Convivencia de religiones

El que vive: Relecturas de Evangelio

18.11.17 | 01:32. Archivado en Mística, Religion y sociedad

Queridos amigos y amigas, lectoras y lectores del blog, acaba de publicarse en editorial Desclée De Brower, el libro que recopila relecturas de evangelios nacidas en el contexto de mi conversación con ustedes en este blog. Me permito reproducir aquí un fragmento del prólogo, agradeciendo el ánimo que me dieron sus comentarios para decidirme a publicar estas páginas. Con mi gratitud, se las presento por si les sirven de lectura para Adviento y Navidad.

Juan Masiá, SJ

EL QUE VIVE: RELECTURAS DE EVANGELIO

Bilbao: Desclée De Brower, 2017

Prólogo

¿En quién creo? En Jesús. ¿Qué creo? Que Él es El Que Vive. ¿Por qué creo? Porque su Espíritu me hace creer. Este es el hilo conductor que atraviesa estos ensayos narrativos de fe. Ensayos de fe que suscita narraciones simbólicas y poéticas. Son intentos de repensar narrativamente la fe, releyendo evangelios desde la vida para vivir el Evangelio caminando con El Que Vive.

Estos ensayos son relecturas con ocasión de encuentros, momentos de redescubrir la Buena Noticia de que Él vive. Tratan de acercarse a una lectura de los evangelios semejante al midrash bíblico. Relecturas de la comunidad creyente que, una y otra vez, cuenta su historia de encuentros con Jesús en la Palabra y en la vida. Cada vez que lo cuentan, releen esa historia y la recrean. Lectores y lectoras quisieran narrar con palabras nuevas el mensaje que transfigura a quien lee, a quien narra, a quien escucha y a quien camina animado por la Palabra de Gracia y Vida.

Él es El Que Vive y nos hace vivir, convivir y vivificarnos mutuamente, con la esperanza de la vida definitiva en el seno de la Vida de la vida.

De todos los nombres que se dan a Jesús, el mejor y más profundo es este nombre, escrito así con mayúsculas: El Que Vive, el Viviente por antonomasia. Así se le llama en el Apocalipsis (1, 18): El viviente, el que era, el que es, el que viene, Alfa y Omega (cf. Ap. 1,4; 1,8).

Creer en Jesús no es conocerlo todo sobre Él, ni poseerle, sino estar continuamente buscándole, porque nos hace buscarle Él mismo, que se adelantó a buscarnos primero. Buscamos el encuentro con Jesús que antes nos ha salido al encuentro en la vida.

Los diversos ensayos de este libro son aproximaciones desde diversos ángulos a un único tema: el encuentro con Jesús, El Que Vive. Nos sale al encuentro en la Palabra y en la vida. A la luz de la Palabra, releemos la vida. A la luz de experiencias de vida, redescubrimos el sentido de la Palabra y, releyéndola, la recreamos.

La comunidad que guarda la Palabra, se alimenta de ella y la transmite, relee los acontecimientos de la vida a la luz de
la Palabra y redescubre el sentido de la Palabra a la luz de los acontecimientos de la vida.

Estos ensayos están escritos en distintos puntos de la superficie de una esfera. Si prolongamos ese punto en diversas direcciones a lo largo de la superficie esférica, tras cruzar meridianos y paralelos, volveríamos al punto del que partimos, completando así una circunferencia que rodea la superficie de la esfera. Se pueden trazar infinidad de semejantes circunferencias desde cada punto. Pero si trazamos una perpendicular sobre cualquier punto de la esfera y la prolongamos verticalmente hacia abajo, irá a parar siempre al mismo centro de la esfera. La superficie de la esfera es la vida. El Centro es la Vida, ambos con mayúscula. Cada punto de la superficie desde el que, en un momento dado, escribo cada uno de estos ensayos (y al que aluden los fragmentos de diario en cursivas entre corchetes, con su fecha significativa) es un momento de la vida como lugar de fe o lugar de transfiguración: allí donde cada vida se encuentra con la vida de la Vida, se encuentra con El Que Vive.

Las perspectivas de cada ensayo son diferentes, según los lugares, etapas, acontecimientos o personas que ocasionaron encuentros de fe en situaciones de vida. Reflejan expresiones de fe desde planos diversos: Algunos son recuerdos de fe heredada, recibida y aprendida; otros, de fe cuestionada, depurada, vivida, meditada, reinterpretada... Predomina en el conjunto la perspectiva de la creatividad narrativa para descubrir la realidad del mensaje por medio de la ficción.

¡Ojalá sirvan de ayuda a quien quiera servirse de ellos para caminar por la superficie de la esfera, deteniéndose de cuando en cuando para escavar un pozo hacia el Centro!


Meditación Zen para Rajoy y Puigdemont

27.09.17 | 11:05. Archivado en Religion y sociedad, Justicia y paz

Sí al referendum, con diálogo. Pero antes, silencio del Zen

¿Qué recomendaría a Rajoy y Puigdemont? Que hablen sin tapujos. Pero, primero un presupuesto: antes de cruzar las piernas en el sillón del diálogo para hallar la solución del pacto, siéntense en postura de Loto sobre el cojín del Zen, para hallar la solución del silencio.

Unos y otros, unas y otras, todos y todas necesitamos una cura de silencio meditativo para salir de la ilusión del yo, salir del espejismo de la identidad, desengañarse del mito soberanista, del autoengaño independentista y de la pesadilla nacionalista.

Son todas esas ficciones del “yo”. Un yo que no se ha curado de la ignorancia original que le hace creer que “piensa, luego existe”. (Unamuno habría dicho que hace falta “desconcientizarse”, Oliver Sachs aconsejaría “vivir sin cabeza”.

