Cree en la Universidad

28.09.17 | 10:49. Archivado en Acción Católica

SALMO DE HOY…


Íbamos a acoger – antesdeayer … este 26 de Septiembre, Martes-
a 17.000 refugiados y no llegan a 2000 los acogidos…

Nunca antes había habido tanta gente desarraigada. La emigración, forzada o escogida, a través de fronteras nacionales o del pueblo a la capital, es la experiencia que mejor define nuestro tiempo, su quintaesencia.

¡Con qué tenacidad
regresan cada noche
continuamente expulsados
los Adanes y las Evas!

Quieren meternos de nuevo dentro de la barca, expulsarnos de entre los hombres,
no somos bultos que enviar y tú, norte, no eres digno de tí mismo.

Somos los innumerables, el doble en cada centro de expulsión,
adoquinamos de esqueletos vuestro mar para caminar sobre ellos.
[…]
Seremos los siervos, los hijos que no tenéis,
nuestras vidas serán vuestros libros de aventuras.
Traemos a Homero y a Dante, el ciego y el peregrino,
el olor que perdisteis, la igualdad que habéis sometido.

Y DE AYER…

Salmo 69

Dios mío, ven en mi auxilio

Dios mío, dígnate a librarme;
Señor, date prisa en socorrerme.
Sufran una derrota ignominiosa
los que me persiguen a muerte;

vuelvan la espalda afrentados
los que traman mi daño;
que se retiren avergonzados
los que se ríen de mí.

Alégrense y gocen contigo
todos los que te buscan;
y digan siempre: “Dios es grande”,
los que desean tu salvación.

Yo soy pobre y desgraciado:
Dios mío, socórreme,
que tú eres mi auxilio y mi liberación.
¡Señor, no tardes!


La "soledad" del cura, Teresa, la madre y Dios...

26.09.17 | 10:54. Archivado en Iglesia, Acción Católica, Lectura creyente

Teresa ha visto a Dios...

Entre mis quehaceres profesionales está explicar en la facultad de educación la materia de pedagogía y didáctica de la enseñanza religiosa escolar en educación infantil, para aquellos que lo eligen, así como animar y acompañar la tarea del despertar religioso de los niños de seis años en mi parroquia, junto a un equipo magnífico de catequistas que se inician y se forman para este quehacer. En este sentido no me es extraño lo que se refiere a la teoría y la praxis de este despertar tanto pedagógica como psicológicamente, pero me encanta cuando escucho alguna anécdota tierna y creativa que confirma y refuerza eso que sabemos y que hacemos. Así ha sido este fin de semana, cuando Trini –profesional de universidad- contaba que un día paseando con su ahijada de bautismo, Teresa, por el campo, intentaba transmitirle de una forma suave y educativa a la niña de cinco años la presencia de Dios en la realidad que nos rodea, aunque no lo veamos, tras muchas explicaciones la niña se detuvo y le explicó a ella: “Trini, yo sí he visto a Dios”; la madrina muy curiosa y emocionada le preguntó cómo lo había visto y dónde, esperando quizás una aporte místico y sobrenatural, pero la respuesta fue clara y concisa: “En un video, es moreno y tiene barbas… ¿tú no sabes que mi madre es catequista?”. Está claro que para ella no hacen falta, por ahora, más averiguaciones, con eso le sobra y basta.

