MARBELLA: CUANDO LA POLITICA ES NEGOCIO
31.03.06 @ 18:50:47. Archivado en Política, Corrupción
Primera cuestión: Marbella no tiene la exclusiva en materia de corrupción municipal, si bien es cierto que la misma forma parte del paisaje de la ciudad. La práctica perversa de la política, en mayor o menor medida, de una clase u otra, es muy corriente en los Ayuntamientos democráticos españoles. Además, es de justicia señalar, desde ahora, que no todos los munícipes frecuentan tan negativa práctica.
En todo caso, de un tiempo a esta parte, la política en general y muy en especial la municipal, ha degenerado de forma alarmante. La partitocracia excluyente que asola la vida política, su desaforada disciplina y su necesidad de lealtades mal entendidas, ha propiciado el que muchas de las personas más solventes, personal y técnicamente (y hasta moralmente en muchos casos), hayan huído de la gestión de los asuntos públicos; siendo sustituídos por políticos profesionales (en el peor sentido de la palabra).
De esta manera, de la mano del padrino empresarial de turno y a través de las listas cerradas y bloqueadas confeccionadas en la mesa de camilla de cualquier partido político, han accedido a los órganos de gobierno municipales, durante los últimos años, políticos mediocres (fácilmente manipulables, por tanto), que no representan realmente a nadie y cuyo único objetivo es hacerse ricos lo más pronto posible (por si acaso la eventualidad dura poco)
Personas sin vocación de servicio público y aún sin aval ideológico alguno, que conciben los Ayuntamientos no como instituciones públicas al servicio del ciudadano, sino como plataformas de negocios múltiples al socaire del boom inmobiliario ("lo más actual, práctico y rentable es hacer negocios desde las Corporaciones Locales", se han dicho). Este es, a grandes rasgos, el perfil de muchos de los modernos municipalistas.
A continuación, se trata de eliminar los ya de por sí insuficientes controles internos, tanto legales como técnicos y económico-financieros. Así, orillan a los funcionarios responsables de estos cometidos y colocan en su lugar a personas de confianza que, como es lógico, les preparan el negocio y cubren las espaldas.
Por último, crean las empresas municipales necesarias, para de esta forma gestionar los asuntos sin los engorrosos trámites burocráticos (es lo que se ha llamado la huida del Derecho administrativo). El negocio ya está servido.
Pero…¿porqué se tolera este estado de cosas? En primer lugar, porque la ciudadanía, acomodaticia en todo momento al poder establecido, aún no ha tomado conciencia de que los políticos no son héroes admirables, sino sólo representantes (formales, más bien) de la vecindad, a los que se paga para que gestionen los servicios públicos que ésta les demanda; y, por lo mismo, responsables de la recta y eficaz administración del dinero público, así como de la honrada defensa de los intereses ciudadanos. A continuación, porque a estas alturas, los partidos políticos tradicionales o al uso, hipotecados todos ellos por tanto conflicto y escándalo, pasado y presente, no tienen ya autoridad moral para denunciar nada seriamente. También porque los medios de comunicación, presos muchas veces de intereses que tienen a la política como referente, causa o efecto, no han creado opinión adecuada que rebelara a los ciudadanos contra la inmoralidad de la clase dirigente. En última instancia, porque la autoridad judicial (jueces que han de juzgar y fiscales que deben promover la acción de la justicia), por determinadas circunstancias que tienen que ver con la falta de legislación adecuada, la crónica escasez de medios materiales, la poca formación en la materia, y la falta de estímulos, no está a la altura del tremendo problema que asola a los municipios españoles, distorsiona la economía nacional y corroe el sistema democrático que tanto costó conseguir hace treinta años a unos políticos que, ciertamente, estuvieron entonces más comprometidos e identificados con las bases y principios del mismo y tenían menos intereses en su gestión.
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José Manuel Urquiza
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