Ese “yo” es incapaz de salir de sí y romper la muralla que él mismo construyó alrededor de su cabeza; más aún, ni siquiera es capaz de descubrirse ante la realidad y quitarse el sombrero o la gorra nacionalistas: ya sea el sombrero del nacionalismo de estado –autoritario y centralista-, ya sea la gorra del nacionalismo de campanario aldeano –estrecho de miras y con alergia testaruda contra cualquier injerto federalista-. (Ojalá Pedro Sánchez fuera capaz de persuadir a ambos para que canten al unísono con Schiller la sinfonía de lo uno y lo múltiple... Pero, por desgracia, los excesos del “yo” son como las células de las metástasis del cáncer peleando contra las infiltradas para terapia. Operaciones drásticas no frenan la guerra y con la derrota final unas y otras pierden y perecen).

Me preguntan amistades japonesas por mi nacimiento y apellido, porque el Masiá les parece catalán. “No, respondo; nací en Murcia, de madre nacida en la región (que no nación, ni reino) de Murcia y de padre nacido en la de Alicante; mi ciudadanía es española y tengo estatuto de residente japonés. Tengo también familia en Barcelona y buenas amistades catalanas (en los momentos del atentado terrorista me sentía especialmente cercano a ellas).

Si me siento español fuera de España, es por ser murciano. Pero, precisamente por sentirme español, es por lo que puedo, estando fuera de España, sentirme gallego con los gallegos/as, vasco con los vascos/as, andaluz/con los andaluces/as o catalán con los catalanes/as, o balear o canario, etc...” Lo cierto es que me siento hasta muy portugués con los portugueses, aunque por avatares históricos sean otro estado nacional.

A pesar de esta explicación no se satisfacen mis amistades japonesas, que siguen haciendo preguntas, porque están viendo y oyendo las noticias internacionales sobre el pseudo-referendum (que, según el medio de comunicación que informe, parece a unos trágico, a otros cómico y a la mayoría tragi-cómico por su mezcla de ridiculez e ilegalidad).

Respondo que no se puede elegir entre Cataluña y España, porque eso sería como optar por el mar sin olas o por las olas sin mar. Me dicen que la comparación es un tanto oriental. Naturalmente, que lo es. Por eso he recomendado a Puigdemont y Rajoy que, antes de dialogar se sienten en postura de Loto a meditar en silencio para salir de su ego. Y todos nosotros y nosotras también, para que se nos otorgue la gracia -¡amazing grace!- de reconocer que no existe el yo absolutamente independiente, sin relación y sin evolución y transformación.

Quien fuera capaz de vivir en silencio esa espiritualidad integral e integradora, no propiamente “oriental” sino de “otro Oriente y otro Occidente” en la dimensión de profundidad de la vida, no tendría miedo a despojarse de toda intransigencia y entrar, después de ese silencio, en el mundo del diálogo cívico, el pacto democrático y la negociación política.

Con esa actitud básica, no se tendría reparo en asumir futuros desarrollos del esquema de convivencia, incluso aquellos que parecieran, a primera vista, incompatibles entre sí u opuestos como, por ejemplo, las hipótesis siguientes:

1 Si me dijeran que, después de un proceso -sereno y justo, democrático y legal- de diálogo, se ha llegado a la conclusión de una nueva república catalana independiente, no me costaría aceptarlo.

2 Si me dijeran que, después de un proceso así (y no sin esa condición), se ha llegado a elaborar una nueva estructura federal que, con una nueva Constitución, integra de un modo nuevo las diversas naciones, regiones y pueblos de este país, lo asumiría igualmente.

3 Si me dijeran que, después de un proceso así (y no sin esa condición), se ha llegado a una conclusión no independentista, pero sí modificadora de la presente estructuración y condiciones de la autonomía, también lo aceptaría del mismo modo.

4 Si me dijeran que –hipotética y utópicamente, por un giro histórico en el futuro-, después de un proceso así (y no sin esa condición), se había llegado de acuerdo con el vecino estado nacional portugués a un acuerdo para crear los Estados Unidos de Iberia (con la capital en Lisboa, el Senado en Barcelona y el Museo histórico en Madrid), tampoco me costaría aceptarlo.

Estas cuatro propuestas-ficción no han sido más que un experimento mental, como ejemplo y pretexto para recomendar la solución de los conflictos mediante el diálogo. Pero requieren como presupuesto para la “solución” de los falsos conflictos, la “disolución” del “ego” por el rodeo del silencio.

Por consiguiente, una esterilla de tatami y un cojín de meditación Zen, señores presidentes y señores diputados, y... pidan a Rajoy y Puigdemont que respiren hondo en silencio durante unas horas.

(Nota: Me alegro de que Religión Digital publique columnas de un blog en portugés –el del P. Anselmo Borges- y vería con gusto otros blogs en catalán o euskera en el mismo portal de RD. Por mi trabajo en el Centro internacional diocesano, celebro la misa del domingo con ritual multilingüe –al mismo tiempo en portugués, español y japonés- para comunidades latinoamericanas migrantes en Tokyo. Hace veinte años nos preocupaba proporcionar una celebración en su lengua para esa población. Hoy las circunstancias han cambiado y la generación siguiente, nacida y educada en Japón, requiere prácticas bilingües o multilingües. Esas celebraciones han de ser multilingües, como también otras formas de pastoral y sacramentos: el pasado domingo, en una boda, los novios se dieron el sí tres veces seguidas en tres lenguas: japonés, inglés y tagalo filipino; así toda la comunidad participante pudo comprender en sus lenguas)


Sin vuestro "Amén", no puede haber Corpus Christi

16.06.17 | 15:38. Archivado en Religion y sociedad, Iglesia católica

Sin “Amén”, no hay ”Corpus Christi”

Sin el "Amén" de la ofrenda, la fe y la praxis de la comunidad, no se realiza la transformación eucarística de la vida.