Oraciones para rezar por la calle

Oraciones para rezar por la calle - Michel QuoistTraigo a colación esta anécdota entrañable, porque esta tarde al entrar en Badajoz por la Avda. de Ricardo Carapeto, llegando de Madrid con un equipo de profesionales entre los que estaba Trini, llegábamos al puente del Rivillas y al ver a la gente pasando por él, familias jóvenes con niños y sus abuelos, recordaba y así lo comentaba una oración de mi época de seminarista, que reflejaba la emoción y sentir de un cura joven ante Dios un Domingo por la tarde, al cerrar la parroquia y volver a su casa en medio del ajetreo propio de la calle y el barrio. Era una oración más dentro del libro de Michel Quoist titulado “oraciones para rezar por la calle” y que marcó un modo de orar, desde la vida, desde los hechos de vida. Trinidad que es más cercana a mi edad, comentaba que para ella, en su época joven, también fue significativo el libro, pero que esta oración le ponía muy triste, porque oraba desde la herida de la soledad del cura. Yo la busqué en el móvil y leí algunos de sus párrafos en voz alta, mientras el coche avanzaba en medio de la ciudad. Yo no la recordaba triste, cuando como joven me quería entregar a Dios y a la gente, pero al irla leyendo tuve que reconocer que algo de tristeza si encerraba en su primera parte:

“Esta tarde, Señor, estoy solo. Poco a poco los ruidos en la iglesia se han callado, los fieles se han ido y yo he vuelto a casa, solo. Me crucé con una pareja que volvía de su paseo, pasé ante el cine que vomitaba su ración de gente, bordeé las terrazas de los cafés, donde los paseantes cansados intentaban estirar la felicidad del domingo festivo, me tropecé con los pequeños que jugaban en la acera, los niños, Señor, los niños de los otros, que jamás serán míos. Y heme aquí, Señor, solo. El silencio es amargo, la soledad me aplasta…

***

Señor, tengo 35 años, un cuerpo hecho como los demás cuerpos, unos brazos jóvenes para el trabajo, un corazón destinado al amor. Pero yo te lo he dado todo porque en verdad que a Ti te hacía falta. Yo te lo he dado todo, Señor, pero no es fácil. Es duro dar su cuerpo: él querría entregarse a los otros. Es duro amar a todos sin reservarse nadie, es duro estrechar una mano sin querer retenerla, es duro hacer nacer un cariño tan sólo para dártelo, es duro no ser nada para sí mismo por serlo todo para ellos, es duro ser como los otros, estar entre los otros, y ser otro…”

Comento que la oración está hecha desde una concepción del ministerio y de la iglesia preconciliar, que hoy es diferente. Mi compañera de viaje me acaricia con ternura materna y fraternal y me pregunta, con la respuesta incluida de que yo no estoy tan solo como dice la oración poética, al menos ella no quiere que lo esté. Misterio de vida y muerte… son sentimientos, son momentos. La procesión va por dentro en el mejor de los sentidos, me siento muy rodeado y querido, de hermanos, amigos, jóvenes, niños, nietos… que desde muy temprano, antes de despertar, ya saben cantar el “alegre la mañana”.

Yo también lo he visto… a Dios

Una vez en casa, tras el viaje de vuelta de Madrid. Me dispongo a desperezarme y voy paseando a dar mis diez mil pasos curativos y de cuidado, en la soledad de esta tarde de Domingo. A hacer los puentes, a mirar estampas de naturaleza regaladas en la puesta del sol sobre el río, cielos rojizos de ternura y amor gratuito, con la algarabía del paseo fluvial, la paseantes por el puente peatonal, desde el encuentro con conocidos, otro sacerdote que pasea solo en la tarde dominical, feligreses que hacen deporte… Y paseando surge la anécdota y veo a Dios -como lo ve Teresa- , que en este caso no tiene barbas, es una mujer joven de treinta años, madre de tres hijos que anda rápida empujando un carrito con una niña preciosa de casi un año. Cuando yo le venía dando vueltas a la soledad y orando desde el paseo de la tarde dominical, entre los puentes, a paso rápido y agradecido, sintiéndome habitado en mi soledad, veo que la chica va a paso firme y camina al par, intento avanzar más pero seguimos emparejados. Resultado de imagen de mujer paseando empujando carrito de niña pequeñaLa niña gimotea y ella le habla con calidez materna, y la toca para que tranquilice y va hablándole, no puedo por menos que escucharla y seguirla: “mi niña, aquí no estás cómoda pero ya mismo estaremos en casa y en tu cunita verás cómo te duermes… claro aquí no vas a gusto, pero ya te queda poco… toma tu chupe bonito”… Le miro y le sonrío a la madre. Me pregunta si suelo andar todos los días, ya rompió el hielo, le digo que debería pero que no lo hago siempre. Ella me cuenta que casi todos los días lo hace. Observo su imagen, limpia, hacendada, y la niña sencilla, alegremente vestida, muy curiosamente portada. Le hago carantoñas a la niña y se ríe con gracia, y ya comienza la conversación y recuerdo a mi madre en conversación con las personas en el camino … Es una mujer joven, treinta años, pero tiene tres hijos de ocho, seis y esta pequeña. Trabaja en una empresa de limpieza, tres horas diarias en el cementerio, después portadas de bloques de pisos…todo el día moviéndose, lleva su casa, pero aún así busca tiempo para pasear y sacar a su niña. Los fines de semana descansa porque sus niños mayores se van al campo con los abuelos, volverán esta noche. Dice que son muy traviesos que ha tenido que quitar muebles de la habitación del niño porque se tira desde ellos a la cama. Su pareja trabaja de camarero pero ahora está en casa porque se ha roto una muñeca, ahora le llevará unas cervezas que le ha pedido, vive por la Paz. Llegamos a la cabeza del puente y nos despedimos, le digo que encantado de conocerle y ella me responde con sonrisa agradecida y me muestra también que ella también está encantada.

