Cree en la Universidad

El aleluya de la dignidad

19.04.17 | 13:22. Archivado en Acción Católica, Lectura creyente

Dios mío, ven en mi auxilio

Tu dolor y tu gracia

No has dejado a tus hijos y les has enseñado que caprichos no les podías dar. pero la ilusión de vivir y el amor paterno, la seguridad del padre, no le iban a faltar nunca. Te has quitado el pan de la boca para que a ellos no les faltara lo necesario, has ido con un coche ya acabado para que ellos pudieran iniciar muchas cosas nuevas, hasta les has enseñado, tras la caída del pequeño,  que por placer no hay que mabaratar lo que uno tiene ahorrado, aunque parezca en ese momento muy atrayente, como una bolsa de gusanitos, pero todo con un cariño y una referencia envidiable.

La esclavitud de hoy

Has estado en trabajos de esclavo. justificados por la ley pero sin ética ni dignidad, trabajando para otros en condiciones leoninas pero no te has echado atrás, te levantabas para seguir luchando y viviendo, para arrancar lo que fuera, aunque fuera nada realmente.  Cada mes comenzando de nuevo,  de cero, muchos sin éxito pero sin perder la esperanza. A veces has tenido que recurrir a la ayuda de los tuyos, tus padres, amigos, y hasta de eso has hecho lección de vida, te emociona tener los amigos que tienes, pero es que tú no sabes el tesoro que tenemos los que contamos contigo como amigo.

Has sido fiel en todo

Tú eres para mí el signo de un hombre fiel, del que “aunque no queden vacas en el establo ni aceitunas en el olivo”, no pierdes la esperanza, ni el ánimo. Aunque tu piel se rompa por el dolor y el estrés de un mundo sin justicia, no has perdido ni la sonrisa ni la mirada de ternura y de cariño, te has revestido del traje de lo humano y te has hecho más hijo, más padre, más hermano, más amigo, más trabajador, mejor ciudadano, has ,sabido subirte en ese globo que te lleva a los cielos, rodeado de gente que te quiere y a los que quieres y ,desde arribaa, has cantado ese cántico de los sufrientes que esperan la victoria: “nosotros venceremos”.

La buena noticia, las cuatro llamadas.

Y hoy, tras haber celebrado ayer juntos el Domingo de Ramos, con esa homilía que llamaba a saber vivir con la sencillez de lo humano, del amor y de la entrega por encima del poseer y el poder, me has llamado y la recibir tu voz, con la calma  y la serenidad de hombre de bien, me has dicho sin muchos prolegómenos, hoy tengo “la buena noticia”, me han seleccionado para un trabajo digno y has llorado de alegría, yo también, frente a todas la veces que han saltado las lágrimas de la impotencia en una lucha sin cuartel. Me decías que habían sido cuatro llamadas las que había hecho, que eran esenciales para ti: a tus padres, que se han emocionado de una manera brutal, nadie como ellos han sido tu fuerza y tu gracia, tu apoyo y sostén, aunque tú no querías mostrarle dolor para que no sufrieran.  A ese amigo, con el que estás compartiendo tanta vida, y que no le ha importado compartir contigo lo que tiene, de un modo digno y elevante, con el que has subido hasta el cielo más de una vez, cuando más hundido podías estar, y los dos habéis sido consuelo muto en las dificultades diversas que la vida os propiciaba, esa amistad es de las que nunca acaba y de las que hay pocas. El hombre confiado del banco, que te conoce y te quiere, y que ha sabido articular profesionalidad  con respeto a la dignidad de la persona, para que  el banco no te rompiera, ni te hiciera daño en tu mejor voluntad y en tu peor situación. Y entre ellos, tengo el honor, de haber sido llamado por ti. Una llamada del Papa me hubiera emocionado y llenado de satisfacción, supongo, pero tiene más valor la tuya, me has llamado como a un hermano, para llorar juntos de alegría, y parecía que estabas tan contento de haberlo obtenido como de poder contármelo. Cuántas veces me dijiste que cuándo llegaría la hora de que el teléfono sonara para decirme: “Pepe, tengo la buena noticia”.
Brindo y celebro  por ti y tu persona, tú vales mucho más que tu trabajo.
Ya la tenemos, pero brindo por este proceso tuyo vivido con grandeza y profundidad, nunca has dejado de estar pendiente de mí y de cuidarme, tú que estabas en situación de debilidad has sido fuerte y me has fortalecido, no sabes cuánto. Por eso en esta semana santa tú has estado en la última cena cuando Jesús se reunió con sus amigos queridos, en la cruz cuando Jesús vivió el agobio y el sufrimiento, y en la noche santa de la resurrección cuando cantamos con el resucitado el aleluya de la vida que vence a la muerte.  Te quiero por cómo me he sentido querido y acompañado por ti en esta situación en que eras tú el que aparentemente necesitaba acompañamiento. Ah, y la próxima fiesta de los Reyes Magos, no olvides que el verdadero regalo de Dios para tus hijos vas a seguir siendo tú. Gracias¡


Pregonadlo...

18.04.17 | 13:18. Archivado en Iglesia, Lectura creyente

PREGONADLO EN LAS CALLES Y EN LAS PLAZAS:

Hermanos:

Este cirio encendido, con el que rompemos la oscuridad, que ilumina nuestras pequeñas luminarias representa a Cristo resucitado. Ha surgido de la noche, del dolor y la muerte. La locura de la cruz se ha hecho fuerza en la debilidad y el amor ha vencido a la muerte.
El Espíritu de Dios, desde siempre,  el creador, el que nos  enriqueció con  la vida, la inteligencia, la libertad, la conciencia. Nos ayuda a ver y a entender la realidad. Como el ser humano no siempre encontró caminos de vida para todos: buscando al seguridad  perdió la libertad, se hizo esclavo, tentado a acaparar, a guardar para sí y para los suyos;  Y se perdieron los más  débiles de la historia , en inteligencia o en fuerza, fueron marginados; la guerra por tener y ser más, estuvo pronto servida. Y la muerte los envolvió a todos, lo que estaba llamado a ser paraíso se hizo fatiga, agobio, tensión, estrés, miedo…dolor y tristeza –muerte-  para muchos.

La historia –nuestra historia- es la lucha por la vida,  y en ella  Dios siempre nos acompañó deseando que descubriéramos, por su  amor y cercanía, que: nuestro egoísmo es noche, es cárcel, es tiniebla… no tiene salida; pero nuestro amor es día, es libertad, es luz… abre la mesa compartida.En la historia ha habido –y hay- profetas del egoísmo y del amor:
ricos, dictadores, violentos, satisfechos, cómodos, indiferentes, fríos… son los voceros del egoísmo;
pero nunca han faltado pobres voluntarios, servidores, trabajadores de la paz… son portavoces del amor. Ellos son los verdaderos instrumentos de la historia de la salvación. Y en el centro de la Historia, Cristo, el crucificado resucitado. Hoy, esta noche, evocamos a Jesús de Nazaret, al hijo de María y de José: el hombre del  Espíritu, que aprendió a vivir en sinceridad, en pobreza voluntaria, en justicia.Este Espíritu le empujó a través del desierto donde reconoce públicamente:

– “que el Espíritu de Dios está sobre él;
– que le ha ungido y enviado a dar la buena nueva a los pobres,
a anunciar la libertad y la vista a esclavos y ciegos,
a proclamar el año de gracia del Señor” (Lc 4, 1. 14. 18-20).