En las reuniones con los niños y niñas que se preparan para la Primera Comunión, dedicamos siempre los primeros diez minutos a repasar la lección primera: ¿Qué quiere decir “Amén”? ¿Qué estamos haciendo cuando contestamos diciendo “Amén” al sacerdote que nos muestra en alto la Eucaristía y dice: “Corpus Christi”?

Amén significa: dos cosas 1) “Así es”. 2) “Así sea”

Al contestar: “Así es” estamos haciendo un acto de fe, estamos reconociendo que “así es, como usted dice, que lo que voy a recibir es la vida de Cristo, para que esté El dentro de mí y yo dentro de Él, que Él viva en mí y yo en Él. Amén es la fórmula más corta del Credo, es el resumen, en una sola palabra, de nuestra fe.

Además, al contestar; “Amén”, estamos haciendo una oración, estamos expresando el deseo de “que así sea”, es decir, que yo me convierta en lo que recibo, que me convierta en Cristo y viva como Cristo para dar vida a otras personas. Eso es evangelizar, dice el Papa Francisco, dar vida.

Cuando esos niños y niñas presentan en la procesión de las ofrendas el pan y el vino, les recordamos: “Esto que traéis no es solo pan y vino, el pan y vino representan la vida diaria de vuestras familias, eso es lo que traéis a la misa para que le pidamos a Dios que envíe su Espíritu y lo consagre y transforme y convierta en vida de Cristo para la vida del mundo.

Cuando el sacerdote pronuncie las palabras de Jesús en la última cena, no dirá “Este pan es mi cuerpo”, sino que dirá en nombre de Cristoi: “Esto es mi cuerpo”.

¿Por qué dice “esto”, y no solo “este pan”? Porque lo que consagra no es solamente este pan y este vino, sino todo lo que ese pan y ese vino representan, lo que habéis traído a la misa: vuestra vida (Venís a la misa, dice el Papa Francisco con vuestra vida a cuestas)...

La consagración es la consagración y transformación del pan, del vino, de la comunidad reunida, de sus vidas y trabajos, de sus penas y alegrías etc... Si no venís a misa trayendo y presentando todo eso para que el Espíritu lo consagre y transforme, no hay manera de celebrar efectivamente la Eucaristía (aunque haya pan y vino y sacerdote que pronuncie las palabras de Jesús).

Y si no decís de veras y con toda vuestra vida el “Amén” de la Comunión (Así es, así lo creo y pido que así sea, que me convierta en lo que recibo y que yo viva para dar vida), entonces la Eucaristía queda incompleta. Sin vuestra ofrenda y sin vuestro amén no hay Corpus Christi (porqe las palabras de la consagración no son magia de abracadabra).

Como tampoco hay Corpus Christi efectivo, sin el amén de una comunidad comprometida para transformar el mundo, desarraigar la corrupción, liberar a los oprimidos, acoger a los excluidos y trabajar por la justicia, la paz y el cuidado de toda vida. Sin ese amén no hay Corpus Christi, aunque haya procesiones barrocas, custodias lujosas escandalizantes y políticos de nombre creyentes presidiéndolas con traje de gala.


No tengan miedo a Nuevas Espiritualidades

06.06.17 | 23:12. Archivado en Mística, Religion y sociedad

Sin miedo a nuevas formas de espiritualidad compartida, la comunidad interreligiosa medita y contempla compartiendo liturgia trinitaria.

Sin miedo a compartir inter-religiosamente la búsqueda espiritual, un grupo mixto cristiano-budista se reúne en la Casa de Oración para pasar tres días de Ejercicios corpóreo-espirituales.

Intercambian prácticas de “nuevas formas de espiritualidad” que, en realidad, no son tan nuevas; más bien de arraigo tradicional, como el uso de la memoria, la imaginación y el silencio en la contemplación ignaciana de los misterios evangélicos o en la contemplación icónica budista ante el retablo-mándala de Budas y bodisatvas del espléndido auto sacramental que escenifica el Sutra del Loto.

Para quienes venían de una tradición familiarizada con “los tres cuerpos del Buda”: histórico, glorificado y eterno” no fue difícil sintonizar con la meditación sobre la carta a la iglesia de Éfeso: “Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor, Jesús el Cristo, que, por medio de su Enviado, nos ha bendecido desde el cielo con toda clase de bendiciones del Espíritu.

Para quienes venían de una tradición de fe trinitaria (lejos de terrorismos monoteistas, relativismos politeistas y monismos panteistas) también ha sido fácil sintonizar con la meditación sobre los “tres cuerpos de Buda”, que sugería una manera de expresar en términos de cultura y religiosidad Mahayana lo central de una fe trinitaria en un Misterio Absoluto Único.

Estas experiencias de espiritualidad compartida trans-religiosamente son momentos fuertes de iluminación con Jesús en el Tabor o con Shakamuni en Pico del Águila. Pero, sin plantar tiendas en esas cimas, hay que descender del monte y retornar al camino de la convivencia cotidiana: agápe y dikaiosyne, para proseguir la práctica de la compasión liberadora.


