Convivencia de religiones

Del proselitismo al silencio: cristiandad protegida y cristianismo perseguido

04.03.17 | 16:57. Archivado en Japón, Iglesia católica

El filme reciente de Scorsese (Silencio, 2017) y su trasfondo en la novela Silencio (1966), de Endô Shûsaku (1923-1996), invitaban a reflexionar sobre el conflicto interior de la fe puesta a prueba en la encrucijada de “martirios y apostasías”. (cf. mis dos posts anteriores).

Pero el examen de conciencia sobre la memoria histórica del cristianismo misionero en sus encuentros y desencuentros con otras cuturas y religiones, aconseja reconocer honestamente las ambigüedades de la misión cristiana cuando la propagación de la fe olvida el respeto a las culturas, confunde la evangelización con el proselitismo y, en el peor caso, se deja utilizar por intereses colonizadores.

Historiadores católicos acredItados como el investigador J. Schütte, especialista sobre san Francisco Javier, han reconocido las ambigüedades de la cristiandad japonesa protegida por gobiernos locales de daimyös regionales con anterioridad al rechazo del cristianismo por parte de las políticas de expulsión de misioneros, prohibición del cristianismo y persecución de los cristianos (1587,1597 y 1612).

Cuando, en 1580, el daimyô (gobernador) cristiano Omura Sumitada cede el puerto de Nagasaki a los jesuitas, crece la situación de cristiandad protegida en algún área de Japón.

En 1587, Toyotomi Hideyoshi promulga decretos controladores de la práctica cristiana y de expulsión de misioneros extranjeros. Se pasa de la situación de cristiandad protegida a la era del cristianismo perseguido, que culmina en el edicto de Tokugawa Ieyasu, en 1612, una de las marcas del aslacionismo japonés durante más de dos siglos

Los historiadores han constatado actos de agresividad misionera y violencia contra la cultura y religión locales por parte de cristiandades en las que la conversión al cristianismo del señor feudal había conllevado conversiones en masa de sus súbditos.

Por ejemplo, en la década siguiente a la conversión del gobernador de Omura (actualmente provincia de Aichi), se registra un aumento de cuarenta mil bautizados y del número de iglesias hasta ochenta y siete, a la vez que se citan actos de destrucción de templos budistas o sintoistas en 13 aldeas de dicha provincia. Este caso es solo una muestra entre la decena de ejemplos que leemos en el Archivum Romanum Societatis Iesu.

Estos hechos son de la década anterior al decreto citado de 1587, en que se critica al cristianismo diciendo que “acercarse al pueblo de nuestras provincias y distritos y convertirlos en sectarios cristianos, hacerles destruir los santuarios de sus divinidades y los templos de los budas es algo inaudito...”

Hoy día nos resulta inconcebible esta intolerancia exclusivista. Pero los europeos del siglo XVI, aunque no tuvieran la facilidad de comunicar rápidamente navegando por nuestras redes mediáticas, sí tenían acceso a la información sobre aquel proselitismo intolerante a través de las cartas de misioneros.

Un reflejo de esa mentalidad en el arte religioso: la estatua inmensa conocida con el nombre de “Triunfadora sobre los ídolos”, que contemplamos en la iglesia del Gesú, en Roma, junto al altar de san Ignacio. Es una imagen de María pisando una serpiente y unos libros paganos. La inscripción reza así: “Camis, Fotoques, Amidas, Xacas
(Es decir, divinidades sintoistas,Kami;Budas; el Buda Amida y el Buda Shakamuni"

Pero el problema del proselitismo exclusivista no se reduce a episodios del pasado. En plena actualidad, y en el contexto de la llamada a una nueva evangelización, los obispos japoneses se han visto confrontados con la irrupción en la iglesia japonesa desde España, Filipinas o Brasil de grupos –supuestamente evangelizadores-, enviados por nuevos movimientos eclesiales (con etiquetas de “carisma”, “catecumenado” “neo-espiritualidad” etc.,.) con características de proselitismo fanático, exclusivismo eclesiástico e intolerancia dogmática y rechazo de la cultura, a la vez que rechazo de las directrices del Concilio Vaticano II.

Otra es la orientación del Papa Francisco, en su carta La Alegría del Evangelio: “Que la predicación del Evangelio, expresada con categorías propias de la cultura donde es anunciado, provoque una nueva síntesis con esa cultura”(Evangelii gaudium, 129).

“No podemos pretender los pueblos de todos los continentes, al expresar la fe cristiana, imiten los modos que encontraron los pueblos europeos en un determinado momento de la historia” (id., 118) .


Ni el uno apóstata, ni el otro suicida, sino nuevo bautismo para los dos

15.02.17 | 23:41. Archivado en Japón, Compañía, Iglesia católica

También Sebastián y Francisco, en "Silencio" de Scorsese son mártires, testimonios de bautismo y muerte salvadores.

Fui a ver “Silencio” por tercera vez, acompañado por unos amigos japoneses, un matrimonio joven de antiguos alumnos míos en la universidad Sophia. No son católicos, pero están familiarizados con lo cristiano por su contacto con jesuitas. Quería conocer su reacción espontánea ante la proyección de los martirios y torturas. Por eso guardé silencio , para no condicionar su interpretación con la mía.

A la salida del cine, hacia la cafetería, caminábamos los tres sin decir palabra. Silencio japonés significativo. Como si los tres presintiéramos que cualquier comentario precipitado estropearía la impresión con que nos ha tocado hondo el impacto de las escenas martiriales.

Sentados ya a la mesa, tras el primer sorbo de té, dice mi amigo: Yahari yokatta , que significa,”Muy bien, por supuesto, me gustó...”.

¿Y a tí también?, digo dirigiéndome a su mujer. “Sí, mucho, me ha emocionado”, dice ella, y añade: “... Sasuga, ano futari... Aquellos dos misioneros hicieron lo que propio de ellos...” “(Sasuga significa “como era de esperar”, ano futari significa “aquellos dos”. Sin duda se refiere a Sebastián y Francisco, los dos protagonistas)

“Precisamente sobre esos dos quería yo saber vuestra reacción”. “ ¿Cuál de los dos...?”, digo sin acabar la frase, con ambiguedad japonesa.

A lo que responde él: “Los dos sufren y les cuesta dar el paso que dan”.

Y añade ella: “Los dos están dando la vida tirándose al agua para salvar a otros”

(En japonés, al pie de la letra, mi wo nagedasu significa “arrojar la propia persona”, es decir, arriesgar la propia vida dándola como quien se tira al agua desde un trampolín).

Tienes razón, Teruko-san, los dos dan la vida. Dices bien, Iwao san, los dos sufren al dar ese paso. Yo también le he percibido así. Creo que los tres hemos captado la genialidad de Scorsese al filmar en cámara lenta a Sebastián pisando el icono, en paralelismo con la escena de Francisco arrojándose al agua, mientras grita que lo lleven a él para ahogarlo en lugar de los que iban a ser martirizados. Más aún, la imagen de Sebastián, boca abajo en el suelo después de pisar, puede parangonarse con la del cadáver de Francisco, al salir a flote.

Me satisfizo comprobar que mis amigos, antiguos alumnos, habían captado intuitivamente el mismo vínculo de motivación que aúna dos opciones diferentes. Merecía la pena esforzarse en clase por aprender la ética del amor en situación, para poder vivir y convivir desviviéndose por los demás...

Hasta aquí mi comentario en torno a la charla con mis amigos japoneses. Pero mi lectura de la obra maestra de Scorsese va mucho más lejos, prolongando su intuición en una reflexión teológica, con la que no era oportuno fatigarles a ellos en aquel momento. Mi lectura en clave teológica de las dos escenas mencionadas es la siguiente.