Invita a diversas personas a trabajar por la vida:

les pide la renuncia voluntaria a los falsos valores del dinero, el brillo y el poder;
les propone vivir sencillamente,  compartir, ser hermanos, servir solidariamente, la revolución del lebrillo con el lavatorio de los pies. Su propuesta es sencilla: Sólo teniendo al Dios-Amor como rey:
encontrarán dicha, consuelo, ayuda mutua,pan para todos, comprensión sincera, trabajo por la paz;
la persecución por el Amor será alegría compartida. Nos hizo presente a un Padre compasivo y misericordioso, de grandes entrañas, de amor profundo.

Ya sabéis el final de este profeta del Amor:
los hombres religiosos y los poderosos del mundo  le creyeron un peligro para su institución para la seguridad, un blasfemo; ellos no vivían el reino de Dios que él predicaba y lo quitaron de la tierra de los vivos, lo crucificaron.

Esta noche (hoy) celebramos que el Crucificado tenía razón, Dios  se la ha dado para siempre, celebramos su victoria:
el Amor, sólo el Amor, tiene salida.
La muerte no pudo con el Amor:
– éste siguió vivo para siempre; está con nosotros y canta nuestro aleluya.
– él es la luz que celebramos; y alumbra nuestro corazón con el deseo y el sueño de una utopía fraterna que vence a todos los miedos.
– él es el agua que nos fecunda y nos purifica para que nada pueda atarnos ni esclavizarnos, para que podamos ser libres como El.
– es Jesús de Nazaret resucitado y vivo para siempre, que nos abre las entrañas para hacernos mas buenos, más generosos, mas hermanos, más universales, más comprometidos, más llenos de vida y de alegría auténtica. Ya nada nos podrá separar de este amor y de esta fuerza, aunque podamos estar en las mayores de las debilidades sabemos que tú te haces fuerte en nuestra debilidad y nos amas más cuando más débiles nos sentimos, sólo tú eres nuestra fuerza, Cristo Resucitado.

Nosotros hemos creído en el Amor:

por eso estamos viviendo en comunidades fraternales y deseamos una parroquia en salida, misionera, abierta, viva, alegre, arriesgada comprometda, lúcida, crítica, participativa y sobre todo, Padre, misericordiosa como tú has sido en Jesucristo con nosotros, al resucitarlo de entre los muertos, no queremos una parroquia muerta, queremos una parroquia viva, parroquia del Espíritu encendido y de corazones abiertos;
por eso compartimos con los necesitados, hacemos, pero nos parece poco, no solo queremos dar rqueremos sentir y vivir desde ellos, apostando por su dignidad, compartiendo la vida y los espacios, haznos hermanos;
por eso trabajamos por la libertad, la justicia y la paz. Creemos que el miedo ha sido vencido, que la esperanza está abierta, que la utopía es posible y se elabora día a día, fermentando como la levadura en la masa, como el grano de trigo cuando cae en tierra y muere.

Esta fe en el amor que Dios nos tiene las expresamos en el bautismo:

 por él nos  “sumergirnos” en el Espíritu de Jesús, en su amor;
el amor le llevó a él a dar la vida por todos;
el amor nos conduce a nosotros a dar la vida por todos. TE bendecimos por todos los que inician en la fe en nuestras comunidades, en nuestra parroquia, ayúdanos a encender la gracia del bautismo en todos los niños y jóvenes, que puedan llegar a sentir tu amor y tu atracción, para que despierten y no se duerman en el sueño de la indiferencia, de los que no se mojan.
Estamos aquí porque hemos sido tocados por la locura del amor de Dios, esa que resucita a los muertos, que da vista a los ciegos, hace andar a los cojos, y anuncia la buena noticia a todos los que sufren:  enfermos, parados, excluidos, refugiados, inmigrantes, presos, ancianos, transeúntes…

Tu espíritu nos aviva y nos anima, y estamos alegres, sentimos que:

Nosotros vivimos en el Amor del Dios de la vida: nos ilumina su luz y nos empapa su fuerza.
¡Felicidades, resucitados, vivos en el Amor de Jesús!
Cantemos todos con la alegría del Espíritu del Resucitado.


Pasión viviente de madres

09.04.17 | 20:28. Archivado en Lectura creyente

Ya están a punto los pasos, las imágenes que mueven las entrañas de muchos y los sentimientos religiosos de la muchedumbre, ya se acercan los silencios interiores, vivos y dolientes, ahogados en una nube de paganismo instaurado sin maldad, por pura inercia de los tiempos y de los péndulos, en una sociedad organizada desde el consumo y el placer, pero necesitada de sentido. Pero no se ha ahogado, ni terminado, el dolor y la pasión, que siguen campando a sus anchas en el destrozo de lo más digno y de lo más amado: el hijo querido.

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Cuaresma: desde el "doblao" de mi casa

24.03.17 | 12:35. Archivado en Acerca del autor, Lectura creyente

(In memoriam de mi madre Dolores)

Camino de Granja

Hoy he ido, con mis hermanos, a nuestro pueblo, Granja de Torrehermosa,  a la casa de mis padres, la nuestra. Si nos preguntaran a qué hemos ido, la respuesta sería simple: a barrer el doblao de nuestra casa, la que está en la calle Cervantes, en la que vivieron nuestros abuelos, mi madre y sus hermanos, mis padres, nosotros sus hijos, y la que han vivido como propia mis sobrinos, sus nietos, así como muchos de nuestros primos, en la que siempre han entrado y salido con total confianza los vecinos, en la que muchos han sido acogidos y en la que se ha compartido todo, la que estuvo llena del cariño de mi madre y del trabajo de mi padre y su honradez. Allí hemos nacido, gozado, sufrido, comido, crecido, enfermado, allí han muerto seres queridos, hemos dormido y, sobre todo hemos soñado.

Los niños vecinos ya profesionales

El vecino Miguel, el que vimos nacer como niño de la Mercedes, hoy  ha sido el que me ha entregado las llaves de la puerta nueva, tras haber realizado, como albañil de confianza, una obra de puesta a punto en la casa para poder recuperarla en su mejor estado, para volver a ella y disfrutarla; después ha llegado Mané que será el pintor que la embellezca y su hermana Manola que se encargará de la limpieza última. Todo un proceso de actualización y cuidado hecho con personas de la calle, de las de toda la vida, las que hemos  visto nacer, crecer, y ahora ya vecinos maduros, con una confianza total nos tratan como familia y posibilitan hacer con  paz y serenidad esas cosas que en el mundo son tan difíciles, porque falta el fiarse, la confianza familiar y amistosa.