Cómo quejarme de mi soledad…

docilidadLa observo alejándose y acariciando a su niña. Y yo me recojo, sigo andando callado y habitado por mi Dios, que hoy me ha respondido a la oración de la calle, desde esta mujer sencilla, hacendosa, madre, trabajadora, luchadora. Desde su sentir y su vivir, no puedo menos que olvidar mi soledad. Gracias Padre, no estoy solo, hoy me has acompañado con la humanidad de esta joven madre entregada ¡¡¡ Y cuando me pregunten de la presencia de Dios, podré decir como Teresa, que es joven, madre, tiene tres hijos, que trabaja duro todos los días y sale andar paseando a la más pequeña y que cuando se van sus niños mayores y se queda un rato sola descansa mucho. Y es que con esta mística creo que me basta como respuesta divina en lo humano, que es de lo que se trata, de lo divino y de lo humano.


El amor no lleva cuentas y nos hace inolvidables

18.09.17 | 19:40. Archivado en Iglesia, Lectura creyente

Vivir y morir en el amor

(50 años de vida matrimonial)

La liturgia cristiana en este Domingo nos invita a mirar la vida y la existencia desde el fundamento de lo absoluto: “Si vivimos, vivimos en el Señor, si morimos, morimos en el Señor”, todo tiene profundo sentido en la clave de lo trascendente y de lo amado.

La vida de lo diario y lo diario de la vida

Así miro el día de hoy, lleno de normalidad y de vida. Desayuno largo de conversación con Andrés, un compañero de la tarea pastoral, después acogida del carpintero que viene a arreglar la puerta de casa que lleva mucho tiempo dando la lata, paseo a la parroquia para un bautismo porque quiero hacer más de diez mil pasos. Y, mientras, voy recibiendo mensajes de Aurora con peticiones y anunciándome gestos que vamos a tener hoy en la Eucaristía porque vamos a poner en el altar la vida matrimonial de sus padres, José Antonio y Aurora, familia de Maguilla.

