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El Dios del silencio: Palabra y escucha.

05.03.18 | 11:23. Archivado en Iglesia, Acción Católica, Lectura creyente

LA PALABRA DADA Y LA ESCUCHA DIVINA:

Dios ha creado por amor y para el amor, por desbordamiento de su corazón y su ternura. Su palabra es fecunda y entregada, es palabra dada a favor de otros como promesa y felicidad (Gn 1). Y una vez dicha su palabra y creada, se pone a la escucha de la humanidad y sus necesidades, en medio de la naturaleza, como un servidor en silencio, dándonos todo el protagonismo. Por eso busca a Adán y Eva en el jardín cuando los ve perdidos (Gn 3), por eso escucha el grito y el dolor del pueblo en Egipto (EX 3), por eso habla con sus profetas y los envía al pueblo, por eso siempre está atento a la oración del hombre, especialmente del pobre y el herido en el camino de la historia. Y por eso se silencia en la humanidad de Cristo (Flp 2, 5-11) para compartir todo con la humanidad menos el pecado y recibir todo lo que le duele, le cansa, le agobia, le destruye, tomándolo como propio en su hijo: “Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados y yo os aliviaré” (Mt 11,28). Por eso Jesús nos ha enseñado a orar como él: “Padre nuestro…” (Lc 11,1-6), a construir nuestra dimensión orante en silencio contemplativo.

EL SILENCIO Y LA INTERIORIDAD DE CRISTO: LA VERDADERA PALABRA Y LA ORACIÓN

Jesús, el hombre fiel al padre y a la humanidad, se hace reflejo de ese Dios profundo, sencillo y silencioso, y nos muestra los caminos por los que se conquista la verdadera interioridad, dándole el protagonismo al Padre de la vida y del amor. Los caminos por los que se encuentra el tesoro escondido, la perla preciosa, el ciento por uno, la alegría del cielo, la vida eterna… Contemplemos como Jesús se ha abierto al Padre y cómo nos invita a abrirnos hoy nosotros a su Espíritu para que nos podamos sentir amados y afortunados con Él, para que nosotros también podamos poseer el tesoro. Descubramos como él vivió estos caminos. El camino de la intimidad y el fundamento en el corazón del Padre pasa por el silencio de su oración, Cristo hombre orante es nuestro referente cuaresmal invitándonos a orar con El:

Dejarse hacer...

Jesús se ha abierto al a voluntad del Padre y lo ha escuchado en el silencio profundo de su propio ser y, desde ahí, ha construido su identidad y su personalidad, el Padre lo ha hecho auténtico en su interior. La oración para Cristo es un dejarse hacer por la voluntad del Padre y para eso ha de silenciarse, entrar en su interior más profundo, en medio del mundo, ante la vida y ante él mismo, para encontrarse con el absoluto que es la verdad y la vida. Él es un hombre de verdadera oración en la que le da el protagonismo al Padre para poder logar a su verdadera autonomía personal (Mt 26,39). La cuaresma quiere que nos adentremos en la dimensión orante de Jesús, que purifiquemos nuestra oración para que nos haga más libres y más auténticos, para que abriéndonos al Espíritu nos invadan los sentimientos de Cristo y la voluntad del Padre para nosotros y para el mundo. La oración necesita de nuestro silencio: externo e interno. Sólo desde el silencio bien construido nos abriremos a escuchar al Padre y nos adentraremos en la vida, en la propia y en la de los demás, en la naturaleza y la historia, por el camino de su voluntad y sus sentimientos más profundos, desde las entrañas de lo verdaderamente humano y divino (Mt 26, 38-41).


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