Francisco no es un mártir suicida, al elegir ofrecerse como víctima en lugar de otros (como haría en otro caso, por ejemplo, el P. Maximiliano Kolbe )
Sebastián no es un “apóstata al pie de la letra” (ni rechaza creencias, ni rechaza a Cristo), sino hace una opción de morir a sí mismo de algún modo redentor.

Francisco y Sebastián se sumergen en un agua de bautismo, muerte y resurrrección.

Si en las escenas de los mártires crucificados, el oleaje de la marea protagonizaba el mensaje bautismal de muerte y ascensión, también la curva cóncava en cámara lenta de la caída de Sebastián sobre el icono (caída en la que pisar se torna abrazo), en el momento siguiente se hace plana sobre el suelo para pasar a convexa y elevarse conectando en el plano inmediatamente siguiente con el alzar del brazo que da la orden de elevar a los mártires colgados para liberarlos.

Sebastián no pisa el icono para librarse de torturas, ni lo pisa para quejarse del silencio divino. Lo pisa abrazando al crucificado, dejándose bautizar, es decir, morir con él para conseguir así liberar de sus cruces a los otros crucificados.

En japonés la apostasía se llama haikyô (que significa “dar la espalda a la creencia”) o kikyô (que significa “tirar o desechar la creencia”). Pero de los cristianos que pisaron el icono se dice que “cayeron tropezando” (en japonés, koronda) La ambigüedad del verbo korobu (tropezar y caer) abre la puerta a lecturas diferentes: ¿caer en pecado escandalizando o caer abrazando compasivamente al “Caído y Pisoteado” para unirse a su acción redentora que libra los que iban a ser ejecutados?...

Creo que Scorsese, con la hondura de estas escenas, ha superado al fin la “última tentación”. En el caso de su película La última tentación, tanto el público que le acusaba de blasfemo como quienes le alababan la originalidad, no percibían el enigma del silencio de Dios vivido por el mismo Cristo. Pensaba la gente que la tentación era Magdalena. Pero la última tentación para Jesús era la tentación de bajarse de la cruz (Véase Lc 4, 13: relacionado con Lc 22, 41-46)

Esta vez Scorsese no oculta que Jesús es el primero en angustiarse en la pasión ante el silencio de Dios. Ese Cristo no es un Pantocrator dominador, amenazante y exclusivista (que hubiera dicho: “prohibido pisarme”), sino un Cristo redentor y misericordioso (que dice: “puedes pisarme, que para eso he venido, para dejarme pisar y que puedan ser así desclavados de sus cruces otros crucificados”).

Esto es reconfortante para quienes creemos en Jesucristo, no porque nos resuelva el problema teórico del mal, ni porque nos resuelva el problema existencial del silencio de Dios, sino a pesar de que no los resuelva racionalizándolos, sino haciéndonos capaces de quedarnos junto con él en silencio ante el misterio y sumergirnos en el bautismo y éxodo pascual de muerte y resurrección liberadoras.

La última escena, con la serenidad y paz profunda que sugiere la despedida de la esposa, nos lleva de nuevo al mundo de lo misericordioso y maternal: la tinaja que sirve de féretro evoca un útero maternal y la esposa introduce discreta y silenciosamente en su interior la cruz que Sebastián ha conservado a escondidas. Este epílogo es una ascensión, como también en el pórtico de la película, con los tres jesuitas bajando y subiendo a la vez aquellas escalinatas, jugaba con la imagen de la ascensión: subir hacia abajo para llenarlo todo (cf. Ef 4, 10). Obertura y final han marcado el mismo ritmo que la escena del clímax, en la que caer tropezando es caer abrazandoy caer hacia arriba, sumergirse bautismalmente para ascender pascualmente...


Misioneros bautizados por inmersión en "Silencio"

03.02.17 | 08:53. Archivado en Japón, Iglesia católica

También Sebastián y Francisco son mártires, testimonios de bautismo y muerte salvadores.

Fui a ver “Silencio” por tercera vez, acompañado por unos amigos japoneses, un matrimonio joven de antiguos alumnos míos en la universidad Sophia. No son católicos, pero están familiarizados con lo cristiano por su contacto con jesuitas. Quería conocer su reacción espontánea ante la proyección de los martirios y torturas. Por eso guardé silencio , para no condicionar su interpretación con la mía.

A la salida del cine, hacia la cafetería, caminábamos los tres sin decir palabra. Silencio japonés significativo. Como si los tres presintiéramos que cualquier comentario precipitado estropearía la impresión con que nos ha tocado hondo el impacto de las escenas martiriales.

Sentados ya a la mesa, tras el primer sorbo de té, dice mi amigo: Yahari yokatta , que significa,”Muy bien, por supuesto, me gustó...”.

¿Y a tí también?, digo dirigiéndome a su mujer. “Sí, mucho, me ha emocionado”, dice ella, y añade: “... Sasuga, ano futari... Aquellos dos misioneros hicieron lo que propio de ellos...” “(Sasuga significa “como era de esperar”, ano futari significa “aquellos dos”. Sin duda se refiere a Sebastián y Francisco, los dos protagonistas)

“Precisamente sobre esos dos quería yo saber vuestra reacción”. “ ¿Cuál de los dos...?”, digo sin acabar la frase, con ambiguedad japonesa.

A lo que responde él: “Los dos sufren y les cuesta dar el paso que dan”.

Y añade ella: “Los dos están dando la vida tirándose al agua para salvar a otros”

(En japonés, al pie de la letra, mi wo nagedasu significa “arrojar la propia persona”, es decir, arriesgar la propia vida dándola como quien se tira al agua desde un trampolín).

Tienes razón, Teruko-san, los dos dan la vida. Dices bien, Iwao san, los dos sufren al dar ese paso. Yo también le he percibido así. Creo que los tres hemos captado la genialidad de Scorsese al filmar en cámara lenta a Sebastián pisando el icono, en paralelismo con la escena de Francisco arrojándose al agua, mientras grita que lo lleven a él para ahogarlo en lugar de los que iban a ser martirizados. Más aún, la imagen de Sebastián, boca abajo en el suelo después de pisar, puede parangonarse con la del cadáver de Francisco, al salir a flote.

Me satisfizo comprobar que mis amigos, antiguos alumnos, habían captado intuitivamente el mismo vínculo de motivación que aúna dos opciones diferentes. Merecía la pena esforzarse en clase por aprender la ética del amor en situación, para poder vivir y convivir desviviéndose por los demás...

Hasta aquí mi comentario en torno a la charla con mis amigos japoneses. Pero mi lectura de la obra maestra de Scorsese va mucho más lejos, prolongando su intuición en una reflexión teológica, con la que no era oportuno fatigarles a ellos en aquel momento. Mi lectura en clave teológica de las dos escenas mencionadas es la siguiente.

Francisco no es un mártir suicida, al elegir ofrecerse como víctima en lugar de otros (como haría en otro caso, por ejemplo, el P. Maximiliano Kolbe )
Sebastián no es un “apóstata al pie de la letra” (ni rechaza creencias, ni rechaza a Cristo), sino hace una opción de morir a sí mismo de algún modo redentor.


Francisco y Sebastián se sumergen en un agua de bautismo, muerte y resurrrección.