En "Silencio", el Pisoteado rompió el silencio

22.01.17 | 16:25. Archivado en Religion y sociedad, Iglesia católica

-Apariencia de renuncia, realidad de abrazo-

“Ofrecí la espalda a los que me apaleaban” Isaías, 50, 6

La novela de Endo Shûsaku, Silencio, se publicó en 1966, el año de mi llegada a Japón. En los debates sobre literatura y religión, se dividían las opiniones: de un lado, quienes ensalzaban al “Grahanm Green japonés”; por otra parte, quienes sospechaban de la heterodoxia de la obra, presunta apología de actitudes apóstatas.

Mi escaso conocimiento de la lengua, con la que me debatía de la mañana a la noche durante el bienio de aprendizaje, no me permitía leerla, pero en la comunidad de estudiantes jesuitas discutíamos sobre la obra de Endo, apoyándonos (unos, para bien; otros, para mal) en recensiones publicadas en lenguas extranjeras.

Algunos misioneros y teólogos de la generación anterior juzgaban duramente a Endo, considerándolo peligroso para la fe de los japoneses bautizados de adultos. Otros, más abiertos, coincidían con los que acabábamos de vivir en Europa el entusiasmo por la apertura del Concilio Vaticano II. Los temas del silencio de Dios, la inculturación, la iglesia viajera en medio del mundo, el encuentro con las otras religiones y la opción por las víctimas oprimidas eran, para nosotros,algo obvio; en cambio, resultaban novedosos para una mayoría del público católico japonés.

Cuatro años después, mi primera lectura de Endo en japonés coincidió con mi traducción al japonés de San Manuel Bueno, de Unamuno,y espontáneamente surgió la idea de titularla El silencio de Dios.

En la década siguiente, tuve ocasión de comprobar con satisfacción que, entre el alumnado universitario no católico, estas dos lecturas suscitaban interés por la cuestión de fe, e incluso sirvieron para motivar la entrada en el catecumenado de algunos alumnos y alumnas. Para otros, en cambio, provocaban rechazo por parecerles “demasiado católicos”estos autores que, para el catolicismo “pre-conciliar”, más bien olían a heterodoxia.

Gracias a Scorsese, la problemática de Endo vuelve a primer plano. Dejando para otras plumas la crítica de cine, voy a pensar sobre cuestionamientos teológicos a propósito de la obra de Endo, a la que dedicaré los post de este blog durante las próximas semanas.

De momento, solo dos reflexiones, sobre el Pisoteado y sobre los pisoteados.

1. En el climax del filme y de la novela, la voz del Pisoteado rompe el silencio: el crucificado invita a pisar a quien “para eso se ha abajado, para eso ha venido”, rompe el silencio divino, para convertir el silencio del Padre en clamor del Hijo, puesto de parte de las víctimas de modo incondicional e irreversible, sumiso y comprometido. A partir de ese momento el tema deja de ser el silencio, para convertirse en la voz del Pisoteado.

El P. Adelino Ascenso, autor de una disertación doctoral sobre literatura y teología en la obra de Endo, escribe así sobre el momento crucial que convierte la apariencia superficial de apostasía en realidad profunda de encuentro con la misericordia del crucificado:

“Rodrigo se encontró implicado en un diálogo delicado cuando decidió pisar el emblemático icono del fumie como un acto de amor y compasión para con sus hermanos cristianos japoneses. Un diálogo tan arriesgado como ese es lo que necesita la teología cristiana... Rodrigo desafió y confrontó la imagen de Jesús que le había sido presentada hasta ahora y descubrió, oculto bajo la superficie, al auténtico Jesús, doliente con quienes sufren”. Transcultural Theodicy in the Fiction of Shûsaku Endo, P. U.G., Roma, 2009, p. 283
1. Los pisoteados siguen exigiendo hoy que se rompa el silencio sobre ellos. .Un ejemplo de pisoteados: los enterradores no cristianos de los mártires cristianos. Cuando se celebró, el 24 de noviembre de 2007, la beatificación de 188 mártires japoneses, se planteó la necesidad de revisar la memoria histórica cristiana en Japón, para no olvidar a otras víctimas del entorno de los mártires. Se trata de otras víctimas que suelen quedar olvidadads y no reconocidas.

En las representaciones artísticas del martirio nos impresionaba ver a los crucificados, alanceados sobre sus cruces mientras bajo ellas ardía la hoguera, a la vez ejecución y pira crematoria. No se nos había ocurrido pensar que, además de los mártires, hubo otras víctimas. Ni habíamos caído en la cuenta de que los verdugos podían serlo.

¿Quiénes ejecutaban la sentencia? ¿Quiénes acarreaban la leña para la pira? ¿Quiénes se encargaban de la tarea enojosa de recoger los cadáveres? ¿Quiénes vigilaban en la prisión? A estas preguntas y a un largo etcétera que las sigue, responde el profesor Aoyama: Para esos trabajos enojosos había una mano de obra forzada, obligada a realizarlos, se les reclutaba en el barrio discriminado en que vivían quienes eran considerados hinin, es decir, no-humanos y no-ciudadanos por estar dedicados a trabajos considerasdos contaminantes (matanza de animales, curtir pieles, etc...). (cf. Boletín de la Asociación cultural de estudios de la era cristiana de Nagoya, nn. 41 y 46).

Lo fuerte del caso es que los descendientes de esa casta discriminada siguen arrastrando hoy el peso de la discriminación. Han de ocultar el domicilio natal en el barrio discriminado (buraku) y el nombre de familia, si no quieren sufrir dicriminación a la hora de encontrar empleo o contraer matrimonio.

En medio de uno de esos barrios, en Kyoto, hay erigido un monumento conmemorativo a los mártires. Dicen los descendientes de quienes participaron obligatoriamente en la ejecución que, así como los mártires fueron víctimas por su fe (claro que no sólo por la fe, sino también por no someterse a la ideología política del estado), los antepasados de los discriminados de hoy también fueron víctimas, cuyos derechos humanos eran totalmente conculcados.

