa han de discernir si lo que hacen es entrega o adicción, la empresa puede vivirte toda la vida, pero las personas han de cuidar de no dar toda la vida a la empresa. No es fácil buscar el equilibrio y hallar la frontera en una juventud apasionada y apasionante cuando se abre todo un mundo de expectativas y posibilidades.
- La profesora de secundaria quiere seguir siendo un referente para sus alumnos en el cuidado de la persona y en sus razones de fe y sentido de vida. Pero tendrá que aprender a decir no, porque cada día tiene su afán y cada etapa sus prioridades y ahora está el pequeño que no sólo necesita pecho sino atención y cuidado…
Así se van desgranando realidades, momentos, deseos, expectativas, objetivos, herramientas… y en el fondo de todo LA VIDA. Pero en la gracia de ser conscientes, de querer vivir en conciencia y de tomar el presente como una ofrenda para ser y darnos, arriesgando en las personas que realmente queremos ser. Para ser nosotros los que vivamos realmente nuestras vidas y nuestras muertes, como lo hizo Jesús de Nazaret.


Proyectos de vida.José Moreno Losada


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