Si en las escenas de los mártires crucificados, el oleaje de la marea protagonizaba el mensaje bautismal de muerte y ascensión, también la curva cóncava en cámara lenta de la caída de Sebastián sobre el icono (caída en la que pisar se torna abrazo), en el momento siguiente se hace plana sobre el suelo para pasar a convexa y elevarse conectando en el plano inmediatamente siguiente con el alzar del brazo que da la orden de elevar a los mártires colgados para liberarlos.

Sebastián no pisa el icono para librarse de torturas, ni lo pisa para quejarse del silencio divino. Lo pisa abrazando al crucificado, dejándose bautizar, es decir, morir con él para conseguir así liberar de sus cruces a los otros crucificados.

En japonés la apostasía se llama haikyô (que significa “dar la espalda a la creencia”) o kikyô (que significa “tirar o desechar la creencia”). Pero de los cristianos que pisaron el icono se dice que “cayeron tropezando” (en japonés, koronda) La ambigüedad del verbo korobu (tropezar y caer) abre la puerta a lecturas diferentes: ¿caer en pecado escandalizando o caer abrazando compasivamente al “Caído y Pisoteado” para unirse a su acción redentora que libra los que iban a ser ejecutados?...

Creo que Scorsese, con la hondura de estas escenas, ha superado al fin la “última tentación”. En el caso de su película La última tentación, tanto el público que le acusaba de blasfemo como quienes le alababan la originalidad, no percibían el enigma del silencio de Dios vivido por el mismo Cristo. Pensaba la gente que la tentación era Magdalena. Pero la última tentación para Jesús era la tentación de bajarse de la cruz (Véase Lc 4, 13: relacionado con Lc 22, 41-46)

Esta vez Scorsese no oculta que Jesús es el primero en angustiarse en la pasión ante el silencio de Dios. Ese Cristo no es un Pantocrator dominador, amenazante y exclusivista (que hubiera dicho: “prohibido pisarme”), sino un Cristo redentor y misericordioso (que dice: “puedes pisarme, que para eso he venido, para dejarme pisar y que puedan ser así desclavados de sus cruces otros crucificados”).

Esto es reconfortante para quienes creemos en Jesucristo, no porque nos resuelva el problema teórico del mal, ni porque nos resuelva el problema existencial del silencio de Dios, sino a pesar de que no los resuelva racionalizándolos, sino haciéndonos capaces de quedarnos junto con él en silencio ante el misterio y sumergirnos en el bautismo y éxodo pascual de muerte y resurrección liberadoras.

La última escena, con la serenidad y paz profunda que sugiere la despedida de la esposa, nos lleva de nuevo al mundo de lo misericordioso y maternal: la tinaja que sirve de féretro evoca un útero maternal y la esposa introduce discreta y silenciosamente en su interior la cruz que Sebastián ha conservado a escondidas. Este epílogo es una ascensión, como también en el pórtico de la película, con los tres jesuitas bajando y subiendo a la vez aquellas escalinatas, jugaba con la imagen de la ascensión: subir hacia abajo para llenarlo todo (cf. Ef 4, 10). Obertura y final han marcado el mismo ritmo que la escena del clímax, en la que caer tropezando es caer abrazandoy caer hacia arriba, sumergirse bautismalmente para ascender pascualmente...


En "Silencio", el Pisoteado rompió el silencio

22.01.17 | 16:25. Archivado en Religion y sociedad, Iglesia católica

-Apariencia de renuncia, realidad de abrazo-

“Ofrecí la espalda a los que me apaleaban” Isaías, 50, 6

La novela de Endo Shûsaku, Silencio, se publicó en 1966, el año de mi llegada a Japón. En los debates sobre literatura y religión, se dividían las opiniones: de un lado, quienes ensalzaban al “Grahanm Green japonés”; por otra parte, quienes sospechaban de la heterodoxia de la obra, presunta apología de actitudes apóstatas.

Mi escaso conocimiento de la lengua, con la que me debatía de la mañana a la noche durante el bienio de aprendizaje, no me permitía leerla, pero en la comunidad de estudiantes jesuitas discutíamos sobre la obra de Endo, apoyándonos (unos, para bien; otros, para mal) en recensiones publicadas en lenguas extranjeras.

Algunos misioneros y teólogos de la generación anterior juzgaban duramente a Endo, considerándolo peligroso para la fe de los japoneses bautizados de adultos. Otros, más abiertos, coincidían con los que acabábamos de vivir en Europa el entusiasmo por la apertura del Concilio Vaticano II. Los temas del silencio de Dios, la inculturación, la iglesia viajera en medio del mundo, el encuentro con las otras religiones y la opción por las víctimas oprimidas eran, para nosotros,algo obvio; en cambio, resultaban novedosos para una mayoría del público católico japonés.

Cuatro años después, mi primera lectura de Endo en japonés coincidió con mi traducción al japonés de San Manuel Bueno, de Unamuno,y espontáneamente surgió la idea de titularla El silencio de Dios.

En la década siguiente, tuve ocasión de comprobar con satisfacción que, entre el alumnado universitario no católico, estas dos lecturas suscitaban interés por la cuestión de fe, e incluso sirvieron para motivar la entrada en el catecumenado de algunos alumnos y alumnas. Para otros, en cambio, provocaban rechazo por parecerles “demasiado católicos”estos autores que, para el catolicismo “pre-conciliar”, más bien olían a heterodoxia.

Gracias a Scorsese, la problemática de Endo vuelve a primer plano. Dejando para otras plumas la crítica de cine, voy a pensar sobre cuestionamientos teológicos a propósito de la obra de Endo, a la que dedicaré los post de este blog durante las próximas semanas.

De momento, solo dos reflexiones, sobre el Pisoteado y sobre los pisoteados.

1. En el climax del filme y de la novela, la voz del Pisoteado rompe el silencio: el crucificado invita a pisar a quien “para eso se ha abajado, para eso ha venido”, rompe el silencio divino, para convertir el silencio del Padre en clamor del Hijo, puesto de parte de las víctimas de modo incondicional e irreversible, sumiso y comprometido. A partir de ese momento el tema deja de ser el silencio, para convertirse en la voz del Pisoteado.

El P. Adelino Ascenso, autor de una disertación doctoral sobre literatura y teología en la obra de Endo, escribe así sobre el momento crucial que convierte la apariencia superficial de apostasía en realidad profunda de encuentro con la misericordia del crucificado:

“Rodrigo se encontró implicado en un diálogo delicado cuando decidió pisar el emblemático icono del fumie como un acto de amor y compasión para con sus hermanos cristianos japoneses. Un diálogo tan arriesgado como ese es lo que necesita la teología cristiana... Rodrigo desafió y confrontó la imagen de Jesús que le había sido presentada hasta ahora y descubrió, oculto bajo la superficie, al auténtico Jesús, doliente con quienes sufren”. Transcultural Theodicy in the Fiction of Shûsaku Endo, P. U.G., Roma, 2009, p. 283
1. Los pisoteados siguen exigiendo hoy que se rompa el silencio sobre ellos. .Un ejemplo de pisoteados: los enterradores no cristianos de los mártires cristianos. Cuando se celebró, el 24 de noviembre de 2007, la beatificación de 188 mártires japoneses, se planteó la necesidad de revisar la memoria histórica cristiana en Japón, para no olvidar a otras víctimas del entorno de los mártires. Se trata de otras víctimas que suelen quedar olvidadads y no reconocidas.

En las representaciones artísticas del martirio nos impresionaba ver a los crucificados, alanceados sobre sus cruces mientras bajo ellas ardía la hoguera, a la vez ejecución y pira crematoria. No se nos había ocurrido pensar que, además de los mártires, hubo otras víctimas. Ni habíamos caído en la cuenta de que los verdugos podían serlo.

