Cree en la Universidad

Lo que Dios ha unido...

19.10.17 | 09:50. Archivado en Iglesia, Lectura creyente

La realidad sacramental del amor

Hoy somos asamblea y comunidad

Ayer no había relación entre muchos de nosotros, nunca nos habíamos visto, ni hablado, y sin embargo hoy formamos una comunidad, una asamblea celebrativa, estamos reunidos por un mismo motivo y la misma razón: la celebración del misterio del amor entre los nuevos esposos. No deja de ser mistérico una comunidad que celebra y se une en torno a la invitación de dos personas que dicen amarse y que están dispuestos a comprometerse en una alianza de vida y de comunión para siempre, abiertos a la vida y a la fecundidad con ilusión y con esperanza. Reconocemos la fuerza que tiene el amor y la amistad que congrega a personas tan distintas y tan distantes, para celebrar juntos la vida, lo que tiene un matrimonio de humano y de divino.

Y lo hacemos en el ámbito de lo divino y de lo sagrado, con Dios por testigo, porque los contrayentes creen en el creador y en el Dios de la vida que fundamenta y realiza lo que él mismo es, porque Dios para nosotros los cristianos no es otra cosa sino amor. O sea, que estamos celebrando un sacramento, una señal de Dios en medio de los hombres que se nos ha dado y revelado en la estas personas concretas que son estos hermanos nuestros. Hasta ahora nuestra vinculación era con uno de ellos, ya fuera como familia, como amigos, compañeros de trabajo, vecinos, pero a partir de ahora por su invitación nuestra relación en cada uno de ellos se amplía y pasaremos a considerarlos nuestros en su relación de pareja, de matrimonio y de familia. Para eso nos han invitado y nos han congregado a todos. Y reconocemos que el buen Dios ha estado de fondo de sus vidas y presente en su encuentro para la relación de pareja y de matrimonio. Somos, por tanto, una asamblea formada tanto por los lazos de lo humano como de lo divino. Nuestro encuentro es celebración de lo auténtico y de lo original que se produce en esta relación de pareja.

El sacramento es proceso de vidas que se encuentran: un misterio desvelado en la historia.

Cada persona es un misterio que arriba a la existencia en la dependencia más absoluta, pero que viene con la fuerza de la vida dispuesto a luchar para hacerse, viviendo en la relación con los otros. Somos tú antes de ser yo, así nacemos y venimos a la vida.

Él fue recibido en primogenitura por sus padres…

Por otra parte, ella, arribada al mundo en lo entrañable de lo rural…

Dos mundos personales que lo han sido rodeados de una multitud de testigos y de colaboradores, sin los cuales no podría ser posible lo que hoy está ocurriendo, porque no hubieran sido posibles sus personas y su capacidad de amar en cada uno de ellos. Por eso esta celebración no podía ser callada ni oculta, porque de algún modo nos pertenecen y les pertenecemos, porque somos parte de sus historias vividas y de alguna manera todos estamos vivos en esta relación y en este enlace. Somos parte del sacramento de sus historias, cada uno desde un lugar, una relación, una perspectiva y unos afectos distintos pero complementarios.

El encuentro y el amor esponsal

Y cuando sus personas estaban maduras, sus caminos conquistados en lo que al mundo y a lo humano se refiere en la configuración de su personalidad y de su profesionalidad, es cuando se conocen y desarrollan esa dimensión de la persona que es única en cada relación, en el enamoramiento de lo común para el deseo de compartir la vida y de mirar en la misma dirección, entregando los sentimientos de modo radical para optar por la otra persona y su historia, en el deseo de formar una nueva familia, de ser tronco con savia de vida auténtica, y poder fecundar aquello que no tiene precio y es lo que más vale en el amor auténtico, como es la transmisión de la vida. Hoy son para nosotros personas capacitadas para amar al otro con una dedicación enamorada, para entregarse sin precio y dedicarse a un vivir compartido que de un sentido trascendente a la persona, llevándola más allá de sí misma, en la creación de un nosotros lleno de alteridad y de misterio en vidas que vendrán para ser amadas y cuidadas como ellos lo están siendo. Ahí se desvela el Dios del encuentro, del enamoramiento, de deseo de la otra persona y de su vida, del compromiso y la entrega, del querer compartir la vida y los sentimientos, de ser fecundos, de caminar y envejecer juntos, queriendo ser mucho más que dos. Y aquí hemos escuchado la Palabra de Dios, la que nos da:

Las claves para amar y vivir en lo que creéis

El amor es más fuerte que la muerte y no se puede pagar ni con todas las riquezas del mundo.
Lo que más vale en la vida y lo que más felices nos ha hecho no ha sido lo ganado, ni lo conquistado, sino lo recibido en el encuentro con los otros, en las relaciones de familiaridad y compromiso mutuo en la amistad auténtica: la verdadera bondad.
A los que aman todo les sirve para el bien: hasta la debilidad y los fracasos cuando se viven en el amor son lugares de salvación y de felicidad, de luz y de esperanza, aunque se den mezclados con el dolor.
El amor está llamado a ser cuidadoso, capaz de perdón, lleno de ternura y creativo en fidelidad verdadera, en la que apuesta por el otro siempre.
La construcción de un amor verdadero, de una familia llena de profundidad, va más allá del éxito, pasa por la riqueza de lo profundo, de lo diario, de lo sacrificado y entregado, del proyecto querido y consensuado, del diálogo abierto y los caminos nuevos descubiertos, en la generosidad sin límite y en el encuentro permanente que es capaz de romper con sencillez y gracia la superficialidad para ser realmente profundos en la vida.

Vuestro compromiso y nuestro deseo-oración

Hoy aquí no estamos realizando un negocio, ni un trato, sino que somos testigos de un proceso, de un proyecto compartido, de un misterio realizado en la señal de dos personas que se aman y confían en el amor, sin olvidar sus debilidades y necesidades, pero arriesgando en un camino que desean de esperanza y de fecundidad. Hemos venido a la existencia a vivir, pero la vida si no tiene amor se muere sin esperanza, se agota y se acaba, hoy dais un “sí, quiero”, es el verdadero arma que tenemos frente al egoísmo y la muerte. Solo lo que se ama se hace eterno. Nosotros hoy deseamos que seáis eternos, que vuestro amor bendecido por el buen Dios sea para siempre y que nosotros formemos parte de ese amor como testigos y como hermanos.


Consiliarios por un tren digno y justo en Extremadura

16.10.17 | 11:40. Archivado en Iglesia, Acción Católica, Lectura creyente

POR UNOS RAÍLES DE DECENCIA, JUSTICIA E IGUALDAD EN EXTREMADURA.

Los consiliarios de los movimientos de Acción Católica de las diócesis extremeñas nos reunimos, con frecuencia, desde hace décadas para compartir nuestra tarea, que incluye acompañar a laicos cristianos, ciudadanos cristianos de nuestra tierra, en su compromiso de ordenar la sociedad según el espíritu del Evangelio. En nuestros encuentros presentamos la vida de los pueblos y de la gente, con el ánimo de iluminarla con la Palabra de Dios. Así nos ayudamos a caminar con nuestros hermanos en sus proyectos humanos y sociales. Al reunirnos en el comienzo de este curso nos detenemos en un hecho que nos alegra y nos interpela. La sociedad extremeña está crecientemente sensibilizada ante un grave problema: nuestra muy deficiente red ferroviaria.

Las movilizaciones que se viven desde hace años y que ahora se concretan en actos como la peregrinación de “La milana bonita” y otras expresiones de distintos ámbitos (sectoriales, culturales, empresariales, profesionales), así como las manifestaciones populares en las ciudades extremeñas más significativas, son un signo de la construcción de una ciudadanía que toma conciencia de una realidad indecente, por desigual e injusta, ya que penaliza nuestro derecho al desarrollo. A todo esto queremos nosotros, hoy, unir nuestra voz y nuestra acción.