Los hermanos en el doblado

Los hermanos, cada uno con su cepillo, hemos llegado con la misión clara de adecentar el doblado de la casa, pues tras el arreglo y repaso del tejado había caído mucha tierra y escombros sobre el piso. Además hacía más de diez años que no se barría, el tiempo desde que mi madre lo hizo la última vez, antes de ir perdiendo sus fuerzas y no poder volver a su casa. Ella, cuando llegaba el tiempo bueno, se subía bien temprano, regaba con agua para que se asentara, se pasaba horas y horas, incansable y quedaba todo limpio, ordenado, sabía perfectamente todo lo que tenía y donde. No tiraba nada, porque todo se podía reciclar, ahora los albañiles han podido utilizar azulejos de hace más de treinta años para arreglar detalles que de otro modo hubieran sido imposible. Ella misma nos decía: cuando yo no esté ponéis un camión abajo y tiráis todo lo que queráis, pero mientras yo viva, ni hablar. Allí había detalles de mil cosas y mis historias, que hablaban de personas, vidas, trabajos, fiestas, llanto, nacimiento, luto, útiles de cientos de faenas y cosas para la casa. Cosas usadas y viejas, cosas queridas… Mis hermanos aprovecharon un viaje anterior, para obedecerla en aquello de que pondríamos el camión para deshacer todo aquello. Pero hoy quedaba lo que no fueron capaces de tirar, lo que también a ellos les hablaba de vida, historia, amor, no cosas de valor material sino símbolos de los que fueron y de los que somos. De esas que el alma no te deja tirar porque unen pasado, presente e incluso futuro, desde la tinaja de los dulces de la abuela, al primer juguete que compraron al primer nieto. El cuadro con el nacimiento del  recordatorio del primer hijo y la foto pintada de la hermana joven que murió, por las tifoideas,  en el pueblo de origen, Villagarcía de la Torre,y por cuyo duelo y dolor tuvieron que venir a vivir a Granja, o las de las bodas de nuestros  tíos, o todos los cestos donde se recogían los huevos de las gallinas en el campo. Una vez más, el silencio se ha apoderado de nosotros, barríamos en silencio, sólo comentarios de vida y sentimientos profundos de lo que nos iban sugiriendo los sacramentales que separábamos para poder barrer mejor: el baúl, las ballestas de los pájaros, las tinajas, los baños, las herramientas de trabajo, las cantareras, el sillón, algunas sillas, los cuadros, el primer ventilador  y la túrmix, los tentemozos, la altamuces del abuelo… y la reflexión.

Reflexión y silencio

“La casa, la de la sencillez y lo ordinario, tiene doblado, el cuerpo tiene alma, y en ese alma doblada de la casa del pueblo,  la memoria, la voluntad y la inteligencia de los que somos y vivimos, de una familia que continua. La memoria de lo amado, lo querido, lo sudado y lo sufrido, hecho trozos, gastado pero fecundo, auténtico lleno de huellas y de sudor entregado, amor  certificado por el tiempo del ayer, del presente que se fecundó, para que nosotros tuviéramos futuro. Lo voluntad inconfundible y determinada de que la vida se tiene para darla, que venimos para irnos, que no nos podemos atar a nada pero tenemos que valorarlo todo y saber cuidar y guardar, porque lo de reciclar es un modo de  vivir más que de ahorrar, y lo pasado tiene un gran valor para hoy  y para mañana. Y la inteligencia de que sabe distinguir lo importante de lo secundario, lo primero de lo segundo, lo esencial de lo insignificante. La sabiduría del momento vivido con gracia, luz, cariño y alegría, sabiendo que cuando el otro se encuentra bien con nosotros y  goza, nuestra gozo llega a plentitud, sea en los padres, en los hijos, en los hermanos, en los nietos o en los vecinos.” Todo esto se movía en nuestras almas desde esa alma callada de la casa que es nuestro doblado. Y se hacía más vivo, cuando visitando a la tía Victoria, que se alegra y se emociona cuando nos ve “porque la sangre es la sangre” –aunque la demencia ya le rompa externamente su memoria y su inteligencia pero no su voluntad y afecto- se hacía más vivo su recuerdo de la casa de barriocuervo,  la de los suyos, sus padres, sus hermanos, su infancia, su juventud, aunque le cuesta poner tiempo y fechas en su confusión.

La lección: cuatro días

El hermano mayor nos daba la lección del día, cuando parábamos  a comer en el paso por Llerena: “Yo ya me he dado cuenta de eso que cuesta entender, veo que van faltando todos nuestros padres, tíos, algunos quedan muy mayores, y somos nosotros ya los mayores, la vida son cuatro días. Nos creemos que la vida es …, pero son cuatro días, lo siento cuando leo eso del salmo: “mil años en tu presencia son como un ayer que pasó, una vela nocturna…somos como la hierba que nace y se renueva por la maña y por la tarde se seca y la siegan”. Y uno de esos cuatro ha sido hoy, donde de un modo concentrado, en el simple ejercicio de barrer una estancia de nuestra casa, el doblado, se nos hace evidente  la identidad, nos descubre la debilidad de lo fuerte, lo sencillo de lo importante, lo único y verdadero de lo falso. Sí, hoy hemos hecho lo que hacían  mi padre y mi madre, barrer y ordenar el doblado, seguir tocando el alma de esta familia.


Oración en el pozo de Jacob

20.03.17 | 17:41. Archivado en Iglesia, Lectura creyente

Desde el pozo de la Samaritana…

Ha sido un fin de semana de profundización y contemplación de la vida desde la trascendencia. Un privilegio, la contemplación, del que disfrutamos unos pocos, algo que no es barato aunque si es gratuito cien por cien. Ha sido de la mano de una maestra, Consuelo, una claretiana que ha viajado desde Reus, una mujer que tocada por la gracia, viene y nos lo cuenta para que nosotros también nos encontremos con el Otro de un modo nuevo y nuestros ojos se abran más y mejor, para que no se nos vaya nada de la vida y del paso de Aquél que es absoluto y ha decidido amarnos más allá de lo que somos y hacemos. Y hoy Domingo , tercero de Cuaresma, en el que se abre el sentido de la vida desde el agua bautismal, el agua que renueva, transforma, crea, da vida…nos hemos puesto a rezar y contemplar desde el pozo de la Samaritana, que era de Jacob. Un pozo que a partir de su experiencia personal se transformó en lugar de novedad para muchos con una fuerza inusitada, incluidos nosotros los que en la mañana hemos compartido la palabra y la mesa de la eucaristía, tocados por este Espíritu que se pone junto a nosotros en el pozo del cansancio y de la espera.
Cansados, con el cántaro vacío

Allí, una vez más, he acudido yo también, como la Samaritana, cansado del camino y con el cántaro vacío, buscando cómo llenarlo en una fuente nueva, sabiendo que hay agua de vida, que en otras ocasiones la he bebido y me ha satisfecho, pero que en la vereda hacia ella, por no transitarla, ha crecido la hierba y ahora me cuesta encontrar esa fuente que da vida, pues sigo perdido, más ocupado en la tareas que en el oficio de saber beber aguas de vida en las fuentes de la verdad. Una vez más he constatado, junto al pozo de la búsqueda, que quiero y necesito beber un agua nueva.
Allí he recordado que cuando te he encontrado y he bebido en Ti, a tu lado he sido más yo, he renovado mi identidad más profunda, he reconocido que lo que tú me ofreces me llena de verdad y me conduce a los otros con un espíritu nuevo, y he vuelto a pedirte que te encontraras conmigo y me dieras el agua de la vida. He sentido que te acercabas y me hablabas allí junto al pozo, como si hubieras llegado antes que yo y cansado, por el camino realizado, te hubieras sentado para esperarme en mi cansancio y así poder abrazarme y aliviarme. Allí te he escuchado hoy de un modo nuevo y me has ganado sanando mi corazón al oírte con tu abrazo divino:

Nos has hablado al corazón

“Ven junto a mí, pon tu cansancio junto al mío. Te estaba esperando, trae tu cántaro vacío, el de la vida, del quehacer, el de tu sequedad, desorientación, el del placer no logrado, trae tu desconsuelo, pero también tu tarea, tus trabajos, tu familia, tu amistad, tu entrega, tu compromiso… Ponlo a un lado, déjalo aquí, que vamos a beber gratis del agua de la vida. Respira profundo en el corazón del Padre y, vigilante, siente su paso paterno y su abrazo lleno de ternura, él trae frescura, serenidad, equilibrio, caricia, amor, cercanía, luz, es para ti, te trae la alegría, el gozo y la paz. Llenará tu cántaro vacío y tú serás fuente inagotable para que otros puedan beber en ti sin agotarte, porque estarás lleno de vida auténtica, de la que no está aquí o allí, sino en lo profundo de lo amado, allí donde el Padre te confirma : tu eres mi hijo amado.