Maguilla, hace cincuenta años

Hace cincuenta años que entraban en el templo camino del altar para comprometerse en el amor con un “sí, quiero” para toda la vida, hasta la muerte, y aquí están viviendo y cumpliendo aquel sí. Un “sí, quiero” sin límites, abierto a la aventura de la vida y lo que ella trajera, no se obviaba que en la carrera vital entra de todo: alegría y tristeza, salud y enfermedad, riqueza y pobreza, éxito y fracaso. El amor entregado de esta pareja sencilla de ese pequeño pueblo apostaba por estar unidos toda la vida en todo. Y así ha ido siendo en su vivir: desde aquel viaje de novios a los lugares donde estaban amigos entrañables del servicio militar, la llegada de sus hijas como fruto de su unión que hoy estarán junto a sus parejas y sus hijos, los nietos, rodeándoles de cariño y ternura, aquél décimo del gordo de la lotería comprado en Granja de Torrehermosa, y desde hace bastantes años con José Antonio afectado de esa dichosa enfermedad que arremete contra la identidad e historia de la persona y que se empeña en separarle, aislarle, olvidarle, paralizándole de su vivir y su querer más diario. Pero cuando ha llegado este momento vital ahí está el amor que no lleva cuentas de haber y debe, de lo que yo hago por ti o tu por mí, el que une y no condena, el que sigue poniendo nombre e identidad y nunca olvida sino que lleva al centro del corazón al olvidado para recordarlo situándolo allí donde se ama gratuitamente con la mayor ternura, y eso es lo que está haciendo Aurora. Siempre se han amado y se han cuidado mutuamente, pero ahora en lo último de este camino su amor brilla más que nunca y se hace más auténtico. José Antonio no sabe bien quien es o quiénes le rodean, pero se siente amado, querido, cuidado y su vida está llena de sentido. Todos saben muy bien quién es y se lo hacen sentir todos los días al quererlo y cuidarlo como lo hacen.

Ella

Aurora su esposa guarda como un tesoro la identidad de José Antonio y la conserva en su corazón y la transmite así a todos los suyos: él es el esposo fiel, el padre entregado y honesto, el abuelo cariñoso y generoso, el vecino amigo y respetuoso, el trabajador abnegado y esforzado, es el inolvidable aunque su enfermedad quiera hacerle vivir en el olvido.

Él

Él, sin saberlo, está siendo fuente de ternura que despierta humanidad en los que lo rodean, nudo de unión entre los que lo quieren, hace brotar con su debilidad el amor de Aurora en la gratitud y el sacrificio radical , ahí donde se forja la santidad de los sencillos, él acoge la generosidad que provoca en sus hijas y sus maridos ayudando y fortaleciendo a su madre y rodeándolo a él de mimos y cariños, y está desarrollando de una manera bella la sensibilidad y los buenos sentimientos en todos sus nietos desde los más pequeños a los ya más jóvenes estudiantes. Sí, aunque no lo parezca, ahora está siendo muy valioso y su familia lo tiene y guarda como un tesoro de amor, porque en su debilidad, necesita y se deja querer por todos, está en sus manos y desde él vemos el reflejo del amor de Dios que se manifiesta en la debilidad del niño pequeño en Belén y Nazaret y el rostro del crucificado en la cruz. Abrazándose a él, Aurora y todos los suyos abrazan a Cristo.

Para siempre, hasta la muerte

Por eso hoy al celebrar vuestras bodas de oro, José Antonio y Aurora, podremos escuchar en el altar este mensaje de Dios Padre: “Dichosos vosotros porque vuestro amor no echa nunca cuentas de lo que da o recibe y hace inolvidable al que más lo necesita rodeándole del mayor cariño y cuidado, en la gratuidad más absoluta”. Felicidades.


La "Joya" de Guadalupe y el silencio de los pastores

08.09.17 | 11:35. Archivado en Iglesia, Papa Francisco, Acción Católica, Lectura creyente

(En el día de Extremadura)

"No me la quitarán"

Allá por el año 1953, Pla y Daniel, cardenal de Toledo, comunicaba a los presidentes diocesanos de Acción Católica, de hombres y mujeres de su archidiócesis, algo dolido por la reorganización de las diócesis en España al hilo de los planteamientos preconciliares de organización y relación de lo eclesial y la organización territorial de los pueblos: “Me han quitado todo, pero no me quitarán la joya”. Al ser preguntado, por sus interlocutores, que cuál era la joya, respondió que la joya era “Guadalupe”. Hoy en 2017, 64 años después, los obispos implicados sucesivamente, no han dado una solución a este problema que sigue en pie, en este sentido más que del silencio de los corderos, que vamos y venimos en este tema haciendo reflexiones y dando opiniones, hemos de hablar del silencio de los pastores. No es que no se hayan expresado personalmente y no hayan manifestado ante los órganos superiores, en Roma, lo que sienten y desean, sino que no han podido, o sabido, sentarse como pastores a plantear el tema entre todos los implicados desde una perspectiva evangelizadora y pastoral para avanzar y llegar a una solución digna que favorezca lo que sea mejor para la Iglesia y su pueblo creyente. No se trata de algo “reivindicativo”, sino pastoral y apostólico, sin que en ello nos juguemos, dicho sea de paso, la salvación. Está claro que es más preocupante la situación de pobreza y dolor de parte de nuestro pueblo que esta decisión canónica.