Los movimientos populares nos hacen ver que Extremadura cuenta con el ferrocarril más obsoleto del país; sufrimos una deficiente prestación del servicio tanto para viajeros como para mercancías, con la lógica repercusión negativa en los sectores socioeconómicos de la región. Somos el único territorio de España sin servicio de larga distancia, ya que hemos perdido los que teníamos en 2010, por lo que tenemos los trenes de peor calidad y más antiguos. Contamos con un quince por ciento de vías de comienzos del siglo pasado, en los que no se avanza a más de 50 km por hora; y hay numerosos tramos cuyo mal estado impide una velocidad mínima. A todo ello se suma la insignificancia real que supone el corredor de mercancías entre Sines (Portugal) y la conexión con Europa. Con esta realidad no es extraño que descienda el número de viajeros; lo que llama la atención es que aun así sigamos viajando en nuestros desfasados trenes.

Ante esta realidad nos alegra que nuestro pueblo crecientemente se movilice, viva su ciudadanía en los niveles fundamentales de sentir y pensar la realidad, para hacerse cargo de ella buscando transformarla en bien de lo común y lo público. No se trata de la queja y el lamento, sino del trabajo comprometido por la defensa de los derechos que van anejos a la decencia, la igualdad básica y la justicia humana. Como ciudadanos y sacerdotes nos duele que el dicho evangélico de que “al que tiene se le dará y al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene para dárselo al que tiene más” se ha hecho realidad sin misericordia en nuestra tierra, desde la política económica y distributiva. Así lo vemos en el caso del tren. No es que no mejoremos: es que nos han despojado incluso de lo que ya teníamos. Pero si mala era la situación ferroviaria, más preocupante era el silencio del pueblo, la indiferencia y el sometimiento acrítico a una realidad indigna e injusta. Por ello nos alegra ver que se cumple, cada vez más, otro dicho evangélico: “Donde dos o tres se reúnen…” Ahora es un pueblo el que se congrega para reflexionar, sentir y actuar; su voz se oye y se abren caminos de respuestas válidas y justas. En nuestras comunidades eclesiales y en nuestros pueblos hemos de vivir este espíritu de superación y de exigencia. Porque los cristianos hemos de caminar unidos en todo aquello que trae bondad para nuestro pueblo y sus gentes; hemos de estar codo con codo con todos para mejorar la realidad y así favorecer a los que más lo necesitan. No podemos esperar que nos llueva del cielo lo que hemos de conseguir con pasos de nuestra propia acción solidaria y comprometida.
Desde la buena voluntad de la ciudadanía compartida, nos unimos a nuestro pueblo, del que hemos salido; animamos a saber crear plataformas vivas y continuas, hasta que realmente las promesas lejanas se hagan sacramento de realidad concreta para nuestra región. Pedimos a los políticos que no sean ellos los que acompañen a los movimientos; sino que, representando a nuestro pueblo, se presenten ante la administración competente para que lo que es un derecho no se entienda como una dádiva o una concesión, que no da respuesta a la desigualdad y la injusticia estructural. Serán el pueblo y los movimientos los que acompañen a nuestros políticos, para que su voz tenga la fuerza y el calor de lo que los pueblos unidos pueden lograr en paz y justicia. Por ello, pedimos que los representantes políticos sean capaces también de tener una única voz, como único es el deseo de toda la sociedad extremeña en este esfuerzo por unos trenes y unos raíles que estén llenos de decencia, igualdad y justicia.

Los sacerdotes-consiliarios -20 sacerdotes- de los movimientos de Acción Católica de Extremadura.


Un hijo se nos ha dado...

09.10.17 | 13:45. Archivado en Iglesia, Acción Católica, Juventud, Lectura creyente

“Porque un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado” (Is 9,6)

Ha nacido Francisco

Recientemente ha nacido Francisco hijo de Paco y María, y se suma a la lista amplia que se va configurando en el entorno de nuestra comunidad de vida y de fe, tanto desde el movimiento de jóvenes estudiantes como de profesionales, en esos procesos de vida y de fe en los que llevamos decenios. Antes fueron los hijos de Javi y Maite, de María José y Jesús, de Fabio y Mamen, Marcos y Fátima, Marieta y Miguel, Nazaret y Raúl, de Pedro y María Reyes, de Angelines y Jesús Sánchez, de Alejandro y Blanca, de Juanjo y Eva –mellizos-, Carlos y Eva… y pronto de Inesu y David, de Marta y Antonio. No hay duda que es el momento de la fecundidad, de la vida que se nos da. Cada vez que nace uno de ellos volvemos a fijar los ojos en Jesús de Nazaret, en su encarnación, en aquél acontecimiento de Belén, en aquella señal divina: “un niño envuelto en debilidad, en pañales, recostado en sus propios límites…”, pero a la vez, rodeado de ángeles que proclaman la grandeza de lo débil, la presencia de lo divino en lo más humano, y repetimos con el profeta Isaías: “Porque un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado”.

