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CORRUPCION VERSUS DEMOCRACIA

Permalink 11.12.06 @ 12:21:18. Archivado en Política, Corrupción

¿Democracia y corrupción pública son conceptos compatibles?. ¿Es posible la existencia institucionalizada de prácticas corruptas en un Estado democrático, sin que éste quede desvirtuado como tal?. A mi modo de ver, en modo alguno. Veamos.

La corrupción ha existido siempre. En todos los tiempos, sistemas políticos, culturas y religiones. El fenómeno es global. Al parecer, las graves penas establecidas en el Código de Hammurabi contra los gobernantes corruptos no han devenido eficaces. Cicerón forjó su carrera política denunciando la corrupción de Verres. En la obra Breviario de los políticos, del cardenal Mazarino, se destaca el capítulo “dar y hacer regalos”: destacados y eminentes ministros de la Monarquía francesa de 1700 fueron grandes depredadores. El comercio mundial se desarrolló en el siglo XVII bajo la bandera de las comisiones ocultas. Hasta el Estado Vaticano se ha visto envuelto en algún asunto de corrupción (verbigracia, cardenal Marzinkus y el Banco Ambrosiano).

La democracia y el libre mercado no siempre constituyen un remedio contra la corrupción. La corrupción democrática no es sustancialmente distinta de la propia de los países socialistas (democracias populares), de la de las dictaduras militares o de la de las naciones del Tercer Mundo. Sólo difieren en sus características. La corrupción en la sociedad occidental es peculiarmente diferente, pues uno de los rasgos distintivos de las sociedades democráticas modernas es la separación formal entre el Estado y el resto de la sociedad.

La corrupción pública es un mal canceroso que vive en simbiosis con el sistema democrático; elimina la distinción entre bien público y bien privado, característica de cualquier régimen liberal y democrático; rompe la idea de igualdad de los derechos de la persona y, en consecuencia, pervierte el pacto social. Para López Calera, colaborador en la obra La corrupción política, de Laporta (Alianza Editorial, 1997), ésta “más aún cuando llega a ser mera delincuencia común, está promoviendo una crisis de legitimidad en el Estado social y democrático de Derecho; de esa corrupción política provienen muchas de las críticas al Estado democrático; las gentes se quejan, –y con razón–, de los políticos, pero terminan quejándose del Estado a quienes esos políticos dicen representar”.

En efecto, el proceso de desideologización de los partidos políticos es desenfrenado, hasta el punto de que al decir política ya nadie con sentido común se refiere a la ideología, sino al poder. Las ideologías son sustituidas por el marketing y el pragmatismo político, ambos más rentables electoralmente, a riesgo de renunciar a los valores.

Por otra parte, la supremacía del poder económico sobre el político es cada vez más evidente y consecuente. Los gobiernos, en cualquier ámbito, tienen en muchos casos menos poder que determinadas corporaciones capitalistas. El poder real, más que político, es económico. Se corre el riesgo de que intereses de grupos de presión cambien el sentido del interés general, para inhabilitarlo, cuestión ésta muy peligrosa para el sistema democrático. El emparejamiento entre política y dinero es siempre adúltero, ya que desvirtúa el sentido del interés general. Porque, realmente, dada la insuficiencia financiera de los partidos políticos, ¿a quién deben su cargo los políticos que nos representan en cualquier institución? ¿A quién representan los partidos? Tremenda cuestión, que requiere un análisis más amplio y profundo.

Para Alejandro Nieto (Corrupción en la España democrática; editorial Ariel, 1997), si hemos de aceptar, como postulan muchos politólogos europeos, la imposibilidad del sintagma "democracia corrupta", hemos de hacerlo “con todas las consecuencias, es decir: si en la democracia no debe haber corrupción, y es el caso que la hay, tiene que concluirse con el mismo énfasis que donde hay corrupción no puede haber democracia.”

En conclusión, el fenómeno de la corrupción política debe preocupar muy seriamente a todos los demócratas.


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