Cree en la Universidad

Cambio de tercio y últimos cuartos: Yo me confieso

09.04.18 | 13:29. Archivado en Lectura creyente

Descenso sereno y pausado…

Lo de cambiar de tercio me parece muy interesante porque es como reconocer etapas vividas y la que queda por vivir, Dios mediante. Han sido dos tercios interesantes y únicos para mí como se puede suponer, de esos que nos hacen únicos y originales en medio de un mundo marcado por lo cíclico de la naturaleza y la rutina de lo mundano, donde todo parece igual e inexcusable. Ahí en medio de esa realidad, he vivido la linealidad de mi persona y de mi historia junto a otros, en espiral pero con dirección, con punto de partida y horizonte de llegada. Ahora la mirada contemplativa, en el silencio de lo vivido, me hace adentrarme en mi historia como templo de la vida y de la verdad, de luz y de gracia, de gozo y sentimientos.

Tener la verdad y vivir en la mentira…

Por eso al llegar a este punto, necesito hacer discernimiento para encarar lo que he de vivir de aquí en adelante. Recuerdo que hace unos días estuve en el centro hermano, donde se alojan transeúntes, personas sin hogar, y al salir conversé con un señor, sexagenario también, que me contaba algo de su vida. Llevaba varios años deambulando, en la calle, de albergue en albergue, y quería parar ya, detenerse y recobrarse. Me decía que él había tenido una vida muy normalizada y buena, con su esposa, sus hijos, y que al fallecer la esposa se hizo cargo de todo y siguió adelante como pudo. Después murió otra hija, y al final cuando más o menos crecieron todos, se desorientó vitalmente y se había perdido totalmente, la conclusión con la que acababa su relato me dejó marcado: «yo, teniendo la verdad, he vivido en la mentira». Me gustaría a mí, al entrar en este tercio nuevo, gastarme mis últimos cuartos bien gastados, emplearlos en la verdad y no en la mentira. De alguna manera esa tentación es constante en lo humano, el tener o atisbar la verdad vitalmente y sin embargo mantenernos en la mentira existencialmente.

La verdad original: me han querido

Por eso quiero recoger alguna verdad fundamental de lo vivido para salir de la mentira y adentrarme más en la verdad de lo último y lo profundo en mi propia persona y vida. Así creo que el primer tercio de mi vida me mostró algo sencillo y fundamental, ahora que lo miro con más distancia: la fuerza se realiza en la debilidad, somos lo que otros nos aman y nos hacemos en la relación del verdadero afecto que nos hace únicos y distintos. Lo más grande no está a los ojos del mundo, ni de los que mandan o tienen el poder, sino de los que te hacen deshaciéndose: padres, abuelos, hermanos, tíos, vecinos, maestros, amigos, pueblo, parroquia… Y todo esto se hace en lo oculto y lo anónimo de los rincones del mundo: Granja de Torrehermosa, Badajoz, el Seminario, Cheles, Olivenza, San Jorge, Olivenza, Universidad… Ahí se hace tu nombre y tu persona en el encuentro con muchos nombres y con muchas personas. Por eso soy el que soy y tengo la riqueza interior que tengo.

La verdad adquirida: he querido querer

El segundo tercio me ha mostrado la grandeza de los proyectos en los que uno cree y por los que da la vida. No estamos en el mundo para escaparnos sino para encarnarnos desde lo que somos y lo que hacemos, sabiendo que, aunque se pierdan algunas batallas, no se termina la guerra, y aunque se ganen algunas, hay que tener cuidado de no perderse uno en lo que parece que ha ganado, porque la tensión de lo que queremos ser y vivir permanece en lo profundo, más allá del éxito. He vivido intensamente, en el pueblo y en la iglesia, he amado, he sufrido, he gozado, he luchado, he perdido, he ganado… y ahora el corazón lleno, lleno de nombres a los que puedo dar gracias y a los que, en muchos casos, he de pedirles perdón. En esta tensión es donde el absoluto se me ha ido desnudando y abriéndome a la verdad que tiene fuerza para sacarme de toda mentira y alumbrarme en el camino. Un absoluto que se me hace referente en Jesús de Nazaret.

Y ahora sólo quiero VIVIR en verdad…

Y ahora, ante el último tercio, cuando celebro agradecido, parece que tengo algunas luces, por lo vivido, algunas intuiciones vitales, pocas pero verdaderas, a ver si soy capaz de mantenerme en ellas: la victoria está en lo pequeño y lo gratuito; la riqueza viene por la donación; los otros son mi absoluto y mis hermanos; fuera los miedos; adelante los deseos más profundos; matrimonio con el silencio y la serenidad; fuera juicios, viva la compasión; desnudarse y desposeerse es el camino para la libertad y lo definitivo; es tiempo de júbilo y de gracia en lo pequeño y en lo diario. Ahora quiero, como me decía el otro día mi maestro de la escuela del pueblo que vino a confesar para encontrase en paz con Dios en su enfermedad, porque el cristianismo era para él una verdad de sentido, encontrarme también con ese Dios Padre y ponerlo en el lugar que le corresponde en mi vida. Me gustaría, volver como el hijo pródigo, para vivir esta etapa más unido a Él, gastarme los últimos cuartos en su generosidad, y poder decirle, con verdad de corazón, como en tu casa y contigo en ningún sitio. Si te dicen otra cosa Dios mío, te aseguro que hay que mucho de mentira, porque fuera del amor no hay vida. Y yo, teniendo la verdad, me gustaría no vivir este tercio en la mentira.


Miércoles, 14 de noviembre

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