Olvidar esto mientras se celebraba una concentración masiva en Nagasaki para festejar la beatificación de los mártires habría sido una contradicción e incongruencia.
La iglesia de Japón, cuyos obispos publicaron un mensaje en defensa de los derechos humanos, en el 60 aniversario de la Declaración de Derechos, no puede cerrar los ojos a este problema, aunque, tanto dentro de la Iglesia como fuera de ella, haya quienes sigan diciendo que “entre nosotros no hay problema de discriminación”.


Jesús, sabiduría místico-profética más que realeza sacerdotal

19.11.16 | 13:15. Archivado en Mística, Religion y sociedad

Jesús-Cristo, el Enviado, es encarnación palpable de la Vida impalpable (1 Jn 1, 1-4), símbolo visible del Dios invisible (Col 1, 15).

Las imágenes de la Biblia hebrea que mejor cuadran con la vida y obra de Jesús, Revelador de Abba -el Dios Padre y Madre-, son: la figura del profeta iluminado y comprometido (Mt 11, 2-6: “Dichoso quien no se escandalice de mí”), y la vida del sabio contemplativo y compasivo ( curando y orando: Mc 1, 29, 38).

Si se aplican a Jesucristo metáforas de realeza, será a condición de entender lo que significa “mi Reinado no es de este mundo” (Jn 18, 36: la realeza mía no pertenece al orden este del establishment, del sistema) .

Si se aplican a Jesucristo metáforas sacerdotales, será a condición de entender el sacerdocio existencialmente (Heb 10, 1-10) y no como categoría de culto litúrgico, rango social o función sacrificial.

Jesús viene de Galilea al Jordán y es bautizado por Juan. Pero no se convierte en el “número dos” , ni en el “sucesor”. No se queda en el desierto ni se dedica a bautizar. La opción de Jesús es retornar a Galilea, a 1) dar esperanza, 2) curar y 3) denunciar.

No anuncia el castigo, sino la misericordia. No se dedica a bautizar, sino a curar, liberar y ponerse de parte de los excluidos. Denuncia las causas de la injusticia y cambia la imagen de Dios de la religión establecida. Por eso Jesús era peligroso para el régimen e incómodo para el sistema, que acaba ejecutándolo.

Recordamos esta mensaje evangélico importante, precisamente el día que la liturgia celebra la solemnidad de Cristo Rey, ya que esta fiesta estuvo rodeada de ambigüedades en sus comienzos (proclamación por Pio XI en 1925) y en la utilización política que se hizo de ella en épocas de nacional-catolicismo (una organización terrorista de extrema derecha se llamaba enaquellos tiempos “Guerrilleros de Cristo Rey”) .
Por tanto, a ver qué homilías se predican este último domingo del año eclesial...!!!


Del brazo con Santo Tomás -Francisco discernidor (4)-

21.05.16 | 05:04. Archivado en Religion y sociedad, Francisco

Por el Paseo de la Cuarta Vía caminan del brazo el jesuita Papa Francisco y el teólogo dominico Tomás de Aquino. Caminan del brazo la reforma y la tradición. La tradición pensadoramente creativa del teólogo dominico acompaña y apoya la reforma tradicionalmente evangélica del jesuita franciscano.

Por el Paseo de la Cuarta Vía caminan del brazo la buena pastoral y la sana teología. Desde la acera derecha los miran con escepticismo los dogmáticos y canonistas. Desde la acera izquierda les lanzan puyas los del cambio irresponsable, azuzándoles para que vayan más de prisa. Desde los balcones y miradores de la vía media estilo Curia, les invitan a pararse en el camino y, a mitad de distancia de las dos aceras, contentar a ambas con sonrisas de doble cara, mitad corbata y mitad coleta. Pero Francisco y Tomás prosiguen caminando mientras aumenta poco a poco el número de seguidores por la Cuarta Vía hacia … la Plaza de la Concordia Creadora.

En los párrafos de AL sobre el discernimiento de la conciencia responsable remite Francisco a lo que dijo en EG sobre la pastoral del crecimiento condicionado por los límites. Llama la atención que, en ambos casos, se refuerza el texto de Francisco con las citas de Tomás de Aquino sobre la pluralidad de expresiones de la razón teológica al expresar cuestiones de doctrina y la pluralidad de conclusiones de la razón práctica al tomar decisiones morales (EG 40, nota 44: S Th I q. 47, a. 1, y AL 304, notas 347-8: S Th I-II, 94, a. 4).

Francisco se refiere a dos estilos diferentes de pensar y decidir sobre las cuestiones morales: uno es el estilo monolítico de la moral automática y estática; otro es el estilo explorador de la moral de discernimiento, dinámica y en camino.

Francisco opta por el segundo cuando propone la lógica de la misericordia en vez de la lógica de la condenación (AL 296); cuando prefiere el poliedro (AL 4), al monolito y los matices de la búsqueda exploradora, en vez de los dilemas de blanco o negro, propia del pensamiento de conclusión única, excluyente de opciones variadas.

Esta moral discernidora es capaz de conjugar la propuesta del ideal de los valores con la comprensión de la complejidad de las circunstancias (AL 307), hacer que la aspiración al crecimiento hacia la meta sea compatible con el reconocimiento de los límites a lo largo del camino (AL305).

Francisco opta por este estilo de pensar y decidir sobre las cuestiones morales y lo pone en práctica en La Alegría del Evangelio, (EG, cap.1, especialmente nn. 40-45: crecimiento hacia la meta en medio de limitaciones), y en La Alegría del Amor (AL, cap. 8, sobre todo, nn.304 a 312: normas y discernimiento, lógica de la misericordia pastoral).