Ahora iremos juntos

Ahora la tarea no será lo urgente, ni siquiera lo necesario, sino la gracia que acompaña la vida, la que te llena de gracia y gratitud, la que te lleva a adorar y confiar, la que te hace apóstol de lo gratuito en medio del mundo para que avance el reino de lo fraterno y de lo generoso.
Ahora estarás conmigo y no andarás en soledad, ni triste, ni agobiado, es más todo en ti será fecundo, incluso cuando no parezca eficaz. Avanza, sin miedo, con tus hermanos, adora y confía… y vuelve, vuelve junto a mí, porque yo estaré siempre contigo y tú, ya sabes, que sin mí no podéis hacer nada. Bebamos y gocemos de los que somos y de lo que amamos, porque sólo ahí está el agua de la vida, la que sacia tu sed de felicidad.


El imán y el párroco, un té en la mezquita

14.03.17 | 23:31. Archivado en Iglesia, Lectura creyente

En el barrio del Gurugú.

(Praxis del diálogo interreligioso en Badajoz)

Hace tiempo el arzobispo de Mérida-Badajoz me encargó animar la delegación de ecumenismo y diálogo interreligioso, a partir de entonces voy desarrollando esa sensibilidad y buscando datos y elementos que favorezcan los objetivos propios de dicho diálogo y encuentro. Me sorprende y me anima mucho el ver gestos que ya se dan desde lo sencillo en los ámbitos rurales, en los barrios sencillos, allí donde se encuentran personas con culturas y sensibilidades religiosas distintas. Hace unos días, en el camino hacia Zafra, donde nos reunimos quincenalmente un grupo de sacerdotes para realizar juntos lo que llamamos “estudio del evangelio” como formación permanente de nuestro ministerio, me comentaba Lolo Matos su visita y encuentro reciente con Adel, el Imán de Badajoz, en la mezquita que está ubicada en la demarcación de su parroquia en el barrio del Gurugú. Habían coincidido varias veces y tenía pendiente esta visita, el Imán ya fue a visitarlo a la parroquia, en la fiesta de Navidad, para felicitarlo a él y a la comunidad cristiana, con una felicitación que incluía versículos del Corán donde se habla de un modo venerable de la Virgen María.

Lolo me comentaba con mucha ilusión lo que había supuesto el encuentro en la mezquita, lo que le había aportado y le pedí que pusiera por escrito de un modo sencillo lo que me estaba comentando, para que se viera qué es lo que queremos decir cuando hablamos del diálogo interreligioso, y que se descubriera en ese nivel de barrio sencillo. Estos encuentros son espacios de paz y de esperanza, esta ha de ser la respuesta a los fundamentalismos y los rechazos. Me alegra compartir con vosotros esta reflexión del amigo Lolo y del imán Adel, es una forma de poner en el candelero las claves de lo que ha de ser nuestro diálogo interreligioso y de lo que hemos de fomentar en nuestra Iglesia Diocesana:

El mejor té de Badajoz

El párroco

Ayer probé el mejor té de Badajoz. Ya había coincidido en varias ocasiones con Adel Najjar, imán de la mezquita de Badajoz, en la comisión de salud y en todas ellas había recibido su invitación a pasar por la mezquita. Volvimos a coincidir en la inauguración de “Badajoz, una ciudad de acogedora con las personas refugiadas” y aquí tiré de agenda para no dilatar más en el tiempo esta visita que cada vez que pasaba por la calle Gurugú , la media luna me murmuraba que tenía pendiente. Tenemos una deuda que nos pesa con tantas personas a las que hemos dado la espalda como sociedad… Badajoz quiere ser ciudad acogedora. Adel también tuvo que salir hace muchos años de la ciudad de Gaza, en la que nació. Siempre se ha sentido bien acogido en Badajoz.

Varios miembros de la comunidad nos recibieron. Me acompañaba Pepe, voluntario de Cáritas y miembro activo de nuestra parroquia. La casa de oración es casa de acogida, y eso es lo primero que experimentamos. Los mayores de la comunidad nos reciben y Mohamed, el más joven, nos prepara el té mientras guiados por Adel vamos conociendo el lugar y la historia de esta comunidad islámica en la ciudad de Badajoz. Él llegó a estudiar medicina en la Universidad de Extremadura en los años ochenta y hoy es referente del mundo islámico en nuestro país.

La visita da para conversar, al deleite del té verde magrebí, de la convulsa situación de los tiempos en los que vivimos, de la barbarie a la que lleva el fanatismo religioso, pero sobre todo del gozo de experimentarse sobrecogido por la transcendencia, de estar en las manos de Otro y de cómo esto nos proyecta al diálogo y la convivencia.

Adel tiene que dejarnos para dirigir la oración del anochecer. Con la cadencia de los rezos muslimes yo fotografío por la ventana el templo parroquial mientras que sobrecogido, en éste “Tabor”, quiero escuchar al Dios de la Vida.

EL IMÁN

Así lo comentaba Adel en facebook:

“Esta tarde recibimos en la mezquita de Badajoz al párroco de la iglesia nuestra señora de Asunción, Lolo Matos, y el voluntario Pepe Blanco.

El objetivo de la visita es fomentar las buenas relaciones entre las dos comunidades ubicadas en la misma barriada.

Charlamos sobre la convivencia y el respeto, y compartimos un té en un ambiente reinado por la alegría y amistad.”


"Una madre ante las cenizas de sus hijos"

11.03.17 | 21:33. Archivado en Juventud, Lectura creyente

“El amor es más fuerte que la muerte”

(Desde el dolor esperanzado de una madre rota)

Mañana, segundo Domingo de Cuaresma, las cenizas de dos jóvenes - asesinados en Guatemala- serán depositadas en un camposanto de un pueblo extremeño donde reposarán con los suyos. El quehacer de enterrarlos que toca a su madre me abren al dolor esperanzado del sentido de la vida en la resurrección.

María José Risco , es extremeña de corazón universal como muestra su currículum y su vida, por eso va a traer las cenizas de sus dos hijos queridos a nuestra tierra para que descansen con los suyos para siempre. Lo hace en cuaresma, en tiempo de ceniza, cuando hablamos de la muerte como el camino para la vida. Lo hace con el corazón roto, con la entrañas abiertas y desgajadas, abrazada al hijo que le queda en esta historia, para poder seguir abrazándolo físicamente y ser, por él, abrazada, como sacramento de una realidad familiar que exige ser eterna porque ha sido verdadera y única.