La desnudez de la vida recién nacida

El hecho de la vida en la desnudez del recién nacido nos hace fijarnos en el absoluto y su sentido y ahí descubrimos la verdad que salva y que ilumina la realidad en la que somos y el horizonte en el que queremos movernos.
Descubrimos en el niño desnudo:
- La vida que nace del amor, son hijos queridos, amados, acogidos, celebrados…
- Nacen en la mayor de las debilidades, en la gran dependencia del nosotros, sin sentirse todavía yo, siendo nada más que tú para otros que lo sostienen.
- En debilidad, pero llamados a la plenitud, su vida está abierta, entran en un mundo de preguntas y de elaboración de respuestas donde las puertas y las ventanas desean sólo abrirse, tendrán que hacerse porque son libres en su determinación y en su depender.
- Vienen necesitados y sedientos de fraternidad, en su desnudez nos muestran la mayor igualdad de lo humano y el fundamento de la fraternidad universal a la que estamos llamados para seguir viviendo y sintiendo con esperanza.
- Crecerán en gracia y en santidad, pero eso lo harán poco a poco, paso a paso, será un proceso, y lo tendrán que hacer en un mundo falazmente veloz y, a veces, desnortado y desfondado.
- Vienen y se muestran en la necesidad más absoluta y sin querer condicionan a los demás para el cuidado y la entrega de su nada que requiere fundamento, pero un día podrán dar todo lo que son sin guardarse nada para ellos, hoy lo necesitan todo, pero mañana podrán entregarlo y arriesgarlo todo, por el amor de lo vivido en la mayor debilidad.
- Y ahí se nos revela un misterio inaudito: es pequeño, finito, dependiente, limitado…pero no es propiedad de nadie, es hijo de la vida, y su padre y referente es el absoluto, la paternidad del sentido en el amor fundamentado de la gratuidad y de la libertad.

La interpelación profética del niño envuelto en pañales

Y en la reflexión, el grito del profeta, con la alegría del niño nacido, del hijo dado, nos invita a reinterpretarnos una vez más en lo profundo de la verdad de la vida y la vocación de lo divino que sólo se nos da en lo verdaderamente humano y encarnado:
- Estamos llamados a querer y ser queridos, ahí nos va la vida.
- A comulgar con nuestra propia debilidad y nuestros propios límites.
- Aspirar al todo desde la nada, a la plenitud desde la parcialidad, a la felicidad desde el dolor y a la libertad desde el desierto.
- A caminar en la vida con los pequeños pasos de lo diario, de lo concreto, de lo humano, porque ese es el único camino de la vida y es la vía que nos lleva a lo eterno, porque nada de lo que se hace amando se perderá.
- A saber depender y vivir la dependencia con libertad de lo absoluto, a no vendernos nunca a nada ni a nadie por nada, porque hemos nacido y hemos sido elegidos para vivir en libertad, como hijos de Dios. Por eso nuestro sí ha de ser sí y nuestro no ha de ser no.
- Y llamados al agradecimiento, hoy desde la desnudez de Francisco en Sevilla y ayer desde Carmen, Javier, Teresa, Jesús, Pablo, Naya, Jara, Miguel, César, Carlos, Belén, Dani, Manuel… porque cada vez que ha nacido uno de ellos, que se nos ha dado un hijo, la Vida se ha vuelto a hacer luz y esperanza en el parto de los que le amaban y le esperaban, y hemos visto la señal de un niño recién nacido, envuelto en pañales y acostado en una cuna sencilla, al calor del seno de lo materno y la mirada asombrada de lo paterno.


Sábado, 15 de diciembre

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