Posturas encontradas
Al hilo de las opiniones y planteamientos que nos han llegado a la base, parece ser que las posturas se han movido en estos terrenos:
- Dividir el arciprestazgo de Guadalupe y su asunción por las diócesis extremeñas.
- Pasar a Mérida-Badajoz sólo el monasterio de Guadalupe y su patrona y el resto de los pueblos y parroquias permanezcan perteneciendo a Toledo. Últimamente se habla de prelatura.
- Desde Toledo se afirma que no se pueden utilizar en el asunto los verbos “restituir o devolver”, pues eclesiásticamente sólo ha pertenecido a la archidiócesis de Toledo, desde hace casi diez siglos.

Cambiar el discurso y el sentido

Considero, con humildad, que todos estos términos y posturas, parecen dar cuenta de un diálogo en torno a la “joya”, como si de un bien material se tratara –cuestión indudable- eso ha hecho que estos 64 años hayan sido inútiles, y aunque, a veces, parece que se ha rayado una posible solución siempre se ha vuelto atrás sin llegar nunca a buen puerto. Está demostrado que por esta vía, sólo hay conflictos más o menos ocultos de larga diplomacia eclesiástica sin solución, o silencios mutuos sin ponerse juntos en una mesa a hablar a corazón abierto con la mirada pastoral y evangélica que nos hace falta. Está claro que esta actitud que se les pide a todos los bautizados en su quehacer en las parroquias, comunidades, movimientos, también se les pide a todos los sacerdotes en su quehacer pastoral y ministerial, y de este mismo modo podemos pedírselo a nuestros pastores implicados en el tema de la zona de Guadalupe. Sería bueno que la reflexión fuera abierta y que junto a los prelados y vicarios generales, participaran también los franciscanos del monasterio, párrocos del arciprestazgo de Guadalupe, seglares de esa zona, representantes de la nunciatura apostólica, para saber elaborar una propuesta que pueda ser elevada a la Santa Sede, porque de allí vendrá lo que allí vaya con buen espíritu.

Nueva diócesis: Guadalupe y otras zonas.

Una posible solución estaría más allá de si la joya es mía, porque siempre lo ha sido, o es nuestra porque que somos su pueblo y es nuestra patrona, la que nace de la visión pastoral del concilio vaticano II y del espíritu de los escritos pastorales del papado actual, en consonancia ambos con lo que se refiere a la misión, envío y modos de ser de la Iglesia en medio del mundo. Se anima a que la Iglesia sea cercana, concreta, participativa, corresponsable, y para eso conviene que la propia organización de las diócesis sea acorde para facilitar los trabajos pastorales y la comunión de su obispo con el pueblo. Se anima a Diócesis cercanas en su organización y a eso ayuda el tamaño de las mismas. Sería encomiable y ejemplar una solución en la que todas las partes renunciaran a algunas de su pretensiones con el ánimo de hacer bien a la comunidad eclesial y favorecer la evangelización.

No ha de ser descabellada la solución, quizá la de mas sentido común, la creación de una nueva diócesis que incluyera Guadalupe junto a los territorios del actual arciprestazgo más la integración de otros territorios en las actuales diócesis extremeñas que además son bien alejados del centro de sus sedes episcopales. De este modo se conseguiría la dignidad histórica y pastoral que requiere la realidad de Guadalupe y la provincia eclesiástica de Mérida-Badajoz. El clero toledano se sabrían formando parte de una nueva diócesis de la que serían ellos parte creadora de la misma con su propia organización. Todo esto tendría sentido no sólo para reivindicar el monasterio de Guadalupe sino para el bien del pueblo de Dios que allí peregrina.