¿Quiénes ejecutaban la sentencia? ¿Quiénes acarreaban la leña para la pira? ¿Quiénes se encargaban de la tarea enojosa de recoger los cadáveres? ¿Quiénes vigilaban en la prisión? A estas preguntas y a un largo etcétera que las sigue, responde el profesor Aoyama: Para esos trabajos enojosos había una mano de obra forzada, obligada a realizarlos, se les reclutaba en el barrio discriminado en que vivían quienes eran considerados hinin, es decir, no-humanos y no-ciudadanos por estar dedicados a trabajos considerasdos contaminantes (matanza de animales, curtir pieles, etc...). (cf. Boletín de la Asociación cultural de estudios de la era cristiana de Nagoya, nn. 41 y 46).

Lo fuerte del caso es que los descendientes de esa casta discriminada siguen arrastrando hoy el peso de la discriminación. Han de ocultar el domicilio natal en el barrio discriminado (buraku) y el nombre de familia, si no quieren sufrir dicriminación a la hora de encontrar empleo o contraer matrimonio.

En medio de uno de esos barrios, en Kyoto, hay erigido un monumento conmemorativo a los mártires. Dicen los descendientes de quienes participaron obligatoriamente en la ejecución que, así como los mártires fueron víctimas por su fe (claro que no sólo por la fe, sino también por no someterse a la ideología política del estado), los antepasados de los discriminados de hoy también fueron víctimas, cuyos derechos humanos eran totalmente conculcados.

Olvidar esto mientras se celebraba una concentración masiva en Nagasaki para festejar la beatificación de los mártires habría sido una contradicción e incongruencia.
La iglesia de Japón, cuyos obispos publicaron un mensaje en defensa de los derechos humanos, en el 60 aniversario de la Declaración de Derechos, no puede cerrar los ojos a este problema, aunque, tanto dentro de la Iglesia como fuera de ella, haya quienes sigan diciendo que “entre nosotros no hay problema de discriminación”.


Quien me ve, ve a Abba

02.01.17 | 05:20. Archivado en Mística, Iglesia católica


Camino, Verdad y Vida con Jesús y Buda

Para empezar el año con un día de espiritualidad compartida, se reúne una pequeña comunidad de personas budistas y cristianas, que pasan un día de retiro, meditando y conversando sobre Verdad, Vida y Camino en torno al Evangelio y el Sutra del Loto.

Un tema central en el Evangelio y en el Loto: el Camino hacia la Verdad de la Vida: Discernir la Verdad última de la vida más allá de las verdades aparentes, agradecer la Vida verdadera de la Fuente de Vida Eterna; y practicar el Camino de la misericordia compasiva.

Despertar a la luz de la Verdad del Dharma, vivir respirando en el seno de la Vida Verdadera y practicar el camino de los bodisatvas: vivir y convivir dándonos vida mutuamente.

Evangelizar es dar vida, dice Francisco (EG n. 10)

Origen y fruto de esta espiritualidad compartida, es la alegría del Dharma (en japonés; hou-etsu), alegría del Evangelio, alegría de la lucidez cordial del discernimiento y la misericordia.

Textos para primera lectura de sutras y lectio divina de Evangelio:

Del Sutra del Loto:

“No estoy en la otra orilla, sino aquí,
entre vosotros, anunciando
día a día el mensaje del Dharma.
Habito permanentemente entre vosotros…
Veo a todos los vivientes
sumidos en un mar de sufrimiento
Por eso no me muestro como soy,
sino que incito a que me añoren
para que se revele el Dharma
cuando despierte el anhelo…
Los dóciles de corazón
me verán tal cual soy.
Entonces se percatarán
de que habito entre vosotros proclamando el Dharma.

(Sutra del Loto, trad. de poemas: J. y E. Masiá, ed. Sígueme, Salamanca, 2009, cap. 16, p 180-181)

Del Evangelio según Juan:

No os voy a dejar desamparados, volveré con vosotros.
Dentro de poco, el mundo dejará de verme;
vosotros, en cambio, me veréis,
porque de la vida que yo tengo
viviréis también vosotros.
Aquel día experimentaréis
que yo estoy identificado con mi Padre,
vosotros conmigo y yo con vosotros. (Jn 14, 18, 20)

Meditación:

Al desenterrar el tesoro de la interioridad y descubrir, en uno mismo y en todo la Vida, se comprende que quien me ve, ve la Vida, “quien me ve, ve al Dharma” (Gautama, el Buda), “Quien me ve, ve a Abba (Jesús, el Cristo). Ver más en: Vivir. Espiritualidad en pequeñas dosis. Religión Digital y Ed.Desclée, 2015, cap. 29, p. 77).


Bendita tú eres, junto a todas las mujeres

24.12.16 | 02:43. Archivado en Bioética

Ave, María, de gracia repleta.
La Fuente de la Vida está contigo

Bendita tú eres, junto a todas las mujeres.

Bendita por ser mujer, bendita en tu ser mujer.

Bendita madre-virgen, virgen-madre

Bendita en latín y griego,
In mulieribus,
en gynaixí
,

(en, entre, en medio... y no fuera de ellas
entre las mujeres, sin infravalorar
a ninguna de ellas
).

Bendito tu vientre, Fuente Santa,
útero de misericordia engendra
la bendición encarnada.

Santa María, hija de Dios,
madre de la Palabra
y esposa de José
con el soplo del Espíritu
para que nazca el Enviado.

Santa María, virgen y madre.
Madre por ser virgen
y virgen por ser madre.

Santa María, creada para alumbrar
a la Vida de la vida.

Ruega por nosotras y nosotros
Ruega por nosotras maltratadas
Ruega por nosotros vulnerados
Ruega por nosotras agraciadas
Ruega por nosotros abrazados

Ruega por nos, ahora en el presente,
eternizando amor.
Ruega por nós, sanación y perdón,
alegría esperanzada.
Ruega por nós ahora
y en la hora del Amén,
para entrar en la Vida consumada.

Santa María del Amén, hágase, así sea.
Amén de hija y hermana,
Novia, esposa, madre y viuda.

Amén, así es
Amén, así sea
Amén, así será

José-María y María-José,
nombres propios de un enigma:
vírgenes madres y padres,
procreando y co-creando,
obra y gracia del Espíritu. Amén.


Natividad, Puerta de la Vida

19.12.16 | 14:48. Archivado en Bioética, Iglesia católica


Concebir y dar a luz, virginidad consumada

En el uso corriente del lenguaje, cuando se habla de ”ser o no ser virgen” se suele aludir a la primera relación sexual, penetración vaginal, ruptura del himen, sangrado, etc, y semejantes connotaciones fisiológicas; o también a los efectos que conlleva psicológica, social o moralmente la llamada “pérdida de la virginidad”.

Otras veces podrá ser el anuncio de la clínica de cirugía plástica o ginecología estética que ofrece una operación de reconstrucción del himen. Si se trata del guión para un telefilme cómico de ambientación medieval, quizás se harán chistes con el cinturón de castidad y la pérdida de la llave del candado. Más seriamente la antropología social y cultural se dedicará a explicarnos el significado de la virginidad como producto social y los tabùes consiguientes.