Destacan en ese marco algunas formulaciones lapidarias que han sido subrayadas por la mayoría de comentaristas. Por ejemplo:

“Nadie puede ser condenado para siempre, porque esa no es la lógica del Evangelio. No me refiero sólo a los divorciados en nueva unión, sino a todos, en cualquier situación en que se encuentren” (AL 287).
•Situaciones muy diferentes… no han de ser catalogadas o encerradas en afirmaciones demasiado rígidas sin dejar lugar a un adecuado discernimiento personal y pastoral” (AL 298).
En “la conversación con el sacerdote, en el fuero interno… cuando se encuentra una persona responsable y discreta, que no pretende poner sus deseos por encima del bien común de la iglesia, con un pastor que sabe reconocer la seriedad del asunto que tiene entre manos, se evita el riesgo de que un determinado discernimiento lleve a pensar que la Iglesia sostiene una doble moral”(AL 300).
“Este discernimiento es dinámico y debe permanecer siempre abierto a nuevas etapas de crecimiento y a nuevas decisiones que permitan realizar el ideal de manera más plena” (AL 303).
“Cuanto más se desciende a los casos particulares, más indeterminación hay” (AL 304, S Th q. 94, a. 4).
“El discernimiento debe ayudar a encontrar los posibles caminos de respuesta a Dios y de crecimiento en medio de los límites. Por creer que todo es blanco o negro a veces cerramos el camino de la gracia y el crecimiento” (AL 305)

A diferencia de la moral monolítica y (normas exclusivas y casos homogeneizados), la moral discernidora y exploradora es ternaria (discierne las circunstancias del camino a la luz de los valores de la meta, teniendo en cuenta la señalización de las normas, pero sin absolutizarlas ni aplicarlas automáticamente, sino en la medida en que sirven para proteger los valores de la meta y la seguridad en el camino).

Esta manera de pensar y decidir en moral es, por otra parte, característica de la enseñanza tradicional cristiana sobre la conciencia y el discernimiento en el Nuevo Testamento (por ejemplo, Rom 2, 14-15, Rom 14, 23).


Francisco se escapa del pelotón

17.04.16 | 08:44. Archivado en Religion y sociedad, Iglesia católica

Francisco, discernidor, por la cuarta vía (2)

Francisco pedalea con el pelotón de obispos sinodales y cita textualmente las propuestas mayoritarias de un consenso de compromiso expresado ambiguamente.

Pero Francisco se escapa del pelotón y acelera con las afirmaciones escuetas que añade de su propia pluma. (Lo comprobamos comparando La alegría del amor 296-300 con Relatio Synodi 2014, 25 y 52 y Relacion final 2015, 84-86 ).

Como vimos en el post anterior, Francisco opta por “acompañar, discernir e integrar”, es decir, pedalear hacia la meta acelerando por la “cuarta vía” (ni inmovilismo, ni revolución, ni “tercera vía” de compromiso ambiguo, sino “cuarta vía”: “acompañar a las personas en la toma de decisiones responsables en situación”).

La frase siguiente del Sínodo, que Francisco hace suya, es un ejemplo de ambiguedad, de tercera vía, tímidamente abierta a un paso adelante:

“Acerca del modo de tratar las diversas situaciones llamadas ‘irregulares’, los Padres sinodales alcanzaron un consenso general, que sostengo; ‘Respecto a un enfoque pastoral dirigido a las personas que han contraído matrimonio civil, que son divorciadas y vueltas a casar, o que simplemente conviven, compete a la Iglesia revelarles la divina pedagogía de la gracia en sus vidas y ayudarles a alcanzar la plenitud del designio que Dios tiene para ellas', siempre posible con la fuerza del Espíritu” (Amoris laetitia n.297, citando Relatio Synodi 2014, n. 25). Esta frase podría contentar a los partidarios de la norma estricta.

Pero Francisco, a continuación, se separa del pelotón, aclarando: “Si se tiene en cuenta la diversidad de situaciones concretas, puede comprenderse que no debía esperarse del Sínodo o de esta Exhortación una nueva normativa general de tipo canónico, aplicable a todos los casos. Sólo cabe un nuevo aliento a un responsable discernimiento personal y pastoral...” (Amoris laetitia, n.300).

Y por si acaso los más estrictos intentan limitar el reconocimiento por la iglesia de estas situaciones,condicionándolo (como apuntaba Juan Pablo II) a “convivir como hermanos”, Francisco lleva mucho cuidado de contrastar esta opinión con la del Concilio Vaticano II, que decía: “Cuando la intinidad conyugal queda interrumpida, puede correr reisgos la fidelidad y quedar comprometido el bien de los hijos...” Gaudium et Spes. N.51 vs. Familiaris consortio,n. 84) ,

En la Relación final del Sínodo 2014 se ponían de manifiesto la primera vía (minoría retrógada) y la tercera vía (el pelotón moderadamente avanzado) antes citadas, pero en la exhortación de Francisco se da un paso más hacia la cuarta.

Decían los sinodales de la “terceera vía”: “Algunos propusieron una acogida no generalizada a la mesa eucarística, en algunas situaciones particulares y con condiciones bien precisas... el eventual acceso a los sacramentos debería ir precedido de un camino penitencial bajo la responsabilidad del Obispo diocesano” (Relación final del Sínodo 2014, n. 52).