Quedan atrás los años en que, tocada de inquietud y de sentido profundo del bien interno de su profesión, traspasó los mares y se encarnó en Guatemala, para adentrarse con corazón y vida en proyectos de cooperación en el deseo de una justicia que iguala y dignifica a los humanos. Guatemala fue su casa, su pueblo, su vida y, por lo mismo, su amor, allí se enamoró y se casó, fruto del matrimonio, nacieron sus tres hijos. Ella, siempre consciente, de que los hijos son de la vida y no propios, caminó con ellos animando sus alas de libertad, verdad, compromiso con la vida y su propio interior, con sus ilusiones y sus esperanzas. Libertad que posibilitó que Guillermo viviera con ella, estudiando en España, y que Alejandro y Cristina realizaran sus vidas, junto a su padre que falleció hace un año, en el mismo día que acaban de morir ellos, en tierras gualtemaltecas, formándose y trabajando en aquella realidad en la que se sentían identificados, amando sus posibilidades y sus limitaciones, como si fueran propias.

Y ahora el dolor de una violencia mortal, en aquella tierra y pueblo amado, los arrebata no sólo del abrazo de la madre sino también de la vida. Empujados por la violencia y la pobreza del robo, sin sentido, en una estructura de corrupción y poca seguridad, han sido arrojados de este mundo y han tenido que vivir su horizonte personal de muerte en la juventud más pura y más nueva, cuando sólo contaban con veinte años. Dos vidas, mellizos en una misma hora, abiertas al amor y la esperanza, llenas de fuerza y de alegría, con un entusiasmo que sobrepasaba el tiempo y no encontraba lugar para tanta inquietud y deseos de vivir y hacer.

El lugar que fue fecundado con la inquietud y la generosidad de aquella voluntaria joven, después madre consagrada, ahora se convierte en cementerio triste de una luz apagada en este horizonte. Aquella voluntaria, hoy es forzada desde unas cenizas que sólo son amadas por lo que fueron, pero aún no apaga la luz de lo vivido y se agarra a esa realidad tan pura y auténtica, para poder seguir esperando junto a la cruz, de pie –como la madre de Cristo-, erguida por la verdad de lo amado, por la fuerza de lo vivido, por el deseo de lo eterno, sabiendo y esperando que la injusticia y el mal no tengan la última palabra.

Ahora le toca a esta madre y a esta mujer, de raíces fuertes y firmes como las encinas de esta tierra extremeña, elaborar un duelo desde el credo de sus entrañas, el credo que asentado sobre el deseo de la justicia, de la igualdad y de la dignidad humana, le empuja con dolor a expresar que “el amor –como dice la Sagrada Escritura- es más fuerte que la muerte”, que el amor no puede morir y los amados tampoco. Ahora le toca, con los dolores de aquel parto doble, gritar y esperanzarse de que habrá un cielo nuevo y una tierra nueva, en la que éstos que están grabados a fuego en el corazón de los suyos, especialmente de ella como madre y de su hijo como hermano, vivirán para siempre y volverán a encontrarse. Ahora le toca, con el llanto de la madre herida, manifestar que todo ha merecido la pena, que ha sido afortunada en su ser y hacer, en la vida de estos hijos que ha acabado tan injustamente, pero no sin sentido porque han amado y son amados, que quiere seguir trabajando por la igualdad y la dignidad de todos los hombres y en especial de ese pueblo que le ha roto sus entrañas y al que ha querido y quiere entrañablemente.

Y yo, que acabo de recibir la noticia, de un buen amigo, Pedro, que está unido en la verdadera amistad con María José, y se encuentra en aquellas tierras para facilitar el viaje de los restos para ser enterrados en la debilidad de la ceniza, en tierra extremeña, rezo a Dios, imaginando el dolor de la madre, por una violencia tan injusta, lo imagino en un corazón tan humano, tan voluntario, tan comprometido, tan maternal, con esa pregunta eterna por el mal injusto y el dolor inocente, desde el amor más puro. Ahora su fe, sólo su fe movida por el amor, la podrá mantener en pie y le da fuerzas para escribir la líneas que acabo de leer con las que se ha dirigido al pueblo de Guatemala para una celebración eucarística en honor de sus hijos, que estuvo llena de vida y de esperanza, entre jóvenes y personas queridas, con cantos de resurrección y amor. La misma fe que le mueve a desear una celebración aquí, en nuestra tierra, que transmita lo que sus hijos le transmitían a ella: ilusión y esperanza, de ese amor que por verdadero es más fuerte que la muerte.

José Moreno Losada. Sacerdote.


Pablo Ráez y la razón de creer y vivir

05.03.17 | 10:24. Archivado en Juventud, Lectura creyente

“Pablo Raez, ora pro nobis”

PABLO RAEZ Y LA RESURRECCIÓN DE LOS MUERTOS

Acaba de comenzar la cuaresma, el miércoles de ceniza me ayudaba a introducirme en ella un vídeo televisivo de Pablo Raez, el joven de Marbella, que con su modo de vivir la enfermedad y de enfrentarse a la muerte, se ha adentrado en el corazón de la sociedad española y ha sido noticia priorizada en todos los medios de comunicación social, ocupando lugar privilegiado en los telediarios durante varios días. El jueves compartía un día de oración con los sacerdotes de mi diócesis, acompañados por el arzobispo, el cual eligió un texto evangélico en el que se nos invitaba a ser pequeños y como niños ante el Reino de Dios. Orando ante el santísimo enseguida me vino a la mente las imagen y el testimonio de Pablo.

Comenzó mi contemplación con una de las frases de su padre en el reportaje, cuando comentaba que al entrar en la planta de tratamiento para la leucemia en el hospital, con su pequeña maleta, su hijo le dijo: “Papa, ahora ya se acabó mi infancia”. Le tocaba vivir y enfrentarse a una situación de dureza profunda, se le pedía una madurez nueva que tenía que elaborar y estrenar, él era consciente de la frontera que estaba pasando en ese momento tan simbólico. Después todo un proceso de dos años en el que por su modo de vivir la enfermedad, tan auténtico y original, ha traspasado la muerte de un modo singular y fecundo. Y eso es lo que ayer me seducía de su persona y su testimonio, cuando comenzábamos una cuaresma que una vez más apunta a la Pascua de la Resurrección, a la plenitud de la vida, a la vida eterna a la que se llega por la puerta de la cruz y de la muerte. Desde ahí surgía en mi interior una oración agradecida al Padre y a Pablo Ráez: “Gracias Padre, por darme este signo vivo de tu espíritu resucitado en la persona de Pablo Ráez… por él, hoy creo y espero más en la resurrección”. Hoy sentía el deseo de parafrasear con el apóstol Pablo que “si Cristo ha resucitado, Pablo Raez también resucitará”.