Pero cuando estamos ante el tema de la virginidad en las narraciones mitopoéticas de los evangelios según Mateo y Lucas, el tema no es fisiológico ni biocultural. La anunciación a María y la anunciación a José, como vimos en el post de la semana pasada, están encuadradas ambas en un sueño y no son ni una clase de biología, ni una sesión de sexología, ni una crónica histórica de un matrimonio excepcional, ni siquiera de un nacimiento sobrenatural. Estas narraciones son poesía y teología, mejor dicho, simbólicas y de fe. Cuesta imaginar que el mejor poeta y el mejor teólogo consiguieran expresarlo mejor de como lo plasmaron Mateo y Lucas en su interpretación de la Buena Noticia de Manuel, el que salva y libera...

¿Se entiende en toda su profundidad el sentido humano y divino, poético y de fe, que entraña el cruce de ese umbral del hymen, tanto para que entre y salga por esa puerta el enigma de la vida, al concebir y al dar a luz? Porque se trata, efectivamente, de una Puerta de la Vida.

Por esa Puerta de la Vida entra lo que prepara el comienzo de una nueva vida y sale por ella la nueva vida que nace. Y también entra y sale al mismo tiempo el Espíritu de Vida, Espíritu Santo, para que se realice la co-creación de una nueva vida, co-creando los progenitores con el Creador.

Lo cual es bien distinto del pensamiento dual que imagina a un Espiritu Santo viniendo en vuelo desde arriba a infundir un alma en un cuerpo todavía presuntamente “inanimado”.

No. El Espíritu actúa desde dentro: desde dentro de la evolución; desde dentro del óvulo y desde dentro del esperma; desde dentro del seno materno que acoge al pre-embrión al realizarse y comsumarse la concepción al final de la implantación en su seno; desde dentro del corazón de los progenitores que desearon esa nueva vida y la esperaron ya desde antes que se cerciorasen del embarazo; desde dentro de la decisión de cuidar esa gestación hacia el nacimiento, en vez de rechazarla abortándola después de haberla aceptado biológica y humanamente al consumarse la concepción; desde dentro de la puesta de acuerdo en darle nombre a la criatura, como gratitud por su vida, como promesa de criarla y educarla en la vida y en la fe (lo que se hace cuando el bautismi infantil se entiende bien y no según esquemas agustinianos de supuesta culpa original...) y como súplica de bendición para su crecimiento;...es decir, desde dentro de esos procesos biológicos y humanos, actúa el Espíritu para que se consume la co-creación de esa nueva vida y su personalización individual irrepetible

(Claro, esto está dicho en lenguaje no-dual; lo contrario de ese lenguaje que habla de un “instante de la concepción” o traza una línea límite para determinar el presunto momento en que se infunde un alma desde fuera).

Los antiguos catecismos decían inapropiadamente “virgen antes del parto, en el parto y después del parto”. Pensaban que, antes del parto, la penetración sexual rompe la virginidad; pensaban también que la criatura que nace, al romper y herir esa puerta, mancha a la madre, que tendría que purificarse; pensaban también que si María y José engendraban otros hijos e hijas, hermanos y hermanas de Jesús, María dejaba de ser virgen. Pero hay que decir que ni la unión por amor mancha, ni la sangre contamina, ni el dar a luz produce impureza.

Hoy no podemos pensar así. Quien insista en seguir usando imágenes medievales, podrá decir que hay que cuidar esa puerta del castillo. Bien pero... según quien vaya a entrar y salir, se abrirá o se cerrará. Si viene el enemigo a matar vida, cerrará la puerta. Si viene el amigo a dar vida y a que nos la demos mutuamente y co-creemos nueva vida, entonces se abrirá la puerta y se bajará el puente levadizo.

Hagamos un poco de travesura con las etimologías. Himen es, en griego hymen, membrana. Himeneo era el dios griego protector de las bodas. Se suponía que en la noche de bodas se parte el hymen, algo que puede ser doloroso y gozoso al mismo tiempo. Según otros diccionarios se puede relacionar con la etimología de hymnos. En ese caso, la connotación es de canto de alegría.

Por tanto la virginidad no se pierde o se guarda con solo la ruptura o el cierre de la puerta. Si violan a una mujer y fuerzan esa puerta, la herida será doble, física y psicológica. Pero no se podrá decir que ese día ha perdido la virginidad. Su puerta sigue siendo puerta de la vida. La próxima vez, cuando quien venga no sea un violador, sino la persona amada que viene para que ambos se den vida mutuamente, para co-crear nueva vida y para dar juntos vida alrededor, entonces hay que decir que la virginidad de esa mujer no se ha perdido, está ahí como capacidad de acogida de la vida, confianza en que la acción de dar via es “al alimón” con el Espíritu de Vida; capacidad de gratitud por la vida; y capacidad de dar vida de mil maneras a su alrededor. Lo mismo se puede decir de la decisión de aceptar y acoger la nueva vida (con lo que se completa el proceso –no el instante- de concebir-, al consumarse la concepción; ya el embrión recibe el nombre de feto...).

Por eso el título del post reza así: Concebir y dar a luz es la consumación de la virginidad.

No se pierde, se realiza. No rompe la virginidad de María, ni la mancha, sino que la realiza, el hecho de que José entre con amor por esa puerta. No hace impura ni mancha a María el nacimiento de Jesús hiriendo físicamente y causando dolor en esa puerta de María. La paternidad y maternidad carnal, biológica y humana de José y María no es incompatible con que ambos sean vírgenes que realizan y consuman su virginidad al engendrar a Jesús con el soplo del Espíritu de Vida que actúa desde dentro de José y María.

Al meditar esto en Navidad nos brtota una gratitud inmensa hacia nuestros progenitores que nos engendraron con amor y gracias al Espíritu de Vida que nos hizo nacer por obra y gracia de Espíritu Santo. Y también sentimos la responsabilidad de proteger y cuidar toda vida y de vivir todos y todas (hombres y mujeres, célibes o casados, fértiles o estériles, de sexualidad mayoritaria o minoritaria, sin ninguna discriminación ni exclusión) para darnos vida mutuamente y dar vida al mundo.

Permitiéndome repetir lo dicho en el post de la semana pasada:

La Navidad pone de manifiesto el sentido profundo de todo nacimiento humano”, decía Juan Pablo II (Evangelium vitae, 1995, n.1).
Toda criatura nace por Espíritu Santo.
Todo padre y madre pueden llamarse con propiedad co-creadores de la nueva vida, nacida de varón y mujer con la bendición del Espíritu de Vida y acogida por quienes le ponen nombre (como promesa de creación continua durante la crianza), tanto si nació de esa pareja por el proceso habitual, como si nació por medios de reproduccion asistida, o si fue adoptada en otras circunstancias (otra pareja, una maternidad subrogada, una adopción por parte de una pareja LGBTetc...)


Todo progenitor es adoptivo y toda criatura nace de Espíritu Santo

11.12.16 | 16:13. Archivado en Bioética, Iglesia católica

La Navidad pone de manifiesto el sentido profundo de todo nacimiento humano”, decía Juan Pablo II (Evangelium vitae, 1995, n.1).

El Evangelio según Lucas cuenta la Anunciación a María, que sueña despierta el deseo y la incógnita de la nueva vida con la consiguiente ansiedad. Dice el mensajero celeste: “No te angusties ante el embarazo, María, congraciada con Dios que te ha favorecido. Darás a luz un hijo y le pondrás por nombre Jesús, el Salvador” (Lc 1, 31).

El Evangelio según Mateo cuenta la Anunciación a José, que en medio de un sueño despierta a la incógnita y el deseo de acoger la nueva vida con la consiguiente ansiedad. Díce el mensajero angélico: “No tengas reparo, José, en llevarte contigo a María, porque la criatura que lleva en su seno viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y le pondrás por nombre Jesús, el Liberador” (Mt 1, 20-21. Tercer Domingo de Adviento).