Pero Francisco opta por un discernimiento personal y pastoral, que es distinto de un proceso jurídico o administrativo. La “conversación con el sacerdote, en el fuero interno” no debe considerarse como si fuera acudir a una ventanilla burocrática de la administración eclesiástica para obtener un permiso, o a un tribunal que sancione con habilidad canonista sentencias justificadoras.

No se trata de utilizar el discernimiento, dice Francisco, “con la idea de que algún sacerdote puede conceder rápidamente excepciones, o de que existen personas que pueden obtener privilegios sacramentales a cambio de favores”.

En vez de juridificar o burocratizar los sacramentos, redescubrir el papel de la conciencia personal y el acompañamiento eclesial, Se trata “de un itinerario de acompañamiento y de discernimiento”, no de un trámite administrativo o un proceso judicial, ni mucho menos de un debate cuasi-parlamentario en Conferencias de Obispos...

Por eso, podemos decir que la clave de la reforma de Francisco está en este capítulo octavo sobre “acompañar, discernir e integrar la fragilidad”. Si Pascal y los jansenistas levantasen la cabeza... no extrañaría que atacasen a Francisco... (Continuará)


Francisco, discernidor

11.04.16 | 06:03. Archivado en Religion y sociedad, Iglesia católica

Alegría del Evangelio y alegría del amor

Durante estos años de discernimiento eclesial sobre la familia en los Sinodos de Obispos, comenté en este blog cuatro clases de posturas entre los sinodales: la tradicional a ultranza, la revolucionaria, la diplomática conciliadora y la reformadora mediante el discernimiento. Por esta cuarta vía vemos caminar coherentemente al obispo de Roma.

No a la primera vía, inmovilista; no a la segunda, demoledora. El inmovilismo de las condenaciones inquisitoriales en la iglesia y el radicalismo de manifiestos progresistas son dos caras de la misma moneda dogmatizante (Igual que en política, Rajoy e Iglesias son las dos caras de la misma casta, que ni dialoga ni discierne).

Francisco dice no a la tercera vía. La cuarta vía no es una coalición de compromiso, sino un consenso transformador y abierto.

No es un consenso diplomático (entre la derecha eclesial más conservadora y la izquierda más radical). Es más bien un consenso regenerador y refundacional, que posibilita al centro derecha y al centro izquierda caminar juntos por la cuarta vía de una transformación mutua hacia la meta más lejos en el tiempo de una reforma creativa. 

En el documento postsinodal La alegría del amor, Francisco respeta las propuestas del Sínodo (cuyas citas literales ocupan más de las tres cuartas partes de la presente exhortación). Estas propuestas sinodales se sitúan a menudo en lo que llamamos la tercera vía, con débiles insinuaciones que invitan a Francisco a explicitar su cuarta vía.

Pero tampoco deja de mencionar (como parte de los datos para el discernimiento) incluso algunas propuestas que parecerían provenir de las que llamamos primera o segunda vía. Sobre esta pluralidad de pareceres en el Sínodo, dice Francisco, por cierto con buen humor, que le sugiere “un precioso poliedro, conformado por muchas legítimas preocupaciones y por preguntas honestas y sinceras”. Pero no se limita a constatarlo y citarlo, sino dice que queire “agregar otras consideraciones que puedan orientar la reflexión, el diálogo o la praxis pastoral”.

Estas consideraciones que añade no las oímos por primera vez. Lo había dicho ya en su exhortación La alegría del Evangelio (Evangelii gaudium), de la que cita muy especialmente en las notas de `pie de página los pasajes referentes a: a) la necesidad de descentralización en la administración ecleisástica y el magisterio eclesial (n.16 y 32), b) la necesidad de discernir las situaciones a la hora de juzgar y decidir en ética, moral y pastoral (nn. 35, 44-49) , c) la necesidad de discernir los conflictos por el camino del diálogo de tranformación mutua (tanto en política de la ciudadanía en la sociadad, como en pastoral del pluralismo en la iglesia (nn.69, 117, 270ss.; cf 222ss.: el tiempo superior al espacio)

Para la hermenéutica de Amoris laetitia me parece importantísimo constatar las citas que Francisco hace de su anterior exhortación Evangelii gaudium. En estas citas se ve claramente cuál es su propio parecer sobre estos temas: el discernimiento ético, el discernimiento social y el discernimiento eclesial.

Sobre este último llama la atención su exquisito cuidado en no imponer su opinión sino abrir el camino para que madure el juicio comunitario a través de la descentralización (lo contrario sería dogmatizar desde la izquierda como antes se dogmatizaba desde la derecha, tal como vemos que hacen a menudo algunos políticos).
Me limit hoy a constatar este estilo de Francisco, coherentemente discernidor, y desarrollaré en los siguientes posts de este blog su aplicación a los diversos temas tratados en Amoris laetitia.

(A quienes interese consultar los posts de comentario a los debates sinodales, me permito remitir a la coledcción de artículos “Familia, sínodo y reforma” en la página web www.juanmasia.com ).


Contra el vicio de crisparse, la virtud de consensuar

06.03.16 | 18:53. Archivado en Religion y sociedad

La diferencia horaria entre Tokyo y Madrid me obligó a trasnochar para escuchar de inicio al fin el frustrado debate de investidura en mi país. La crispación impotente de Populares, extraña compañera de cama de la igualmente crispada prepotencia de Podemos, tumbó el consenso de socialismo y civismo, que me había encantado unos días antes cuando, desde el prejuicio de mis lentes orientales, percibía a Sánchez y Rivera como si fuesen un abrazo de conciliación budista y concordia cristianaa.

Creo que también le habría gustado a Adolfo Suárez, amigo de la cita clásica latina: Concordia parvae res crescunt, discordia maximae dilabuntur: Con la concordia crece lo pequeño, con la discordia se derrumba lo grande.