El ejemplo de Jerez

Estas ideas las pensaba y compartía con personas de diócesis distintas este verano, a los pies del santuario de Regla en Chipiona, lugar que puede servir de referencia de lo hablado. En los años ochenta, del siglo pasado, la archidiócesis de Sevilla llegaba hasta este santuario en Chipiona (Cádiz). Aquí Jerez era una vicaría de Sevilla y la propia archidiócesis propuso pastoralmente que este territorio, que civilmente pertenece a la provincia de Cádiz, se desmembrara eclesiásticamente d Sevilla y pasara a formar una nueva diócesis, cuyo primer obispo fue de su zona y los siguientes sevillanos. En Guadalupe podría ser el primero un franciscano, por ejemplo, como lo es Tánger.
Hay razones variadas que apoyan una decisión pastoral conjunta de este tipo y que sería señal del verdadero diálogo pastoral y eclesial de nuestros obispos con sus presbiterios y pueblo: de tipo histórico, como iglesia evangelizadora y apostólica por toda América, como foco de espiritualidad mariana en Guadalalupe, su patronazgo del pueblo extremeño, así como las razones pastorales actuales de una iglesia cercana, compasiva, misionera, en salida desde lo sencillo y lo evangélico, que favorecería una nueva diócesis en el marco de la provincia eclesiástica de Mérida-Badajoz, ya se habló más de una vez de Don Benito como posible sede de una nueva diócesis, con toda la serena.

Demos ejemplo eclesial en la organización

Esto lo escribo mientras de fondo, en este día de fiesta extremeño, televisan la eucaristía en el monasterio, presidida por Don Braulio, ayudado por los obispos extremeños, y rodeados de todos los representantes del pueblo extremeño, así como del pueblo sencillo. Es hora de abrirnos al evangelio y a planteamientos donde la Joya sea la del Reino de Dios y todo los demás se nos dé por añadidura. No se trata de reivindicar sino de encontrar caminos apostólicos y más evangelizadores, también en estos detalles. Necesitamos el ejemplo de nuestros pastores en esta cuestión para iluminar las que está en nuestra manos que necesitan de comunión y corresponsabilidad. Deseamos que se encuentren los obispos implicados hablen y establezcan medios y modos de iluminación y sanación pastoral para esta situación y para mejor pastoreo.


"Dejarnos hacer" Once años después

05.09.17 | 11:32. Archivado en Iglesia, Acción Católica, Lectura creyente

Ir para volver

Nos hemos vuelto a reunir once años después de nuestra estancia en Perú. Fuimos un grupo de catorce personas vinculados por la fe, la universidad, la inquietud, nacimos en el seno de la Pastoral Universitaria y del movimiento de acción católica JEC –de estudiantes católicos-. Nos movía el deseo de encontrarnos con la realidad de ese mundo que llamamos del sur y que está tocado de pobreza, nuestro lema, nacido de la reflexión y la profundización en las motivaciones que nos llevarían a esa realidad, era muy sencillo: “no íbamos a hacer, sino a dejarnos hacer”. A empaparnos de aquella vida para tener más vida, para mirar nuestra propia existencia con más pasión y con más dolor, para poder ser más auténticos y más originales. Y nos lanzamos a la aventura, contando sobre todo con el apoyo de las personas que habían optado por compartir sus vidas con aquel pueblo peruano y que eran acogedores con nosotros y nuestras intenciones: los sacerdotes diocesanos de nuestra diócesis que estaban allí y las religiosas extremeñas, las hijas de la Virgen para la formación cristiana. Fue una experiencia única, procesual, preparada, vivida con intensidad, reflexionada, sentida, compartida, y lo más importante, con un claro horizonte: “íbamos para volver”. Nos dimos cuenta de algo que presentíamos, que lo importante no era ir y estar por allí un mes de verano, sino ir para volver con otra mirada de la vida y del mundo, para vivir con otras claves, para enriquecer nuestro discurso de justicia y dignidad evangélica con la praxis de un mundo más solidario y más humano que tenía que cambiar desde aquí, desde donde nosotros somos y hacemos.