El nombre lo escoge Dios, pero lo imponen la madre y el padre. Contra la costumbre patriarcal de que el padre imponga el nombre, el mensajero celeste encarga tanto a María, la madre (en Lucas) como a José, el padre (en Mateo), la imposición del nombre. Nada de prejuicios de género en nuestra relectura evangélica.

Madre y padre imponen el nombre a la nueva vida que han recibido como don, a la que acogen, adoptan, prometen y se comprometen a cuidar. Por eso todo padre y madre puede, en cierto sentido, llamarse “adoptivos”).

Toda criatura nace por Espíritu Santo. Todo padre y madre pueden llamarse con propiedad co-creadores de la nueva vida, nacida de varón y mujer con la bendición del Espíritu de Vida y acogida por quienes le ponen nombre
(como promesa de creación continua durante la crianza), tanto si nació de esa pareja por el proceso habitual, como si nació por medios de reproduccion asistida, o si fue adoptada en otras circunstancias (otra pareja, una maternidad subrogada, una adopción por parte de una pareja LGBTetc...)

Todo pareja progenitora puede llamarse adoptiva porque esa criatura vino al mundo por obra y gracia del soplo de vida infundido por el Espíritu en la evolución del proceso embrional que se completa una vez que tiene éxito el arraigo de la implantación del embrión en el seno materno (para el que se ha ido preparando hormonal e inmumnológicamente la madre. Entonces (y no en el mal llamado “instante de la concepción”) es cuando se puede decir con propiedad que está siendo sido concebida y va siendo recibida esa nueva vida. El proceso de acogida se hará consciente en los días siguientes, vivido en el propio cuerpo por la gestante (deseablemente por ambos progenitores, que esperan y acompañan el proceso de nacer, apoyados por el entorno social favorable).

Otro detalle importante del significado de “poner el nombre”: toda criatura que viene al mundo, cualesquiera que sean las circunstancia de su nacimiento tiene una dignidad personal inviolable y no puede ser objeto de discriminación. Cuando discriminamos, vulneramos la dignidad, suprimiendo el nombre y poniendo una etiqueta.

Cuando decimos; usted como español no puede entender esto, usted como célibe no puede hablar de este tema o usted como no heterosexual no tiene derecho a..., estamos etiquetando y discriminando. Dirá alguien: Pero ¿no es cierto que Fulano es español, o es célibe o es no heterosexual? No , esa persona es X (con su nombre propio) que nació en España, o que es célibe o que no es heterosexual u otras muchas cosas más. Pero primero es una persona con un nombre y una dignidad irrepetible.

Hemos meditado estas consideraciones al hilo del evangelio para el tercer domingo de Adviento, cuando estamos reunidos, para la Eucaristía mensual, en la comunidad CJ LGBT (LGBT Catholic Japan) de la diócesis de Tokyo. Oramos juntos por una mayor concienciación dentro de la iglesia para evitar toda clase de discriminaciones.

http://lgbtcj.blogspot.jp/2016/11/201612-lgbt.html


Obispos japoneses denuncian el peligro nuclear

26.11.16 | 04:40. Archivado en Justicia y paz, Iglesia católica

Mensaje de la Conferencia episcopal japonesa dirigido a todos los pueblos del mundo, habitantes de la casa común de nuestro planeta.

Propuesta de la Iglesia Católica en Japón, cinco años y medio después de la desgracia de la Central Nuclear Número Uno de Fukushima, para pedir la abolición de las centrales nucleares.

Prólogo

El 11 de Marzo de 2011 un tsunami, provocado por un terremoto de gran magnitud en el Este de Japón, provocó en Fukushima un desastre en la Central Nuclear Número 1 , gestionada por la empresa Energía Eléctrica de Tokyo. Ocho meses después, el 8 de Noviembre de 2011, la Conferencia Episcopal Católica de Japón publicó un mensaje en Sendai, Provincia de Miyagi, dirigido a todo el pueblo japonés, titulado: “Por la supresión inmediata de las centrales nucleares: Nuestra reacción ante la tragedia provocada por el desastre de la Centra Nuclear Número 1 de Fukushima”. Nuestra intención era poner de manifiesto desde un punto de vista católico el peligro de las centrales nucleares y hacer un llamamiento para pedir su supresión. A la vista del perjuicio inmenso causado por el desastre de Fukushima y teniendo en cuenta que Japón padece frecuentemente terremotos severos que conllevan el peligro de tsunami de mucha altura, llegamos a la conclusión de que se impone urgentemente el cese inmediato de todas las centrales nucleares. Incluso hoy día, las persoas habitantes de la zona de Fukushima padecen consecuencias económicas, sociales y emocionales como consecuencia de aquel desastre y no se prevé a corto plazo el fin de sus sufrimientos. Además, como se ha venido denunciando desde hace mucho tiempo, todavía no se ha hallado el modo de deshacerse por completo de los residuos radioactivos. A pesar de todo ello, el gobierno japonés ha comenzado a volver a poner en actividad los 48 reactores nucleares que habían sido parados después del desastre de Fukushima. El gobierno aduce el pretexto de que se han cumplido las inspecciones de seguridad. También se ha vuelto a poner en marcha el trabajo para construir nuevas centrales, que había sido interrumpido, y se están acelerando los pasos para facilitar la exportación de tecnología de energía nuclear a otros países. Aunque no sea habitual que la conferencia episcopal de un país se dirija al mundo entero mediante un mensaje público, la experiencia que Japón ha vivido en estos cinco años y medio tras el desastre de Fukushima nos ha convencido de que debemos informar al mundo entero de los peligros que amenazan por las centrales nucleares y hacer un llamamiento para su abolición.

1¿Por qué lanzan este mensaje los obispos japoneses?

Japón ha padecido numerosas desgracias por causa de la energía nuclear. Las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki, en 1945, fueron el primer caso de uso bélico de la energía nuclear y mataron e hirieron indiscriminadamente en esas ciudades a una numerosa población civil no combatiente. Todavía hoy hay supervivientes que sufren los efectos de la radiación. En 1954, solo nueve años después del bombardeo atómico, muchos pescadores japoneses, sobre todo de los que pescaban desde el barco pesquero Daigo Fukuryu Maru, fueron contaminados por una prueba de bomba de hidrógeno llevada a cabo por los Estados Unidos en Bikini Atoll. En 1999, por primera vez, murieron en Japón trabajadores de una central nuclear, la de Tokaimura; fue un accidente fatal. Los obispos, a la luz de estas experiencias y sintiéndonos especialmente como víctimas mundiales del uso bélico de la energía nuclear, estamos convencidos de que Japón tiene una responsabilidad especial para ser solidario con cuantas personas han padecido a causa de la radioactividad. Por eso hacemos un llamamiento para pedir el desarme nuclear total y la solución de los problemas causados por la energía atómica.

2. ¿Qué hemos aprendido en estos cinco años y medio?

En nuestro mensaje de 2011 indicamos los puntos siguientes como análisis de la situación:

• Para cumplir con nuestra responsabilidad de proteger la vida y la naturaleza, transmitiendo a la posteridad un entorno seguro, debemos comprender las limitaciones de la humanidad, no sobreestimar las capacidades tecnológicas y no creer en la ilusión de los llamados “mitos sobre la seguridad”.

• Äunque no podemos ignorar los problemas de falta de energía ni la necesidad de reducir las emisiones de dióxido carbónico en la atmóstfera, tenemos que dar prioridad a la protección de vidas humanas, todas preciosas sin distinción, y a la protección del medio ambiente natural, por encima de la búsqueda de ganancia o eficacia.