Contemplaba, a la luz de su testimonio, que este joven había vivido en lo oculto y lo anónimo del mundo, como Jesús en Nazaret, había intentado salir de la monotonía y buscaba en el deporte el lugar de la originalidad, las claves del vivir superándose y logrando su propio lugar específico, pasando de un deporte a otro y entregándose a fondo en ellos. Rechazaba estar en un sofá, quería encauzar su impulso y activismo en aspectos positivos para su persona. Vivía centrado en él y en los que le rodeaban como la inmensa mayoría de la sociedad, en una infancia prolongada. Pero el hachazo de una analítica realizada por razones casi deportivas, el sufrimiento de una rodilla, le llevó a la frontera de su infancia –su autocentramiento- y de la vida. Y tuvo que entrar en el deporte del despojamiento y del espíritu. En el entrenamiento del yo que se desnuda de todo ego para abrirse a la alteridad viviendo lo más propio, en este caso su enfermedad. Y ahí, con todo el ánimo de su espíritu se abrió al Espíritu de un modo radical y nuevo.

Desde la enfermedad se acercó a la búsqueda del sentido en el interior profundo de su yo y se abrió a los demás, a todos los enfermos de un modo original y único, a toda la sociedad con un mensaje de salvación y de esperanza profético, a la vez que se adentraba en el misterio de lo divino, para entender la existencia como proyecto, en un juego realmente comprometido, con una normas que no venían dictadas por uno mismo sino que las imponía una naturaleza débil en proceso, cargada de limitación, sufrimiento y muerte. Ahí unió fe y vida, salvación y enfermedad, vida y muerte, oscuridad y esperanza. Se abrazó a Cristo y supo vivir y morir como él, siendo auténtico y original. Entendiendo la vida y la muerte desde el amor y la entrega, siendo para los demás, transmitiendo una “Buena noticia”, desde la pobreza y el mayor dolor, desde el más profundo despojamiento del ego, entregando su yo para que los demás tuvieran vida y esperanza, con una filosofía llena de confianza y de fuerza. Y todo ello envuelto en dolor, debilidad y miedo, no sintiéndose héroe, sino humano y compasivo. Hizo de su enfermedad, su vida pública, ahí donde muchos se esconden, él animado por el espíritu, se presentó en medio del pueblo, en los caminos, las plazas, las escuelas… en ese vehículo de las redes, que no solo enredan sino que también cuando encuentran la luz de una vida auténtica, se convierten en lugar de salvación y solidaridad. Ha sido un signo de salvación y de resurrección desde el cáncer, desde la muerte, desde la cruz, realmente como Jesús. Por eso, rezo al Padre dando gracias por su testimonio, Pablo Ráez es para mí una razón para creer en la resurrección, alguien así no puede morir, alguien así nos habla de que hay justicia divina y que no morirá para siempre, el que ha muerto como Cristo –bautizado, confirmado, comulgado en El- está ya en su gloria y, desde la comunión de los santos, será nuestro valedor y nuestro campeón de vida en la enfermedad y en la muerte.

He sentido alegría y envidia sana, por ese amigo-padrino, Pepe el sacerdote, que te ha acompañado y ha vivido este proceso de paso pascual, de la muerte a la resurrección. Imagino su experiencia vital al bautizarte, confirmarte y servirte el pan de la vida en la Eucaristía, y lo que Dios le habrá enriquecido con tu persona y tu experiencia. Yo también estoy muy agradecido a Dios por los signos de vida que descubro en los jóvenes.

Hoy, al comenzar esta cuaresma, ante Jesús en el altar, oro con confianza: “Pablo Ráez, confesor de la fe, testigo de la resurrección, ora pro nobis”.
José Moreno Losada. Sacerdote.


Pablo Ráez y la razón de creer

05.03.17 | 10:24. Archivado en Juventud, Lectura creyente

“Pablo Raez, ora pro nobis”

PABLO RAEZ Y LA RESURRECCIÓN DE LOS MUERTOS

Acaba de comenzar la cuaresma, el miércoles de ceniza me ayudaba a introducirme en ella un vídeo televisivo de Pablo Raez, el joven de Marbella, que con su modo de vivir la enfermedad y de enfrentarse a la muerte, se ha adentrado en el corazón de la sociedad española y ha sido noticia priorizada en todos los medios de comunicación social, ocupando lugar privilegiado en los telediarios durante varios días. El jueves compartía un día de oración con los sacerdotes de mi diócesis, acompañados por el arzobispo, el cual eligió un texto evangélico en el que se nos invitaba a ser pequeños y como niños ante el Reino de Dios. Orando ante el santísimo enseguida me vino a la mente las imagen y el testimonio de Pablo.

Comenzó mi contemplación con una de las frases de su padre en el reportaje, cuando comentaba que al entrar en la planta de tratamiento para la leucemia en el hospital, con su pequeña maleta, su hijo le dijo: “Papa, ahora ya se acabó mi infancia”. Le tocaba vivir y enfrentarse a una situación de dureza profunda, se le pedía una madurez nueva que tenía que elaborar y estrenar, él era consciente de la frontera que estaba pasando en ese momento tan simbólico. Después todo un proceso de dos años en el que por su modo de vivir la enfermedad, tan auténtico y original, ha traspasado la muerte de un modo singular y fecundo. Y eso es lo que ayer me seducía de su persona y su testimonio, cuando comenzábamos una cuaresma que una vez más apunta a la Pascua de la Resurrección, a la plenitud de la vida, a la vida eterna a la que se llega por la puerta de la cruz y de la muerte. Desde ahí surgía en mi interior una oración agradecida al Padre y a Pablo Ráez: “Gracias Padre, por darme este signo vivo de tu espíritu resucitado en la persona de Pablo Ráez… por él, hoy creo y espero más en la resurrección”. Hoy sentía el deseo de parafrasear con el apóstol Pablo que “si Cristo ha resucitado, Pablo Raez también resucitará”.

Contemplaba, a la luz de su testimonio, que este joven había vivido en lo oculto y lo anónimo del mundo, como Jesús en Nazaret, había intentado salir de la monotonía y buscaba en el deporte el lugar de la originalidad, las claves del vivir superándose y logrando su propio lugar específico, pasando de un deporte a otro y entregándose a fondo en ellos. Rechazaba estar en un sofá, quería encauzar su impulso y activismo en aspectos positivos para su persona. Vivía centrado en él y en los que le rodeaban como la inmensa mayoría de la sociedad, en una infancia prolongada. Pero el hachazo de una analítica realizada por razones casi deportivas, el sufrimiento de una rodilla, le llevó a la frontera de su infancia –su autocentramiento- y de la vida. Y tuvo que entrar en el deporte del despojamiento y del espíritu. En el entrenamiento del yo que se desnuda de todo ego para abrirse a la alteridad viviendo lo más propio, en este caso su enfermedad. Y ahí, con todo el ánimo de su espíritu se abrió al Espíritu de un modo radical y nuevo.

