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Dios y su ayuno

02.03.18 | 13:15. Archivado en Iglesia, Lectura creyente

Ayunando de la gloria…

Dios no ha conducido la historia por la vía del poder y la gloria a la luz de los hombres. Ha silenciado ese poder, se ha puesto en pie junto al pueblo en el desierto para ir con ellos a conquistar su libertad, ha entrado en todas sus necesidades y dolencias, en sus fracasos y pérdidas. Ha ayunado de su gloria para que la humanidad encontrara la verdad y la vida, ha ayunado de su poder para atraernos con lazos de ternura y cariño.

Despojándose de su rango y categoría…

Y, por último, “ha ayunado de su categoría de Dios, se ha despojado de su rango, para hacerse uno de tantos en Jesucristo, llegando incluso a la muerte y una muerte de cruz”(Flp 2,6-11). Ha ayunado de sí mismo para hacerse comida de nuestra mesa y llevarnos de la muerte a la vida. Su ayuno nos ha dado el pan de la vida eterna. Por eso nos invita al ayuno de su Hijo: “el que quiera ser el primero que sea el último, el que quiera ser el jefe que sea el servidor de todos. Ayuno del éxito y el ruido mundano para llenarnos de su gracia y su luz.

El ayuno de Cristo

Cristo ha ayunado de su propia voluntad, de su propio proyecto: “no he venido a hacer mi voluntad, sino la de Aquél que me ha enviado” (Jn 6,38). Se ha abierto al proyecto del Padre y lo ha ido descubriendo el avatar de la vida, ha dejado que la vida le hable y que ahí se le revele lo que ha de hacer y comer cada día, y con quien ha de hacerlo, con quien comer (Lc 4,16). Y lo ha hecho desde la confianza de que el Padre no defrauda, aunque a veces no entendamos sus caminos. Por eso no ha caído en ideología, ni en fuerzas, ni amarguras, ha pensado, sentido y actuado, dejando que Dios le alimente sus entrañas y sus sentimientos. Para eso ha entregado un modo de ser y ha aceptado que el poder, la gloria y la riqueza están en el Padre y que teniéndolo a él se tiene todo, que de nada sirve ganar el mundo entero si pierdes la “Vida”(Mc 8,36), la que Dios da, el amor. Jesús ha ayunado de todo lo que se le ofrecía por la vía de lo fácil, de lo seguro, de lo planificado, de lo bien visto… si entregaba su autenticidad, su compromiso, su verdad recibida. Ayunó porque tenía claro que el que quiera ganar, lograr el éxito por los caminos que marca el mundo, el ruido, ése se pierde, pero el que está dispuesto a perder para ser realmente entrañable gana la vida (Mt 4,1-11).

Silencio, anonimato y ayuno

Pero para esto hace falta el silencio de la verdad, el discernimiento, el conocimiento de uno mismo, la aceptación, el reconocimiento de las debilidades y las sombras que nos habitan. El silencio que nos quita el miedo de nosotros mismos y nos hace firmes ante los demás. Ayunar para poner nuestra vida y nuestros proyectos en el corazón del Padre, fiándonos de su hijo y apostando por seguirle en su ideal de fraternidad y entrega, frente a la seguridad, el éxito…


Lunes, 25 de junio

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