• Tenemos que plantearnos la cuestión ética de nuestra responsabilidad para con las futuras generaciones; no podemos cargar sobre ellas el peso de las consecuencias por haber acumulado el almacenamiento de residuos nucleares tan peligrosos como el plutonio.

• La investigación sobre fuentes de energía renovables y la reducción del consumo de energía, como medios para sustituir la producción de energía atómica, deberían conducirnos a buscar de nuevo un estilo de vida sencillo y sobrio, basado en el espíritu evángelico de simplicidad pobre.

Desde que publicamos aquel mensaje hemos seguido reflexionando sobre la situación, y nos hemos dado cuenta de los puntos siguientes:

• Comparados con los subproductos de la fisión nuclear, escasos en la naturaleza, que apoyan la vida, y con los subproductos causados al producer energía mediante combustion, los subproductos originados por la fisión artificial son mucho más poderosos.

• La fisión nuclear produce residuos radioactivos inestables, de los que no somos caces de deshacernos ni disponemos de tecnología para estabilizarlos.

• Una vez que ocurre un accidente nuclear serio, las vidas de las personas en el área inmediatamente cercana, se ven radicalmente afectadas. Y el perjuicio mediombiental a causa de las radiaciones se extiende más allá de las fronteras de espacio y tiempo.

• Nos hemos dado cuenta también de que hay intereses poderosos que impiden la abolición de las centrales nucleares. Se escuchan continuamente voces pregonando el crecimiento económico como fuente de felicidad humana y tratando de impulsar al mundo entero en esa dirección; son como un poder mágico invisible que lucha contra todo intento de suprimir la producción de energía atómica.

3. El gobierno de Japón, desde su postura decidiamente pro-nuclear, viene promoviendo la producción de energía atómica como opción política nacional desde 1955.

Incluso después del desastre padecido por el trágico accidente de Fukushima, el gobierno sigue sin cambiar esta opción política. En Septiembre de 2011, después del desastre, el gobierno anunció un cambio en la política que apoya activamente la energía nuclear y se propuso la fecha de 2013 como meta para abandonar por completo la producción de enrgía atómica. Las centrales nucleares, que habían sido cerradas como medida para facilitar las inspecciones de seguridad pertinentes, no se volvieron a abrir de momento.

En 2012 todas las nuecleares del país estaban fuera de servicio, en la situación denominada “cero de energía nuclear”. Durante ese período, sin embargo, los suministros de energía eléctrica permanecieron estables. Pero después, en 2014, esta política ha sido revisada. El gobierno modificó los criterios reguladores posteriores al desastre, declaró que la producción de energía nuclear es “básica para el suministro de energía” e hizo un llamamiento a “reducir en cuanto sea possible” la dependencia de la energía nuclear.

Además, el gobierno continua invirtiendo gran cantidad de fondos en el programa de reciclaje del combustible nuclear. Más aún, el gobierno ha evitado tratar el problema de los trabajadores expuestos a la contaminación radioactiva por los accidentes en las centrales nucleares o durante las labores de descontaminación en Fukushima. El gobierno ha suprimido las restricciones que conllevaba la evacuación de emergencia, alegando que los problemas resultantes del desastroso accidente nuclear ya se habían solucionado. Actualmente el gobierno está prosiguiendo afanosamente la exportación de tecnología nuclear al extranjero. Detrás de todas estas políticas para promover la producción de energía nuclear hay intereses de inmensos poderes económicos con los que el gobierno está aliado. No es fácil suprimir la energía nuclear, ni llevar a cabo los cambios sociales contra corriente frente a estas poderes fácticos que solamente buscan el beneficio económico.

4. Punto de vista cristiano.

En Mayo de 2015, el Papa Francisco public su encíclica Laudato Si. Sobre el cuidado de nuestra casa común. Apoyando este mensaje en las últimas investigaciones científicas sobre los problemas medioambientales, el Papa considera la ética ecológica, nuestra responsabilidad hacia las generaciones futuras y la justicia medioambiental. El Papa da la alarma sobre peligros apremiantes como el cambio climático, la escasez de agua, la pérdida de la biodiversidad, y lo que él llama la “deuda ecológica” en relación con el perjuicio ecológico causado a las partes más desfavorecidas del mundo y en beneficio de las regiones más prósperas. El Papa adopta un enfoque cauteloso ante la cuestión de la supresión de la energía nuclear, pero es cierto que también menciona la energía atómica entre las diversas causas de perjuicio medioambiental (LS 184), al indicar que los desarrollos tecnológicos, incluida la tecnología nuclear, dan a la humanidad un vasto poder, pero que este poder se limita a favor de quienes tienen conocimientos y recursos tecnológicos para usarlo. Aunque su poder se incremente, no hay garantías de que vayan a usarlo con prudencia (LS 104).

Estamos convencidos de que, para superar esta situación crítica, la humanidad, como imagen de Dios, debe retornar a una correcta relación con la naturaleza, a una relación apropiada para el bien común de la humanidad y de la naturaleza. La humanidad es naturalmente capaz de vivir pacífica y felizmente si las personas están en armonía consigo mismas, con el entorno natural y con Dios. La “ecología integral” y la “conversion ecológica”, que el Papa recomienda en Laudato Si, coinciden coherentemente con la “pobreza evangélica” que nosotros recomendábamos en nuestro primer mensaje de 2011 después del desastre de Fukushima. Debemos considerer de nuevo cómo es nuestro estilo de vida y nuestros hábitos de consumidores, valorar la dignidad humana y promover relaciones más profundas con Dios, con la sociedad y con la naturaleza. Todas las personas del planeta son responsables de la solidaridad para preservar el medio ambiente natural, obra creadora divina, y proteger toda vida. Nosotros, que vivimos en esta era de crisis medioambiental, estamos llamados a profundizar nuestra comunión con el Dios Creador de este Universo hermoso. Estamos llamados a reconciliarnos con todas las criaturas que nos acompañan y a compartir mutuamente el disfrute con que participamos para continuar la obra del Creador.

5. Un llamamiento a la solidaridad internacional.

Los peligros de la producción de energía nuclear son globales. Una vez que ocurre un accidente, la contaminación radioactiva se extiende sin fronteras. Las centrales nucleares corren el peligro de ser blanco ataques terroristas. Además, diversas erapas de la producción de energía nuclear conllevan un sistema global de minería para obtención de uranio, refinería de combustible, gasto de combustible para reprocesamiento y medios para deshacerse de los residuos. Existe también la posibilidad de que la teconlogía para producer energía nuclear sea transferida o desarrollada para usos bélicos, sin poder prescindir de los problemas de seguridad. Por consiguiente, será muy difícil lograr la abolición de la producción de energía nuclear, si no se cuenta con la solidaridad internacional.

Nosotros, la Conferencia Episcopal Católica de Japón, apelamos a cuantas personas comparten nuestra casa común llamada Tierra para que, estrechando nuestras manos, nos levantemos y actuemos juntos solidariamente para acabar con la producción de energía nuclear. Con esta finalidad nos dirigimos, en primer lugar, a toda la Iglesia Católica extendida por el mundo entero, solicitando cooperación y solidaridad. Apoyados en esto, esperamos y aspiramos a desarrollar un movimiento de solidaridad global que trascienda razas, religiones y naciones. Particularmente apelamos a las conferencias episcopales de cada region para que se comprendan los peligros de la producción de energía atómica y se debata sobre esta situación desde perspectivas evangélicas.