Aquellos rostros de ayer

Al llegar a nuestra tierra, enseguida quisimos compartir aquella realidad descubierta desde la reflexión y la imagen. Organizamos alguna exposición con fotografías que eran chispazos de fuego encendidos en nuestras pupilas y en nuestros corazones observadores. Nos dimos cuenta que la mayoría de los rostros que nos había seducido eran los de los niños. Aquel pueblo estaba lleno de niños, de rostros preñados de dolor y de esperanza al mismo tiempo. Nos ganaron, y, sólo con volver nuestra mirada a ellos, se renueva nuestro sentir y la llamada a no permanecer indiferentes ni quietos ante ese mundo de pobreza y esperanza. Ahora, al juntarnos once años después, los recordamos, vivenciamos de nuevo los encuentros, las personas, las anécdotas… y nos preguntamos que habrá sido de aquellos niños y de estos rostros anónimos y sencillos, cómo habrán llegado a la madurez de la vida en unas circunstancias de pobreza profunda, cómo seguirá la vida de aquellas escuelas, centros médicos, escuelas universitarias, rondas campesinas, catequistas, caseríos, caminos de montaña…

Y nos dejamos hacer…

A la vuelta seguimos trabajando juntos lo vivido, para seguir con un juicio de vida y una actuación transformadora, queríamos ser universales y justos, no vivir de un modo indiferente ante la pobreza y desigualdad del mundo. Y eso hizo que nos lanzáramos, con otros, a buscar caminos de transformación, a sumarnos a aquellos que ya existían, pero queríamos acercarlos a la universidad de Extremadura y a nuestra sociedad. El camino de vuelta hizo que nacieran cosas bellas en nuestros contextos como el desarrollo de Ingenieros sin Fronteras en la escuela de ITI, Entreculturas en la UEx, conexión con lugares como Sierra Leona, Tesis doctorales en colaboración con alumnos de Ecuador acerca de la botánica propia de la selva y los usos de la misma, opción por colegios de zonas más marginales de nuestro ámbito, participación en voluntariados jesuíticos –VOLPA- con estancias países de Latinoamérica, la red de subiendo al sur, proyectos de fin de carrera conectados con la realidad del sur, grupos de profesores en los institutos y universidad por la ética y la igualdad, participación en la coordinadora de las ONGD extremeña, etc… De alguna manera la grandeza de aquella acción no estaba en el hecho sólo de ir, sino de hacerlo juntos, programado con objetivos y retos, y de darnos cuenta que lo importante estaba en la vuelta, en saber volver, en habernos dejado hacer para ser capaces de pensar, sentir y actuar de otros modos, a la luz de esa experiencia que dio consistencia a nuestras reflexiones previas sobre valores humanos y evangélicos en los que creemos y apostamos.

Ahora celebramos y seguimos

Ahora, cuando nos encontramos, nos damos cuenta que estamos marcados positivamente por aquella experiencia, pero que nos une no tanto lo que vivimos hace una década, sino lo que estamos viviendo cada uno en nuestra historia, por los caminos que hemos ido eligiendo personalmente, pero que están conectados de alguna manera con aquella vivencia. Todos reconocemos que aquello fue como un grano de levadura que nos fermentó, como un grano de sal que nos dio sabor, como un semilla que nos fecundó, como un grano de mostaza que creció, y, sobre todo, como un tesoro y una perla que nos sedujeron y nos llenaron de vida y de más amor. ¡Qué alegría poder encontrarnos y renovar sentimientos, celebrarlos con la sencillez de la fraternidad compartida¡


Martes, 25 de septiembre

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