Desde la enfermedad se acercó a la búsqueda del sentido en el interior profundo de su yo y se abrió a los demás, a todos los enfermos de un modo original y único, a toda la sociedad con un mensaje de salvación y de esperanza profético, a la vez que se adentraba en el misterio de lo divino, para entender la existencia como proyecto, en un juego realmente comprometido, con una normas que no venían dictadas por uno mismo sino que las imponía una naturaleza débil en proceso, cargada de limitación, sufrimiento y muerte. Ahí unió fe y vida, salvación y enfermedad, vida y muerte, oscuridad y esperanza. Se abrazó a Cristo y supo vivir y morir como él, siendo auténtico y original. Entendiendo la vida y la muerte desde el amor y la entrega, siendo para los demás, transmitiendo una “Buena noticia”, desde la pobreza y el mayor dolor, desde el más profundo despojamiento del ego, entregando su yo para que los demás tuvieran vida y esperanza, con una filosofía llena de confianza y de fuerza. Y todo ello envuelto en dolor, debilidad y miedo, no sintiéndose héroe, sino humano y compasivo. Hizo de su enfermedad, su vida pública, ahí donde muchos se esconden, él animado por el espíritu, se presentó en medio del pueblo, en los caminos, las plazas, las escuelas… en ese vehículo de las redes, que no solo enredan sino que también cuando encuentran la luz de una vida auténtica, se convierten en lugar de salvación y solidaridad. Ha sido un signo de salvación y de resurrección desde el cáncer, desde la muerte, desde la cruz, realmente como Jesús. Por eso, rezo al Padre dando gracias por su testimonio, Pablo Ráez es para mí una razón para creer en la resurrección, alguien así no puede morir, alguien así nos habla de que hay justicia divina y que no morirá para siempre, el que ha muerto como Cristo –bautizado, confirmado, comulgado en El- está ya en su gloria y, desde la comunión de los santos, será nuestro valedor y nuestro campeón de vida en la enfermedad y en la muerte.

He sentido alegría y envidia sana, por ese amigo-padrino, Pepe el sacerdote, que te ha acompañado y ha vivido este proceso de paso pascual, de la muerte a la resurrección. Imagino su experiencia vital al bautizarte, confirmarte y servirte el pan de la vida en la Eucaristía, y lo que Dios le habrá enriquecido con tu persona y tu experiencia. Yo también estoy muy agradecido a Dios por los signos de vida que descubro en los jóvenes.

Hoy, al comenzar esta cuaresma, ante Jesús en el altar, oro con confianza: “Pablo Ráez, confesor de la fe, testigo de la resurrección, ora pro nobis”.
José Moreno Losada. Sacerdote.


"Entre el ego y el yo" (Miércoles de Ceniza)

01.03.17 | 13:12. Archivado en Iglesia, Lectura creyente

La ceniza en el centro AFAEX

Terminado el ajetreo de los carnavales, volvemos a la rutina, tocada de singularidad, para los que nos sentimos cristianos. La liturgia nos adentra en el tiempo de la cuaresma a través del rito centenario de la imposición de cenizas en este miércoles, que nos abre la cuarentena del paso por el desierto con las armas de la oración, el ayuno y la limosna.
Como corresponde a mi ministerio hoy me toca el oficio de imponer la ceniza a los fieles y me dispongo en la mañana para que no me ocurra lo que León Felipe avisa en su poema:   “No sabiendo los oficios los haremos con respeto. Para enterrar a los muertos como debemos, cualquiera sirve, cualquiera… menos un sepulturero.” Pero es la misma mañana la que se encarga de espabilarme, lo hace en el centro AFAEX. Paco me avisa de que vaya al centro vecino de la parroquia, centro de día para enfermos del alzheimer, porque él estará fuera. Hacemos una pequeña liturgia, con cantos, evangelio y la imposición de manos. La siguen fielmente como de un recuerdo vivo y presente, se unen los trabajadores. Ha sido un momento de paz y calma, serenidad y cierta alegría, a mí me ha dejado en mi interior una clave para entender el sentido de  esta liturgia y del tiempo cuaresmal que comenzamos. Más de una vez he escrito sobre estos enfermos y la aparente pérdida del “yo”, cuando el yo queda en manos de los que te quieren y te cuidan, porque tú ya no lo conduces. Es impresionante la relación entre la mente y el cerebro, ese misterio permanente con el que nacemos y en el que morimos sin más luz de lo que somos y lo que amamos para seguir viviendo.

Polvo eres y en polvo te convertirás…

La reflexión me ocupa y me desborda en este día que invita a la conversión. Entiendo que la conversión ha de darse entregando el “ego” al “yo”.  Recuerdo que la expresión antigua al imponer la ceniza era lacónica: “acuérdate que eres polvo y en polvo te convertirás”. Y medito a la luz de esta enfermedad que se presenta como olvido de lo inmediato y lo actual para reavivar de un modo radical el pasado  en la infancia más desnuda. En ese olvido de lo actual se cifra pérdida del control del yo, para entregarse como un niño débil  y necesitado en las manos de los que te sostienen y de los que necesitan amor y cuidado. Pienso que en la sociedad actual y en nuestra cultura se da la tentación de la contrario, hambrientos de presente y agarrados a él por el poder, el placer y la riqueza, nos olvidamos del origen auténtico de cada uno de nosotros, de ese origen que es clave del futuro: la debilidad de un yo que se forja en la relación del amor y del cuidado mutuo. El “ego” se come al “yo” y lo disfraza de una eternidad lisonjera y atrevida, que queda desnudada en los signos de lo débil que siempre acechan y amenazan, aunque los obviemos e ignoremos. Hoy necesitamos volver con el corazón a la debilidad de la infancia y de la vejez, para saber quiénes somos y a dónde vamos, para recuperar el verdadero sentido y el valor de nuestro yo junto al nosotros de la humanidad y del mundo.

Adelgazar el “ego”

El psiquiatra Castilla del Pino decía que el hombre actual debía adelgazar su yo, ese sentido de la originalidad y singularidad de lo humano para sentirse más cosa del mundo, yo hoy en esta meditación entiendo que el evangelio me llama a adelgazar el ego para fortalecer el yo. Es el ego el que se derrumba con la realidad de su contingencia, no somos los que sabemos, lo que podemos, ni siquiera lo que gozamos, somos los que amamos y queremos, complementados con  lo amados y queridos que somos por los otros. El evangelio nos invita a fortaleceré el verdadero yo sin disfrazarlo de ego,  ahí está el reto entregar el ego para que el yo sea original y auténtico en el amor. Todo lo demás polvo es y en polvo se convertirá.

Ante mí, los otros y Dios

Pablo d´Ors  escribe invitando a recorrer un camino de profundidad y anonimato, entregando el ego y recuperando el yo,  en las claves cuaresmales de lo humano y de lo divino: Ante los demás, vivir la generosidad de los que se entregan en silencio sin pedir nada a cambio; ante Dios, la oración callada del que se sabe criatura y necesita fundamento para sentirse amado y poder aspirar a la vida de lo eterno; ante mí mismo el ayuno de todo aquello que siendo autorreferencia me impide crecer por dentro en sabiduría y gracia, en libertad verdadera.


“De apóstoles y patrística, hoy”

20.02.17 | 10:46. Archivado en Iglesia, Acción Católica, Lectura creyente

“De apóstoles y patrística, hoy”
(Viaje apostólico a la Rioja)
El fin de semana me ha ofrecido la oportunidad de vivir y reconocer que las claves y raíces de la Iglesia de la que formo parte siguen permaneciendo hoy. Ha sido un viaje largo e intenso, al que podría calificarlo de eclesial, apostólico y patrístico. Me explico.