EN 2013, dos años después del desastre de Fukushima, la Conferencia Episcopal de nuestro país vecino, Corea, publicó un libro titulado Tecnología Nuclear y Enseñanza de la Iglesia. Reflexiones de los obispos sobre las Centrales Nucleares. En este escrito manifestaban su oposición claramente. Nosotros esperamos que, siguiendo el ejemplo de la Iglesia en Corea, otras conferencias epsicopales de países en que hay centrales nucleares o en las que hay peligro de accidentes en países de su vecindad, puedan aprender de la experiencia padecida en Japón y denuncien abiertamente el peligro.

Conclusion

Jesucristo llama todas las personas a que nos amemos mutuamente (Jn 13, 34). Este llamamiento incluye la responsabilidad y el deber de proteger la Tierra que es nuestra casa común ahora y en el futuro. Hay division de opiniones acerca de los pros y contras de la producción de energía atómica. Sin embargo, no se puede negar el daño que ha resultado para la humanidad por la adquisición de esta energía. Al emitir un juicio sobre la energía nuclear debemos hacerlo desde el punto de vista de proteger la dignidad de todos los seres humanos, en el presente y en el futuro. A la luz de este criterio, aquellos países que ya usan las centrales nucleares para producir energía deberían avanzar hacia el abandono de su utilización, a la vez que expanden el uso de fuentes de energía renovables. Debemos promover la investigación y las actividades para que disminuya el consumo de energía, para conservar la energía y para incrementar la toma de conciencia del impacto en el medio ambiente. También es importante profundizar la solidaridad y construir redes de comunicación con quienes confrontan los problemas ambientales. Reiteramos que debemos pararnos a preguntarnos qué clase de desarrollo humano buscamos y hacia qué clase de sociedad aspiramos, así como cuestionarnos en qué consiste la verdadera riqueza. No se trata de dar marcha atrás en el desarrollo, sino de avanzar hacia una nueva manera de entender la abundancia. Unamos nuestras manos como una sola familia humana, haciendo cada persona cuanto pueda para despertar la responsabilidad de proteger el entorno en nuestra Tierra.

La Conferencia Episcopal de la Iglesia Católica en Japón


Jesús, sabiduría místico-profética más que realeza sacerdotal

19.11.16 | 13:15. Archivado en Mística, Religion y sociedad

Jesús-Cristo, el Enviado, es encarnación palpable de la Vida impalpable (1 Jn 1, 1-4), símbolo visible del Dios invisible (Col 1, 15).

Las imágenes de la Biblia hebrea que mejor cuadran con la vida y obra de Jesús, Revelador de Abba -el Dios Padre y Madre-, son: la figura del profeta iluminado y comprometido (Mt 11, 2-6: “Dichoso quien no se escandalice de mí”), y la vida del sabio contemplativo y compasivo ( curando y orando: Mc 1, 29, 38).

Si se aplican a Jesucristo metáforas de realeza, será a condición de entender lo que significa “mi Reinado no es de este mundo” (Jn 18, 36: la realeza mía no pertenece al orden este del establishment, del sistema) .

Si se aplican a Jesucristo metáforas sacerdotales, será a condición de entender el sacerdocio existencialmente (Heb 10, 1-10) y no como categoría de culto litúrgico, rango social o función sacrificial.

Jesús viene de Galilea al Jordán y es bautizado por Juan. Pero no se convierte en el “número dos” , ni en el “sucesor”. No se queda en el desierto ni se dedica a bautizar. La opción de Jesús es retornar a Galilea, a 1) dar esperanza, 2) curar y 3) denunciar.

No anuncia el castigo, sino la misericordia. No se dedica a bautizar, sino a curar, liberar y ponerse de parte de los excluidos. Denuncia las causas de la injusticia y cambia la imagen de Dios de la religión establecida. Por eso Jesús era peligroso para el régimen e incómodo para el sistema, que acaba ejecutándolo.

Recordamos esta mensaje evangélico importante, precisamente el día que la liturgia celebra la solemnidad de Cristo Rey, ya que esta fiesta estuvo rodeada de ambigüedades en sus comienzos (proclamación por Pio XI en 1925) y en la utilización política que se hizo de ella en épocas de nacional-catolicismo (una organización terrorista de extrema derecha se llamaba enaquellos tiempos “Guerrilleros de Cristo Rey”) .
Por tanto, a ver qué homilías se predican este último domingo del año eclesial...!!!


No lean a Francisco con gafas de Juan Pablo

15.11.16 | 15:54. Archivado en Sínodo, Iglesia católica

Los cuatro cardinales recalcitrantes, que piden aclaraciones al Papa sobre La alegría del amor están leyendo Amoris laetitia (Francisco, 2016) con las gafas de Veritatis splendor (Juan Pablo II, 1993) .

Preguntan al Papa si sigue siendo válido lo que decía aquella encíclica juanpablina en los números 79, 81 y 56), según estos purpurados fundamentada en la Sagrada Escritura y en la tradición de la iglesia, acerca de “normas morales absolutas, válidas sin excepción alguna, que prohíben acciones intrínsecamente malas” (VS 79), o sobre que "las circunstancias o las intenciones nunca podrán transformar un acto intrínsecamente deshonesto por su objeto en un acto subjetivamente honesto o justificable como elección" (VS 81) o sobre excluir “una interpretación creativa del papel de la conciencia, que nunca está autorizada para legitimar excepciones a las normas morales absolutas que prohíben acciones intrínsecamente malas por su objeto (VS 56)

Precisamente son esos los temas en que la Veritatis splendor, dando marcha atrás, retrasando el reloj y frenando la renovación de la teología moral postconciliar, intentó revivir la postura de la moral post-tridentina (normas absolutas sin excepciones, conciencia como mero detector y aplicación de normas, moral sin excepciones y actos intrínsecamente malos, etc...)

Amoris laetitia ha vuelto a poner en hora el reloj de la teología moral renovada y revisada según un nuevo paradigma tras el Vaticano II. Para entenderlo hay que leerla con las gafas del nuevo paradigma.

>> Sigue...


Lutero no protestaría contra la indulgencia revisada por Francisco

31.10.16 | 07:31. Archivado en Mística, Iglesia católica

Estos días en que luteranos y católicos se abrazan en una reinterpretación histórica de la Reforma, es apropiado recordar la revisión que hizo Francisco sobre el tema de las indulgencias cuando proclamó el Año de la misericordia.

Hoy podemos afirmar que Lutero no protestaría contra la manera de entender la indulgencia por el actual obispo de Roma. Es un momento histórico oportuno para reiterar la explicación de la indulgencia según Francisco, tal como se publicó en este blog de RD al comienzo del Año de la Misericordia.

En el catecismo aprendimos de pequeños: "¿Qué creéis en la comunión de los santos? Que los unos fieles participamos de los bienes espirituales de los otros, como miembros de un mismo cuerpo". Nos enseñaron lo que significa la comunión de los santos, es decir, la comunicación y circulación de la gracia del Espíritu Santo entre todas las personas creyentes, vivas o difuntas: “Yo rezo por tí, tú rezas por mí, y también rezamos por las personas difuntas y con ellas, que también rezan por nosotros”. Como circula la sangre por todo el cuerpo, llevando oxígeno y vida a todas las células, así circula la gracia del Espíritu Santo por todos los miembros del cuerpo de la iglesia. Esta unión se llama Comunión de los santos, intercambio de méritos y oraciones entre quienes están unidos a Cristo y unidos entre sí por la acción del Espíritu Santo.Con una imagen actual, podríamos decir:Conexión por la Red de Gracia, Internet del Espíritu Santo

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