Ni los que hablan de nueva transición, ni los que loan la transición de los setenta, reconocerán que aún está por hacer en el estado español una transición cultural más ardua y lenta que la política: la transición de la cultura de la crispación a la del consenso, de la agresividad taurina a la armonía oriental de los contrarios.

Pero me abstendré de tocar en el blog estos temas de otra incumbencia. Si los traje a colación solo fue como prólogo para compartir la satisfacción que me proporcionaron los colegas budistas del Instituto de la Paz (WCRP, Tokyo) con su acogida de acuerdo con las propuestas de Francisco en Evangelii gaudium, Laudato si y Misericordiae vultus.

Lo que más les gustó de la primera fue la alegría de la fe, que en su tradición se llama “gozo del Dharma” (en japonés hou-etsu, con los caracteres chinos-japoneses de Dharma o Verdad Última y Alegría Interior Profunda).

Lo que más les gustó de la segunda, el énfasis en que “todo está relacionado con todo”, que en su tradición se llama “EN” o interconexión de todo en el Todo.

Lo que más les gustó de la tercera fue la admirable convergencia de la misericordia evangélica (gracia y shalom) con la benevolencia y compasión budista: conjugación de paz interior y paz social, pacificarse y pacificar, ser bendecido por la misericordia que nos trasciende y bendecirnos mutuamente haciendo circular esa misericordia en la sociedad: “Sed misericordiosos como Abba”.

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Abba de misericordia y Buda de compasión

06.02.16 | 13:31. Archivado en Japón, Religion y sociedad

Coincidiendo con la Semana Mundial de la Armonía Interconfesional (proclamada por la Asamblea General de Naciones Unidas en su resolución 65/5 de 2010), en una pequeña “comunidad de base cristiano-budista” , que se reúne en el barrio de Nerima (Tokyo), hemos celebrado un día de retiro y meditación sobre el perdón y la reconciliación en medio del mundo conflictivo actual.

Para orar juntos por la paz en una liturgia interconfesional, se eligieron dos lecturas, una budista y otra cristiana. La budista fue el capítulo 20 del Sutra del Loto: El bodisatva despreciado que a nadie despreció”; la cristiana, el Padre Nuestro, en el contexto del capítulo 6 del Evangelio según la tradición de Mateo.

Los versos del Sutra del Loto sobre el bodisatva Sin Menosprecio rezan así:

Eran los días del Dharma en decadencia / los monjes especulaban con teorías / carentes de autenticidad / El bodisatva Sin Menosprecio / se les acercaba y decía: / No os menosprecio, estáis llamados a la Iluminación. / Ellos, al oirle, se burlaban y le injuriaban. / Pero él lo soportaba inmutable. / Gracias a este bodisatva, mucha gente se convirtió / y caminó hacia la iluminación.

Para compartir el Padre Nuestro, nos sirvió la paráfrasis compuesta hace unos años en un taller de espiritualidad interconfesional. La he recogido traducida en mi libro Vivir. Espiritualidad en pequeñas dosis, Desclée, 2016. Dice así:

Oración desde la vida a la Vida:

Fuente de la Vida, que estás en la vida, que estás en mi vida, que estás en todas partes, vivificándolo todo. ¡Gracias por la Vida que nos vive!

Que nos demos cuenta de que está llegando siempre el Reinado de la Vida. Que lo construyamos vivificándonos, dándonos vida mutuamenye y dando en todo un sí a la Vida.

Que recibamos fuerza de vivir, fortaleza de cuerpo y espíritu con pan de vida y esperanza.

Que nos capacitemos para vivir en reconciliación, recibiendo y dando perdón,y para convivir con las personas más desfavorecidas, con quienes son diferentes y con quienes nos muestran enemistad.

Que seamos liberados de todo mal: del mal en nuestro interior, y del mal que vulnera las relaciones humanas. Y que de fruto el trabajo por la liberación del mal social.

(Vivir. Espiritualidad en pequeñas dosis, Ed. Desclee, 2016, cap. 66)


La estrella de Belén no brilla en cielo contaminado

08.01.16 | 13:38. Archivado en Religion y sociedad, Iglesia católica

Son las seis de la mañana –hora de Tokyo- cuando estoy preparando la homilía. Interrumpo unos minutos para zapear por internet –diez de la noche, hora de Madrid-, a ver de qué se habla en mi país en la víspera de Epifanía. Me sorprende el debate de los tertulianos, unos a favor de festivales laicos y otros de procesiones religiosas. Me parece que a ambos, progresistas y tradicionales, se les escapa lo mejor de la narración fundacional cristiana de los Peregrinos de Oriente.

Al día siguiente, los resúmenes de prensa madrileños me confirman la desazon que me produjo el debate mediático. Ante una Cabalgata de Reyes con menos rasgos tradicionales, había división de opiniones. Para unos, la cabalgata era una actualización bienvenida. Para otros, se trataba de una pérdida lamentable de tradiciones. Creo que ambas partes desafinan. Ni la cabalgata llamada laica, ni la que se supondría religiosa concordarían con la interpretación audaz del evangelista.

Mateo, en su narración mítico-poética, no describió una cabalgata, sino una peregrinación de buscadores del camino de la vida. Persiguen una estrella, para hallar al Enviado, merecedor de título real, porque guiará al Reino de la Vida. Estos caminantes –que no eran ni tres, ni reyes, ni adivinos, ni consta cómo se llamasen-, son unas personas en búsqueda de la salvación que ha de venir, anunciada a quienes puedan otear estrellas y dejarse orientar por luz que no encandila.

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Lunes, 20 de noviembre

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