El curso pasado, en Mayo, en la asamblea del movimiento de Profesionales Cristianos de Acción Católica, del que formo parte activa, me pidieron que les acompañara en el equipo permanente como consiliario general. Ya lo había sido, en los primeros años de su nacimiento en el año 2002, cuando la Conferencia Episcopal lo aprobó para iniciar un proceso de evangelización en el ámbito profesional y cultural. Ahora tocaba seguir adelante con una realidad más consolidada, a la que se le ha pedido desde el espiscopado español que presentara su proyecto evangelizador y de futuro, junto a los demás movimientos especializados de acción católica en España.

Profesionales y apóstoles

El viaje que acaba ahora, en la tarde del domingo, ha sido respondiendo a esta llamada. Llevamos un año de reflexión sobre la realidad y el proyecto de nuestro movimiento y, desde ahí, hemos elaborado el borrador del proyecto evangelizador en el que estamos inmersos y deseamos continuar trabajando. He acompañado a María José Toledo e Belén Plaza, de Badajoz y Zaragoza respectivamente, presidenta y secretaria del movimiento. Una, médico cirujano, esposa y madre de dos hijos, otra, trabajadora social en la comunidad autónoma de Aragón donde trabaja en cuestiones de residencias y mayores. Nos hemos desplazado a Logroño, donde se encuentra el obispo consiliario de la Acción Católica, Carlos Escribano.

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Ecumenismo a pie de pueblo: la Roca de la Sierra

09.02.17 | 21:28. Archivado en Iglesia, Papa Francisco, Lectura creyente

Del conflicto a la comunión

En el mes de Enero hemos celebrado el octavario de oración por la unidad de los cristianos. Son días intensos de ecumenismo en el camino del deseo de la unidad entre las iglesias cristianas para llegar a ser la única Iglesia de Jesucristo y así ser fieles al deseo profundo de Jesús de Nazaret cuando pedía en su oración ante el Padre de Dios que todos fuéramos uno como lo eran el Padre y él. Pero ese deseo de unidad este año tiene un sentido especial porque se cumple el quinto centenario del inicio de la reforma luterana, fecha simbólica y referencial para los “protestantes”.

El papa nos ha llamado a reforzar los caminos de la unidad y el encuentro. Él mismo lo hizo de un modo simbólico y universal al firmar con el presidente de la federación de las iglesias luteranas el documento llamado “Del conflicto a la comunión”. En él se nos invitaba a unirnos a estas iglesias hermanas para celebrar esta fecha tan conmemorativa para ellos. Pues bien, ese espíritu del Papa Francisco y ese deseo va haciéndose capilar en el cuerpo eclesial y va llegando poco a poco hasta la base, hasta el pueblo. Y como siempre son los sencillos los que menos reparos tienen en vivir y acoger lo que es positivo y llama a la unión. Así lo he vivido y percibido hoy en la Roca de la Sierra, pequeña población situada a medio camino entre Badajoz y Cáceres. Allí conviven la Iglesia católica, que lleva siglos enraizada, dando luz y sentido a sus feligreses, y una reciente comunidad de la iglesia evangélica “de la Esperanza”. La católica acompañada por el sacerdote Diego Valle, la evangélica por el pastor Henri Boada.

Diego y Henri, dos pastores con corazón

Al conocer a este pastor con motivo de la semana de la unidad, como delegado de ecumenismo en Badajoz, hablamos de la posibilidad de hacer un gesto de comunión y oración compartida en esa localidad, donde hasta ahora se saludaban como conciudadanos pero no habían compartido como cristianos. La mayoría de los católicos nunca habían estado en el ámbito de ese centro evangélico que ocupa el local del antiguo cine del pueblo. Incluso Henri, al comienzo de estar en la población, alguna vez lo pasó mal por su singularidad religiosa. Le hablé de que no iba a encontrar ningún obstáculo en el sacerdote, sino más bien acogida y cariño pastoral. Así ha sido según me ha confesado varias veces en la preparación de este evento.

Se conocieron, se saludaron y quedaron en preparar juntos una celebración de reconciliación y oración compartida entre las comunidades eclesiales. Se vieron en un espacio sencillo, tomando un café en un bar del pueblo, la gente se alegraban de verlos juntos y lo expresaban con admiración. La idea era acercarse la comunidad católica a su centro y celebrar juntos con motivo del quinto centenario de la reforma. La celebración litúrgica ha sido tomada de los materiales elaborados por la comisión luterano-católica con motivo de la semana de la Unidad: “Del conflicto a la comunión. Nos apremia el amor de Cristo”.

Una repuesta de comunión y generosidad mutua: Unidos por la misericordia

La respuesta de la comunidad católica, ante la invitación del sacerdote, ha sido desbordante, niños, jóvenes, matrimonio, mayores han acudido y abarrotado el local, sin prejuicios ni miedos, con confianza y deseo de compartir. Los pastores gozosos y felices de esta comunión y cercanía, de esta fraternidad. Si algo había de muro o distancia, no hay duda de que hoy se ha caído. Allí han pedido perdón juntos por todo lo que ha sido división, rechazo, persecución, odio, exclusión, guerra…hemos reconocido la idiotez de los muros y las etiquetas que nos separan y dividen, viendo que eso nunca puede venir de Dios. Se ha escuchado la palabra de Dios, con el profeta Ezequiel que nos hablaba de un corazón nuevo frente al pasado, con el apóstol Pablo que nos decía que no podíamos mirarnos desde la carnalidad del egoísmo y la comparación, sino desde el amor de Cristo que nos apremia, y después el evangelista Lucas nos ha encendido con la parábola del Padre bueno que abraza a su hijo , cuando viene roto y dividido por la ceguera y el orgullo que conducen al fracaso personal y entre hermanos. Tanto Henri como Diego han hablado en sus sermones al corazón de lo humano, desde los sentimientos de Cristo que nos muestra al Padre y han hablado de lo que nos une y nos llama a caminar juntos, para vivir con más profundidad nuestra relación con Dios y los hermanos.

Una celebración de la sencillez y del camino de la verdadera unidad

Ha sido una celebración de ecumenismo puro en la sencillez, el credo, el padrenuestro, la paz ha brillado y nos ha entrelazado con las manos y el corazón. Ha sido un paso más de amor entre los cristianos que se sienten llamados a ser testigos de ese amor en medio del mundo. Cada uno con sus riquezas y su historia, sabiendo que no están llamados al conflicto, ni siquiera a la fusión excluyente, sino al enriquecimiento mutuo, para que todos puedan creer que Dios ha enviado a Jesucristo y que todos nosotros, unos y otros, hemos sido salvados por él.

Soy testigo de que hoy en un pequeño pueblo de Extremadura, en la Roca de la Sierra, se ha hecho a pie de calle, con calor y sabiduría rural, lo que el Papa y el representante luterano hicieron a nivel mundial. El pueblo sencillo entiende el mensaje y los gestos del Papa Francisco, que fiel al Concilio Vaticano II y a los 50 años de andadura del proceso ecuménico, nos invita a estar más unidos, a conocernos y reconciliarnos ante el altar y ante el mundo.

Felicito a la Roca de la sierra y a sus pastores por este signo de unidad y de comunión en Cristo y su gracia salvadora. Y os invito a ver la alegría y el gozo con que los pequeños vivían este momento: La voz y el corazón de los niños

José Moreno Losada. Delegado de Ecumenismo y diálogo interreligioso de Mérida-Badajoz.


Lunes, 24 de abril

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